Religión, política y guerra en el siglo XXI

viernes, 2 de agosto de 2002
Ahora que el Papa Juan Pablo II ha vuelto al Continente Americano y que su mensaje pastoral se mezcla ineludiblemente con cuestiones políticas, bien valdría la pena hacer una breve reflexión sobre cómo, hasta esta época, los asuntos religiosos se entreveran con los del poder terreno: se utilizan, se manipulan, se exacerban hasta llevar, en no pocas ocasiones, al enfrentamiento armado que, en su esencia, no tiene nada de espiritual Entrada en el tercer milenio de la era cristiana, con por lo menos 20 mil años de historia documentada, un último siglo con avances científicos y tecnológicos como nunca antes y el desarrollo de una legalidad cada vez más universal, sobre bases seculares, la humanidad y sus líderes parecen no haber abandonado un pensamiento mitológico y maniqueo que tiene trabajo en distinguir lo que pertenece al César y lo que es de Dios Por supuesto, en esta confusión subyacen intereses muy concretos y no necesariamente religiosos, como son la ambición territorial, el control de las materias primas y los recursos naturales, las posiciones estratégicas, las alianzas económicas e ideológicas?en suma: la disputa por el poder Lo malo es que para justificar estos apetitos y para cohesionar a las masas --que son un elemento clave en la obtención y retención del poder-- se ha abusado del discurso religioso hasta la saciedad y en no pocas ocasiones con efectos devastadores, como son los radicalismos que martirizan a varias regiones del mundo, con pocas posibilidades de negociación Todas las religiones se basan en un elemento fundamental que es la fe Si se define a ésta como la creencia incuestionada de una serie de preceptos que conforman una identidad religiosa, puede comprenderse que no son precisamente los creyentes --sobre todo los dogmáticos-- los más proclives a la tolerancia y a la negociación ¿Cómo convencer, por ejemplo, a un judío ultraortodoxo de que debe abandonar una tierra que le prometió Jehová? O, ¿cómo impedir que los fundamentalistas musulmanes emprendan una Guerra Santa, cuando así se los exigió Mahoma en nombre de Alá? Ni siquiera cuando los que se enfrentan provienen de un mismo tronco, las soluciones son más fáciles, como ocurre con protestantes y católicos en Irlanda del Norte ¿Cómo, si durante generaciones ambos se han acusado de herejes, cismáticos y traidores a la que cada uno defiende como la religión verdadera? Se sienten diferentes y se quieren diferentes Y la separación no sólo es mental Se da en forma tangible y cotidiana y no sólo en las zonas en conflicto arriba mencionadas En numerosos países los grupos religiosos viven aparte y mueren aparte Tienen sus barrios, sus escuelas, sus iglesias y sus cementerios Hablan otra lengua y practican otros rituales; leen otros libros, oyen otra música, celebran otras fiestas, visten otros trajes y hasta comen otros alimentos Lo anterior no tendría nada de malo si se tratara de preservar una diversidad cultural y una pluralidad religiosa El efecto negativo surge de la insistencia en presentar estas diferencias como antagónicas y, peor aún, como enemigas Sin duda, éste ha sido el detonador de muchos de los conflictos que han cruzado el puente del Milenio y que, lejos de aminorar, propenden a incrementarse en el corto plazo No hay duda de que el enfrentamiento por antonomasia en el que se mezcla lo político con lo religioso es el del Medio Oriente Crudamente hablando, se trata de una disputa de dos pueblos por un territorio que resulta demasiado pequeño para albergarlos, aunque con voluntad política se podría solucionar Donde se entrampa esta solución, es en los argumentos históricos y religiosos, infranqueables como tales y alimentados por los sectores más radicales de ambos bandos Si bien la mayoría de los ciudadanos israelíes se declara laica, pacifista y proclive a una democracia de corte occidental, lo cierto es que la existencia misma del Estado de Israel se encuentra indisolublemente ligada con la promesa que Jehová hiciera hace miles de años a Moisés Porque, de otra manera, ¿cómo se sustentaría que el moderno Estado judío debía crearse ahí y no en otra parte? Toda la estructura jurídica se basa en esta reivindicación histórico-religiosa y la actual sociedad se debate entre mantener una virtual teocracia o avanzar hacia un estado laico, que podría cuestionar su propia existencia Aunque no tan marcada, la situación entre los palestinos muestra algunas similitudes Considerado como uno de los pueblos menos religiosos entre los árabes, no puede sustraerse a aquellos grupos que ven en los territorios disputados un suelo transitado por Mahoma y bendecido por Alá Tampoco evitar que, en nombre del Islam, los más dogmáticos --muchos ni siquiera palestinos-- emprendan una Guerra Santa contra sus enemigos históricos Paradójicamente, la larga búsqueda de una solución pacífica ha radicalizado las posiciones Si se dejan a un lado los factores externos que han jugado un papel clave, las concesiones que implica toda negociación no han logrado sino calentar los ánimos de los más exaltados Estos, de hecho, no están dispuestos a concesión alguna y la que otros hagan se considera una traición herética, como lo demostraron los asesinatos del egipcio Anuar el Sadat (1981) y el israelí Yitzak Rabin (1995), no a manos de sus enemigos, sino de sus correligionarios Y aun salvando estos escollos, se llega a un nudo indesatable, que es Jerusalén La Ciudad Santa lo es no sólo para judíos y musulmanes, sino también para los cristianos De hecho se le califica como la cuna de las tres grandes religiones monoteístas ¿A quién debe pertenecer? Israelíes y palestinos