Afganistán: bajo ocupación

sábado, 26 de diciembre de 2009

 

MEXICO, D.F., 25 de diciembre (apro).- Miembros de la sociedad civil afgana advierten que el envío de casi 40 mil soldados a su país es una estrategia totalmente errada para restablecer la paz y la democracia en su nación.
“No puede haber democracia implantada por una guerra; no puede haber democracia en un país ocupado. Una nación necesita ser libre”, dijo a Apro Malalai Joya, joven activista afgana expulsada del Congreso de su país por criticar a los llamados “señores de la guerra”, quienes actualmente ocupan puestos en todas las ramas del gobierno del presidente Hamid Karzai, apoyado por Estados Unidos.
De acuerdo con la activista, su país no necesita más tropas, como dijo el presidente estadunidense Barak Obama en su discurso del 1 de diciembre en la academia militar de West Point, sino la reconstrucción de escuelas, hospitales, universidades, medios de producción y la protección de los derechos de las mujeres.
Y es que la situación del pueblo de Afganistán no ha mejorado radicalmente desde la entrada de las tropas de la OTAN: el 53 por ciento de la población es pobre; 40 de ésta, desempleada; la esperanza de vida de mujeres y hombres es de 44 años; además de que sólo una tercera parte de los niños mayores de 15 años está alfabetizado.
Dirigente de la Organización para Promover las Capacidades de las Mujeres Afganas, Malalai Joya destaca que otro de los problemas que empeora es la violación de los derechos de la mujer, situación denunciada por Occidente desde la entrada del régimen talibán, pero ahora relegada a segundo plano.
Durante el régimen fundamentalista de los talibanes la educación de la mujer fue prohibida. Hoy, el 90 por ciento de las mujeres no sabe leer.
Los talibanes también prohibieron el trabajo femenino. Las mujeres fueron relegadas al hogar y la pobreza junto con varios niños que dependían sólo de la madre. Las niñas todavía son dadas en matrimonio por caballos, dinero, muebles y hasta perros de pelea
Las milicias talibanes y los “señores de la guerra” amenazan a las periodistas que alzan la voz. Sanga Amach y Zakia Kaki fueron asesinadas en 2007 por criticar a los “señores de la guerra” en estaciones independientes de radio.
La propia Malalai Joya ha sido expulsada del Congreso afgano y amenazada de muerte debido a las actividades de su organización. 
         En entrevista con Apro, el  periodista Yaqub Ibrahimi afirma que este tipo de violencia en su país no disminuirá con el aumento de tropas. “Nuestro país tiene más de tres décadas de guerra; no necesitamos más tropas ni un sistema militarizado”, señala. 
Su hermano, estudiante de 23 años, fue condenado a muerte por bajar documentos “inmorales” de Internet que hablaban sobre la situación de la mujer. De acuerdo con declaraciones de Yaqub, las autoridades utilizaron este acto como excusa para castigarlo por sus críticas a los sectores poderosos del país.
Los periodistas son asesinados, exiliados, injuriados, encarcelados y torturados, y la ocupación aumenta la violencia, dice Yaqub.
Explica: “Mandar tropas y hacer bombardeos no puede hacer nada. Es una muy mala perspectiva de lo que pasa en Afganistán. Los combatientes aumentan por el odio a los ataques, aunque no saben siquiera bien contra qué combaten”.
Al igual que Joya, él cree que lo que realmente los afganos necesitan son escuelas básicas, fábricas y universidades.
El problema es que ese dinero no llega aún o llega incompleto. De acuerdo con el informe de Oxfam de 2008, titulado Eficacia de la ayuda en Afganistán, desde 2001 se han gastado aproximadamente 25 mil millones de dólares en asistencia para la seguridad en Afganistán, destinada al desarrollo de las fuerzas de seguridad afganas, y aunque la comunidad internacional ha prometido casi la misma suma para reconstruir el país y ayudarlo a desarrollarse, apenas se han gastado 15 mil millones en ayuda, con la alarmante situación de que el 40 por ciento de esa cantidad ha vuelto a los países donantes como beneficios corporativos y sueldos de consultores.
El déficit de ayuda alcanza casi los 10 mil millones de dólares, una cantidad 30 veces mayor que el presupuesto público anual afgano para la educación, lo que es un gran factor de atraso en Afganistán, ya que, según Yaqub Ibrahimi, la educación es una de las pocas herramientas que podría tener su país para resolver su situación, pues podría erradicar las ideas islámicas fundamentalistas y desviadas que profesan los talibanes.
“Los occidentales creen que el mayor problema de Afganistán es la seguridad. No estoy de acuerdo en este punto. El problema central es la insurgencia talibán y el terrorismo”, explica.

