América Latina: la vigencia del pasado

sábado, 6 de septiembre de 2003
A treinta años del golpe de Estado contra Salvador Allende y a trece de que se reinstaurara en Chile la democracia formal, luego del plebiscito que revocara la presidencia de facto de Augusto Pinochet, la sociedad chilena no acaba de hacer un ajuste de cuentas con su pasado No, por lo menos, en términos de que se haya hecho una verdadera justicia y que las fuerzas oscuras de la dictadura hayan dejado de tener un espacio de poder No cabe duda, que la detención de Pinochet en Londres y los cargos que presentó en su contra el juez español, Baltasar Garzón, mellaron su imagen tanto en el plano nacional como internacional Pero, a la postre, el general ha quedado impune… y actuante Su principal defensa no se basó en su inocencia, sino en su avanzada edad y su salud mental, factores que no han demostrado ser un impedimento para que opere políticamente cada vez que así conviene a sus intereses Es decir, una simple maniobra legal Maniobra, que no ha alcanzado a otros Con dificultades, pero algunos personeros del antiguo régimen castrense, como el siniestro jefe de la DINA, Manuel Contreras, han sido llevados ante la justicia Por simple relevo generacional, varios mandos militares de la dictadura han pasado a retiro Pero las fuerzas armadas chilenas siguen manteniendo un espíritu de cuerpo que las lleva a defender a sus miembros, lo que ha impedido un verdadero juicio contra toda la cúpula golpista Y en ello mucho tiene que ver su benemérito comandante, Augusto Pinochet Por esas ironías de la historia, ahora que se conmemora el trigésimo aniversario de la caída de Allende, otro socialista, Ricardo Lagos, detenta la presidencia Pero se trata, sin duda, de un socialismo muy acotado, que ha tenido que negociar con las fuerzas internas y externas del mercado, con la derecha política y con el instituto armado, fuerzas cuyo elemento aglutinador sigue siendo el pinochetismo Y probablemente lo siga siendo, por lo menos hasta la muerte del general El caso de Chile es emblemático, porque Pinochet se constituyó, para bien y para mal, en el icono por antonomasia de las dictaduras latinoamericanas de los setenta y los ochenta; por ser el primer ex jefe de Estado detenido en el extranjero bajo el cargo de crímenes de lesa humanidad; porque logró eludir la justicia y porque sigue vivo en la política, aunque ya no en funciones, pero si como una especie de patriarca al que no se puede dejar de tomar en cuenta Pero la evidencia de que el capítulo de las regímenes represivos no está cerrado y sigue ejerciendo su influencia en los escenarios políticos actuales, recorre todo el espacio latinoamericano El ex presidente Alfredo Stroessner está debidamente exiliado en Brasil, desde donde todavía jala los hilos de la clase política paraguaya El general Hugo Banzer se dio el lujo de retornar a la presidencia en Bolivia y se murió convenientemente antes de que lo alcanzaran los cargos por su participación en la Operación Cóndor Duarte, Christiani y los altos mandos militares en El Salvador siguen disfrutando de su posición privilegiada, mientras militares de más baja graduación pagan por sus crímenes Pero, sin duda, los lugares donde en este momento se manifiestan con mayor fuerza estos lastres del pasado, son Argentina, Perú y Guatemala Son, mejor dicho, elementos que juegan un papel preponderante en la situación política actual y que podrían, a corto plazo, determinar inclusive el futuro de estos tres países Ante una de las peores crisis económicas y sociales en Argentina y con un bono de legitimidad relativamente bajo, el nuevo presidente, Néstor Kirchner, optó por reabrir las sensibles heridas de la dictadura militar Primero derogó el decreto de su antecesor, Fernando de la Rúa, que impedía la extradición de militares criminales requeridos por terceros países y luego, de plano, procedió a la anulación de las las leyes de Punto Final y de Obediencia debida (expedidas por Alfonsín y ratificadas por Menem) que garantizaron impunidad a los miembros del instituto castrense Sin ambajes, Kirchner se ha manifestado decidido a hacer justicia y tanto su fuerza política como su popularidad se han incrementado de manera considerable Sin embargo, el tiro podría salirle por la culata De entrada, al abrir la posibilidad de que los infractores puedan ser juzgados en territorio argentino, cayó por tierra la posibilidad de juzgarlos en tribunales extranjeros, donde varias decenas de estos asesinos ya eran requeridos Pero, además, al retirarse la solicitid de extradición, automáticamente también se les tuvo que liberar, porque ya no había solicitud de aprehensión en su contra Por supuesto que lo ideal es que estos criminales sean juzgados en su propio país Pero, por lo pronto, de vuelta se encuentran libres y habrá que reabrir las causas, desde el principio, para poder volverlos a detener y adelantar el proceso Pese a la depuración de la cúpula militar y judicial llevada a cabo en forma paralela por Kirchner, nada le asegura que jueces y tribunales procedan como él y la sociedad desean Será una medición de fuerzas, más subterránea que abierta, en la que el presidente puede salir muy raspado y la sociedad muy decepcionada (otra vez) Aunque mucho se había tardado, el caso de la guerra sucia en el Perú afloró en recientes semanas con toda su fuerza El 28 de agosto la Comisión de la Verdad y Reconciliación presentó un escalofriante informe final, donde se da cuenta de que la cifra