Cicatrices no cerradas de la guerra

sábado, 25 de octubre de 2003
San Salvador (apro) - Más de once años han transcurrido desde que en El Salvador concluyó una cruenta guerra civil, cuyas cicatrices aún están en “carne viva” El tema es delicado, pocos quieren hablar de él, pero es imposible mantenerlo en el olvido El jueves 23de octubre un “niño desaparecido” se reencontró con su familia biológica; al siguiente día se iniciaron exhumaciones de una masacre campesina, y el sábado 25 del mismo mes se levanta un modesto monumento a varios asesinados Periódicamente se registran acontecimientos que traen a la memoria dramáticos episodios que marcaron para siempre a la sociedad salvadoreña Fueron 12 años de guerra civil, entre 1980 y 1992 Pero hubo una década previa de intensa represión en zonas rurales y en las ciudades Están los registros de manifestaciones populares masacradas un día y, al siguiente, masacrado también el entierro de las víctimas “Como pastor y como ciudadano salvadoreño me apena profundamente el que se siga masacrando al sector organizado de nuestro pueblo sólo por el hecho de salir ordenadamente a la calle a pedir justicia y libertad Estoy seguro que tanta sangre derramada y tanto dolor causado a los familiares de tantas víctimas no será en vano”, es un fragmento de una homilía pronunciada el 27 de enero de 1980 por el arzobispo Oscar Arnulfo Romero, ultimado dos meses después por un francotirador de los “escuadrones de la muerte” de ultraderecha Tras el asesinato de Romero, la espiral de la violencia y del terrorismo de Estado generó una guerra civil, que terminó con la vida de casi 80 mil personas, en su mayoría inocentes Otros 8 mil están aún desaparecidos, mientras más de 20 mil están registrados como víctimas de la guerra, entre viudas, huérfanos y lisiados El reencuentro del “desaparecido” Luis Alfonso Ardón Méndez tenía 6 años, estaba herido por una esquirla en una de sus piernas luego de un bombardeo aéreo contra un caserío campesino en la norteña provincia de Chalatenango Era entonces el año de 1982, cuando el niño Luisito se perdió en medio de la maleza al ser emboscados por soldados el grupo de campesinos que conducía al herido en una hamaca Pasaron 21 años para que Luis se reencontrara con su familia biológica, que desde marzo de 1982 lo habían buscado afanosamente y no en vano Regresa con 27 años de edad, plomero de profesión y residente en Florida Un pasaporte estadunidense que lo identifica como John Robert Bierman Los padres de Luis Alfonso, don Victoriano y doña Delfina viven en una casa humilde, edificada con adobe y tejas, de la población de La Reina, en el propio Chalatenango Su humilde morada alberga a todos los hermanos y primos, tíos, sobrinos y cuñados de John Robert, quien cuenta una historia digna de la literatura Luego de resultar herido en una pierna en un bombardeo en la localidad conocida como El Salitre, en Chalatenango, un día no determinado de marzo de 1982 fue trasladado para auxiliarlo médicamente por sus familiares y, en compañía de un grupo de guerrilleros del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) Pero cayó víctima de una emboscada; los soldados lo capturaron y lo trasladaron al hospital infantil de San Salvador (la capital) y luego queda recluido en un orfanato La organización humanitaria Pro-Búsqueda pudo determinar en su investigaciones que el 18 de mayo de 1983 un tribunal de menores de San Salvador lo dio en adopción, con una identidad falsa a un extranjero, que resultó ser John Robert Bierman (el padre adoptivo de “Luisito”), quien se llevó al niño para Estados Unidos, donde lo crió “como un buen padre y hombre que le inculcó humanismo y laboriosidad”, según testimonió su hijo adoptivo En la época del conflicto hubo muchas denuncias de adopciones fraudulentas y de ventas de menores a extranjeros “A mi padre adoptivo y a mí nos habían dicho que mi familia salvadoreña había muerto toda”, explicó John Robert sin poder contener las lágrimas y lo decía en inglés, porque no sabe nada de su lengua materna Su esposa, una joven venezolana, le tradujo: “Cuánto siento lo que me he perdido por no estar con esta gente que es mi familia, mis hermanos y hermanas Siento que me he perdido mucho tiempo” “En Chalatenango había muchos casos de niños desaparecidos y los comenzamos a buscar”, explicó el sacerdote Jon Cortina, el fundador de Pro-Búsqueda, en 1994 Pro-Búsqueda tiene registrados 702 casos de niños desaparecidos durante el conflicto armado, la mayoría de ellos achacados a la Fuerza Armada De ese total, 149 se han reencontrado con sus familias biológicas; otros 83 están localizados sin haber logrado ese reencuentro; 442 son buscados porque están “desaparecidos”, y 28 fallecieron en diversas circunstancias Por una cristiana sepultura En la cruenta guerra también se escenificaron horrendas matanzas, como la de “El Mozote”, “Río Sumpul” y “El Calabozo” Los soldados nunca se preocuparon