América Latina: golpismo democrático

viernes, 3 de julio de 2009
MEXICO, DF, 3 de julio (apro) - Si alguien creyó que con el fin de la Guerra Fría se acabarían los golpes de Estado en América Latina, se equivocó: sólo cambiaron de formato
Cuando en la segunda mitad del decenio de 1980 culminó la etapa de las dictaduras militares para dar paso a la de las democracias electorales, asonadas de nuevo cuño con componentes civiles, mediáticos y hasta institucionales continuaron derribando o haciendo tambalear a los gobiernos de la región
         Aunque el golpismo ha sido un fenómeno universal, el área latinoamericana y del Caribe ha mostrado una gran proclividad a resolver sus diferencias políticas mediante este recurso, las más de las veces con saldo cruento Si bien las cifras varían, en sus dos siglos de vida independiente la subregión habría sufrido alrededor de 500 rupturas de su orden institucional ?tan sólo Bolivia contabiliza 189? acaecidas algunas con escasa diferencia de días, semanas o meses, y otras separadas por decenios
         Muchos de los golpes fueron contragolpes y signaron una sucesión de gobiernos castrenses, pero otros se volvieron verdaderos "reinados militares", como la dictadura de Alfredo Stroessner en Paraguay, que duró 35 años, o las de los Somoza, en Nicaragua, y los Duvalier, en Haití, que se extendieron por 46 y 29 años respectivamente
         De hecho, exceptuando Costa Rica, que no registra ningún golpe de Estado, y México, que después de la Revolución encontró mediante el régimen de partido único con alternancia presidencial una sui géneris fórmula de estabilidad política, todas las demás naciones centro y sudamericanas muestran intermitentes asonadas militares, y algunas han cambiado sus gobiernos con más frecuencia por esta vía que por la electoral
         Siempre vinculado con la pugna por el poder, el golpismo en América Latina se vio sin embargo indisolublemente asociado con la confrontación ideológica durante la segunda mitad del siglo XX No por casualidad cuando el mundo se dividió en dos grandes bloques, los golpes se extendieron como una epidemia por la región Específicamente de principios de los sesenta a mediados de los ochenta, el mapa latinoamericano mostraba un predominio de dictaduras de derecha, con excepción de Cuba y Nicaragua, cuyos gobiernos militares eran producto de una revolución de izquierda
         Inspiradas en la Doctrina de Seguridad Nacional diseñada por el Pentágono ?y frecuentemente apoyadas por éste? las oligarquías locales se encargaron de frenar violentamente todas las reivindicaciones sociales y políticas que tuvieran esta última orientación Washington entonces no se preocupaba de que el "orden democrático" fuera subvertido ni que se violaran los derechos humanos Al contrario, todo era válido con tal de frenar la "infiltración comunista"
         Sin embargo, cuando a fines de los ochenta la amenaza del bloque socialista comenzó a extinguirse y los regímenes militares dejaron de ser útiles, el golpismo empezó a ser muy mal visto Así, en cascada como llegaron, las dictaduras militares fueron dejando su lugar a gobiernos civiles democráticamente electos y los conflictos armados quedaron gradualmente sellados por acuerdos de paz
         Esto, por supuesto, no acabó con los apetitos sectoriales de poder ni con el choque entre clases sociales en una región caracterizada por una desigualdad crónica y aguda De hecho, los principales enfrentamientos políticos siguen girando en torno de los modelos económicos, sólo que ahora revestidos por un manto "democrático" Tanto, que hasta en las rupturas del orden institucional se esgrimen argumentos jurídicos y no ideológicos
         En este tenor, excluyendo algunos cuartelazos típicos, América Latina ha visto proliferar en los últimos dos decenios toda clase de subterfugios legales para desplazar gobiernos, modificar Constituciones, disolver  Congresos, violar garantías individuales, censurar medios de comunicación y aplicar toda clase de medidas que contravienen el orden natural de la democracia, sobre la base de elecciones o consultas populares, fracturas políticas o levantamientos cívico-militares, que por su solo componente social justificarían los cambios
         En la Argentina postdictadura, por ejemplo, el primer presidente democrático, Raúl Alfonsín, tuvo que enfrentar entre 1987 y 1989 tres levantamientos militares, derivados de los juicios a los altos mandos castrenses por sus violaciones a los derechos humanos Los llamados "Carapintadas" también se sublevaron contra el gobierno de Carlos Menem (1990) quien, además de indultarlos, acabó por sancionar las leyes de "Punto final" y "Obediencia debida", que otorgaron el perdón a los militares en aras de la gobernabilidad
         Los "Carapintadas" estarían ahora en Bolivia, contratados por empresarios de las provincias separatistas de Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija, enseñando junto con mercenarios de la guerra de los Balcanes técnicas de "autodefensa" a los opositores del gobierno de Evo Morales Éste reveló el pasado 16 de abril la desarticulación de una "célula terrorista" que planeaba asesinarlo y en la que murieron cuatro ciudadanos con apellidos húngaros y croatas
         Ya el año pasado Evo acusó a "grupos fascistas" del atentado contra un gasoducto y denunció la gestación de un golpe "atípico" en su contra con componentes "cívicos y prefectuales"
En esa ocasión también expulsó al embajador estadunidense, Philip Goldberg, a quien acusó de apoyar a los "golpistas" a través de la Agencia Internacional de Desarrollo (AID) El exlíder cocalero, por su parte, ha ido abriendo paso a su programa socialista mediante modificaciones constitucionales respaldadas por consultas y aun simples manifestaciones populares en su apoyo