Los enemigos

“Estamos llenos de enemigos, el enemigo interno y el enemigo externo”, explica Malalai Joya. “No sólo Estados Unidos, sino más de 40 países bajo el mandato de la OTAN, en nombre de la democracia y para combatir el terrorismo, ocuparon nuestro país y nos pusieron bajo fuego”.
Por el otro lado, se encuentra el enemigo local: el terrorismo y los “señores de la guerra”, los mismos que cometieron crímenes durante las pasadas décadas y que ahora ocupan puestos de gobierno gracias a una amnistía decretada por el presidente Karzai en 2007. 
Los generales Abdul Rasul Sayyaf, Ismail Jan, Abdul Rachid Dustum, Karim Jalili, Burhanuddin Rabbani y Mohamed Qasim Fahim aún controlan tropas y negocian con los talibanes “moderados” para integrarlos al gobierno de Karzai.
“Obama criticó la corrupción, pero el propio presidente Karzai es uno de los corruptos. ¿Esta es la libertad y la democracia que ofrecían?”, pregunta Malalai Joya.
Por su parte, Yaqub Ibrahimi habla de tres enemigos: el gobierno afgano, la insurgencia talibán y el terrorismo.
Los periodistas no pueden hablar de estos temas, denuncia Yaqub. Es un trabajo muy nuevo en Afganistán y la información nunca ha estado al alcance de la gente; sólo al alcance de los gobernantes.
No hay libertad de expresión, no se puede publicar información sobre los crímenes cometidos durante tres décadas por los “señores de la guerra”. Tampoco se puede tocar ningún tema tabú sobre el Islam, debido a la insurgencia talibán.
“El gobierno afgano acepta esta estrategia porque implica más envío de tropas sofisticadas. No puedo decir que esto sea una democracia”, sentencia.
Afganistán se localiza en un punto geopolítico de gran importancia. Históricamente, ha sido la ruta principal entre el Asia Central, la India y Medio Oriente. Ha sido conquistado desde la antigüedad por Gengis Khan, Alejandro Magno, Tamerlán, los persas y los imperios árabes. Éstos últimos islamizaron el territorio.
Su territorio tiende a la dispersión debido a la cadena montañosa que lo divide en aislados valles en los que se desarrollan culturas que no se tocan. La principal división se dio entre los pueblos tayikos, uzbecos y házaras del norte y la mayoría pashtún, que constituye el 40 por ciento de la población.
La peculiar posición que tenía el país llevó a las potencias imperialistas del siglo XIX, Rusia y Gran Bretaña, a crear Afganistán como Estado tapón para evitar que sus imperios se tocaran.
La primera intervención moderna fue realizada por Gran Bretaña con el pretexto de reponer al viejo emir probritánico Shuja Sha Durrani. En ese entonces, los británicos se retiraron vergonzosamente, perseguidos durante el invierno por la resistencia en las nevadas montañas que dividen el territorio de Afganistán. Como venganza, los británicos bombardearon Kabul el año siguiente.
Lo mismo pasó con los soviéticos en el siglo XX: intervinieron en el país para asegurar su influencia en la “Guerra Fría”, pero, a pesar del despliegue de 150 mil efectivos, no pudieron derrotar a los guerrilleros islámicos.
Al final de la “Guerra Fría”, el régimen títere de los soviéticos se derrumbó. Este hecho dio lugar a una guerra generalizada entre los guerrilleros islámicos entrenados en Pakistan con ayuda de Arabia Saudita y la CIA para derrotar a los soviéticos.
Los líderes de la resistencia contra la invasión rusa se convirtieron en simples “señores de la guerra”. Tayikos, uzbecos y házaras del norte del país se enfrentaron en encarnizadas batallas contra los pashtunes del sur, que duraron  hasta 2001.
Durante esta guerra murieron un millón y medio de afganos, y cinco millones se convirtieron en refugiados. La economía fue arrasada y las fuentes tradicionales de ingreso agrícola devastadas. Sólo el 12 por ciento del territorio es área cultivable y es usada por los “señores de la guerra” para producir opio y exportarlo mediante la milenaria ruta de la seda. Por ello, Malalai Joya describe a su país como una narconación.
Tanto Malalai Joya como Yaqub consideran que  Afganistán todavía es importante por su posición entre Asia Central y el Medio Oriente, por lo que Rusia, China, Pakistán e Irán tienen intereses en su país. Yaqub acusa a estas potencias de querer hacer una gran base militar en su país.
Pero Todd Vician, encargado de medios de la misión de la OTAN en Afganistán, dijo a Apro que  la intención de la OTAN es solamente proteger a la población afgana e impedir que los insurgentes controlen bases desde las cuales puedan lanzar sus operaciones.
“Con esto, el ANSF y el ISAF darán a los civiles de Afganistán la habilidad para moverse libremente dentro de su país, crear negocios dentro y fuera de sus fronteras”.
Las autoridades de la OTAN creen que con esta libertad de movimiento aumentará la prosperidad y mejorará la calidad de vida de los afganos.
Y explica: “Estas libertades darán al gobierno afgano y a las ong`s la capacidad de incrementar la paz y el desarrollo de proyectos para comenzar un nuevo país. Así, los afganos creerán en su gobierno y abandonarán la insurgencia”.
Además de los efectivos estadunidenses, Obama exhortó a sus aliados a cooperar con más tropas. Reino Unido mandará mil 200; Italia mil 140; Turquía 875, y Georgia 750. Otros aliados como Holanda y Canadá anunciaron que no mandarán tropas, mientras que Francia y Alemania aún no se pronuncian.
Según el vocero de la OTAN, el envío de tropas se hará junto a un incremento de las Fuerzas Nacionales de Seguridad Afganas, las cuales serán entrenadas para proteger a la población de las ciudades, que son las zonas prioritarias para la misión.
Obama anunció  en West Point que la retirada de Afganistán comenzará en 2011. Al igual que su antecesor, George W. Bush, afirmó que su intención no era “crear un nuevo Estado”, sino sólo reforzar el régimen de Hamid Karzai en función de “nuestros intereses”.
“Esto es irresponsable. No fue el primero, pero si es el último en ocupar nuestro país”, denuncia Malalai Joya. “Hay que hacerle saber a la gente en México y el mundo que lo hecho por Estados Unidos es una ocupación, no una ayuda”.
Obama recalcó que la intervención de Estados Unidos en la guerra no fue planeada, sino reactiva contra los ataques del 11 de septiembre por parte de la red terrorista Al-Qaeda. También aclaró que la guerra es contra Al-Qaeda, no contra los talibanes en sí.
Para Malalai Joya, Obama se está convirtiendo en otro Bush en materia de política exterior:
“Si negocia con los talibanes y no cambia su política, la gente lo recordará como recuerda a Bush. Obama no debe aceptar la ocupación, no debe apoyar a los `señores de la guerra`”, afirma.
Lo mismo pasa con el tema del fraude electoral del pasado septiembre, cuando los seguidores de Karzai pegaron pancartas en las que amenazaban de muerte a los que no votaran por él.
“Las elecciones fueron con coacción, bajo ocupación corruptas; quién estaba contando era el propio gobierno, era ridículo, ya que el ganador iba a ser él mismo”, señala Malalai Joya. “Quienes hicieron la campaña fueron los `señores de la guerra`. Karzai fue puesto, no electo.  Todos los países tienen derecho a tener su gobierno, mientras que Afganistán no lo tiene”.

