Cuando Reagan ofreció la paz a Fidel Castro

lunes, 14 de junio de 2004
Miami - En un episodio muy poco conocido de la Guerra Fría, Ronald Reagan ofreció un ramo de olivo a Fidel Castro en mayo de 1985 El entonces presidente de estados Unidos, entregado en cuerpo y alma al combate contra el comunismo soviético, hizo saber al gobernante cubano que estaba listo para negociar una normalización total de las relaciones con Cuba “Sr Presidente: es posible restablecer las relaciones diplomáticas Puedo nombrar un embajador y levantar totalmente el embargo Es posible incluso garantizar una cuota azucarera para Cuba”, fue la oferta transmitida a Castro en el Palacio de la Revolución de La Habana Sólo puso una condición: “Deje usted de exportar la revolución” El encargado de transmitir el mensaje secreto al líder cubano, entonces envuelto en varios frentes político-militares en África y América Latina, fue el abogado cubano-estadundense Bernardo Benes Descendiente de una adinerada familia judía, Benes era una figura reconocida en Washington y La Habana por su discreción a la hora de llevar por buen camino contactos informales Unos años antes, bajo el mandato de James Carter, había logrado sacar de las cárceles cubanas a miles de presos políticos que viajaron al exilio en Miami Para lograrlo voló medio centenar de veces a Cuba Pese a sus sólidas credenciales demócratas, Benes fue escogido por la administración republicana de Reagan por su acceso seguro a Castro Los viajes a La Habana, interrumpidos tras la Crisis del Mariel en 1980, se reiniciaron en noviembre de 1984 “Aunque en ese momento no lo sabía, he podido investigar que el cerebro de aquel tanteo fue el entonces jefe de la CIA, William Casey”, asegura Benes en su departamento, a unos minutos de Miami Beach “Casey, un hombre pragmático, quería sacar a Fidel Castro de la órbita moscovita y pensaba que con un ofrecimiento de paz lo lograría”, señala Durante su segunda etapa de viajes a Cuba (unas 20 ocasiones), Benes siempre se hizo acompañar de su amigo de juventud “Guille” Pujol, hijo de Guillermo Pujol Alonso, vicepresidente cubano entre 1948 y 1952 “Guille” mantenía nexos con la CIA desde principios de los sesenta, cuando su padre logró sacarlo de Cuba tras ser detenido en la frustrada invasión de Bahía de Cochinos El día en que recobró la libertad había sido recibido en Madrid por Jim Bloomfield, joven asistente de un viejo zorro de la agencia conocido en toda la geografía latinoamericana como “Coronel King”, a secas Fue “Guille” Pujol quien le planteó a Benes la solicitud del círculo de Reagan y era él quien recibía las instrucciones que luego Benes transmitía a La Habana “Bloomfiel se había convertido en un asesor clave del jefe Casey en Langley (el cuartel general de la CIA en Virginia) y se valió de su vieja relación con `Guille` para contactarme a mí”, asegura Benes Durante los primeros viajes, Benes no logró ver a Castro, pero se reunía periódicamente con los oficiales cubanos de inteligencia José Luis Padrón y Tony de la Guardia, a quienes trataba estrechamente desde la época en que fungió como facilitador del diálogo entre Carter y Castro (Tony de la Guardia, fue ejecutado en 1989 acusado de estar vinculado al narcotráfico) Luego del tanteo inicial, Castro recibió en sus oficinas a los emisarios del exilio el 15 de mayo de 1985 Escuchó atentamente el ofrecimiento de Reagan y su única cláusula de cesar la exportación revolucionaria Aunque el entonces presidente estadunidense no lo mencionó explícitamente, la petición parecía aludir al apoyo dispensado por Cuba a los sandinistas en Nicaragua, país que se habían convertido en una obsesión para la Casa Blanca Sorpresivamente, Castro declinó avanzar una respuesta “Necesito 72 horas para pensar esto Quédate unos días en La Habana y te aviso cuando tenga la respuesta para Reagan`”, pidió a Benes El intermediario Las relaciones de Bernardo Benes con los agentes cubanos iniciaron en agosto de 1977 en Panamá, cuando fue contactado por Padrón y De la Guardia con una propuesta de la dirigencia cubana: a través de él, La Habana sugería establecer un canal de comunicación privado e informal con la administración Carter Benes obtuvo autorización de la CIA y el FBI en Miami para mantener y profundizar dichos contactos, que se repetirían durante los meses siguientes en Panamá, Miami, Bahamas y México Exiliado desde los inicios de la revolución, Benes poseía cualidades especiales a los ojos de la