La guerra de Bush ya comenzó

sábado, 15 de febrero de 2003
Como se trata de un asunto con frecuencia difícil, de esos de la llamada “alta diplomacia”, que involucran decisiones riesgosas, de guerra, al procedimiento le pusieron el dramático nombre de “romper el silencio” Y “romper el silencio” consiste en hacer uso del derecho que tienen cada uno de los 19 países que integran la Organización del Tratado del Atlántico Norte, la OTAN, a bloquear cualquier propuesta con la que no estén de acuerdo Eso fue lo que hicieron en Bruselas el lunes 10 de febrero Francia, Alemania y Bélgica, al negarse a apoyar la petición de Estados Unidos para mandarle de inmediato ayuda militar a la desvalida Turquía, porque, según argumentó Washington, la guerra contra su vecino Irak está a la vuelta de la esquina y necesita proteger sus fronteras de las locuras que se le ocurran al malvado Saddam Hussein Sin embargo, los tres aguafiestas —dirían en la Casa Blanca— concluyeron que en ese momento el país árabe no representaba una amenaza de envergadura, por lo que no hacía falta mover ni un dedo Además de aumentar la impaciencia del presidente George W Bush y su secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, la “ruptura del silencio” terminó de hacer volar en pedazos la idea de que la OTAN, esa alianza trasatlántica creada en 1949 por el “mundo libre occidental” para hacerle frente a la amenaza comunista, tenía alguna razón de ser después de la desaparición de su enemigo: la Unión Soviética ¿Para qué sirve una alianza tan grande, cara y poderosa si sus socios no tienen enemigos ni amenazas compartidos?, se preguntaron de inmediato alarmados desde el muy realista Henry Kissinger hasta los columnistas más liberales de los diarios británicos La historia del inédito pleito en la OTAN nos obliga a ser justos con la belicosa Administracion Bush y a reconocerle que su encarnizada guerra (hasta ahora de palabras) contra Irak sí ha tenido resultados Quizá las víctimas no tienen la identidad esperada por Washington, pero son de enorme valor Se trata, ni más ni menos, de tres de las instituciones que desde el fin de la Segunda Guerra Mundial le han dado un cierto orden a nuestro mundo: la OTAN, la Organización de Naciones Unidas e incluso la Unión Europea Afortunadamente, las víctimas aún no parecen fatales, pero sin duda han recibido graves heridas Primero está la OTAN, que, viuda de la URSS, se dedicó durante la última década a buscarle un nuevo sentido a su vida Lamentablemente, todos sus intentos han estado colgados de aventuras bélicas estadounidenses: a finales de los años 90 la Alianza Atlántica siguió a un indignado Bill Clinton que decidió bombardear lo que entonces era Yugoslavia, sin consentimiento de la ONU, en nombre de los derechos humanos de los albanokosovares Luego, los amigos atlánticos expresaron toda su solidaridad y engrosaron las filas de una fuerza de pacificación con tareas por demás azarosas, en un Afganistán donde los misiles estadounidenses no pudieron encontrar al terrorista Osama Bin Laden Pero la buena voluntad tiene límite, y el de Francia y Alemania, los socios más poderosos de la OTAN, junto a Estados Unidos, llegó cuando se les pidió apoyar la guerra contra Irak, que carece de cualquier pretexto bienintencionado y tiene un rostro muy feo Es más o menos la misma discrepancia la que se coló en el centro de poder de la ONU, el Consejo de Seguridad, y tiene a sus 15 miembros, permanentes y no permanentes, tirándose diplomáticamente de los cabellos Y el tironeo se agravó el viernes 14 de febrero, cuando Hans Blix, jefe de los inspectores de la ONU que deben desarmar a Irak, presentó al Consejo de Seguridad un informe sobre el avance del trabajo de su equipo, con conclusiones tan ambiguas, que cada bando -- tanto el que está por la guerra, como el que se opone--, puede interpretarlas a su antojo Irak está cooperando, dijo Blix, para luego agregar que sus inspectores no encuentran por ningún lado toneladas y toneladas de armas químicas que Bagdad dice que destruyó El problema de la ONU quizá es más grave que el de la confundida OTAN Siendo francos, Bush tiene razón: si a Washington se le agota su poca paciencia, deja de discutir y lanza en solitario su ataque contra Irak (bueno, acompañado del Reino Unido de Tony Blair), ¿qué credibilidad le quedará a la ONU como árbitro mundial? Incluso consideremos que la muy capaz diplomacia francesa y los pragmáticos chinos y rusos consiguen hacer el malabar y, enfrentados con la determinación de Bush y sus muchachos, apoyan, o no vetan, en el Consejo de Seguridad una resolución aceptable que le proporcione a Estados Unidos el cobijo de legalidad que necesita para bombardear a placer ¿No sería demasiado peligroso que el rubro de “proliferación de armas de destrucción masiva” (porque de eso se acusa a Saddam, ¿no?), se coloque junto al de “defensa de los derechos humanos” y al de “lucha contra el terrorismo”, y se convierta así en la más nueva razón válida para bendecir una guerra contra un país soberano? Los ecos de una resolución así retumbarían por todos lados Pero si tienen a Francia entre sus principales redactores, el estruendo más fuerte se escuchará en la Unión Europea, donde la ahora ultrapacifista Alemania se quedaría sin su principal socio antibélico y, peor, tendría que enemistarse con el país que resulta ser, a su lado, el pilar del proyecto comunitario europeo Y eso es lo que menos necesita la Unión Europea, considerando que el pleito Estados Unidos-Irak ya le ha hecho suficiente daño: Primero, por el escandaloso alineamiento de Blair, del español José María Aznar y del italiano Silvio Berlusconi con el guerrero Bush, que puso una vez más en evidencia la incapacidad de la Unión Europea para tener una política exterior común, condición esencial para ser tomada como un interlocutor serio en la escena internacional Después, el muy doloroso –por el innegable olor a traición que esparció— apoyo a la guerra que ofrecieron hace algunos días en una carta pública, fraguada por Blair y Aznar, los gobiernos de países de Europa oriental que hace apenas semanas fueron aceptados en la Unión, como la República Checa y Polonia, con un costo de millones y millones de euros para una Alemania sumida en la recesión económica Las guerras dejan heridos y muertos Si tenemos esto en consideración, la de Bush contra Irak ya comenzó Sin necesidad de misiles de verdad, instituciones que hacen a este planeta más o menos seguro están sometidas a un despiadado ataque, que debería tenernos, a todos sus habitantes, muy inquietos --- *Periodista especializada en temas internacionales Maestra en Relaciones Internacionales por el Instituto Matías Romero de la Secretaría de Relaciones Exteriores Exeditoria de la sección internacional del diario Milenio; y exdirectora de prensa internacional de la cancillería mexicana

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