Líbano: Sacrifcio inutil

lunes, 7 de agosto de 2006
México, D F, 7 de agosto (apro)- Cuando en mayo de 2000 el gobierno israelí, encabezado por el laborista Ehud Barak, decidió retirarse del sur de Líbano, después de 18 años de ocupación, los acomodos geopolíticos eran muy diferentes y, momentáneamente, se pensó que el castigado país dejaría por fin de ser el tablero de ajedrez sobre el que se dirimían todos los conflictos de la región Indudablemente, la caída de la Unión Soviética modificó los apoyos y las reglas del juego en esa zona, y obligó a sus actores a nuevos alineamientos Durante los noventa se propiciaron encuentros y avances como nunca entre israelíes y palestinos Sin respaldo y con una enfermedad terminal, el vitalicio presidente sirio, Hafez el Assad, estaba urgido de acuerdos, y la tímida democracia de Mohamed Jatami en Irán buscaba moderar el fundamentalismo chiita dentro y fuera de sus fronteras La coyuntura se combinó en Israel con la elección de Barak, quien intentó retomar la senda pacifista del asesinado Yitzak Rabin y, como veterano estratega militar, vio la conveniencia de retirarse del Líbano, cuya ocupación ya estaba costando demasiado en términos humanos, económicos y políticos a la nación hebrea En forma sorpresiva y sin una sola baja, los israelíes se retiraron, dejando atrás a los libaneses con sus propios problemas Aunque la retirada formó parte de la oferta de campaña y fue aplaudida por gran parte del público israelí, los sectores duros de la derecha no la vieron de la misma manera Para éstos constituyó una claudicación y un riesgo para la seguridad del Estado, y empezaron a actuar contra Barak en consecuencia La visita de Ariel Sharon al Monte del Templo y el estallido de la segunda Intifida, harían el resto En el mundo, las coordenadas también cambiaron Los republicanos sacaron de la Casa Blanca a los demócratas Los atentados del 11 de septiembre de 2001 desataron una guerra contra el terrorismo islámico y sobrevino la invasión de Irak El Islam radical amplió sus bases; Hafez el Assad y Yaser Arafat murieron, abriendo el juego a nuevas fuerzas; en Irán los fundamentalistas desplazaron a los moderados y, para colmo, Sharon, que ahora exploraba vías más sutiles, cayó en un coma profundo, dejando a cargo un grupo que está demostrando que, de sutil, no tiene nada En este escenario, Líbano también volvió a su papel histórico Con una extensión actual de apenas 10 mil 400 kilómetros cuadrados, por su ubicación geográfica el país de los cedros siempre constituyó un punto de confluencia de todas las actividades comerciales y guerreras de la zona Parte del Imperio Otomano, a su caída pasó a ser un protectorado francés, hasta constituirse en república independiente a mediados de los cuarenta Independencia que, en la práctica, poco ha podido ejercer Dividida su población básicamente entre cristianos maronitas prooccidentales y musulmanes (sunitas y chiitas) que se alinearon a conveniencia con las naciones árabes, muy pronto la que se oestentaba como una república parlamentaria se vio envuelta en una cruenta guerra civil que, intermitentemente, se extendió durante 30 años y que siempre parece a punto de resurgir En los setentas la situación se complicó aún más cuando, después de la guerra árabe-israelí de 1967, los contendientes tomaron posiciones en el escenario libanés Los israelíes apoyaron a las fuerzas prooccidentales del sur, mientras que los países árabes, particularmente Siria, respaldaron a las milicias musulmanas del norte Todo exacerbado por un clima de "guerra fría", cuyos instigadores externos eran Estados Unidos y la Unión Soviética El último ingrediente del explosivo coctel lo constituyó la inmigración en 1973 de unos 300 mil refugiados palestinos y la instalación del cuartel general de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) en Beirut De hecho, el capítulo que se cerró en 2000 y que ahora se reabre con algunos elementos adicionales, tiene una vinculación de origen con aquel episodio Más allá de apoyar a sus aliados de la derecha maronita, y con ello determinar virtualmente la partición de Líbano en dos zonas de influencia, los estrategas israelíes vieron entonces en la presencia palestina el argumento perfecto para esgrimir motivos de seguridad y desarrollar una contínua ofensiva sobre la zona sur del país El incremento de la violencia y la intromisión de otros agentes como la milicia chiita Hezbollah, apoyada por el emergente régimen del ayatola Jomeini en Irán, magnificaron la importancia del escenario libanés En 1981, se reactivaron los enfrentamientos militares a gran escala Mientras Siria desplegaba baterías antiaéreas en el valle de Bekaa, Israel bombardeaba los puertos libaneses de Sidón y Tiro, y posiciones palestinas en los alrededores y la zona oeste de Beirut La virulencia de los combates condujo a la mediación del gobierno estadunidense, que logró un precario cese del fuego y el compromiso por parte de la OLP de que no utilizaría el territorio libanés para lanzar desde ahí ataques terroristas contra Israel No conforme con estas garantías, empero, el gobierno del entonces premier israelí, Menahem Begin, invadió un año después, mediante la operación denominada "Paz para Galilea", la zona sur de Líbano y tomó la ciudad de Beirut Y es aquí, precisamente, donde empieza a trazarse un inquietante paralelismo entre algunos acontecimientos de aquel momento y la situación actual Los mismos errores En un interesante artículo publicado por Le Monde, Georges