Los inmigrantes: el nuevo rostro de la vieja Europa

sábado, 11 de mayo de 2002
Roma - Un gran mosaico de nacionalidades configuran el nuevo rostro de la opulenta y vieja Europa: Son millones de inmigrantes de todo el mundo los que tapizan sus calles La mayoría viene del Magreb, Turquía, India, África subsahariana y los Balcanes y, en menor medida, de la China comunista y del sur del continente americano: Colombia, Ecuador, Perú, Chile y Argentina El Eurostat (la oficina de estadísticas de la Unión Europea) estima que 3 millones de personas viven clandestinamente en el Viejo Continente, y que el ininterrumpido flujo de inmigrantes ---816 mil en el 2000 y poco más de un millón en el 2001--- ha compensado la baja natalidad en los 15 países de la Unión Europea: en 1998, por ejemplo, sólo nacieron 401 millones de niños, apenas 320 mil personas más de las que murieron en ese mismo período Massaoude Coulibaly, un inmigrante de Malí de 51 años que dirige en París un centro de recepción de inmigrantes recién llegados del África, aceptó hablar con Proceso sólo porque el reportero y la fotógrafa le habló del flujo incesante de mexicanos que van en similar condición hacía los Estados Unidos: "Están peor que nosotros", dice luego de ganarnos su simpatía El centro de recepción de inmigrantes comandado por Coulibaly es un viejo bodegón ubicado en la Rue Bara, esquina con Robespierre, en el barrio de Montreuil, donde se hacinan cientos de inmigrantes de color, la mayoría "sin papeles", muchos llegados a Francia meses, semanas o días antes, con todas las implicaciones que eso conlleva: la larga travesía, la pesada carga de la discriminación, y la posterior asimilación a un país que desde la constituyente de 1791 desdibujó las diferencias lingüísticas, raciales y culturales y los igualó a todos en una misma categoría: franceses La quimera de la integración "Francia ha sido siempre un país de integración, y toda la fuerza de la República reside en considerar a todos los ciudadanos de manera igual, sin distinguir entre sus orígenes", explica Pascale Girard, del Partido Verde de Francia, quien traduce la entrevista con Coulibaly En el interior del centro que comanda Coulibaly hay una enorme cocina donde se vende, a muy bajo costo, alimentos variados Hay aquí una verdadera muestra culinaria africana Cientos de inmigrantes se albergan, alimentan, alfabetizan y aprenden los conceptos de la nueva patria: Francia, donde se estima que reside medio millón de inmigrantes "sin papeles" Hay en ese lugar mil 510 inmigrantes "Eso se lo digo a usted, porque el lugar está habilitado sanitariamente para no más de 400", agrega Y con orgullo muestra una fotografía colgada de la pared donde aparece ataviado con una larga bata brillante, color oro, con un enorme collar colgándole del cuello, flanqueado por el alcalde de París, Bertrand Delanoë, y el presidente de Malí, Alpha Oumar Konaré, líder de la Alianza para la Democracia en Malí (ADEMA), en el poder desde abril de 1992 "Somos como todos los inmigrantes del mundo Estamos aquí para trabajar e intentar ayudar a nuestra familia que quedó en Malí", dice Coulibaly explica que Malí se divide en tres regiones: la del norte, desértica, forma parte del Sahara; la del centro, denominada sabana del Sahel en proceso de desertificación; y la meridional, con vegetación de sabana húmeda, la más poblada y regada por las aguas de los ríos Senegal y Níger "La escasez de agua y la deforestación por la quema de árboles para abrir nuevas tierras al cultivo provocan aridez y sequía, y eso nos obliga a emigrar", comenta La migración subsahariana comenzó en 1959, y sigue hasta ahora Coulibaly estima que sólo en París hay más de cinco mil inmigrantes procedentes de Malí, que en toda la Francia habrá un millón, y que los africanos residentes en los países de la Unión Europea superan los cinco millones, prevaleciendo los de Nigeria sobre otros países de la zona, como Senegal, Sierra Leona y Sri Lanka Cuando la fotógrafa que acompañó al reportero intentó tomar imágenes del trajín en la cocina y el