Kerry o la trampa de la nostalgia

domingo, 1 de agosto de 2004
La idea del título de este artículo está prestada de un reportaje que publicó el jueves 29 el diario The Washington Post, donde se abordan dos de las preguntas más recurrentes en los medios estadounidenses liberales a propósito de la Convención Nacional Demócrata, celebrada la semana pasada en Boston: ¿Cuál es el mensaje central de la campaña presidencial del senador John Kerry? Y, ¿cuál es el plan estratégico del Partido Demócrata para seguir siendo electoralmente relevante en el siglo XXI? La segunda pregunta podría sonar pretenciosa y hasta innecesaria, comparada con el apremiante asunto de ganar las elecciones presidenciales de noviembre Sin embargo, es vital para un número creciente de analistas y militantes demócratas, sumamente preocupados porque después de la Guerra Fría su partido ha sido incapaz de echar a andar un movimiento ideológico renovador que tenga el poder y la eficiencia de la derecha religiosa en el Partido Republicano, la cual jugó un papel central para llevar en 2000 a la Casa Blanca al relativamente desconocido gobernador de Texas, George W Bush; o de los neoconservadores, que revolucionaron —para bien o para mal— la política exterior estadunidense En los años 90, el presidente demócrata Bill Clinton y su amigo, el primer ministro laborista del Reino Unido, Tony Blair, parecían haber encontrado la fórmula para revivir a los partidos occidentales de centro-izquierda después del puñetazo que recibieron con el desmoronamiento del socialismo real Se llamaba, por supuesto, Tercera Vía, e invitaba a los izquierdistas a hacer el viaje al centro ideológico, donde son muy bien vistas algunas posiciones conservadoras, sobre todo en lo que respecta al manejo de la economía En un largo reportaje publicado hace una semana en The New York Times Magazine, se advierte, sin embargo, que los años 90 del ultracarismático Clinton fueron, en términos electorales, la peor década desde 1920 para su partido, que no pudo controlar el Congreso federal y perdió amplios espacios en los niveles gubernamentales local y estatal, los cuales fueron ocupados por los republicanos En el reporte se cita un estudio de la Universidad de Michigan que asegura que desde que Clinton salió del poder, en 1999, la militancia de hombres blancos en el Partido Demócrata ha caído un vertiginoso 16% O sea que, al menos en Estados Unidos, fue bien limitado el atractivo electoral de aquella Tercera Vía En 2000, la intervención de una Suprema Corte de Justicia repleta de conservadores fue crucial para inclinar a favor del republicano George W Bush el resultado de las elecciones presidenciales No obstante, hay que reconocer que el episodio que se saldó con la peculiar derrota del vicepresidente Al Gore no habría siquiera existido si la votación por ambos candidatos no hubiera sido tan cerrada y, sobre todo, si los republicanos no se hubieran afianzado en bastiones hasta hace poco demócratas, como el Sur Hoy que los demócratas intentan volver a la Casa Blanca, los analistas —y los electores—, se preguntan qué tiene de especial el candidato Kerry para merecer el triunfo en noviembre o, puesto de otra manera, qué lo hace diferente y mejor que Bush, que quiere reelegirse Y la respuesta no parece ser lo suficientemente obvia En este sentido, Naomi Klein, la famosa activista antiglobalización, escribía hace unos días en The Nation que el problema con Kerry, con los demócratas y, en general, con los progresistas estadounidenses, es que están tan obsesionados con echar al ignorante fanático de Bush de la Casa Blanca, que no se han ocupado de tener una agenda de propuestas de gobierno suficientemente atractiva e innovadora para lograrlo Klein cree que el odio anti-Bush es tanto, que resulta cegador y, bueno, intelectualmente cómodo Soros y el ave Fénix A pesar de sus regaños, Klein anunció que se enroló en la agrupación política Anybody but Bush (algo así como Cualquiera, menos Bush), la cual, como su nombre lo indica, tiene la misión de impedir la reelección del republicano, sin importar cuál sea la opción La activista argumenta