inteligencia castrista: fundador en 1974 del primer banco cubano-estadunidense, Benes era uno de los cubanos más cercanos a Carter Había encabezado la campaña de Carter entre la comunidad hispana en la Florida Aún más: había fungido como Presidente Nacional de Planificación de Salud de Estados Unidos y dirigió los programas de vivienda de la Alianza para el Progreso en América Latina Con el permiso de la Casa Blanca, Benes se convirtió en una suerte de intermediario entre representantes oficiales de Cuba y Estados Unidos Facilitaba los contactos y hasta sugería la agenda apropiada para avanzar en las negociaciones Sus gestiones entre 1977 y 1978 permitieron la liberación de más de 3 mil 600 presos de las cárceles de Cuba, así como el establecimiento de un puente familiar Miami-Habana, que permitió a cientos de miles de cubanos cruzar en una u otra dirección el Estrecho de la Florida para encontrarse con sus parientes En 1978 se realizaron tres rondas de conversaciones secretas entre Cuba y Estados Unidos en Washington, Atlanta y Cuernavaca, México Por Cuba participaron José Arbezú, entonces funcionario del Departamento América del Partido Comunista (señalado recientemente por el Gobierno de Vicente Fox como agente cubano), Padrón y De la Guardia Los estadounidenses estuvieron representados por el subsecretario de Estado Adjunto para Asuntos Políticos, David Nuso, y por David Aaron, a la sazón asistente principal de Zbigniew Brzezinski en el Consejo Nacional de Seguridad Las pláticas se rompieron en Cuernavaca Según los cubanos, Washington presentó una condición inaceptable: sacar las tropas de África Para la Casa Blanca, fue Castro quien pateó el tablero de negociaciones con una acción inesperadamente hostil: la generación de un ambiente negativo que culminó con el envío de 125 mil marielitos a las costas de la Florida Cuando en Miami trascendieron los contactos secretos, los sectores más radicales se sintieron traicionados La vida de Benes se convirtió en una pesadilla: su exitosa carrera se erosionó lentamente hasta tener que dejar la gerencia del Continental Bank en 1985 Devino en una especie de doble prófugo: de los fidelistas que expropiaron a su familia y de los anticastristas más radicales, que desde entonces no lo bajan de traidor Próximo a los 70 años, en los últimos tiempos Benes ha estado saltando de un sitio a otro Hasta principios de los años noventa trabajó en la escuela de Medicina de la Universidad de Miami Ahora tiene previsto regresar a la arena política con una pujante campaña en favor del candidato demócrata a la Presidencia, John Kerry El ascenso de “Armagedón” Frustrado el diálogo con Carter, cuando Ronald Wilson Reagan asumió la Presidencia las luces de alarma se activaron en La Habana Cuba veía en la figura de Reagan un cóctel de fanatismo anticomunista, simpleza e ignorancia histórica que lo hacían especialmente peligroso En 1981 el Gobierno cubano decretó la creación de las Milicias de Tropas Territoriales, un cuerpo paramilitar de millones de personas de todas las edades; realizó simulacros de bombardeo nocturno sobre la Habana y puso a prueba un plan de evacuación militar en caso de guerra Cada ciudadano fue informado de dónde y cómo tomar un transporte para trasladarse a refugios rurales Una mezcla de miedo y efervescencia anidaba en cada rincón de la isla: la asunción de Reagan equivalía casi el Armagedón Las marchas y el estallido de las balas durante los entrenamientos constituían el preámbulo Fidel Castro se cuidó entonces de hacer público un detalle que, de haberse conocido en Washington, quizás habría cambiado el curso de la historia: por esas mismas fechas los mandos militares del Kremlin le habían hecho saber a Cuba que reducirían la asistencia militar y que, en caso de guerra con Estados Unidos, la URSS no intervendría en el conflicto Quedaba roto para siempre un pacto no escrito vigente desde la Crisis de los Misiles en 1962 Inicialmente, en La Habana no se equivocaron A los pocos meses de la llegada de Reagan al poder, Estados Unidos presionó a México para evitar la presencia de Fidel Castro en la reunión Norte-Sur, celebrada en Cancún en el verano de 1981 El fallecido expresidente José López Portillo escribió en marzo del 2002 en su libro de memorias Mis tiempos: “Si no formalizamos la invitación a Cuba es porque Estados Unidos nos ha dicho terminantemente que si viene Cuba, Reagan no viene Claro que es humillante para Cuba y aun para quienes quisiéramos