patio del centro de recepción de inmigrantes, un grupo se inconformó Hostiles, vociferaba improperios en bambara, árabe, y tuareg, un dialecto que se habla en el norte de Malí "Nos van a lamer los zapatos, blancos de mierda", era lo menos que decían Junto al reportero y la fotógrafa se encontraban Erica Hennequin, vicepresidente del Partido Verde de Suiza, y Pascale Girard, del Partido Verde de Francia, que reivindican los derechos de los inmigrantes La cocinera señalaba a la fotógrafa y gritaba en su lengua a un grupo de hombres, quienes también gritaban y manoteaban: exigían confiscar el rollo fotográfico La fotógrafa, con sangre en la cara, la adrenalina al límite, alegaba en español sin darse a entender y ello alimentaba más la ira Hasta que llegó Massaoude Coulibaly, el líder, y "sopapeó" al más exaltado e impuso su autoridad Coulibaly nos explicó la fobia hacia los medios de comunicación, sobre todo en tiempos de elecciones presidenciales Uno de los candidatos finalistas, el ultraderechista y xenófobo Jean Marie Le Pen, ha utilizado su diatriba antiinmigrante como principal arma política Además, hace apenas algunos meses, el gobierno francés les impidió celebrar la fiesta más importante de los musulmanes, el Air del Kabir, que es la representación del sacrificio de Abraham, en cuya ceremonia deben decapitar un borrego El gobierno apeló a las leyes unificadas en la Unión Europea que prohiben el sacrificio de animales sin dolor "Este año ha sido terrible para nuestra integración cultural y religiosa, porque tenemos nuestra propia manera de ver el mundo y no nos dejan", dice Pone como ejemplo el caso de los Centros de Asistencia Social para Inmigrantes, donde obligadamente tienen que pasar sus mujeres cuando llegan del África para la reunificación familiar Explica: "Las instructoras francesas inculcan otras ideas a las mujeres, y crean conflictos, porque luego las mujeres ya no quieren obedecer a sus esposos Pero ellas (las instructoras francesas) no entienden que el hombre es el que trabaja, el que paga la renta de la casa (?) así se educa en la cultura africana Entonces cuando las mujeres cambian su mentalidad, llevan a la policía los problemas de la familia La policía expulsa al esposo La esposa se queda en Francia Como no hay más papá, los niños se quedan en la calle, roban coches, asaltan La mujer, después de un tiempo, se va para otros lugares, se prostituye Los hombres no regresan a Malí porque tienen que enfrentar problemas familiares, porque cuando pide a una mujer es el responsable, y sí regresa (a Malí) le reclaman: 'dónde está mi hija' Por eso mejor se quedan en Francia, pero ya con la familia destruida Ese es un gran trauma, porque los padres pierden todas sus cualidades de dignidad, de seres humanos, y es cuando sus hijos se vuelven delincuentes y crean una mala imagen de los inmigrantes" La entrevista con Coulibaly es traducida por Pascale, una feminista de hueso colorado, secretaria de producción en una compañía independiente de cine Ella esquiva cualquier argumento sobre el tema Nos hace saber que en París cohabitan cuando menos 140 nacionalidades y todas las religiones habidas en el planeta En realidad, el metro es el mejor lugar para verificarlo: africanos, magrebinos, israelitas, árabes, vietnamitas, chinos, japoneses, indostanos y latinoamericanos atiborran vagones, asimilados ya al idioma y la cultura francesa, aunque a menudo se escuche uno que otro idioma extranjero, sobre todo cuando hablan en grupo gente de la misma raza y origen, particularmente africanos y árabes Basta recorrer París, caminar el Boulevard de Belleville, atestado de mezquitas y sinagogas, donde judíos israelitas y musulmanes árabes conviven sin mayor problema; o vagar por el río Sena, merodear el Pompidou hasta alcanzar el Forum de Halles, por la Rue Berguer, donde unos 20 o 30 chinos practican a cielo abierto el "Falun Gong", de la Escuela de Buda, y denuncian la brutal represión que sufren en la China comunista A un costado de ellos, un grupo de palestinos, con carteles, reivindican a