El Reino de Saud

viernes, 8 de marzo de 2002
Ahora que el gobierno de Arabia Saudita pretende recobrar un papel protagónico en el incontenible enfrentamiento entre Israel y Palestina, bien vale la pena echar un vistazo al intrincado juego que esta monarquía ha jugado en el conflicto mismo del Medio Oriente, sus vínculos interesados con el Occidente, su rol en la radicalización del islamismo militante y aun su vinculación con los atentados del 11 de septiembre La semana pasada, el príncipe heredero y gobernante de facto de Arabia Saudita --desde que el rey Fahd quedó incapacitado en 1995-- Abdulá bin Abdul Aziz, presentó sorpresivamente ante los medios occidentales un plan de paz para frenar la espiral de violencia que desangra a israelíes y palestinos desde septiembre de 2000 La propuesta, observada como algo novedoso e inusual, fue bien recibida por Estados Unidos, la Unión Europea, la mayoría de las naciones árabes, la Autoridad Nacional Palestina y, aunque no aceptada, por lo menos "observada con interés" por el gobierno de Ariel Sharon Pareciera que, más bien, todas las partes quisieran asirse de un clavo ardiendo, porque lo cierto es que el planteamiento no tiene nada de novedoso, de inusual e, inclusive, de sorpresivo Lo único nuevo es la coyuntura en que se presenta, es decir: la guerra global contra el terrorismo, en la que cada uno de los actores ha cobrado una connotación diferente desde los ataques suicidas contra Washington y Nueva York Como punto de partida, lo que propone Abdulá, o sea el repliegue de Israel a los territorios que ocupaba antes de la Guerra de los Seis Días, su reconocimiento oficial como Estado por parte de los países árabes, las garantías a su seguridad y la normalización de relaciones a todos los niveles, a cambio de la creación de un Estado palestino independiente, corresponde exactamente a la resolución 242 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, emitida el 22 de noviembre de 1967 No se habla, sin embargo, del estatuto de Jerusalén ni del retorno de millones de refugiados palestinos, que son los puntos que propiamente han empantanado las últimas negociaciones Es decir, que se trabajaría prácticamente sobre lo mismo, sólo quizás con una mayor voluntad política de la comunidad árabe para poner fin a la insoportable situación Aunque esta disposición tampoco es del todo inusual El propio rey Fahd propuso en 1981 un plan casi idéntico, que contó con el mismo entusiasmo de la comunidad internacional, el mundo árabe y la entonces Organización para la Liberación de Palestina, pero que fracasó ante el rechazo absoluto de Israel Cabe decir, que un año después, con Ariel Sharon como ministro de Defensa, las tropas israelíes invadieron Líbano y expulsaron de ahí a la dirigencia de la OLP Con sus variantes, no es descabellado pensar que este escenario pueda repetirse En cuanto a lo sorpresivo de la propuesta de Abdulá, habría que acotar que ya existían algunos antecedentes diplomáticos Cuando durante el año pasado la creciente violencia en los Territorios Ocupados empezó también a caldear los ánimos de la población árabe, Abdulá se puso nervioso Más, todavía, cuando la nueva administración de George W Bush no pareció dar señas de querer intervenir en el asunto El príncipe envió entonces un mensaje a la asesora de Seguridad Nacional, Condoleezza Rice, advirtiendo que si no se frenaba la violencia de Israel contra los palestinos, él procedería para calmar la ira de sus propios súbditos Bush reaccionó Habló de la necesidad de crear dos Estados y de llevar paz y seguridad a la región Pero entonces vino el 11 de septiembre y todo cambió La prioridad se orientó hacia Afganistán y las redes terroristas y la guerra en el Medio Oriente pasó a un segundo plano Aunque nunca quedó exenta de sus vínculos ineludibles con el terrorismo islámico Como tampoco pudo hacerlo Arabia Saudita, que se vio directamente involucrada Porque ocurrió, que el principal sospechoso de los ataques contra las Torres Gemelas y el Pentágono era el multimillonario saudita, Osama bin Laden y que 15 de los 19 piratas aéreos que participaron en ellos eran de la misma nacionalidad De nada sirvió que el gobierno de Ryad recordara que hacía tiempo le había retirado la ciudadanía a ese malagradecido súbdito ni que hiciera hincapié en que la Casa Real libraba su propia guerra contra elementos extremistas; tampoco que condenaba y apoyaba la lucha contra el terrorismo, fuera o no de inspiración islámica Aunque el gobierno de Bush no dijo nada, la prensa norteamericana se lanzó como nunca contra un aliado al que siempre había calificado de confiable Los vicios, la corrupción, las contradicciones, las violaciones a los derechos humanos de una monarquía absolutista, que siempre habían estado ahí, se expusieron de pronto a la opinión pública occidental con lujo de detalles Y lo más grave, se acusó al reino de ser el principal semillero --dentro y fuera de su territorio-- de las corrientes más extremas y agresivas del Islam Versión, por cierto, confirmada por analistas de izquierda, según los cuales estos grupos fueron inclusive financiados con fondos estadunidenses para frenar, en su momento, el avance del comunismo en el mundo árabe Mal, sin embargo, reaccionaron los sauditas a estas críticas, a las que calificaron de una campaña de desprestigio contra el reino, orquestada por "los núcleos sionistas" que dominan los medios de comunicación en Estados Unidos y en Europa La causa: el apoyo que presuntamente siempre le ha brindado