que al desaparecer el objeto de su obsesión, los demócratas y las fuerzas progresistas no tendrán más remedio que ponerse a pensar y a trabajar en serio Klein no está sola Curiosamente, otro famoso que piensa como ella es el financiero multimillonario George Soros, quien, de acuerdo con el reportaje del Times citado arriba, está inyectando millones de dólares en agrupaciones políticas progresistas que hacen campaña contra Bush, que no están afiliadas al Partido Demócrata, pero que buscan su renovación Una de las más famosas es la irreverente MoveOnorg Soros, explica el Times, es sólo el más visible de un grupo de empresarios fabulosamente ricos que detestan las ideas de los ultraconservadores que dominan al Partido Republicano, pero que también creen que sin una revisión total de sus propuestas, los demócratas, como abanderados de los liberales o progresistas, están condenados a la irrelevancia Estos empresarios crearon recientemente su propia agrupación, Phoenix —en alusión al ave Fénix que renace de sus cenizas—, y que busca reunir millones de dólares –unos 100 para empezar— para empujar “la agenda estratégica” del Partido Demócrata, la cual reconocen que todavía no es muy clara, pero que debe abordar asuntos como la independencia energética, el estancamiento de los salarios, la creciente desigualdad económica y el deterioro del medio ambiente, los cuales preocupan tanto a los integrantes de la elite liberal, como ellos, como a buena parte de la llamada clase trabajadora La estrategia del grupo descansa sobre todo en canalizar recursos a las organizaciones nuevas que trabajan fuera pero cerca del Partido Demócrata, siguiendo el ejemplo de los think-tank de derecha como el American Enterprise Institute, que han sido exitosos generadores de ideas para la actual administración republicana Para estos empresarios lo más importante quizá no es ganar las elecciones de 2004, sino contar con un partido político con ideas viables para el siglo XXI “La restauración” Todo esto nos regresa a la pregunta sobre el mensaje de la campaña presidencial de Kerry, el cual, según el reportaje del Post mencionado al principio y a juzgar por el discurso que el candidato demócrata pronuncio en Boston el jueves al aceptar la candidatura, tiene un fuerte tono de nostalgia por los viejos buenos días de la “era Clinton”, en los que Estados Unidos se mostraba como una superpotencia más amable, amiga de todo el mundo, y donde, supuestamente, sus trabajadores tenían vidas prósperas y más felices El Post cita a la jefa de la campaña de Kerry, Mary Beth Cahill, quien afirma que al candidato le preocupan asuntos como la ampliación de la cobertura de los servicios de salud y el fortalecimiento de las relaciones de Estados Unidos con sus aliados externos, pero reconoce que su propuesta central para el electorado es “recuperar el consenso de los noventa”, cuando “los estadounidenses no estaban polarizados ideológicamente” y, por lo tanto, podían trabajar juntos por el bien común El diario bautizó a este mensaje como el de “la restauración” y agregó que el mismo Kerry ya había deslizado la primavera pasada que de él no hay que esperar mucha innovación: en un discurso que pronunció ante el Consejo de Liderazgo Demócrata aseguró que su agenda no involucra “un nuevo camino o un tercer camino; es (sólo) el camino correcto para dirigir a Estados Unidos y lograr que vuelva a ser fuerte” El Post advierte que mensaje de la restauración de Kerry le puede dar a los republicanos una gran cantidad de municiones para atacarlo; al final de cuentas, explica, no suena demasiado inteligente hablar del pasado en un país y un mundo que cambió radicalmente con los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 El mensaje, de cierta manera reaccionario, de seguro no le caerá bien a los progresistas que buscan cambios radicales, como los integrantes del Grupo Fénix o Naomi Klein Sin embargo, ella misma acepta que, para beneficio del candidato Kerry, lo de menos durante la campaña serán sus propuestas Lo importante, por lo pronto, es derrotar a Bush

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