Jerusalén como la capital de dos Estados, de Israel y Palestina Y más allá un grupo de Kurdos de Turquía, reclama la libertad del líder máximo del Partido del Trabajo (TKP), Abdullah Ocalan Ese extraordinario crisol de razas y culturas que configuran el nuevo rostro de Francia, es motivo de júbilo para Marion Baruch, una artista octogenaria originaria de Rumania, con 50 años de vivir en París, y que desde su apartamento, en un vetusto edificio de la Rue Sorbier, en el barrio de Ménilmontant, alimenta una pagina web a favor de la inmigración "La Europa cambia afortunadamente", dice y sonríe "Yo estoy muy contenta, porque la Europa debe cambiar, y no debemos espantarnos, porque la inmigración es un efecto postcolonial, y si vienen a Francia es porque en los últimos 40 años Francia ha ayudado 'bajo el agua' a que el África sea dictatorial, y por eso hablan francés", añade Asegura que la política europea "es terrible", porque les bloquea el paso en el estrecho de Gibraltar, en España, y el Golfo de Otranto, en Italia, y les hace más peligroso el arribo, y todos los días hay muertos "Europa debe abrir sus fronteras a esta gente, para abatir el trabajo negro, que ya tiene niveles escandalosos, como el caso de El Ejido, en España", exclama Eufórica, proclama: "Esto ya es el mundo futuro, y hay que paliar el dolor de los inmigrantes, que es terrible, para abrir las puertas de la vieja Europa al gran mestizaje que es maravilloso, que genera un dinamismo extraordinario en la cultura y la ciencia, inspira las artes, y está dando otro color al clima cultural de la vieja Europa" Sostiene: "No es cierto eso de la asimilación cultural, porque las influencias se tocan en modo horizontal Una integración total, como piensan los estadistas, no pienso que se dé Si la gente es racista, es por miedo a perder su posición económica Por eso es que los tienen un poco alelados y votan por los Le Pen (en Francia) o (Jörg) Hainder en Austria o Berlusconi en Italia, o Pim Fortuim en Holanda o Pia Kjaersgaard en Dinamarca" La ruta del Adriático Los argumentos de Baruch cobran sentido apenas se desciende del avión en el aeropuerto Leonardo Da Vinci de Roma Se siente de golpe la realidad que vive la nueva Europa: decenas de "extracomunitarios" (eufemismo usado por los italianos para referirse a la ola creciente de inmigrantes ilegales) de traje y corbata se acercan a uno para ofrecer albergues de todo tipo y categoría: desde 24 euros a 100 Euros (110 dólares, por las "virtudes" del mercado negro) Las estadísticas del último censo de población de la Italia lo confirman: En los últimos 10 años, el número de extranjeros se ha triplicado, pasando de los 356 mil 159 personas en 1991 a 987 mil 363 en octubre del año pasado "No hay que tener miedo de convertirnos en minoría", dicen los principales diarios italianos Y es que, señalan, "somos 56 millones 411 mil 290 habitantes, y los extranjeros solo 175 por cada mil italianos, menos del 2%, mientras en Alemania superan el 9%" Angela Bellei, una exparlamentaria del Partido de la Refundación Comunista (PRC) quien, junto con el Premio Nobel de Literatura, Dario Fo, dirigen la organización antiracista "Sin Fronteras", considera que si Italia tiene un menor porcentaje de extranjeros que otros países de la Unión Europea, es porque en este país existe un 12% de desempleo y porque las condiciones laborales son mejores en otras naciones "La Unión Europea presiona a Italia para que controle mejor sus fronteras, pero la UE debe entender que Italia por si sola no puede contener el éxodo cada vez más grande de inmigrantes, porque sus costas son vecinas al medio oriente (Albania, Turquía, Grecia y Tunes), y es de esperarse que sea el primer punto que tocan los inmigrantes que arriban a Europa", dice Bellei La exparlamentaria comunista, que también preside la Asociación Azad --que reivindica la libertad y la autonomía del pueblo Kurdo en Turquía-- sostiene que son miles y miles los ilegales que cada año arriban a las costas italianas, por la Puglia, en Bari o Brindisi, en el Golfo de Otranto, y que