Chile: el vértigo de la segunda vuelta

viernes, 18 de diciembre de 2009

VALPARAÍSO, 18 de diciembre (apro).- El amplio triunfo del magnate derechista Sebastián Piñera sobre el oficialista Eduardo Frei Ruiz Tagle en la primera vuelta de las elecciones presidenciales –verificada el pasado 13 de diciembre-- está derivando en una profunda recomposición de fuerzas en la centroizquierda chilena.

Mientras los partidos de derecha –Renovación Nacional y Unión Demócrata Independiente-- comienzan a repartirse los cargos de su eventual gobierno, las fuerzas políticas que componen la gubernamental Concertación de Partidos por la Democracia (Democracia Cristiana, Socialista, Radical y Por la Democracia) se muestran dispuestos a casi todo con tal de no perder el poder.

Incluso a sepultar la Concertación y dar vida a un nuevo conglomerado que incorpore a comunistas y a las diversas expresiones política que sustentaron la campaña de quien fue el fenómeno de esta elección: Marco Enríquez Ominami.

Piñera obtuvo en estos comicios –según los últimos recuentos del Servicio Electoral—3 millones 56 mil 526 votos que representan 44.05% del total de sufragios válidamente emitidos.

Por el democratacristiano Frei Ruiz Tagle votaron 2 millones 53 mil 514 personas, esto es, 29.6% de los votos.

Enríquez Ominami –mejor conocido como Marco-- obtuvo un millón 396 mil 655 votos (20.13%); cerró el recuento, con 6.21%, Jorge Arrate, quien contó con el apoyo del Partido Comunista.

Arrate, al igual que Marco, proviene de las filas del gubernamental Partido Socialista. Ambos renunciaron a esa colectividad, dado que su dirigencia se negó a realizar primarias para definir su candidato presidencial, y con el fin de levantar sus respectivas postulaciones. Arrate contó en este empeño con el apoyo del Partido Comunista (PC).

Esta última organización política tiene, sin embargo, un amplio acuerdo con la Concertación que, entre otros aspectos, hizo posible que miembros del PC pudieran aparecer como candidatos en la lista del oficialismo en las elecciones parlamentarias que se registraron al unísono que las presidenciales.

El objetivo de ese acuerdo: sortear las dificultades de elegibilidad que impone el sistema electoral binominal a los partidos pequeños, lo que se consiguió al elegir el PC tres diputados.

Por otra parte, el mencionado pacto preveía un compromiso por parte del PC de apoyar a Frei en la segunda vuelta. Consecuentes con estas tratativas, tanto el PC como Arrate se han mostrado muy abiertos a dar su apoyo a Frei, sin que hasta ahora se conozcan exigencias programáticas.

El martes 15 visitaron a la presidenta Michelle Bachelet en La Moneda los tres comunistas que resultaron electos diputados fruto del acuerdo con la Concertación.

Se trata del presidente del PC Guillermo Teillier, del secretario general Lautaro Carmona y del abogado Hugo Gutiérrez.

Es importante consignar que desde el golpe militar de 1973, ningún militante comunista ha ocupado un escaño parlamentario ni un cargo de ministro. Los congresistas electos en las elecciones del 13 de diciembre pasado, así como quien emerja como jefe de Estado tras la justa del 17 de enero, deberán asumir sus respectivos cargos el 11 de marzo próximo.

 

El factor Marco

 

Los votos de Arrate y el PC no le alcanzan a la Concertación para asegurar el triunfo de Frei. Necesitan del apoyo de, al menos, tres cuartas partes de quienes sufragaron por Enríquez Ominami el pasado 13 de diciembre.

Enríquez Ominami tiene 36 años. Es licenciado en filosofía y director de programas de televisión, hijo de Miguel Enríquez (mítico líder del Movimiento de Izquierda Revolucionaria), e hijastro de Carlos Ominami, senador socialista y uno de los artífices de la Concertación.

Por parte de su madre, la periodista Manuela Gumucio, pertenece a una familia progresista en la que abundan políticos e intelectuales de gran prestigio en la historia de Chile.

Está casado con Karen Doggenweiler, la más popular de las animadoras de la televisión chilena. Junto a ella y a sus dos hijas, vive en La Dehesa, uno de los sectores más acomodados de Santiago.

Su carisma y juventud, unida a su peculiar historia personal y familiar, lo convirtieron en uno de los mayores fenómenos políticos de las últimas décadas, sólo comparable con la presidenta Bachelet, quien también es hija de una víctima de la dictadura.

Marco logró congregar tras de sí un amplio arco de fuerzas y voluntades, sobre todo juveniles y de izquierda, descontentas con la evolución económica, cultural y política de Chile.

Aunque no logró pasar a segunda vuelta ni elegir a ningún diputado afín, logró imponerse como un triunfador en estas elecciones. Su victoria radica que su apoyo puede definir quién será el futuro presidente. Aunque él no ocupe ese puesto, puede influir para que sus ideas y propuestas se concreten.

Para consolidar este éxito intentará dar vida a una “federación de fuerzas progresistas” a la que ya han comprometido su apoyo el Partido Humanista, el Partido Ecologista y otros movimientos menores.

En las pasadas elecciones, Frei tuvo 15% menos votos que los que obtuvo Bachelet --su antecesora concertacionista-- en las presidenciales de 2005. Casi todos esos votos migraron hacia Enríquez Ominami.

 

¿Refundación concertacionista?

