Los riesgos de la democracia "extrema"

viernes, 3 de mayo de 2002
Gran conmoción causó en el mundo (occidental), el avance de la extrema derecha en la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Francia En primer lugar, porque resultó inesperado, ante la fallida proyección de esas herramientas cuasi sagradas en que se han convertido las encuestas de opinión Y, en segundo, porque parecía impensable que esta corriente arraigara en el país que se ostenta como la cuna de la Revolución, la República y la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la era contemporánea Acérrima defensora del dictado de las urnas, al grado de aceptar un gobierno llamado de "cohabitación", es decir de fuerzas políticas opuestas, como lo encarnaban muy bien el presidente neogaullista, Jacques Chirac, y el primer ministro socialista, Lionel Jospin, la sociedad francesa se encuentra ahora frente a un dilema Porque resulta que las urnas dijeron que uno de cada cinco electores franceses (abstencionistas aparte) dio su apoyo al ultraderechista dirigente del Frente Nacional, Jean-Marie Le Pen Realidad que no se puede pasar por alto en una auténtica democracia Ante la segunda vuelta electoral que se llevará a cabo este domingo 5, la respuesta de una sociedad espantada por fantasmas no muy lejanos ha sido, una vez más, la de cerrar filas entre fuerzas contrarias entre sí, para salvar, por la misma vía democrática, lo menos malo, frente a lo peor Que el susto, encarnado en Le Pen, se vuelva realidad, es altamente improbable Pero, sin duda, constituye un grito de alerta sobre una problemática real a la que se ha enfrentado con discursos, o acaso con paliativos, en lugar de con acciones viables de fondo Esta situación no sólo aqueja a Francia, sino que se ha extendido, en sus manifestaciones y en su repuesta, a muchas otras naciones europeas: inmigración masiva, desempleo, carestía, disminución de los beneficios sociales, inseguridad; pero también la imposición de criterios de una política que, más que nada por necesidades de competencia económica, está pasando por encima de identidades nacionales, costumbres, formas de producción, lenguas y hasta hábitos alimenticios, sin que la mayoría de la población vea alguna retribución a cambio Ante este avasallamiento, la opción para muchos --sobre todo los menos favorecidos-- ha sido la de replegarse sobre ellos mismos, aferrarse a lo propio y a lo conocido y procurarse una "mano dura", que tal vez los defienda Ya, en general, las preferencias electorales de los europeos se han inclinado por la derecha moderada o por un indefinido centro, ante el declive de las izquierdas tradicionales, que lejos de ofrecer nuevas alternativas, no atinan sino a proponer las fracasadas recetas de antes Así las cosas, los partidos ultranacionalistas, xenófobos, intolerantes y represivos se han ido abriendo camino en la Europa comunitaria La tendencia, que se inició con gran estrépito en Austria, hace dos años, ahora es claramente visible en Bélgica, Holanda, Dinamarca, Noruega, Suiza, Italia, países donde si bien no ha logrado llegar al poder federal, ocupa ya importantes cargos administrativos, detenta gubernaturas locales o, simplemente, tiene un porcentaje nada despreciable en los parlamentos Por lo pronto, como antídoto, la Comisión Europea ha apelado a la aplicación del Artículo 7 del Tratado de las Comunidades Europeas, el cual prevé, eventualmente, sanciones para los gobiernos que no cumplan con los valores democráticos previstos en él En dos años se ha recurrido a éste ya dos veces: con el arribo del Partido Liberal de Joerg Haider al cogobierno, en Austria (2000), y con la incorporación de Umberto Bossi, dirigente de la Liga Norte, al gabinete de Silvio Berlusconi en Italia Y, según las proyecciones, pronto habrá más La situación, paradójicamente, puede constituirse en una verdadera trampa Porque si en una verdadera democracia todas las fuerzas deben estar representadas y sus diversas posiciones respetadas, ¿dónde empieza la línea de las sanciones y exclusiones? ¿En los postulados o en las acciones? ¿Quién está facultado para juzgarlo? ¿Qué pasaría si, en lugar de extrema derecha, las fuerzas ascendentes fueran de extrema izquierda? ¿Cómo mantener el espíritu de la democracia sin que por su misma vía asciendan los extremos? Porque no hay que olvidar, que fueron las urnas las que llevaron a Hitler al poder Los votos, por sí mismos, no evitan ningún descalabro A pesar de lo cual, la democracia sigue siendo considerada el modelo menos malo de organización política de la sociedad Así, si después de la Segunda Guerra se incrementó el énfasis en las virtudes de la democracia electoral --cosa que no fue respetada por los líderes de los dos bloques de poder, que alimentaron gobiernos títeres a su conveniencia--, con la caída del llamado socialismo real, los postulados de la democracia y la tolerancia se convirtieron en condición sine qua non para ser aceptados en un mundo monopolar, regido por la globalización económica y el libre mercado Su aplicación, empero, ha sido más que discrecional Estados Unidos, que se considera a sí mismo como el paladín de la democracia en el mundo, de pronto se ha visto como rehén de su propio discurso George W Bush, su actual presidente, es el producto de una elección dudosa, que acabó por ser resuelta por un puñado de jueces No hay duda de que por el número de votos individuales el elegido hubiera sido Al Gore; pero investigaciones que continuaron después del desenlace oficial, corroboraron que si el conteo de boletas se hubiera llevado hasta sus últimas consecuencias, el