El rebelde Mordechai y el arsenal que no es

sábado, 24 de abril de 2004
Conocemos las fotografías: un avejentado, pero desafiante Mordechai Vanunu saliendo la semana pasada de la prisión de máxima seguridad de Shikma, en Ashkelon, Israel, con las manos en alto, haciendo el signo de la victoria y rodeado de decenas de llorosos simpatizantes de todo el mundo Los detalles de su increíble historia de héroe pacificista son menos conocidos, pero tan emocionantes como las novelas de John Le Carre en sus días gloriosos Era 1986 y Mordechai, un técnico nuclear de 31 años y nacionalidad israelí, había contactado en Australia, a través de un amigo periodista colombiano, al diario The Times, de Londres, al que le confió que tenía abundantes datos técnicos y casi 60 fotografías del ultrasecreto reactor atómico de Dimona, localizado bajo tierra en el desierto de Negev, y donde Israel había desarrollado su programa de armamento nuclear y fabricaba bombas desde finales de los años 60 Mordechai, hijo de judíos ortodoxos sefradíes de Marruecos, renunció a su religión en Australia, a donde fue a refugiarse después de que, tras diez años de trabajo, fue despedido de Dimona en el marco de un recorte por falta de presupuesto Ahí se volvió anglicano y decidió dedicar su vida a luchar por el desmantelamiento del programa nuclear de Israel, “lo más sagrado de lo sagrado” del Estado judío En la remota isla-continente del Pacífico, Mordechai se convirtió en oveja negra del colectivo israelí Su condición de paria se consolidó cuando accedió a que The Times lo trasladara a Londres, donde durante todo un mes sería interrogado por los más respetados científicos nucleares del planeta, quienes dieron un veredicto espectacular: la versión del desertor y sus fotografías eran confiables y por lo tanto evidenciaba no sólo que Israel tenía un programa nuclear, sino que éste era tan sofisticado que situaba al país como la sexta potencia atómica, sólo detrás de Estados Unidos, Rusia, China, Francia y el Reino Unido, el “club nuclear oficial” The Sunday Times publicó la noticia el 5 de octubre de 1986, provocando conmoción mundial: hasta ese momento, no existía ninguna confirmación sólida de que Israel tenía la bomba atómica Pero Mordechai no pudo atestiguar el escándalo El 31 de septiembre, una semana antes de que se publicara la nota, partió rumbo a Roma, invitado por una amiga que había conocido en Londres, la rubia y llenita Cindy, de Florida Su amiga resultó no ser cosmetóloga, como le había contado, sino agente del Mossad, los servicios secretos israelíes, que por órdenes del entonces primer ministro, Shimon Peres, lo sacaron del Reino Unido —“para no avergonzar al gobierno de Margaret Thatcher”, gran amiga de Israel—, y lo secuestraron en Roma, apenas descendió del avión de British Airways, para llevarlo a la prisión de Shikma Ahí fue enterado de que se le haría responsable de traición y espionaje; del primer cargo sólo otra persona había sido acusada previamente por los fiscales israelíes: Adolph Eichmann, el “relojero de la muerte” nazi El resto del mundo se enteró del arresto de Mordechai semanas después, cuando comenzaron las audiencias de su juicio, que culminó en una sentencia de culpabilidad y una condena de 18 años de prisión, la máxima para estos casos --11 de estos años en confinamiento solitario--, la cual terminó este miércoles 21 de abril La paradoja de “Sansón el nerd” Mordechai Vanunu no ha conseguido que el programa nuclear de Israel sea desmantelado, pero en la primera etapa de su empresa, que culminó con su encarcelamiento en la prisión dirigida por los espías de su país, se anotó un punto importante, al confirmarle al mundo lo que hasta entonces era un sospecha, más que fundada, pero sospecha al fin: que el Estado judío era el único país del Medio Oriente que poseía armas nucleares, lo cual pone de manera contundente en entredicho el balance de poder en la región, por no mencionar que desafía el Tratado de no Proliferación Nuclear, guardián de la no proliferación en el planeta, aunque éste no haya sido suscrito aún por Tel Aviv Antes de Vanunu, Israel mantenía una política de “ambigüedad” sobre su arsenal atómico Ni confirmar ni negar La política se mantiene, aunque con matices En diciembre de 2003, un vocero del Ministerio de Relaciones Exteriores le agregó la precisión de que Israel pensará en el desarme —claro, dado el caso de que hubiera armas que destruir, lo cual no ha sido aceptado por nadie— cuando se sienta totalmente seguro de que no será atacado, ya sea por sus vecinos árabes o por terroristas El primer ministro Levi Eschkol, sucesor de Ben-Gurion, percibía, según cuenta Michael Oren en su reciente libro Six days of War, de una curiosa y paradójica manera la condición de seguridad de Israel, y describía al país como “Sansón el nerd” Israel, decía Eschkol, es mortalmente vulnerable, por eso debe tener unas fuerzas armadas invencibles A finales de los años 50 y durante los años 60, cuando el país echó a andar su programa atómico y la Guerra Fría estaba en consolidación, todos estaban de acuerdo en que para ser invencible había que tener la bomba Israel logró tenerla gracias a la invaluable ayuda de su estrecho aliado de entonces, Francia Los israelíes extrajeron uranio del desierto de Negev, mientras que la tecnología de Dimona les fue proporcionada por los franceses, bajo la idea de que esta controversial ayuda a Tel-Aviv encajaba perfecto en su política de no alineamiento con las dos superpotencias de entonces: Estados Unidos y la Unión Soviética La CIA estadounidense confirmó hacia finales de los años 60 que Israel estaba produciendo bombas atómicas en las entrañas del desierto de Negev, según cuenta en su página electrónica el centro de análisis Federation of American Scientists (FAS), pero prefirió benignamente voltear la cara para otro lado Los cálculos que se conocen sobre el tamaño del arsenal nuclear israelí son todos extraoficiales Uno de los más confiables es el que hace el mismo FAS, que estima la cifra entre un mínimo de 100 artefactos atómicos, y un máximo de 200 Para darnos una idea del poderío nuclear israelí, habría que mencionar que se cree que India y Pakistán, las más recientes potencias atómicas “no oficiales”, tienen cada uno unas 20 bombas, mientras que Estados Unidos y Rusia, fijaron en el tratado de desarme START I que cada uno debía tener un máximo de 2 mil 500 cabezas nucleares Aunque el dato es todavía menos confiable, según un reciente reportaje publicado por The New York Times, Corea del Norte habría logrado fabricar ya tres bombas atómicas La bomba de mi vecino Aunque Mordechai tiene prohibido por la justicia israelí hablar con extranjeros, viajar fuera del país e incluso acercarse a las fronteras o a los aeropuertos internacionales —amén de utilizar teléfonos celulares o Internet—, el activista antinuclear ha prometido seguir su campaña contra el programa atómico israelí Por lo pronto, su liberación le ha inyectado vigencia a un debate necesario en Israel En ese país rara vez se toca públicamente el tema de la pertinencia de tener armas nucleares, lo cual es toda una anormalidad para una democracia En la región y en el mundo también se debe retomar esta discusión, ya que se refiere a un arsenal sofisticado pero que no está regulado por nadie Es más, del que casi nadie sabe nada El carácter ilegal del programa atómico de Israel, hace que este país sea fuente de preocupación para la comunidad internacional como lo son otras naciones con pretensiones nucleares, como Corea del Norte e Irán Pero este caso tiene el agravante de que Israel es un actor central en el conflicto de Medio Oriente Su armamento prohibido, del cual carecen sus enemigos regionales, es, por lo tanto, un obstáculo para negociar la paz de manera franca y con esperanzas de obtener resultados reales Israel asegura que su programa nuclear tiene fines pacíficos Pero según múltiples testimonios recabados en diversos libros y reportes de prensa, sus fuerzas armadas han estado dispuestas a utilizar armas nucleares en al menos dos ocasiones: las guerras de los Seis Días y del Yom Kippur En diciembre de 2003, cuando Libia anunció, tras meses de negociaciones con el Reino Unido y Estados Unidos, que abandonaría su programa para construir armas nucleares, los países vecinos de Israel de inmediato demandaron que Tel Aviv siguiera el ejemplo Tienen razón: más allá del elemento retórico —países como Siria o Arabia Saudita siempre van a encontrar pretexto para quejarse de Israel—, lo cierto es que es mucho más fácil hablar de paz con un vecino que sabemos que no nos oculta nada, que con uno del que no tenemos idea sobre cuántas bombas está sentado

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