consideran que no puede ser menos que su capital; ningún grupo cristiano puede reivindicar tal cosa, pero todos exigen un libre acceso a los lugares sagrados Quizás en este caso la iniciativa más sabia haya sido la del Vaticano: declararla una "ciudad abierta", de todos y de nadie Siempre latente, este conflicto secular entre el Occidente judeo-cristiano y el Oriente musulmán ha vuelto a encenderse más allá de Tierra Santa, en el último cuarto de siglo No hay duda de que la revolución chiita de 1979 en Irán reinició el fuego Aunque se trataba de una lucha geoestratégica y económica, de la que no estaba exenta algo tan terrenal como el petróleo, la orientación islámica, la calificación del enemigo como el "Gran Satán" y la propia condición de clérigo de su líder, el ayatola Jomeini, le dieron una renovada connotación religiosa Connotación de la que el gobierno de Teherán no se ha liberado aún, aunque algunos dogmas empiezan a suavizarse Si bien una gran mayoría de los musulmanes es sunita, el ejemplo de la Guerra Santa volvió a tomar forma en el larguísimo arco del Islam, que se tiende desde Marruecos hasta las Filipinas Siempre combinados con reclamos territoriales o reivindicaciones de poder, grupos radicales invocan los preceptos del Corán para justificar acciones violentas en pro de su causa En Filipinas, para empezar de Este a Oeste, el Frente Moro de Liberación Nacional, pero más recientemente las guerrillas de Abu Sayyaf, han desafiado el poder central de Manila, laico, pero de extracto fundamentalmente católico En Cachemira, el conflicto fronterizo tiene fuertes tintes de un enfrentamiento entre musulmanes paquistaníes e hinduistas del Norte de la India Dentro de Paquistán el gobierno militar libra su propia batalla con grupos radicales y, ni hablar de Afganistán, donde el régimen Talibán llevó los dictados del Corán a extremos delirantes; su defenestración de ninguna manera implica que se haya acabado el fundamentalismo arcaico Inclusive en Irak, donde el régimen se ha ostentado como laico, su presidente Sadam Hussein no ha vacilado en llamar a la Jihad para obtener el respaldo del mundo árabe en su guerra contra Occidente En el Norte de Africa, sólo por citar otros ejemplos, Egipto precariamente mantiene bajo control a los llamados Hermanos Musulmanes En Sudán se libra desde hace 20 años una cruenta guerra civil entre el Norte musulmán y el Sur cristiano y animista y, en Argelia, los islamistas radicales mantienen en jaque a la población y al gobierno militar, desde que éste les arrebató el triunfo en las elecciones de 1992 La ola se ha extendido también al Oriente de Europa En Chechenia, donde la lucha se libra contra el poder central de Moscú, no hay duda de que existe un fuerte ingrediente de identidad musulmana, que cuenta inclusive con apoyos externos Y en la guerra de los Balcanes, aunque se manejó el concepto de "limpieza étnica", se puede calibrar que la gran diferencia entre serbios y albano-kosovares no era tanto racial, como religiosa y cultural Lo mismo se puede afirmar del postrer capítulo en Macedonia Pero el clímax de este renovado choque religioso llegó indudablemente el 11 de septiembre del año pasado Aunque de ninguna manera se puede responsabilizar al mundo musulmán en su conjunto por los atentados --y en eso hasta George W Bush fue enfático-- las señales que se envían abundan en contrario Los terroristas dejaron muy claro que se inmolaban por el Islam, en contra de los impíos de Occidente Y Bush, primero con su idea de llamar "Justicia Infinita" a la represalia, luego con su insistencia en calificar el combate al terrorismo como una lucha entre el bien y el mal y su constante invocación de Dios, le ha dado un indudable toque de cruzada religiosa, que pone frente a frente a las dos civilizaciones Aunque mayoritariamente es en este ámbito donde se ha recrudecido la incidencia de lo religioso en lo político, no pueden dejar de mencionarse otros conflictos donde también la hay Pese a que en Irlanda del Norte la disputa es básicamente territorial y ya se alcanzaron acuerdos mínimos para normarla desde el punto de vista político, los enconos religiosos siguen presentes y no parece que se les pueda eliminar por decreto La división espacial de las comunidades católica y protestante, los recurrentes choques callejeros y el extremo de vándalos que apedrean a escolares porque son de otra religión, habla de un oscurantismo no superado por la historia En el Oriente Lejano, donde las religiones no corresponden a instituciones tan centralizadas, las interferencias son menos visibles, exceptuando quizás el Tibet, donde el Dalai Lama es el máximo líder religioso y, al mismo tiempo, el jefe de Estado; por lo mismo, también, el que ha reivindicado la desocupación del territorio por parte de China El gobierno comunista chino, por cierto, ha tolerado el resurgimiento de algunas expresiones filosóficas y religiosas, con excepción de las que considera subversivas, como la secta Falun Gong En el Occidente cristiano las luchas son más bien sordas, en busca de ganar más adeptos para cada corriente específica, aunque no pocas veces éstas interfieren en políticas públicas, sobre todo aquellas que se refieren a la familia, la sexualidad, el aborto o la eutanasia Sobre la Iglesia Católica, aunque no se encuentra involucrada en ningún conflicto mayor, habría mucho qué decir en cuanto a su interferencia en la vida política Baste señalar que el papado de Juan Pablo II ha sido uno de los más intensos en el manejo del poder, tanto dentro como fuera de la Iglesia Pero eso ya lo documentó muy bien Proceso en su edición de la semana pasada

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