 

El día de las elecciones, Marco fue muy temprano a visitar la tumba de su padre, que está ubicada en el Cementerio General de Santiago. Luego, concurrió a sufragar al elegante balneario de Zapallar --200 kilómetros al oeste de la capital--. Lo hizo en helicóptero y en compañía de su esposa. El mismo día y de vuelta en Santiago, se concentró en el Palacio Concha a la espera de los resultados.

Constatada su derrota –su objetivo era superar a Frei y pasar a segunda vuelta--, Marco dio un encendido discurso ante unas 200 personas que lo acompañaban en el citado Palacio, en el que se cerró a cualquier pacto cupular.

Sostuvo que Frei y Piñera “se parecen demasiado”, agregando que ninguno “son esperanza de un país distinto”. Afirmó que él no es “dueño” de sus votos, por lo que no le correspondía endosárselos a nadie.

Aunque criticó fuertemente a Frei, sus más ácidas referencias apuntaron a Piñera, al expresar que elegirlo implicaría “un retroceso histórico” para su país.

El martes 15, el expresidente y actual candidato Frei Ruiz Tagle llamó a los adherentes de Marco a sumarse a su candidatura con el fin de evitar que “un pequeño sector de la sociedad concentre el poder político, económico y de las comunicaciones del país”.

Lo hacía a través de una columna publicada en el matutino La Tercera. Mostraba en este escrito lo que será el eje de sus posturas de cara a la segunda vuelta: situar la elección presidencial como una definición entre “más Estado o más mercado”, donde él se erige como un defensor del primero.

Estos planteamientos, sin embargo, contrastan con lo que fueron sus políticas cuando fue presidente del país –entre 1994 y 2000-- que fueron ampliamente privatizadoras.

Un día antes, la ministra secretaria general de gobierno, Carolina Toha, renunciaba a su cargo para integrarse al Comando de Frei en calidad de jefa del mismo. Era una señal evidente: Bachelet y La Moneda se suman con todo a la campaña de Frei para evitar el triunfo de la derecha y, con ello, el fin de los gobiernos “concertacionistas”.

Bachelet goza de una popularidad que ronda 80%, según coinciden diversas encuestas. Uno de los principales objetivos de Frei ha sido capturar ese apoyo. Con ese objetivo ha incorporado a su comando a numerosos miembros del entorno de la presidenta, incluyendo a la madre de la mandataria –Angela Jeria-- y a su jefe de comunicaciones, Juan Carvajal.

Aunque Frei y la Concertación piensan asimilar su imagen a la de la presidenta, está claro que el trasvasije es muy limitado. Los resultados del 13 de diciembre lo demuestran. Su plan es más amplio: asumir como propias algunas de las propuestas de Arrate y Marco, y formar con ellos y sus seguidores un nuevo conglomerado político que supere a la Concertación. Evidencias de esto hay muchas.

“Tenemos que concentrar todos nuestros esfuerzos en conformar una nueva mayoría, una nueva alianza política que vaya más allá de las elecciones y que permita avanzar en las reformas que son necesarias”, dijo el pasado jueves 17 de diciembre el presidente del Partido Radical y vocero de la Concertación por la Democracia, José Antonio Gómez, al ser consultado acerca de las tratativas existentes con los entornos a Arrate y Enríquez-Ominami.

En esa misma dirección, la Comisión Política del Partido Socialista (PS) dio curso el mismo jueves 17 a una declaración pública en la que afirma: “Trabajaremos decididamente en la formación de un amplio arco de fuerzas progresistas cuya demanda se ha puesto de manifiesto en la primera vuelta de las recientes elecciones”.

El Consejo Nacional de la Democracia Cristiana –reunido el 17 de diciembre-- acordó asumir el compromiso de trabajar por la renovación de la Concertación y llamó a “todos los actores políticos a actuar en consecuencia”.

La posibilidad del surgimiento de una nueva coalición fue también el principal motivo de debate de un seminario organizado por los centros de estudios Océanos Azules y Alejandro Lipschutz, vinculados a Eduardo Frei y al Partido Comunista, respectivamente. “¿Una nueva mayoría para Chile?: Construyendo una propuesta progresista”, se denominó el encuentro efectuado en la casa central de la Universidad de Chile el pasado 17 de diciembre.

Más decisivas resultan las palabras expresadas por el presidente del Partido Por la Democracia, Pepe Auth, tras reunirse –el viernes 18-- con la directiva del Partido Comunista, en la céntrica sede de este último.

En conversación con la prensa, Auth hizo explícito el contenido de la propuesta que se trabaja en La Moneda y en toda la coalición oficialista. Se trata de dar vida a un “Frente Amplio Político y Social por el Progresismo” que incluya a los votantes de Jorge Arrate y Marco Enríquez-Ominami.

Poniendo condiciones programáticas a un posible acuerdo, el vocero de la campaña de Marco, Esteban Valenzuela, sostuvo el pasado martes 15 que esperaba que la presidenta Bachelet enviara al Congreso en los próximos días al menos dos proyectos legislativos:

El primero, sobre reforma tributaria, que apunte a distribuir más equitativamente la riqueza del país; y un segundo proyecto que permita la elección democrática de los intendentes (gobernadores) regionales. “Ahí veremos si hay voluntad política de unos y otros de querer conquistar al electorado de Marco Enríquez Ominami”, expresó Valenzuela.

En la derecha, a pesar de la rivalidad existente entre sus dos principales partidos, los conflictos se postergan en pos del objetivo mayor: volver a tomar las riendas del Ejecutivo, a 20 años del fin de la dictadura de Augusto Pinochet, su principal inspirador.

 

mav

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