la Corona a la causa palestina Y es que, más allá de lo declarativo, existen evidencias documentadas de que siempre fluyó dinero de las arcas sauditas hacia la dirigencia palestina Más concretamente, se asegura que Ryad financia los viajes al exterior de Yaser Arafat y su estancia en lujosos hoteles El problema de fondo y que aflora en la actual coyuntura es, sin embargo, el doble juego que ha llevado, desde su fundación, la Casa de Saud Con una producción de seis millones de barriles de petróleo diarios y 25% de las reservas probadas del mundo, Arabia Saudita quedó atrapada entre las ambiciones de Occidente y las suyas propias Entre la lealtad a sus socios comerciales, a sus súbditos y a la nación árabe en su conjunto Entre los preceptos y la difusión del Islam y una secularización y modernización acordes con el mundo industrial Así, mientras unos monarcas hacían jugosos negocios petroleros con consorcios norteamericanos como la Aramco, compraban aviones AWAC que requerían de la operación de pilotos estadunidenses y autorizaban a Washington la construcción de bases aéreas y navales, bajo acuerdos de defensa mutua, otros, como el rey Faisal --a pesar de su incuestionable proamericanismo-- se dieron el lujo de nacionalizar la industria petrolera (1967) y decretar un embargo contra Estados Unidos, por "su apoyo al sionismo" en la guerra árabe-israelí de 1973 Más recientemente y sin dejar nunca de apoyar a la causa palestina --Israel sería, por lo visto, el único punto claro de desacuerdo con Washington-- la monarquía permitió que la coalición encabezada por Estados Unidos atacara a Irak desde sus bases y, en el decenio anterior, participó activamente en la canalización de fondos secretos, tanto para la Contra nicaragüense, como para los mujaidines que lucharon contra la Unión Soviética en Afganistán Una de las interrogantes que se plantean ahora, es en qué medida fondos oficiales o privados sauditas siguieron financiando a estos guerreros islámicos después de la derrota de Moscú y pudieron llegar a grupos como Al Qaeda La duda cabe, porque en el campo ideológico y religioso las contradicciones de los monarcas saudíes también han sido muchas Mientras buena parte de la familia real --se calcula que hay hasta cinco mil príncipes-- se ha dado una vida de lujos al estilo occidental, en la que no faltan el consumo del tabaco y del alcohol y la asistencia a clubes nocturnos y casas de juego en el extranjero --prácticas prohibidas por el Corán-- en las bases populares se ha impulsado una de las corrientes más puritanas y excluyentes del Islam: el wahabismo Fundada a fines del siglo XVIII por Ibn Abdul Wahab, a esta corriente se le alimentó como expresión del nacionalismo árabe contra los turcos y, posteriormente, contra toda forma de "decadencia" islámica Abdul Aziz Ibn Saud, fundador de la actual dinastía, la erigió como religión oficial del reino Agresivo y sectario, el wahabismo pretende una interpretación sin matices de las enseñanzas de Mahoma, considera infieles a quienes no las siguen al pie de la letra y exige su castigo corporal sin clemencia Visualizados como enemigos de la "verdadera fe", mantiene contra ellos una permanente Jihad o Guerra Santa y considera la muerte en el marco de ésta como pasaporte directo al paraíso Definición que, sin duda, coincide con el actual discurso de Bin Laden, los terroristas suicidas y los Talibanes Pero la asociación no es concluyente Aunque analistas occidentales vinculan a Osama y sus pupilos con esta corriente religiosa, otros investigadores ubican el surgimiento de células terroristas saudíes en un malestar político más reciente entre ciertos sectores de la población, por la masiva presencia de tropas norteamericanas en su territorio, desde la Guerra del Golfo, y por la corrupción y los abusos de la familia real Estos grupos habrían sido responsables de los atentados contra instalaciones estadunidenses en Dahran y Jeddah Fuentes de inteligencia, empero, también relacionan a Bin Laden con estos ataques y no pocas veces éste ha expresado sus críticas al gobierno de Ryad Es decir, que por cualquiera de los dos caminos se llega a la evidencia de que existe un fermento para el extremismo islámico en el ámbito saudita Tanto, que para algunos académicos estadunidenses, el gobierno de Bush antes que preocuparse por Irak, Irán, Siria o Libia, debería ocuparse de su aliada de tantos años, la Casa Real de Saud Y es en este contexto, precisamente, en el que muchos observadores ubican la reciente propuesta de paz del príncipe Abdulá Una forma de lavar su imagen ante las críticas de Occidente y, al mismo tiempo, retomar la bandera de siempre ante la nación árabe, con la defensa de la causa palestina También hay motivos más pragmáticos Arabia Saudita desea ingresar a la Organización Mundial de Comercio y, de ninguna manera, le conviene aparecer como un régimen oscurantista, represivo, corrupto y encubridor de terroristas Y, para ello, qué mejor que enarbolar la paz Nada está asegurado La propuesta tendría de formalizarse a fines de este mes en la reunión de la Liga Arabe en Beirut Hay entusiasmo, pero también voces en contra y todavía no se sabe la posición que asumirá Israel Cualquier avance sería ganancia para la monarquía saudita, pero un fracaso volvería a ponerla en una situación delicada Independientemente de que se necesitaría mucho más que un plan de paz en casa ajena, para cambiar el estado de cosas al interior del Reino de Saud

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