De Bremer a Negroponte

sábado, 3 de julio de 2004
México, D F, 2 de julio (apro)- Con gran sigilo, presuntamente para evitar una salutación con atentados terroristas, se adelantó la “entrega de soberanía” por parte de Estados Unidos a un gobierno interino iraquí La ceremonia fue breve y fría y se anunció públicamente apenas unos momentos antes de su realización Consistió en el intercambio de un par de documentos que certificaban el traspaso de poder y apresurados apretones de manos entre lo exiguos asistentes Pareció una reunión clandestina y hasta de huída Pero no En el mismo acto se recibió una carta del presidente George W Bush, solicitando al nuevo gobierno el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Irak, rotas tras la invasión de Kuwait Para no crear, empero, la imagen de una descarada transmisión de mando, el hasta entonces administrador civil estadunidense, Paul Bremer, abandonó ese mismo día el país y fue hasta el siguiente que el embajador designado, John Dimitri Negroponte, presentó sus cartas credenciales Sin embargo, para nadie es un secreto que, con diferente investidura, lo que se dio fue un relevo de “procónsules”; porque si bien ahora hay una fachada política local, el control militar y económico de la “reconstrucción” del país ha permanecido absolutamente en manos de los estadunidenses Es más, puede decirse que apenas ahora, con Negroponte, se pone en marcha el plan de occidentalización –democratización, dicen ellos– de Irak, que desde ahí deberá irradiar hacia un Oriente Medio ampliado No será fácil Bremer no dejó el escenario preparado como los estrategas de la Casa Blanca hubieran deseado Él mismo se enfrentó a una situación muy diferente a la que los invasores esperaban encontrar después del derrocamiento de Saddam Hussein y luego de un fallido primer intento por poner orden en el caos, mediante una autoridad administrativa paralela a quienes llevaban las riendas militares Como se recordará, el primer comisionado para esta tarea fue Jay Garner, un general retirado que había manejado con éxito una crisis de refugiados en el norte kurdo de Irak, después de la Guerra del Golfo en 1991 El resto de su equipo fue conformado por parte del Pentágono con más generales retirados y oficiales de defensa y el Departamento de Estado agregó un grupo de exembajadores con experiencia en asuntos árabes Ninguno tenía experiencia en tareas de pacificación y reconstrucción De 200 oficiales, subrayó entonces la prensa estadunidense, escasamente una docena había tenido experiencias similares en Timor Este y Kosovo A los expertos de Naciones Unidas, grupos privados de ayuda humanitaria y organizaciones no gubernamentales se les dijo que “no eran bienvenidos” Para colmo, el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, pidió a Garner despidiera de su equipo a un oficial del Departamento de Estado, llamado Thomas Warrick, autor de un largo estudio titulado “El futuro de Irak” El motivo aparente: que no se llevaba bien con los exiliados iraquíes Con unas tropas que el propio general Tommy Franks admitió estaban preparadas para el combate, pero no para el patrullaje civil, sin vehículos, teléfonos, oficinas y acusado de ser demasiado “amistoso” con los iraquíes, Garner apenas duró tres semanas en su cargo, en medio de imágenes de saqueos, asaltos, asesinatos, incendios, servicios paralizados y gente aterrorizada Para poner orden fue designado Paul Bremer, un diplomático de carrera, antiguo colaborador de Henry Kissinger y, sobre todo, experto en antiterrorismo, lo cual le significaba el apoyo y la admiración de Rumsfeld y otros altos jefes del Pentágono En el terreno se convirtió en una especie de “milusos” que igual supervisaba tareas de seguridad, humanitarias, empresariales y, por supuesto, políticas Convencido de que lo que más obstaculizaba la recomposición de Irak eran los remanentes del régimen de Hussein y del partido Baas, apenas llegado a Bagdad decidió que había que depurar el aparato burocrático, las fuerzas armadas y la policía “Eso sería como mandar a la calle a medio millón de personas; muchos están armados y podrían pasar a la clandestinidad”, le advirtió el jefe local de la estación de la CIA “Son mis instrucciones”, respondió lacónicamente Bremer Fue su primer gran error Independientemente de aquellos que efectivamente pudieran haber pasado a la resistencia armada, la mayoría de los despedidos se amotinó exigiendo sueldos, opciones de trabajo y/o indemnizaciones Con el tiempo y a falta de cuadros capacitados un alto porcentaje tuvo que ser recontratado Finalmente se trataba de gente que sólo había cometido el “delito” de ganarse la vida en las instituciones del régimen que dominaba su país En materia de seguridad, su intervención tampoco resultó muy afortunada Tal vez, como en cualquier situación de guerra, los saqueos de los primeros días desaparecieron Pero con la policía local desmantelada y sin personal para reemplazarla, la criminalidad común se ha enseñoreado del país; un fenómeno que, por cierto, bajo el férreo puño de Saddam era prácticamente desconocido Lo mismo puede decirse del restablecimiento de servicios básicos, del suministro de energía, de la producción petrolera y de la reactivación de la planta productiva en general, que entre miedo, incapacidad y delincuencia apenas si