una vez en suelo italiano buscan ingresar a Francia, desde donde, en la oscuridad de la noche, brincan al Reino Unido, trepándose al tren que atraviesa el túnel del canal de la Mancha, donde el tránsito de ilegales comienza a ser comparado al que se registra en el estrecho de Gibraltar: 88 mil en el 2001 y 25 mil en el 2000 "Es una realidad innegable y bien documentada", sostiene En Florencia resulta divertido observar la sagacidad de decenas de inmigrantes africanos que con sus portafolios de cartón plegadizos, que de súbito se convierten en puestos de venta callejera, se escabullen de la fuerte presencia de los Carabineros que los persigue más para asustarlos que para aprehenderlos Es una suerte de juego entre gato y ratón que se prolonga durante todo el día, y aún en la noche Catalina, una joven chilena explica: "Yo vivía en los Angeles (en California), pero la situación no estaba muy bien La verdad es que éramos muy pobres A mi padre le ofrecieron un trabajo en Italia y pues me vine", comenta mientras despacha helados Es imposible caminar por Florencia sin cruzarse con uno que otro inmigrante, sobre todo de "color", provenientes de Senegal, Eritrea, Nairobi, Nigeria, Sri Lanka o Sierra Leona, sin dejar de destacar que en esta ciudad se halla la comunidad china más numerosa de Italia y uno de los campamentos más grandes de gitanos, zíngaros o rumaní, como es común denominarlos aquí Y a ellos se agregan los sudamericanos, que han encontrado en Italia un lugar seguro para escapar de las catástrofes políticas o económicas de sus propios países, y los de la China comunista, como una joven de ojos rasgados que apenas balbucea una que otra palabra en italiano y ya hace comparsa con Catalina, la chilena, en ese cafetín del centro de Florencia por seis Euros la hora, que multiplicados por ocho, arrojan el nada despreciable salario de 480 pesos al día La nueva babilonia Sokol, un albanés de 27 años que labora en una hacienda vinícola en San Casciano, en la Toscana italiana, narra la odisea que deben pasar los inmigrantes ilegales para ingresar a la opulenta Europa: él, junto con dos hermanos menores, Solovik y Mijail, tuvieron que cruzar de manera subrepticia el Adriático en una pequeña embarcación de goma que por sólo 200 Euros los depositó en las costas de Italia, en Bari Y son miles los albaneses que como Sokol y sus dos hermanos menores emigran cada año a Italia y Grecia en busca de empleo, dejando tras de sí a pueblos desolados, donde sólo se observan mujeres, ancianos y niños labrando la tierra Muy pronto, la ruta de los albaneses por el mar Adriático para ingresar a Italia, fue seguida por ríos de inmigrantes de todo el mundo, que han descubierto en ésta península la puerta de entrada a la opulenta Europa, donde poco a poco han ido reviviendo el viejo mito de la economía informal, la evasión de impuestos, el tráfico de documentos, el hacinamiento, la mendicidad, el trabajo clandestino, la prostitución en plena calle, el consumo de alcohol y drogas "Europa es nuestra única opción, la nueva Babilonia, donde podemos estar a salvo de la guerra, la persecución religiosa, política y racial, y donde podemos trabajar o estudiar sin temor a la muerte", dice Sabina Musskardin, una croata de 26 años que emigró a Italia en 1990 para huir de la guerra entre serbios y croatas y se graduó en Historia del Arte en Florencia Sabina Musskardin vive ahora en Viena, la capital de Austria, un país de 85 millones de habitantes, 20% de los cuales son inmigrantes, la mayoría originarios de Croacia y Serbia "Es muy chistoso, pero mi novio, que es austríaco, dice sentirse extranjero en su propia tierra, y de alguna manera le doy la razón, porque yo puedo pasar la vida hablando croata sin necesidad de hablar alemán", subraya, mientras viaja en tren de Viena a Florencia La mayoría de los inmigrantes reconocidos que viven en Viena (unos 800 mil), sobre todos las mujeres, se emplean como trabajadoras domésticas: hacen aseo, lavan y planchan ropa y se embolsan poco más de 10 Euros por hora, aunque hay quienes, por su