La caída de España

jueves, 3 de diciembre de 2009

La crisis que vive España, que en dos años ocasionó un crecimiento del desempleo de 130% –casi la quinta parte de la población económicamente activa carece hoy de un salario–, no sólo motiva manifestaciones y reclamos de trabajadores y empresarios ante el gobierno de Rodríguez Zapatero –quien a mediados de 2008 sólo quiso ver los malos signos económicos como “un bache”–, sino que le exigen “abaratar los despidos”, impulsar el campo y cambiar de políticas ante el sector inmobiliario, con la advertencia de que aún no ha llegado “lo peor”...  
MADRID.- Cuando a Juan Ledesma se le terminó su contrato como portero de una discoteca de la capital española, en diciembre de 2008, pensó que encontraría otro empleo en menos de una semana, como le había ocurrido varias veces en sus 12 años de experiencia laboral, pero sigue desempleado. “He enviado más de 2 mil currículos… todos sin éxito”, dice con un hilo de voz que refleja su desolación.
“Estoy desesperado y sin dinero en la bolsa. Cometí el error de no inscribirme en el programa de protección por desempleo, pensando que encontraría trabajo rápido. He sido militar, trabajé en un supermercado, en una pescadería, en la construcción, y cuando salía de un trabajo, a la semana ya estaba en otro.
“Cada vez que me entrevisto con un empleador, la respuesta es la misma: ‘Ya le llamaremos’, pero nada”, lamenta. Su única expectativa actual es presentar y aprobar el examen que el gobierno impuso a los porteros de discotecas para controlar este sector, que recientemente se vio infiltrado por mafias rumanas. “El problema es que del gobierno me anunciaron que esperara la fecha del examen, que me avisarían por correo electrónico, pero eso ocurrió hace meses y hasta ahora no me dan fecha”.
Obligado a vivir bajo el amparo de su madre y un hermano, Juan es uno de los 3 millones 808 mil 353 desempleados en España, que equivalen a 17.93% de la población activa en este país de alrededor de 46 millones de habitantes.
Y aunque aún no termina por mostrar sus efectos más nocivos, el “hundimiento del milagro español” –como lo calificó el periódico francés Libération el 18 de agosto de 2008 a raíz del estallido del problema inmobiliario– significa, por lo pronto, que uno de cada tres desempleados que existen en Europa se encuentra en España.
Desde el tercer trimestre de 2007, cuando empezaron a prender los focos de alerta de la economía española, la recesión “se comió” el crecimiento económico y del empleo experimentado en la última década. En ese trimestre de 2007, el crecimiento se cifraba en 3.5% y hoy es de –4%. En el mismo periodo, 2 millones 331 mil 400 españoles y extranjeros con documentos para trabajar fueron despedidos, con lo que el número de desempleados aumentó 130% en dos años.
En tanto que el Fondo Monetario Internacional (FMI) pronosticó recientemente que España no recuperará un crecimiento económico del PIB de 2%, sino hasta 2014, la Comisión Europea anunció que España será el único país de la región que al finalizar el año se hallará en recesión, y calculó que su Producto Interno Bruto (PIB) caerá 0.3% en 2009 y 0.8% en 2010, aunque para 2011 prevé un moderado crecimiento de 1%.
No son más alentadoras las estimaciones de la Organización para  la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), según la cual el desempleo en España puede llegar a 20% en 2010, cifra que duplica la media del llamado Club de los países ricos, donde el paro también subirá, pero hasta una proporción de 9.9%.
La vicepresidenta económica del gobierno, Elena Salgado, aceptó el 24 de noviembre que 2010 “va a ser peor” en este renglón, por la persistencia de la recesión. “En la primera parte de 2010 vamos a seguir teniendo un número muy importante de personas sin empleo, y esa es, qué duda cabe, la manifestación más dura de la crisis en España. En este sentido, si el número de personas sin empleo sigue creciendo, aunque sea de manera muy moderada, durante los primeros meses de 2010, es evidente que podríamos decir, desde el punto de vista del empleo, que el próximo año va a ser un año peor que 2009”, manifestó.
E inclusive un periodista confió a este reportero que meses atrás “nos convocaron para anunciarnos una disminución salarial de 2% con el fin de salvar plazas de trabajo. Todos firmamos porque era mejor eso. Si no firmabas, intuimos, entrabas a una lista negra y en la primera oportunidad te echaban. De cualquier manera ya han salido algunos compañeros”, refirió.