total de dos decenios de lucha contra la subversión fue de cerca de setenta mil víctimas y no las 35 mil que originalmente se habían calculado Como si la primera cantidad no hubiera sido ya suficiente para actuar con decisión, la investigación probablemente se demoró porque, tanto a nivel nacional como internacional, las presiones sobre Perú para aclarar este asunto fueron mucho menos acuciantes que sobre otros países latinoamericanos En parte, porque todos los gobiernos bajo los que ocurrieron los crímenes fueron civiles (Belaúnde, García y Fujimori); porque la guerrilla de Sendero Luminoso mostró un fanatismo y crueldad indefendibles y porque la mayoría de las acciones represivas se realizaron en aisladas zonas serranas y selváticas, habitadas por indígenas De hecho, 555 por ciento de las muertes son atribuidas a los grupos subversivos (54% a Sendero y 15% al Movimiento Revolucionario Tupak Amaru), pero el resto corresponde a las fuerzas de seguridad con la infaltable cauda de violaciones, torturas, detenciones extrajudiciales y desapariciones que caracterizaron a otros planes represivos en el continente Con la especificidad, en todo caso, de que el 75 por ciento de las víctimas (51,750) fueron indígenas quechuas que cayeron en fuego cruzado, por colaboracionistas o por traidores Fue un verdadero etnocidio, que sólo pudo ocurrir, según el presidente de la CVR, Salomón Lerner, por la exclusión social y el racismo que todavía prevalecen en la sociedad peruana Es decir, que contrariamente a lo que siempre se quiso hacer parecer, no se trató de acciones aisladas o de excesos mecánicos, sino de un andamiaje institucional que por acción u omisión propició la violación sistemática de los derechos humanos de un sector de la población peruana Según el informe, entre la élite gobernante casi nadie se ve eximido de alguna responsabilidad: las fuerzas armadas, la clase política, la jerarquía eclesiástica (excluyendo a destacadas figuras vinculadas con la Teología de la Liberación), los medios de comunicación, el aparato de justicia, todos los cuales, en opinión de Lerner tienen “grandes y graves explicaciones que dar al Perú” Por supuesto, todos han reaccionado en contrario y se deslindan de cualquier responsabilidad, alegando que se trata de un informe sesgado con más intencionalidad política que de justicia No falta, inclusive, quien recurre al discurso trasnochado de ver en las acusaciones una “conspiración comunista” o, para hacerlo más actual, de “apoyo al terrorismo” Pero el caso más insólito corresponde, sin duda, al expresidente Alberto Fujimori Asilado en Japón, la tierra de sus padres, el “Chino” es solicitado en Perú no sólo por flagrantes actos de corrupción, sino precisamente por graves violaciones a los derechos humanos en el marco de su guerra antisubversiva Los hechos más documentados son las matanzas cometidas por el clandestino grupo de inteligencia Colina y la ejecución extrajudicial de los guerrilleros del MRTA, que tomaron en 1997 la embajada del Japón en Lima y que fueron detenidos con vida Pero Fujimori no sólo niega haber tenido siquiera conocimiento de estos hechos, sino que pretende regresar al Perú y lanzarse nuevamente como candidato a la presidencia para el año 2006 Y, lo que es peor, según una reciente encuesta realizada en ese país tendría la aprobación de un 31% de los peruanos, muy por encima del actual presidente, Alejandro Toledo, que si bien ha tenido una gestión fallida, nada tiene que ver con las atrocidades del pasado Peor, todavía, se aprecia el escenario en Guatemala, donde el pasado es presente Después de violentas manifestaiones callejeras, la Corte de Constitucionalidad autorizó la inscripción del exdictador Efráin Ríos Montt como candidato a la presidencia, pese a que la propia Constitución prohibe la postulación de personas con antecedentes de golpe de Estado De hecho, ya en dos ocasiones anteriores (89 y 95) el general retirado perdió por el mismo motivo la batalla judicial para retornar al poder Los más grave, es que Ríos Montt no sólo llegó a la presidencia guatemalteca mediante una asonada, sino que su corta gestión se caracterizó por ser la más agresiva de la guerra contrainsurgente con decenas de miles de muertos y cientos de miles de desplazados (la mayoría indígenas, al igual que en Perú) Siguiendo el ejemplo de Pinochet, por este motivo la Premio Nobel de la Paz, Rigoberta Menchú, lo demandó ante tribunales de España y Bélgica Pero tuvo menos suerte, porque ambos se declararon incompetentes para llevar el caso Y es que Ríos Montt se supo proteger Si no volvió antes a la presidencia, sí llegó al Congreso y obtuvo el fuero necesario para su inmunidad Aparte, el actual presidente, Alfonso Portillo, llegó al poder sobre la plataforma del Frente Republicano Guatemalteco y no es cosa de traicionar a su partido ni a su tutor El elevado número de atentados y asesinatos políticos en lo que va de la campaña evidencia, además, que no hay prurito en utilizar viejos y eficaces métodos de disuasión Es sólo una forma de demostrar poder Así las cosas, aunque las dictaduras hayan desaparecido del panorama latinoamericano, sus remanentes están muy lejos de estar inactivos Paradójicamente, los tres únicos gobiernos con filiación militar, son ahora “izquierdistas” (Fidel Castro, Hugo Chávez y Lucio Gutiérrez) Pero en el resto, la tentación castrense de una derecha represiva, sigue latente Al fin y al cabo, sus programas económicos y sociales no son muy diferentes

Comentarios