La esperanza

Si bien reciente, ha surgido una sociedad civil basada principalmente en organizaciones feministas y de periodistas.
Son famosas las activistas Shukria Barakzai, periodista y fundadora del periódico Espejo de las mujeres, Suraya Paksad, de la organización Voz de las mujeres, Malalai Joya, Shahida, de la Asociación Revolucionarias de Mujeres de Afganistán (RAWA); Fatana Ishak Gailani, del Consejo de Mujeres Afganas.
Todas ellas promueven actividades económicas para las mujeres, para empoderarlas, hacer que participen en las decisiones, denunciar la ocupación extranjera y las amenazas internas de los fundamentalistas.
Existen también numerosas asociaciones de prensa como la Asociación Independiente de Periodistas de Afganistán de Rahimullah Samander, las cuales tienen conexiones de medios por todo el planeta para informarlos de la situación de su país. 
Para hacer un cambio real, de acuerdo con Yaqub Ibrahimi, hay que cambiar la idea general de la vida que se tiene en Afganistán, semejante a la que existía en el siglo XIX.
“Nuestro problema es la historia, la tradición; es un problema cultural y educacional muy antiguo. Se necesita una revolución cultural y civil. Esta forma de pensar tiene una base muy fuerte y difícil de cambiar”, comenta.
Añade que “se necesita desarrollo civil y cultural, una alta educación cultural y civil. Hay nuevas ideas que la gente necesita entender. El problema es muy viejo y estas organizaciones sólo tienen ocho años. Creo que pueden consolidarse, pero la civilidad no se construye en un día. Se necesita un largo proyecto basado en la idea de la gente de que puede cambiar sus vidas”.