condición ilegal, ganan menos, según explica Christian Frauen Berguer, un filólogo vienés que completa su salario como guía de turistas y maestro de italiano, francés, inglés y español Y son numerosos los inmigrantes que deambulan por las calles de Viena paseando perros, cuidando ancianos por los cafés concurridos por turistas, como el Braunerhof, el Demel o el Hawelka, en la populosa calle de Dorotheergasse, donde desfilaron Kafka, Fernand Musil y Canetti, o vendiendo baratijas por las antiguas casas de Mozart, Bethoven y Stauss o los que se apostan para mendigar en las afueras de la casa-museo de Sigmun Freud, en la calle de Bergrasse, donde cientos de turistas hacen cola para ver los manuscritos, las fotografías y las películas de Freud "El problema es que la mayoría de los inmigrantes que llegan a Viena vienen en situaciones económicas difíciles y como no tienen papeles, tienen que realizar el trabajo de mierda que nadie quiere hacer", comenta Frauen Berguer Sólo basta con pasar una noche en la estación ferroviaria de Budapest, la Joya del Danubio, la capital de Hungría, para darse cuenta de la dimensión del éxodo: Son cientos los inmigrantes que huyen de Bulgaria, Yugoslavia, Croacia, Montenegro, Slovenia y Rusia Viajan en pequeños grupos de cinco a diez personas Duermen en las salas de espera, tiritando de frío, agrupándose para darse calor Soportan el maltrato de la déspota policía húngara que abre de par en par las puertas de la estación para que entre la corriente de aire helado o les arroja agua con nieve en el piso para que no se acuesten Lo hacen sólo para fastidiarlos, obligándolos a permanecer de pie, en vigilia, a la espera del primer tren en el que puedan colarse para trasladarse de ahí a la República Checa, de donde intentarán dar el salto a Alemania Mientras, comparten un pestilente espacio con decenas de pordioseros, mendigos, alcohólicos y toxicómanos, muchos de ellos contabilizados entre los 30 mil húngaros que se quedaron sin casa luego del derrumbe del bloque socialista del Este Los "sin papeles" Y en Berlín, las personas con otras costumbres, lenguas y religiones constituyen legiones "A Hitler le daría un infarto si viera la nueva Alemania", dice Gaby, una estudiante de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Humboldt Por las calles de Berlín es evidente la mezcla asombrosa de razas, sobre todo si se da un vistazo al barrio Turco, Kreuzberg, atestado de mezquitas y de mujeres con las cabezas cubiertas por velos: o si se ingresa a cualquier nueva edificación, donde la mayoría de los obreros son inmigrantes Las estadísticas oficiales estiman que Alemania tiene más de 7 millones de inmigrantes (24 por cada mil habitantes), dos millones de los cuales son turcos Un millón de personas viven clandestinamente Ello hace de Berlín una ciudad especial, donde las grandes grúas, los pesados caterpillar y los millares de trabajadores inmigrantes son parte del paisaje urbano, en el que desembocan todos los acontecimientos históricos, desde la Primera Gran Guerra, después la Segunda, y luego el Plan Marshall, la han derruido y reconstruido una y mil veces, creando verdaderos archipiélagos arquitectónicos, donde se entremezclan diversos estilos que aún no acaban de cristalizar: el Berlín imperial, el monumentalismo nazi, el realismo soviético, y el modernismo de cristales y hierro, que sólo es posible apreciar según se camina del Este al Oeste El Centro Cultural Tacheles es un antiguo centro comercial judío apropiado por la Gestapo Abandonado en tiempos de la Guerra Fría, fue ocupado en 1990 por artistas y punks, quienes han hecho del vetusto edificio una ínsula del movimiento artístico contemporáneo Allí, en el Café Zapata, trabaja como bartender Juan, de Chile, quien explica que sólo en Berlín viven más de 200 chilenos que se agrupan en una asociación llamada "Gabriela Mistral" Dice que no son más que una gota de agua en ese gran lago de latinoamericanos (sobre todo de Colombia, Perú, Ecuador y Cuba) que han emigrado a Alemania Comenta que en Berlín una familia puede