funcionan para la sobrevivencia diaria Y aunque el bloqueo económico de Naciones Unidas ya fue levantado, los bienes del exterior escasamente han empezado a fluir y, por lo demás, no hay capacidad económica entre la población para adquirirlos Pero si en algo fracasó estrepitosamente Bremer, fue justo en lo que es experto: el antiterrorismo Ha sido precisamente durante su etapa de administración que los atentados de todo tipo y magnitud han proliferado en territorio iraquí Cometidos por la resistencia local, por fuerzas de apoyo provenientes de otras naciones árabes o por infiltrados –ahora sí– de Al Qaeda, estos ataques lo obligaron a él mismo a protegerse “hasta para ir al baño”, dentro, inclusive, de una zona acordonada y de un edificio fortificado Y en lo que toca a la situación política, ésta apenas quedó prendida con alfileres Contrariamente a la voluntad de los estadunidenses, que primero querían la redacción de una Constitución, el Consejo Provisional de Gobierno acabó disolviéndose y dio paso a un gobierno interino que no tiene ninguna representatividad pero que, paradójicamente, tampoco quedó conformado como Bremer y Washington hubieran deseado, debido a importantes rupturas y declinaciones Así, el traspaso de poderes se hizo de manera casi forzada por ambas partes; pendientes quedaron la Constitución, su aprobación y la celebración de comicios generales, supuestamente para principios del próximo año Todo sustentado por la presencia de 130 mil efectivos estadunidenses que son, al mismo tiempo, causa y efecto de esta situación De todos modos, Paul Bremer debe haber respirado con alivio cuando abordó el avión de la fuerza aérea que lo devolvió a Washington: por lo menos salió vivo de Irak Ahora toca su turno a John Dimitri Negroponte Proveniente también del entorno de Kissinger, como oficial de embajada en Vietnam, cuando éste era secretario de Estado y trataba de negociar un acuerdo de paz, el diplomático de carrera se ha distinguido, como su mentor, en el trabajo de misiones encubiertas en diferentes partes del mundo, sobre todo en el Sudeste Asiático y América Latina Especial protagonismo tuvo durante su gestión como embajador en Honduras, entre 1981 y 1985, lo que entonces le valió ser calificado como “procónsul” Desde ese país coordinó la llamada “guerra de baja intensidad” contra el movimiento revolucionario centroamericano, en general, y contra el gobierno sandinista de Nicaragua, en particular, lo que lo involucró directamente en el escándalo de transferencia ilegal de armas conocido como Teherangate Asignado luego en puestos relacionados con la seguridad nacional dentro del Departamento de Estado, volvió después como embajador a México, entre 1989 y 1993, donde ante la resistencia de diversos sectores nacionales cabildeó para la apertura económica y, sin duda, jugó un papel fundamental para la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, en condiciones de evidente desventaja para la parte mexicana Desaparecido del primer plano, como embajador en Filipinas durante la administración Clinton, Negroponte volvió por sus fueros cuando George W Bush recuperó la presidencia para los republicanos Nombrado embajador en Naciones Unidas justo antes de los atentados del 2001, que habrían de marcar un punto de inflexión en la política exterior estadunidense, le tocó a él operar en el máximo foro internacional para conseguir el apoyo a las campañas punitivas en Afganistán e Irak No lo logró para la segunda; pero pese a la repulsa internacional, creó una situación diplomática de facto que impidió la condena a una acción a todas luces violatoria de la legalidad internacional Mas aún, ante los hechos consumados, las resoluciones posteriores han ido legitimando gradualmente la ocupación del país árabe, cuyo nuevo gobierno interino tuvo como uno de sus primeros actos, precisamente, el reconocimiento de Negroponte, ahora como embajador en Irak Negociador duro, al igual que en sus otras comisiones el diplomático de 63 años demostró en la ONU que no se deja vencer fácilmente aunque la oposición sea mayoritaria o de peso Cabildeó, presionó, chantajeó, amenazó o de plano ejerció el derecho de veto, como ocurrió con prácticamente todas las resoluciones que buscaban condenar a Israel por su política cada vez más agresiva y violatoria de toda norma contra el gobierno y pueblo palestinos De hecho, a ejercitar todas estas destrezas y a continuar la labor que ya inició en la ONU va Negroponte a Irak Conociendo su personalidad, su forma de operar, con una embajada que contará con mil 700 elementos de personal y un presupuesto de 18 mil millones de dólares para la reconstrucción del país, parece poco probable que, como declaró el diplomático, vaya a desempeñar tan sólo “un papel de apoyo, no de dirigencia” Probablemente esta sea la imagen oficial que deba proyectar Pero, sin duda, sus principales labores serán extraoficiales y no sólo en Irak, sino en todo el Oriente Medio y en Asia Central, ya que sin ningún disimulo se ha dicho que desde la reconquistada Bagdad se pretende impulsar la democratización en toda esa región Democratización al estilo de Washington, se entiende Y en eso, Negroponte es un maestro Claro, si sobrevive a los atentados y a las elecciones de noviembre

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