Rusia-EU: hacia un nuevo "equilibrio del terror"

martes, 11 de julio de 2006
México, 10 de julio (apro) - Rusia está preocupada Ésa es la conclusión a la que llegaron diplomáticos y expertos en el campo nuclear ante la sorpresiva invitación que hizo el presidente ruso, Vladimir Putin, a Estados Unidos para iniciar la negociación de un acuerdo que releve al tratado de desarme atómico START I, último signado entre Washington y Moscú durante la Guerra Fría Se espera que el líder ruso haga la oferta formal al presidente George W Bush en la reunión bilateral que sostendrán en la cumbre de jefes de Estado del Grupo de los Ocho (G-8), que se celebrará del 15 al 17 de julio en San Petersburgo, y en la que también discutirán otros temas delicados, como las intenciones de Irán y Corea del Norte de desarrollar sus propias armas nucleares y el ya muy demorado ingreso de Rusia a la Organización Mundial de Comercio Ante medios de comunicación en Moscú el pasado 27 de junio, Putin explicó que Rusia desea retomar el diálogo sobre desarme con Estados Unidos para demostrar que las superpotencias atómicas están comprometidas a reducir sus todavía vastos arsenales, algo a lo que en realidad están obligadas, junto con China, el Reino Unido y Francia, los otros miembros "oficiales" del club atómico, de acuerdo con el Tratado de no Proliferación Nuclear de la ONU Pero según expertos, más que una repentina vocación pacifista, lo que anima a Putin es la preocupación creciente en los círculos militares rusos por los enormes esfuerzos que ha realizado Estados Unidos durante la actual administración Bush para modernizar su aparato nuclear, lo que le habría permitido a ese país estar a punto de romper el "equilibrio del terror" atómico que durante el medio siglo que duró la Guerra Fría mantuvo con la Unión Soviética Entre los años 60 y 90 del siglo pasado Washington y Moscú apilaron cada uno una cantidad similar de cabezas nucleares, misiles, aviones y submarinos, por lo que cualquier intento que hiciera uno de ellos por atacar al otro con armas atómicas, desembocaría en su propia destrucción "Destrucción Mutua Asegurada" (MAD, por sus siglas en inglés) fue el término que se inventó para describir esta lúgubre situación de paz forzada Después de nueve años de sinuosas negociaciones, George Bush padre y Mijail Gorbachov firmaron el START I (Tratado de Reducción de Armas Estratégicas) en julio de 1991, exactamente cinco meses antes de la desaparición de la URSS El tratado, que vence en el 2009, comprometió a Estados Unidos y a la Unión Soviética (luego Rusia) a recortar en 35% sus cabezas nucleares y sistemas estratégicos para desplegarlas (bombarderos, submarinos y plataformas de lanzamiento), además, les requirió emitir reportes de avances cada dos años El START I fue también el último tratado en el que las superpotencias se sometieron a un mecanismo de verificación de desarme En 2002, Bush hijo y Putin firmaron el Tratado de Moscú, que demanda a Estados Unidos y a Rusia reducir a entre mil 700 y 2 mil 500 armas nucleares estratégicas activas para el año 2012, pero sin esquema de supervisión Los intentos de Putin de reeditar el START, con metas detalladas para los recortes, pretenden en primer lugar alimentar la idea de que Rusia y Estados Unidos siguen siendo rivales nucleares de la misma talla Y lo son, si se juzga sólo por los números Según el reporte para 2006 de The bulletin of the atomic scientists, la más respetada publicación en materia de desarme, en la actualidad hay en el planeta 27 mil armas nucleares: menos de la mitad de las 70 mil que existieron en los pasados años 80 97% de las 27 mil armas actuales son propiedad de Estados Unidos y Rusia, y se cree que de éstas sólo 12 mil 500 están activas En total se estima que el Pentágono custodia hoy 10 mil cabezas nucleares, de las cuales 5 mil 700 son operativas En tanto, Rusia tendría 16 mil cabezas intactas, de las cuales, 5 mil 890 estarían activas Para dimensionar el monopolio del terror nuclear que todavía