Corm, quien fuera ministro de Finanzas del Líbano entre 1998 y 2000, advierte sobre los riesgos de que la "comunidad internacional" reedite los mismos errores que precedieron a la creación de una Fuerza de Interposición Multinacional (FIM), propuesta por el entonces presidente francés, François Mitterrand Dicha fuerza tenía como misión garantizar la evacuación de los combatientes palestinos de Líbano, calificados entonces como "terroristas", y proteger a la población civil libanesa y palestina, acorralada en la mitad sur del país y en Beirut, sin agua, electricidad ni provisiones, producto de dos meses de ataques del ejército israelí por tierra, mar y aire, sin distinción, como ahora, de blancos civiles y militares En esos días, recuerda Crom, quien también es autor del libro Líbano contemporáneo Historia y sociedad, Yaser Arafat era objeto de persecuciones aéreas como lo es hoy el líder de Hezbollah, Hasan Nasrallah La milicia chiita apenas existía entonces en forma embrionaria y no constituía una preocupación para Israel Paradójicamente, la ocupación israelí sería el principal fermento para transformarla en una poderosa fuerza de resistencia, con amplia base social Por esas coincidencias de la historia, como ahora en San Petersburgo, en aquel julio de 1982 el entonces Grupo de los Siete (mucho tiempo después se les uniría Rusia) se encontraba reunido en el castillo de Versalles y, como ahora, vaciló en intervenir mientras morían miles de libaneses y palestinos, y decenas de miles más huían creando una crisis humanitaria en el norte del país Finalmente, después de muchas deliberaciones, la FIM desembarcó en Beirut, hizo salir a Arafat y a unos 2 mil combatientes palestinos hacia Túnez y otras naciones árabes que les dieron refugio, supervisó unas elecciones en las que salió elegido como presidente Bachir Gemayel, un representante de las falanges maronitas que habían respaldado la invasión israelí, y luego volvió a embarcarse y se retiró de la zona Lo que siguió, recuerda Crom, fue un desastre: Gemayel fue asesinado y las tropas israelíes ocuparon Beirut Bajo su control, se escribiría el capítulo más oscuro de la invasión de 1982: el asesinato, a manos de las falanges derechistas, de cientos de refugiados palestinos (ancianos, mujeres y niños que quedaron después de la salida de los combatientes) en los campos de refugiados de Sabra y Chatila Matanza que le valdría a Israel la condena internacional y, años después, un veredicto de responsabilidad indirecta y deshabilitación temporal a Ariel Sharon, como comandante de aquella expedición Toda proporción guardada ?el artículo de Crom fue escrito antes? la matanza de civiles, en su mayoría mujeres y niños, en la población de Cana, ahora como producto directo de un bombardeo israelí, ha provocado la misma indignación internacional Y también, como entonces, se han acelerado las gestiones para lograr un cese del fuego y el despliegue de una fuerza multinacional En 1982, la FIM regresó precipitadamente a Líbano, lo que no impidió nuevas matanzas por parte del invasor israelí, ni tampoco espectaculares atentados contra las tropas extranjeras de intermediación, que se saldaron hasta con 450 muertos Estados Unidos, por su parte, presionó a un acuerdo entre Israel y Líbano, conforme al cual el primero se comprometía a retirarse de territorio libanés y, el segundo, a evitar que grupos armados, locales o extranjeros, utilizaran su suelo para lanzar ataques contra la entidad hebrea No se cumplió ni lo uno ni lo otro Los israelíes se quedaron en el sur de Líbano durante 18 años y, a partir de octubre de 1983, las milicias libanesas opuestas volvieron a trenzarse en una sangrienta guerra civil, que se extendió hasta 1990 En el transcurso, apoyado por Siria y la población musulmana local, Hezbollah se convirtió en un poderoso grupo de resistencia, que empezó a atacar sistemáticamente a Israel De hecho, muchos atribuyen la retirada israelí de 2000 a su presión armada Estado dentro del Estado Con métodos frecuentemente no ortodoxos, Hezbollah está incluido hoy en la lista de organizaciones terroristas del Pentágono, y deliberadamente Washington y Tel Aviv han postergado en esta crisis un cese del fuego con el afán, si no de aniquilarlo, por lo menos de acotarlo como hicieron con la OLP 24 años atrás Pero al igual que no pudieron derrotar a la resistencia palestina, que logró reagruparse, tampoco es probable que extirpen a esta milicia libanesa, a menos que arrasen con todo el sur de Líbano Sin menospreciar la influencia que ejercen Siria y el nuevo gobierno fundamentalista de Irán, Hezbollah y Hamas en los territorios ocupados no constituyen milicias aisladas, sino movimientos con una amplia base social Ambos cuentan con organizaciones militares superiores a las fuerzas armadas de sus respectivos países y administran una infrastructura de apoyo a la población que les garantiza su respaldo Hamas lo obtuvo ya en las urnas y Hezbollah, además de tener representantes en el Parlamento libanés, es visto por muchos como un Estado dentro del Estado Pensar por lo tanto en extirparlos como un tumor, sin dañar el tejido que los rodea, es una simple quimera La paz en Líbano, en Palestina y en el propio Israel pasa necesariamente por el trabajo político-diplomático para encontrar soluciones de fondo, entre todos los actores y sobre todos los problemas De lo contrario no llegará; y el sacrificio de los libaneses, una vez más, habrá sido inútil

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