China y el SARS: paisajes después de la batalla

sábado, 14 de junio de 2003
Pekín -- Desde que a finales de abril arreció la crisis sanitaria en China y el gobierno admitió la magnitud de la potencial catástrofe a la que se podría enfrentar el país por el brote de la neumonía atípica, las autoridades reportan cada 24 horas del avance del virus En las peores jornadas de principios de mayo los números se abultaban con un promedio de 150 nuevos casos diarios en todo el país, y en pocos días las cifras se elevaron a más de 5 mil contagiados y 300 decesos a consecuencia de la enfermedad, lo que puso a temblar al planeta por lo que se podría desatar en el caso de un avance incontrolable de la epidemia en la nación más poblada del orbe Sin embargo, el jueves 5 de junio el cuadro estadístico que diariamente se publica en la segunda página del China Daily, por segunda ocasión en menos de una semana mostraba un estimulante cúmulo de ceros en los 24 casilleros donde se registran los nuevos casos del día anterior en aquellas provincias y regiones autónomas del país que fueron azotadas por la enfermedad La República Popular China ocupa un territorio superior al de toda Europa y tiene una población que duplica al conjunto de los habitantes del continente americano, incluyendo, por su puesto, a Estados Unidos y Canadá Valgan estos dos indicadores para comprender la magnitud que reviste la noticia de que, por segundo día en el transcurso de una semana, en toda la extensión geográfica y humana de China no se registraron nuevos casos La lista de 24 lings (cero en chino) reconforta sin duda a la población, tranquiliza a las autoridades --que, sin embargo, no bajan la guardia pues más de 20 mil chinos continúan en cuarentena--, y confirma los pronósticos de los expertos quienes anunciaban un descenso continuo de la enfermedad, en parte como resultado del ciclo biológico de expansión y descenso del virus --como se demostró ya en Hong kong y en Vietnam--, pero también ante el éxito de las medidas tomadas para contener el avance de la epidemia, en lo que representó una masiva y colosal operación sanitaria de emergencia, un despliegue sorprendente de la enorme maquinaria estatal del gobierno chino en todos su niveles, y que ha marcado el inicio del nuevo gobierno del presidente Hu Jintao En efecto, una de las primeras consecuencias visibles de esta enfermedad es que ha resultado una prueba de fuego para el nuevo grupo en el poder encabezado por el presidente Jintao, como máximo representante de la así llamada “cuarta generación” del gobierno comunista en China, es decir, aquellos que vivían su infancia cuando Mao Tse Tung conquistó el poder en 1949 y que se elevaron a los máximo órganos de decisión del gobierno chino como resultado del XVI Congreso Nacional del Partido Comunista chino (PCCh), el pasado mes de noviembre El SARS se ha presentado entonces como una suerte de doloroso rito iniciático para el gobierno recién estrenado, y ha servido lo mismo para ajustar la enorme y en algunos casos anquilosada maquinaria del Estado; para evidenciar las vastas zonas de rezago social que enfrenta el país; y también para revivir la vieja estructura molecular del Partido Comunista, pues ciertamente un papel importante en la guerra contra el SARS lo han jugado los comités distritales y vecinales del PCCh, que se encargaron de ejecutar y vigilar en los niveles más bajos las severas medidas decretadas por el gobierno para detener al enemigo viral, y que incluyeron cuarentenas masivas, denuncias de personas sospechosas de contagio, cierres de carreteras, cancelación de un periodo vacacional y la alteración completa de la vida cotidiana a la que se disciplinaron millones de seres humanos con relativa facilidad Las otrora temibles brigadas rojas que fueron la base social que dio sustento a la Revolución Cultural, de alguna manera han sido recuperadas no sin causar inquietud entre aquellos que sufrieron los horrores de la era de la persecución y el fanatismo proletario a finales de la década de los años 70 Como un paisaje ya casi olvidado de la era revolucionaria, en los últimos días era común encontrarse en los callejones y las plazas de Pekín con reuniones informativas al aire libre, encabezadas por los dirigentes vecinales del Partido –con una banda roja y amarilla atada al antebrazo--, quienes proporcionan información y coordinan con el resto de los vecinos las acciones diarias a tomar para enfrentarse a la epidemia, y que comprenden la desinfección cotidiana de los sitios públicos --incluyendo los baños en aquellos barrios donde este servicio es comunitario por no existir sistemas de drenaje en las viviendas--, suministro de víveres para las familias que se encontraban en cuarentena, flores y ceremonias de bienvenida para recibir a aquellos que han terminado felizmente el aislamiento, o movilizaciones para tapizar calles y avenidas de la ciudad con información sobre higiene personal y medidas preventivas básicas para hacer frente a la enfermedad En suma, una verdadera cruzada sanitaria de raíz institucional, pero con un fuerte contenido de masas, que deberá ser estudiada más adelante por los sociólogos y especialistas en busca de claves para comprender a la China actual De un lado el movimiento de masas como curioso revival de la era maoísta, y del otro la respuesta gubernamental que entre otras medidas anuncia una inversión de mil 250 millones de dólares para el sistema de asistencia médica rural, así como para los sectores marginados de los centros urbanos del país Se anuncian también otros 350 millones de dólares para la creación de un centro nacional de control de enfermedades epidemiológicas y en general una revisión a fondo del sistema sanitario de China, que ha dado claras muestras de rezago frente al crecimiento acelerado de los indicadores macroeconómicos del país en el último cuarto de siglo

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