Alemania: la sombra del holocausto

lunes, 17 de noviembre de 2003
Berlin - Pese a su oscura colaboración con el régimen de Adolf Hitler, la empresa química Degussa seguirá afectada a la construcción del Memorial del Holocausto Así lo decidió el Consejo de la Fundación que impulsa el monumento, que se inaugurará en Berlín en 2005, en memoria de los judíos asesinados en Europa durante el nazismo Degussa provee la cobertura que protege los dos mil 700 bloques de cemento del Memorial, contra los graffiti y las inclemencias del tiempo La obra se interrumpió a fines de octubre, al hacerse público que una filial de Degussa, llamada Degesch, había producido el gas Ciclón B para las cámaras de exterminio Y se había encargado de fundir el oro que le quitaban de la boca o de los dedos a los recién asesinados, antes de llevarlos al crematorio En la última década, Degussa ha intentado cambiar su imagen Fue una de las primeras en pagar indemnizaciones a los trabajadores forzosos del nacionalsocialismo Presentó para el Memorial una oferta tan baja, que la rescisión de su contrato hubiera hecho peligrar el financiamiento del proyecto Otras empresas que colaboraron con el holocausto, como Bayer –que por entonces pertenecía a IG Farben–, participan de la obra Sin embargo, para muchos el gas Ciclón B sobrepasa el límite de lo tolerable Complicidad La polémica divide incluso a los sobrevivientes “Lo de Degussa es cierto”, dice a Apro, Kurt Goldstein “Pero a mí me llevó el tren alemán de París a Auschwitz Birkenau; el mismo que ahora transporta todos los materiales hacia el monumento Hay una diferencia cuantitativa Pero en verdad fue toda la industria alemana la que estuvo involucrada en este crimen En total se estima que 20 millones de trabajadores forzosos tuvieron que trabajar durante la guerra en Alemania, en condiciones horrendas” Kurt Goldstein sobrevivió a los campos de concentración de Auschwitz y Buchenwald Tiene 89 años Se define como comunista alemán de origen judío Vicepresidente honorario del Comité Internacional de Auschwitz –en donde pasó treinta meses–, siempre estuvo en contra de un monumento que sólo recuerde a los muertos judíos, dejando de lado al resto de las víctimas “Lo que hicieron los nazis es el crimen más grande en toda la historia de la humanidad”, señala “Nunca hay que olvidar lo que pasó en esos doce años de historia alemana Y por eso hay que erigir un monumento Yo hubiera preferido uno más modesto Pero ya que este monumento está decidido y empezado, ahora no se pueden levantar los fundamentos Ahora hay que terminarlo” Goldstein coincide con la mayoría del Consejo de la Fundación del Memorial Pero no con Lea Rosh, la principal impulsora del proyecto desde 1988 Rosh se manifestó a favor de rescindir el contrato con Degussa Consternada, tras el desenlace de la encrucijada ética, sostuvo que sería horrible que las personas de origen judío y los hijos de las víctimas del Holocausto, se negaran a acudir al Memorial Reflexión Los bloques de cemento crecen desde el suelo como dólmenes Se disponen en una sucesión de filas apretadas El arquitecto Peter Eisenman no quiere que el efecto visual sea el de las lápidas de un cementerio Los bloques están algo torcidos y su altura fluctúa, a fin de que el conjunto parezca una ondulante superficie de agua Este efecto incidental y abstracto se propone despertar la evocación y el recuerdo “Este memorial debe servir para que los ciudadanos y las ciudadanas de este país, las próximas generaciones, tengan presente que nunca más debe ocurrir eso que los alemanes les hicieron a otros alemanes, a los que aplicaron la eutanasia, y lo que les hicieron a los judíos, los gitanos, los polacos o los pueblos eslavos”, sostiene Goldstein “Para eso se necesita un monumento Un memorial, que nos permita pensar que algo así ocurrió y, a partir de esta enseñanza, poder reflexionar” El Memorial del Holocausto está dirigido básicamente a los alemanes Los judíos tienen su monumento conmemorativo en Israel Ese recuerdo del genocidio, que busca transmitirse a los visitantes, vive en los sobrevivientes día y noche “En los primeros años soñaba con Auschwitz dos o tres veces cada noche”, dice Kurt Goldstein, quien incluso hoy, sesenta años más tarde, a veces se despierta gritando, pues el hecho de dar charlas en los colegios hace que Auschwitz esté siempre fresco Un precio alto Goldstein lo asume: “En Auschwitz el horror tenía dos caras”, afirma “Era un infierno, pero no sólo por que ahí estuvieran las cámaras de gas En el campo donde yo estaba, no pasaba un solo día sin que uno de esos criminales que teníamos por jefes de barraca o por capos, no complaciera su perversidad matando a un prisionero Eso era lo que vivíamos Ese era nuestro vivir cotidiano” Emplazado junto a la Puerta de Brandeburgo, justo encima de donde estaba el bunker del ministro de propaganda nazi Joseph Goebbels, el Memorial del Holocausto prevé una masiva afluencia de visitantes Para las víctimas, sin embargo, el holocausto sigue vivo en las barracas de los diferentes campos Goldstein volvió por primera vez a Auschwitz en 1954: “Las primeras veces fueron terribles”, dice “Sentía que los que estaban bajo tierra hablaban conmigo Y después de esas primeras veces, algo se tranquilizó Sin embargo ahora, las últimas veces, me cuesta más Uno se conmociona al ver que eran personas que estaban cerca las que allí fueron asesinadas No es fácil vivir con el peso de los pensamientos Es siempre virulento”

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