demócrata también se hubiera llevado el triunfo por distritos electorales Y ahora resulta, que alguien que ni siquiera representa a cabalidad a su propio pueblo, sino a grupos muy específicos, pretende representar a todo el "mundo libre" y exige como aval la transparencia democrática De otros, se entiende Sobre todo de aquellos que por sus sistemas económicos y políticos interfieren en el camino de sus intereses Con los amigos no hay tanto problema Con que cumplan los ritos electorales es suficiente, aunque luego no los llenen de contenido De tolerancia, cero Y no precisamente con los grupos neonazis y de supremacistas blancos que proliferan en territorio estadunidense El discurso supone el respeto a las posturas y acciones de otros --que no sean criminales, claro--; sin embargo, a partir de los atentados terroristas del año pasado, el "líder" mundial determinó que quien no estuviera con él, estaría en su contra Sin matices Y ahí no valen los votos mayoritarios de la ONU, las posturas nacionales divergentes, los reclamos de las instituciones religiosas o las protestas de la sociedad civil Aunque todas ellas sean expresiones por excelencia del ejercicio democrático Vuelve entonces la pregunta, ¿democracia y tolerancia hacia quién y para qué? ¿Quién la sanciona y hasta dónde? Lo elástico que llega a ser el uso de la democracia puede muy bien ejemplificarse en el caso de Venezuela En el colmo de la paradoja, por la vía de las urnas llegó a la presidencia un hombre que había primero intentado tomarla por la vía de las armas Aunque con muy loables preocupaciones sociales, más populistas que populares, Hugo Chávez se evidenció muy pronto como un caudillo autoritario y mesiánico que calculó que, para beneficiar a unos, había que golpear a otros Por lo tanto --eso sí, siempre con una consulta de por medio-- se hizo de las instituciones, amplió su periodo de gobierno, emitió leyes, emprendió expropiaciones y amedrentó a los medios de comunicación opositores La confrontación, en lugar de la negociación democrática Peor fue, sin embargo, la intentona de sacarlo del poder Enarbolando justamente la bandera de que la democracia había sido expropiada y había que restaurarla, los sublevados, civiles y militares, recurrieron a los métodos más burdos de la época del golpismo en América Latina Las primeras y efímeras medidas que tomaron nada tenían que ver con los preceptos democráticos y, lo más grave: cada vez hay más evidencias de que el brazo largo de Washington tuvo que ver en la conspiración Su excusa, que Chávez no era democrático; los verdaderos motivos, su política socializante y sus relaciones con gobiernos enemigos (Cuba, Irak, etc) Las tres partes apelaron a la democracia y ninguna la respetó Otro caso, quizás más terrible por sus implicaciones externas, es el de Israel Nadie puede negar que Ariel Sharon llegó a primer ministro como producto de las urnas Tampoco, que lo logró, gracias a una sociedad empavorecida por la violencia creciente de extremistas palestinos, a quienes se esperaba aplicaría mano dura La mano ha sido muy dura Indiscriminadamente dura Los atentados, suicidas o no, no han disminuido La mayor parte de los israelíes, empero, sigue manteniendo su apoyo al violento general ¿Puede un gobernante en nombre de la voluntad de su pueblo atacar a otro, hasta niveles criminales, argumentando motivos de seguridad nacional? Y, peor aún, ¿debe por este mismo motivo la comunidad internacional justificarlo? La duplicidad perversa con que se maneja a conveniencia el concepto democrático no sólo abarca los espacios políticos, económicos y de seguridad, sino también los religiosos Eso sí, todos desde la perspectiva del poder Hace diez años, desde su independencia en 1962, por primera vez en Argelia se convocó a elecciones libres, con la participación de todos los sectores de la sociedad Y, ¡oh sorpresa! La primera vuelta la ganó cómodamente el Frente Islámico de Salvación Aterrado, el gobierno ejecutó una maniobra y canceló la segunda vuelta Luego, ordenó la disolución del FIS De ahí a la clandestinidad y a la guerra civil sólo hubo un paso El Ejército Islámico de Salvación y su facción más radical, el Grupo Islámico Armado, han llevado a cabo brutales matanzas contra la población civil y la represión gubernamental no ha sido menor En diez años, el número de víctimas se calcula cercana a 100 mil Nadie ha intervenido, ni en pro de la democracia ni de los derechos humanos Realmente la pregunta es, ¿qué era peor? ¿Dejar que ganara el FIS e instaurara un gobierno al estilo del ayatola Jomeini, en Irán, o los Talibanes, en Afganistán? ¿O arriesgarse a una carnicería que todavía no termina? El dilema ciertamente no es tan sencillo, pero confirma que la democracia es sólo una herramienta y no un fin en sí mismo, que debe acatarse a ultranza Porque toda proporción guardada, hoy en Francia y en otras naciones europeas se plantea la misma disyuntiva que hace diez años en Argelia: ¿debo permitir que la ultraderecha ascienda al poder, con todo lo que implica, simplemente porque una mayoría de ciudadanos votó por ella? ¿O debo hacer cualquier cosa para impedirlo? Lo cierto es que mientras a la democracia electoral no se le llene de contenido, con participación e igualdad de oportunidades para todos, y se le siga utilizando de manera discrecional, para encubrir intereses frecuentemente antidemocráticos, habrá fermento para las posiciones extremas de cualquier color y para el uso y abuso de la fuerza Es tiempo de impedir, que la democracia se convierta en un dogma, tan vacío como otros dogmas A nivel nacional e internacional