que viniera que la cosa sea así y tan simple” Meses después, sin embargo, la Casa Blanca decidió tantear a la dirigencia cubana en un ligero movimiento de timón que, a la postre, sería consecuente con la combinación de garrote y zanahoria empleada por Reagan para ganar la amistad del presidente ruso Mijail Gorbachov, y, al mismo tiempo, poner de rodillas a su “Imperio del mal” El 23 de noviembre de 1981 tuvo lugar la reunión de más alto nivel entre funcionarios de los dos países en más de 45 años El secretario de Estado, Alexander Haig, fue enviado por Reagan para sostener una reunión con el vicepresidente cubano Carlos Rafael Rodríguez La entrevista tuvo lugar en un despacho de la Secretaría de Relaciones Exteriores de México, con el Canciller Jorge Castañeda y Alvarez de la Rosa como testigo Meses después, el jefe de la Casa Blanca dio luz verde a un viaje a Cuba de su diplomático estrella, el embajador itinerante Vernon Walters, para entrevistarse con Castro Teniente General de las Fuerzas Armadas, exsubdirector de la CIA, políglota, católico prácticamente (y secretamente gay), Walters había estado prácticamente en todos los frentes importantes para Estados Unidos: participó en las negociaciones secretas con los norvietnamitas, estableció los primeros contactos con los gobernantes chinos y se convirtió en el principal asesor de Washington en la política hacia Moscú y Varsovia en los años ochenta Los pocos informes existentes sobre ese viaje indican que Walters encontró a un Castro poco sensible, anclado en la retórica de la Guerra Fría y la lucha revolucionaria Otras fuentes han señalado que el viaje a Cuba se inscribía más bien en un proyecto personal del exgeneral, que preparaba un libro sobre sus andanzas secretas por el mundo De cualquier modo, Reagan decidió continuar explorando un diálogo con los cubanos Y en 1984 envió a Benes con un mensaje personal para el gobernante cubano Garantías a los sandinistas Tres días después de transmitir a Castro el mensaje de Reagan, Benes fue citado por el líder cubano Era el sábado 18 de mayo de 1985 y Fidel estaba exultante Apuntando al pecho de Benes con el índice derecho le dijo: “Dile a tu presidente que acepto su ramo de olivo” Y, en referencia a la condición fijada por Reagan de que dejara de exportar la Revolución, agregó: “Y dile también que le garantizo a los sandinistas” A la vuelta de los años, Benes cree que Castro “estaba tan desesperado por acercarse a los estadunidenses que habría hecho cualquier cosa para lograrlo” Relata: “Esa misma tarde tomé el vuelo de regreso a Miami Estaba tan consumido emocionalmente por la negociación que al llegar me acosté un rato Como a la hora me levanto y es entonces que veo el diario Miami Herald con el anuncio de que al día siguiente se iniciaban las transmisiones de Radio Martí hacia Cuba” El intento de diálogo había estallado Las emisiones radiales hacia la isla, un servicio del gobierno de Estados Unidos para tratar de cambiar el régimen cubano, desataron la cólera de La Habana “Castro cogió un berrinche del carajo, se sintió traicionado”, rememora Benes Luego los estadunidenses hicieron regresar a Benes con un sobre sellado para el dirigente isleño, pero éste se negó a recibirlo En ese tenor, en 1986 Benes volvió con un mensaje de William Casey El jefe de la CIA quería reunirse con su homólogo de la Dirección General de Inteligencia de Cuba, el General Luis Barreiro Caramés, consuegro del gobernante cubano En respuesta, el Coronel Tony de la Guardia le envió a Casey un humidor con 600 puros Cohíba y una tarjeta personal, pero el encuentro entre los jefes de los servicios de inteligencia de los dos países nunca se realizó Benes cree que Castro nunca superó el enojo por la fallida negociación de mayo de 1985 Pese a que reiteradamente los estadunidenses intentaron reducir el tema de Radio Martí a una decisión burocrática tomada con anterioridad, el gobernante cubano siempre creyó que había sido una jugada sucia de última hora Según Benes, Reagan firmó el decreto que autorizaba el inicio de las transmisiones hacia Cuba justo cuando él estaba en La Habana transmitiendo su mensaje El titular de la Fundación Nacional Cubano Americana, Jorge Mas Canosa, con el apoyo de congresistas republicanos, le sacó la rúbrica en una jugada de último minuto “En ese momento pensé que Ronald Reagan padecía Alzheimer Desgraciadamente, no me equivoqué”, señala

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