         En el vecino Perú, Alberto Fujimori creó la nueva modalidad del "autogolpe", cuando en 1992 disolvió el Congreso porque éste se negó a concederle poderes más amplios para legislar en materia económica y antisubversiva Apoyado por las Fuerzas Armadas y alegando "falta de cooperación" de los partidos, el presidente suspendió además el Poder Judicial
Conjurado un contragolpe y aprobada en 1993 mediante referendum una nueva Constitución que le otorgaba los poderes que quería y le abría paso a la reelección, Fujimori repitió triunfo en los comicios de 1995 Sus problemas se iniciaron, sin embargo, cuando emprendió maniobras legales para reelegirse por segunda vez, alegando que su primera elección no contaba, porque todavía no estaba vigente la nueva Constitución
         Desgastado por crecientes evidencias de corrupción y violaciones a los derechos humanos, "el Chino" se presentó en 2000 a su tercera elección, en la que su principal contendiente se retiró de la segunda vuelta alegando fraude Ante las protestas masivas y el estallido del "videoescándalo" de su asesor Vladimiro Montesinos, Fujimori tuvo que convocar a elecciones adelantadas, pero además inauguró una peculiar forma de renuncia: de viaje en Brunei para una reunión de la región Asia-Pacífico, huyó a Japón ?la tierra de sus padres? desde donde envió un fax
         En Paraguay fue paradójicamente un golpe de Estado el que abrió paso a la democracia, cuando en 1989 el general Andrés Rodriguez derrocó a su consuegro Alfredo Stroessner y unos años después convocó a elecciones La tentación del golpismo sin embargo no acabó ahí, particularmente encarnada en el general Lino Oviedo, quien en 1996 encabezó una asonada contra el presidente Juan Carlos Wasmosy, alegando que deseaba "hacer avanzar el proceso democrático"
         Acusado del asesinato del vicepresidente José María Argaña y de otro intento de golpe en 2000, escondido en Brasil y Argentina, Oviedo fue posteriormente detenido, juzgado y encarcelado, pero gradualmente exonerado de todos los cargos En 2008 participó sin éxito en el proceso electoral y, poco después de tomar posesión, el nuevo mandatario Fernando Lugo lo acusó de un nuevo intento golpista, esta vez en complicidad con el expresidente Nicanor Duarte, quien habría querido asumir un cargo de senador para evadir posible juicios por corrupción
         Un país que ha combinado magistralmente los golpes "modernos" con la institucionalidad, ha sido recientemente Ecuador Siguiendo un mismo patrón, un mandatario electo toma decisiones políticas y/o económicas que traicionan sus promesas de campaña y desatan la ira popular; entonces, el Congreso maniobra para buscar una salida "legal" y reinstaura, como si nada, el "orden constitucional"
         Esta serie se inició en 1997 con Abdalá Bucaram, quien a raíz de sus medidas económicas y conductas extravagantes fue declarado por el Congreso "mentalmente incapaz de gobernar" Sustituido unas horas por su vicepresidenta y luego elegido como interino el líder congresal, tan sólo ese día Ecuador tuvo tres presidentes "legales" Elegido en las urnas, en 2000 Jamil Mahuad también fue expulsado a raíz de su política económica por un confuso golpe protagonizado por indígenas y militares, entre los que destacaba el coronel Lucio Gutiérrez
         Su periodo lo completó Gustavo Noboa, quien sin embargo huyó del país en 2003 por cargos de corrupción Lo sucedió entonces por vía electoral el propio Lucio Gutiérrez, quien a su vez tuvo que huir de la furia popular y fue reemplazado por su vicepresidente Alfredo Palacio Una cierta estabilidad se ha instaurado desde que asumió la presidencia Rafael Correa, quien a fuerza de consultas, referendos y elecciones adelantadas ha modificado el Congreso, la Constitución y prolongado su mandato, ahora para disgusto de las derechas políticas
         Pero sin duda el que se lleva la palma en estas lides del nuevo golpismo es Hugo Chávez Autor primero de un golpe de Estado en 1992 y víctima diez años después él mismo de otro como presidente constitucional de Venezuela, ha logrado mantenerse ya diez años en el poder y abierto la posibilidad de reelegirse en forma indefinida, mediante la realización de siete ejercicios electorales que incluyen elecciones presidenciales y legislativas, referendos revocatorios y consultas sobre la modificación del Congreso y la Constitución Su intención: implantar el "socialismo del siglo XXI"
         Este modelo, seguido hasta ahora también exitosamente por sus pares de Bolivia y Ecuador, habría sido el detonante para el derrocamiento cívico-militar en Honduras del presidente José Manuel Zelaya, quien pretendía hacer una consulta para tantear las posibilidades de modificar la Constitución en perspectiva de una futura reelección Sólo que esta vez el Congreso, el Poder Judicial, los militares, los partidos, los medios de comunicación y hasta la Iglesia se adelantaron y lo sacaron de mala manera no sólo del poder, sino del país
         Los códigos sin embargo han cambiado y la arbitrariedad del hecho generó una repulsa internacional, que unió de manera insólita a actores políticos de signo contrario De nada sirvieron los argumentos presuntamente legales de los golpistas, que acusaron a su vez a Zelaya de cometer una ilegalidad Puede ser, pero no se guardaron las formas para dirimirla Como se ve en los casos precedentes, la democracia llega a ser muy elástica, pero no hay que estirarla tanto

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