ejercen sobre el planeta Moscú y Washington, el Bulletin recuerda que el arsenal atómico conjunto estimado de Pakistán e India, los nuevos miembros "no oficiales" del club de naciones que poseen este armamento de destrucción masiva, es de 110 cabezas, menos del total de estos artefactos que puede transportar un solo submarino estadounidense Trident Pero, a diferencia de lo que ocurría en la Guerra Fría, en estos días la supremacía nuclear no la da la cantidad, sino la potencia destructora y la eficiencia tecnológica del armamento Y ahí, los rusos estarían perdiendo terreno a pasos agigantados frente a Estados Unidos, aseguran los investigadores Keir Lieber y Daryl Press, de las universidades de Notre Dame y Pennsylvania, en el artículo "The rise of US nuclear primacy", publicado esta primavera con gran revuelo en la revista Foreign Affaire Según los autores, la profunda modernización del aparato nuclear llevada a cabo durante los años de Bush hijo en la Casa Blanca, pronto le permitirá a Estados Unidos ostentar una supremacía de la que no disfrutaba desde el breve periodo, después de la Segunda Guerra Mundial, en el que la URSS hacía furiosos intentos por producir masivamente sus primeras armas atómicas Mientras Washington reubica modernos submarinos en el Pacífico, perfecciona aviones de combate invisibles, equipa bombarderos B-52 con misiles crucero nucleares y aumenta la potencia destructora de las cabezas instaladas en misiles intercontinentales, apuntan los autores Rusia por su parte se ha visto obligada, por falta de recursos, a desactivar vitales sistemas de alerta temprana, ha recortado en entre 40% y 80% sus misiles intercontinentales y aquellos instalados en submarinos, y prácticamente no realiza ejercicios que garanticen la operatividad del armamento Los autores aseguran que los estadounidenses no van a adquirir la supremacía sólo como consecuencia del declive ruso Se trata de una meta que la administración Bush ha buscado activamente Estados Unidos, explican, no se prepara para enfrentar ataques de terroristas o de "Estados rebeldes", como Corea del Norte o Irán, sino para asegurar la victoria en una eventual guerra contra sus dos verdaderos rivales en el siglo XXI: Rusia y China Por ejemplo, señalan, el criticado escudo antimisiles que Bush está empeñado en construir, no tendría como misión interceptar proyectiles que coreanos o iraníes disparen contra territorio estadounidense, sino destruir los escasos misiles que pudieran haber salvado rusos y chinos de un ataque atómico preventivo estadounidense Una nueva edición del START también le daría a Rusia la oportunidad de supervisar de alguna manera estos progresos estadounidenses, y de reasignar recursos --ahora destinados a mantener un arsenal que pronto estará obsoleto-- al desarrollo de nuevo armamento En este sentido, días antes del anuncio de Putin, su ministro de Defensa, Sergei Ivanov, afirmó que Rusia ya explora nuevas armas estratégicas, como proyectiles de trayectoria móvil, y pretende renovar su artillería nuclear con los modernos misiles Topol y Bulava Hasta finales de la semana pasada la administración Bush no había reaccionado públicamente a la oferta rusa Sin embargo, muchos analistas creen que aunque al presidente de Estados Unidos no le gustan las negociaciones prolongadas, como es requisito en casi todos los pactos de desarme verificable, debería tomarle la palabra a Putin para recortar armas que de cualquier manera pronto serán redundantes La intención de una de las dos superpotencias nucleares de impulsar una nueva ronda de desarme, en medio de la escalada en la tensión mundial por las aspiraciones atómicas de Irán y Corea del Norte, tendría que ser una buena noticia Pero la iniciativa debe tomarse con prudencia, ya que más que un avance hacia la erradicación de las armas nucleares de nuestro planeta, marcaría el fin de un periodo de enfrentamiento entre gigantes y el inicio de otro de gravedad impredecible

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