vivir con mil Euros al mes Asegura que él así lo hace: vive con su mujer y su hijo en un piso de 100 metros cuadrados que arrienda por 500 Euros mensuales Aunque la colombiana Marta, una camarera que labora en The Circus Hostel, no deja de despotricar por "el idioma de mierda" que aprendió a fuerza de necesidad, y por su labor de afanadora no obstante haber asistido a la Universidad "De qué sirve quemarse las pestañas en nuestra tierra estudiando en la universidad y aquí tiene uno que hacer este trabajo de mierda", dice mientras limpia los baños del hotel Platica que su esposo es contador y tiene que lavar platos en un restaurante "Es difícil la vida aquí, pero que vaina, en Colombia la cosa está peor por la guerra" Pero así es todo Berlín, donde amalgama una nueva nación, pluriétnica y pluricultural, en la que judíos, musulmanes, mahometanos, protestantes, católicos ortodoxos y paganos, comparten sinagogas, mezquitas, pagodas, templos y tabernas Y en Suiza, el fenómeno no tiene parangón: 19 millones de sus habitantes, es decir un cuarto de su población total actual, emigró a este país después de 1945 o son hijos o nietos de estos inmigrantes Éstos constituyen dos tercios del crecimiento demográfico desde el final de la Segunda Guerra Mundial, según la Oficina Federal de Estadísticas (OFJ) Julio, un carpintero ecuatoriano de Río Bamba, es uno de los cinco mil ecuatorianos que viven en Suiza, pero cuyo caso tomó notoriedad: Junto a su esposa, sus cuatro hijos y 100 ilegales más, se asiló en la iglesia de San Pablo, en Franzburg, para exigir legalizar su residencia Este caso sacó a la luz pública el fenómeno de los "sin papeles" en Suiza La acción de Julio y sus 100 compañeros ilegales se propagó en otros cantones, como Berna, Basilea, Ginebra, Lucerna y Zurich En poco tiempo hubo 15 iglesias tomadas Abrieron así un proceso de negociación con el gobierno central de Berna "No tengo mucha confianza, porque cuando los suizos dicen no, es no", asegura Julio, entrevistado en un Centro Social, en Basilea, donde los "sin papeles" organizan sus próximas acciones para demandar reconocimiento y derechos, apoyados por algunos sectores de la iglesia católica y organizaciones civiles Los cinco mil ecuatorianos que Julio asegura residen en Suiza, no están contabilizados entre los inmigrantes extranjeros llegados de ultramar En las estadísticas sobresalen los procedentes de Sri Lanka (33 mil) y?Estados Unidos (14 mil) Claude Braud, motor del Comité Europeo para la Defensa de los Inmigrantes, con oficinas centrales en Basilea, estima que son entre 200 mil y 300 mil los "sin papeles" que viven en Suiza "en la sombra" Por tanto, no aparecen en las estadísticas Hannes Reiser, uno de los fundadores de la Cooperativa Europea Longo Mai y principal impulsor del Foro Cívico Europeo, que ha dirigido las ocupaciones de iglesias para sacar a flote el fenómeno de los "sin papeles", considera que para los partidos políticos que se disputan el poder de la rica Suiza, "resulta muy cómodo mantener una 'democracia' con un proletariado que no tiene derecho al voto, porque, a pesar de todo, la población extranjera en Suiza representa el 20% de la población" Y sostiene: "No es posible ni deseable cerrar las fronteras a la inmigración, porque si se restara la inmigración, Suiza sólo tendría unos 5,2 millones de habitantes en lugar de los 7,2 millones con que cuenta actualmente" Pero lo que alarma a algunos gobiernos, sirve de plataforma política a los partidos de extrema derecha, xenófobos, que ?bajo el argumento del desempleo y la delincuencia-- han logrado repuntar electoralmente y tomar el poder en varios países de la Unión Europea Pero la Organización de las Naciones Unidas (ONU) tiene otra óptica: la demográfica: Informó que los países miembros de la UE necesitan acoger a 44 millones de inmigrantes de aquí al año 2050 Solo de esta forma, según la ONU, se podrá mantener el crecimiento demográfico de la UE y garantizar las pensiones del creciente ejército de jubilados

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