por esconder las pruebas de sus delitos, porque las tácticas de “tierra arrasada” eran precisamente para infligir terror Los sobrevivientes, en la mayoría de los casos, se encargaban de enterrar en fosas comunes a sus parientes En la zona de “El Calabozo” un curtido hombre campesino lloraba sobre las osamentas de sus hijos, a los que 20 años atrás había enterrado en un lugar que posteriormente localizó para cumplir con su deseo de darles cristiana sepultura La Oficina de Tutela Legal del Arzobispado de San Salvador auspicia las recientes labores de exhumaciones para localizar los restos mortales de decenas de campesinos que fueron masacrados por soldados del ejército salvadoreño en la zona conocida como “El Mozote”, en la oriental provincia de Morazán, acción ocurrida hace 22 años La entidad legal y religiosa salvadoreña manifestó que las labores de exhumación estarán a cargo de expertos del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), que realizó labores similares entre 1992 y 2001 en la misma localidad en la que se supone que fueron masacradas más de 200 personas, entre hombres, mujeres y niños, por soldados del Batallón “Atlacatl”, cuando realizaban una acción contrainsurgente el 11 de diciembre de 1981 “Esta será la cuarta etapa de exhumaciones que se realizan en la zona En las anteriores tres etapas se localizaron 36 ó 38 cuerpos enteros, en su mayoría de niños También en la llamada casa de “Las Mujeres”, donde estuvo ubicada una vivienda en la que se asesinó a las mujeres del caserío de “El Mozote”, se localizaron grandes cantidades de material óseo”, explicó la activista humanitaria, quien recalca que las labores actuales se podrían extender por dos meses “Durante la mañana (del 11 de diciembre de 1981) procedieron, en diversos sitios, a interrogar, torturar y ejecutar a los hombres Alrededor del mediodía fueron sacando por grupos a las mujeres, separándolas de sus hijos, y ametrallándolos Finalmente dieron muerte a los niños Un grupo de niños que había sido encerrado en “el convento” fue ametrallado a través de las ventanas Después de haber exterminado a toda la población, los soldados prendieron fuego a las edificaciones” (Fragmento de testimonios recabados por la Comisión de la Verdad, en 1993) María Julia Hernández afirmó que los sobrevivientes de las matanzas encuentran un gran alivio luego de las exhumaciones y de cuando dan “cristiana sepultura” a sus seres queridos “Es una forma de reparar el daño que les causaron y, además, es una forma de combate a la impunidad, porque entraremos a la etapa de abrir juicios contra los responsables materiales e intelectuales de estos crímenes de lesa humanidad” Tutela Legal del Arzobispado ya demandó ante la fiscalía a un grupo de militares señalados como responsables de la masacre del “El Barrio”, ocurrida también en Morazán en abril de 1982 y donde fueron asesinadas 49 personas Las pruebas testimoniales, el cuerpo del delito (las osamentas), fueron entregados a las autoridades judiciales Se acusa como principales involucrados en este hecho a los generales retirados, José Guillermo García y Rafael Flores Lima, así como al fallecido coronel Domingo Monterrosa El cura Jon Cortina El jesuita Jon Cortina, de origen español, es un símbolo de la lucha por la defensa de los derechos humanos en El Salvador, además de ser el fundador de Pro-Búsqueda, fue durante años el párroco de la iglesia de Guarjila, en pleno campo de batalla en el territorio de Chalatenango Explicó a Apro lo que significan las exhumaciones de los masacrados en “El Mozote” “Todas estas masacres han estado ocultas; se han dado pero la verdad no se conoce En muchas ocasiones, incluso, nosotros hemos recibido, sobre la masacre de “El Mozote”, informaciones de la Fuerza Armada, diciendo que no existen datos de que el Batallón Atlacatl haya estado operando en ese tiempo en la referida zona” --¿Qué significa entonces encontrar esas osamentas? --Es que todo esto que se está ocultando tiene que aparecer de alguna manera y es una pequeña devolución de la dignidad de las víctimas Las víctimas han muerto, fueron masacradas Lo mismo que se dijo en el ‘caso jesuita’ (siete jesuitas asesinados en 16 de noviembre de 1989 por un comando del ejército), que no había sido la Fuerza Armada sino la guerrilla, lo cual fue una gran mentira” ¿La verdad siempre aparece? “La verdad va apareciendo y devuelve la dignidad a las víctimas, contribuye a la memoria histórica, algo que en este país se ha olvidado y este tipo de hechos no se descubren por una especie de masoquismo, sino para que hechos como este nunca más vuelvan a ocurrir Las exhumaciones son una lucha contra la impunidad, pero fundamentalmente significa reconstruir la memoria histórica, es decir, recordar todos los actos que se han cometido con impunidad, porque si ésta no existiese, habría mayor información y tendríamos justicia”

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