Por el estilo, Vocento, la empresa que edita el periódico ABC, presentó en marzo pasado el Expediente de Regulación de Empleo (ERE) para liquidar a 238 de los más de 450 trabajadores con que cuenta, aunque por este motivo se abrió un litigio que hasta la fecha continúa.
Frente al complejo panorama, la Unión General de Trabajadores (UGT) urgió al gobierno y al sector productivo a que el empleo “sea el eje sobre el que gire la reactivación económica”, y consideró que “todas las políticas que se adopten deben destinarse a ese fin”.
La misma central, encabezada por Cándido Méndez, manifestó el 3 de noviembre que es necesario aplicar “un plan nacional de políticas para reorientar la mano de obra hacia los sectores y actividades que conforman el nuevo modelo productivo; seguir protegiendo a los desempleados mientras dure esta situación, y orientar las políticas públicas a la recuperación de la demanda y del gasto social”.
El mismo día, los servicios públicos de empleo indicaron que al término de octubre hubo 2.7% más de desempleados respecto de septiembre.
Datos oficiales precisaron que, en el último mes, el desempleo creció 1.2% en la industria (5 mil 800 despedidos) y en la construcción (8 mil 800), mientras que las cifras correspondientes al sector servicios fueron de 2.9% y de 62 mil 447 parados.  
La UGT advirtió que, entre los números que se manejan, preocupa de manera particular el hecho de que, durante el último año, haya crecido 28.6% el desempleo entre menores de 25 años (460 mil se fueron a la calle), mientras que el de extranjeros aumentó 56.8%.  
“El campo se arruina”
Jonathan Sylvesta, un nigeriano de 28 años, padece una situación grave. Como todas las mañanas, vende el diario La Farola (“El periódico que da pan y techo”, dice su lema) en una esquina de avenida Princesa, y recibe una comisión de un euro por ejemplar vendido. Nunca vende más de 10 ejemplares al día, pero el jueves 26 de noviembre –cuando lo aborda el reportero– no ha colocado ni uno.
Tiritando de frío, refiere con su deficiente español: “Estoy asilado político en España, pero no encuentro otro trabajo, porque para los extranjeros es más difícil”. Y aunque también procura ganarse algunas propinas ayudando a la gente en labores menores, durante el año y medio que lleva en España muchas veces sólo puede realizar “una comida al día: arroz y tomates”.
A su vez, Kuyuma Mudibu, de 29 años de edad, quien procedente de Mali ingresó al país hace tres años, vende también La Farola en otro barrio, el de Argüelles, con la ilusión de que un amigo suyo lo contacte con su patrón para trabajar en el campo, en el que tiene amplia experiencia.
“El problema es que el patrón lo primero que pide son los papeles (permiso de trabajo), y yo no tengo. Y si no trabajo, tampoco puedo tener papeles”, dice Kuyuma.
 Agrega que en 2008 pidió empleo en los campos de fresas de Andalucía, donde trabajaron dos amigos suyos originarios de Marruecos, pero no se lo dieron.  
Y es que, de acuerdo con  José Antonio Martínez, de la empresa Agro Martina, en 2008, debido a la crisis económica, de los más de 30 mil puestos de trabajo para la temporada de cosecha de fresa pocos fueron ocupados por inmigrantes, al contrario de lo que ocurrió en 2000, cuando personas procedentes de Marruecos, Rumania, Bulgaria, Polonia y Ucrania se emplearon masivamente en labores del campo debido a que muchos españoles las abandonaron para pasarse a la construcción, debido al auge que entonces tuvo este sector.
La crisis en el renglón agrícola es de tal magnitud que el sábado 21 de noviembre cientos de miles de agricultores realizaron manifestaciones en varias regiones del país bajo la consigna: “El campo se arruina”. La protesta más concurrida fue la realizada en Madrid, donde los contingentes recorrieron el trayecto que va de la estación de trenes de Atocha a la fuente de Las Cibeles.
Al día siguiente, el periódico El Mundo publicó un editorial según el cual en este sector se han perdido 124 mil empleos; el costo de la producción creció 34% en tanto los precios permanecieron estancados, debido a lo cual los rendimientos rurales bajaron 26%. El título de dicho texto fue: Zapatero no puede mirar a otro lado cuando el campo se arruina.
Sólo unos días antes, el 18 de noviembre, la UGT dio a conocer otro estudio donde plantea: “… Es evidente que la situación de la actividad económica sigue siendo preocupante. Y más si tenemos en cuenta que mientras no se recupere la economía, no se recuperará el empleo”, por lo que, propuso, el nuevo modelo productivo debe centrarse “en la inversión productiva, la protección a los desempleados y el estímulo de la demanda”.
El “hermano pobre de Europa”
Recientemente, la revista británica The Economist –publicación que calificó a España como “el nuevo hermano pobre de Europa”– consideró que para que esta nación ponga sus asuntos “en orden” por lo que se refiere a la crisis económica y el empleo, el gobierno tiene que hacer “mucho más”, empezando  por una “reforma radical” en el mercado del trabajo.
El 23 de noviembre, durante las jornadas anuales que realiza The Economist en España, el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, anunció que en el consejo de ministros que se celebraría el viernes 27 aprobarían el anteproyecto de Ley de Economía Sostenible y la estrategia para el Crecimiento Económico Sostenible, que fijará las bases del nuevo modelo económico que el gobierno pretende impulsar con los ojos puestos en 2020.
Pero The Economist señala que Rodríguez Zapatero no tiene entre sus prioridades una reforma laboral para “abaratar el despido” (consistente sobre todo en que las empresas puedan pagar menores indemnizaciones), como lo exige la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), debido a que pretende “agradar a sus amigos sindicalistas”.
Fue en julio pasado cuando Rodríguez Zapatero y la CEOE rompieron sus encuentros para el “diálogo social” dirigido a establecer medidas contra la crisis, debido a que la patronal demandaba “abaratar el despido” como medida indispensable para la recuperación.
Rodríguez Zapatero no sólo acusó a la CEOE de la ruptura, sino que fuentes de La Moncloa afirmaron que la patronal actuó en absoluta sintonía con el opositor Partido Popular (PP). En un tono duro, el presidente de la CEOE dijo que esperaría a que a Rodríguez Zapatero “se le pase el berrinche”.
En su intervención en las jornadas de The Economist, el 23 de noviembre, el presidente del gobierno aseguró que España está en condiciones “de recuperar un crecimiento económico vigoroso”, además de afirmar que la recuperación “se ha iniciado” y que el ritmo “se va a acelerar”.
Su discurso hizo recordar su negativa a reconocer la crisis a mediados de 2008, cuando prefería calificarla como “un frenón” en la economía, como una “desaceleración” o como un simple “bache”.
Entonces, Rodríguez Zapatero tardó en reaccionar ante la caída estrepitosa del modelo económico español, que durante 10 años se basó en el sector de la construcción e inmobiliario. Se derrumbó contagiado, adicionalmente, por el terremoto de las hipotecas de alto riesgo (subprime) que se desencadenó en Estados Unidos.
Y aunque el PP, la principal oposición, tiene ya más de un año de arremeter contra Rodríguez Zapatero por su manejo de la crisis económica, fue el gobierno de uno de los suyos, José María Aznar, el que sentó las bases para ese modelo de crecimiento inmobiliario.
El golpe en este ámbito ha sido brutal, pues el empleo pasó de un crecimiento de 4.8% en el tercer trimestre de 2007 a un decrecimiento de 23.3% en la actualidad, al grado de que en estas fechas se registran 1 millón de viviendas sin vender.
Muy lejos del debate político, Milton Arriaga, un ecuatoriano con 13 años de estancia legal en el país, sufre en carne propia esa realidad. No tiene un trabajo fijo desde hace ocho meses. Cobra una subvención (“el paro”) de 800 euros, de donde paga una hipoteca en Ecuador y los estudios de su sobrina, de manera que, dice, “medio vivo con el resto”.
A finales de 2007 fue uno de los primeros expulsados de la industria de la construcción. A él y a 25 compañeros suyos no les renovaron el contrato, pese a que la firma donde laboraban tenía uno de los mayores volúmenes de construcción de casas habitación en toda España.
En “los primeros meses de 2008 –continúa–, entré de manera temporal a Telefónica de España, instalando torres del tendido telefónico de la empresa, pero también ese trabajo se terminó. Nos dieron las gracias”.
Pretendía “tomar un curso para ingresar en la industria de energías renovables, pero –aclara– no tuve dinero suficiente y la cosa se puso cada vez más negra... y ahora apenas tengo dinero para el sustento: comida –la indispensable–, techo y párale de contar. ¡Ah!, y una cerveza,  cuando los amigos invitan, que son pocas veces...”, ironiza para terminar.

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