Cuba y Estados Unidos: El alejamiento

lunes, 11 de enero de 2010

LA HABANA, 9 de enero (apro).- El romance diplomático entre los gobiernos de Barack Obama y Raúl Castro no duró ni un solo año. La luna de miel entre ambas administraciones se derritió, pese al intenso frío que se registró en estos días –en Playa Girón, provincia de Matanza, el termómetro marcó ¡4.5 grados Celsius!– y caló hasta los huesos, tanto en Cuba como en Estados Unidos. 
En tan sólo un mes, los modestos acercamientos –julio y septiembre– entre los dos gobiernos se derrumbaron. Es una cronología de ríspidos encuentros y constantes desencuentros entre Estados Unidos y Cuba, dos países sin relaciones diplomáticas desde 1962. 
Todo empezó el 5 de diciembre pasado, cuando el gobierno de La Habana detuvo a un contratista de la empresa estadounidense Development Alternatives, Inc. (DAI), quien repartía teléfonos celulares, computadoras y otros equipos de comunicación a grupos opositores en territorio cubano.
El funcionario, cuyo nombre ni Cuba ni Estados Unidos han hecho público, trabaja para DAI, uno de los grandes contratistas del Departamento de Estado, el Pentágono y la Agencia Internacional del Desarrollo de Estados Unidos (USAID).
Exactamente un mes después (5 de enero) de la detención del contratista estadounidense, el presidente Barack Obama anunció que Cuba formaba parte de una lista de 14 países que promueven el terrorismo internacional, cuyos viajeros serán sometidos a controles adicionales de seguridad en todos los aeropuertos.
El anuncio presidencial irritó a las autoridades de la isla y provocó una reacción iracunda en contra de la decisión del gobierno de Estados Unidos.
El mismo martes 5, el Ministerio de Relaciones Exteriores convocó al jefe de la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana, Jonathan Farrar, para entregar una nota de protesta, la primera en casi un año de la administración de Obama.
En el mismo momento, el jefe de la Oficina de Intereses de Cuba en Washington, Jorge Bolaños, hacía lo mismo en el Departamento de Estado.
En la nota, el gobierno que encabeza Raúl Castro Ruz rechaza su inclusión en la lista de Estados que promueven el terrorismo internacional y califica como una nueva “acción hostil” en contra de la Revolución cubana la nuevas medidas tomadas por la Administración de Seguridad del Transporte de los Estados Unidos.
Impugnó la elaboración de dichos listados y puso énfasis en los hechos que demuestran el récord impecable de Cuba en materia de enfrentamiento al terrorismo, del que ha sido, según la misiva diplomática, históricamente víctima.
Granma, el periódico del Partido Comunista de Cuba (PCC), se sumó a las críticas al mandatario de Estados Unidos.
Las medidas, que incluyen una exhaustiva inspección de pasajeros que procedan o hagan escala en los países considerados por el Departamento de Estado patrocinadores de terrorismo, fue calificado por Granma como de "paranoia antiterrorista".
Unas horas después de que el representante de Cuba en Estados Unidos entregó la nota de protesta al Departamento de Estado, el  portavoz del gobierno estadounidense, Philip Crowley, declaró:” Cuba tiene bien ganada su designación como Estado patrocinador del terrorismo". 
Y aún más: "Cuba es un país que apoya actividades terroristas y, por lo tanto, sus ciudadanos y viajeros en tránsito aéreo deben ser sometidos a controles suplementarios por motivos de seguridad".
Una segunda reacción por parte Cuba vino de Ricardo Alarcón, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular (Parlamento) y considerado el segundo hombre más importante en la estructura del gobierno.
En la mañana del pasado miércoles 6, Alarcón aceptó hablar con los corresponsales extranjeros acreditados en La Habana. En la breve entrevista acusó al contratista estadounidense de ser un hombre de los servicios secretos de Estados Unidos y lo vinculó directamente con la CIA.
Era la primera vez que La Habana reconocía explícitamente la detención del funcionario de Development Alternatives, Inc.
El exrepresentante de Cuba en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y exministro de Relaciones Exteriores fue más allá. Es "objeto de investigación'', afirmó tajante, y advirtió que se trata de ‘‘un señor contratado por una empresa que contrata para los servicios secretos norteamericanos''.
''Es una nueva constitución que hay en Estados Unidos, son agentes, torturadores, espías, que en la privatización de la guerra los contratan'', dijo puntual.
El mismo Crowley salió el miércoles a rechazar las acusaciones del parlamentario cubano. "Esta persona no está asociada con nuestros servicios de inteligencia", dijo el portavoz del Departamento de Estado de EU sobre el hombre que aún no ha sido identificado.
El jueves 7, el presidente de Development Alternatives, Inc., James Boomgard, hizo público un comunicado oficial en el que señala que el subcontratista detenido “no estaba trabajando para cualquier servicio de inteligencia”.
Reconoció que se encontraba en Cuba trabajando “en una solución pacífica” con grupos religiosos y culturales reconocidos por el gobierno cubano para mejorar su capacidad de comunicarse con sus miembros de toda la isla y el extranjero. 
“Sus actividades incluyeron la distribución de equipos básicos de comunicaciones, tales como teléfonos móviles y ordenadores portátiles diseñados para facilitar esta comunicación”, precisó.
La nota presentada por Cuba al Departamento de Estado se sumó, el pasado jueves 7, a una extensa declaración pública del Ministerio de Relaciones Exteriores en el que exigía la exclusión de la isla de una lista de 14 países presuntamente patrocinadores del terrorismo internacional.
La lista de países patrocinadores del terrorismo internacional fue difundida por la Administración de Seguridad del Transporte de los Estados Unidos. En ella se encontraba Cuba junto a Irán, Siria, Sudán, Afganistán, Argelia, Irak, Líbano, Libia, Nigeria, Pakistán, Arabia Saudita, Somalia y Yemen.
La declaración de la cancillería cubana revela que en los años de 1997, 1998, 2005 y 2006, Cuba colaboró con el FBI. Entregó cuantiosas evidencias sobre las explosiones con bombas en varios centros turísticos cubanos, y les permitió a los agentes del FBI viajar a La Habana para entrevistarse con los autores materiales de los hechos y algunos testigos presenciales.
“En varias ocasiones, las autoridades cubanas han dado a conocer al gobierno de Estados Unidos su disposición a intercambiar información sobre planes de atentados y acciones terroristas dirigidas contra objetivos en cualquiera de los dos países”, reconoce en el amplio texto.
El viernes 8 de diciembre el frío había congelado las posibilidades de un entendimiento amplio entre La Habana y Washington.
En los principales noticieros de televisión se veía a trabajadores de la Empresa Eléctrica y del Contingente “Raúl Roa”, así como a científicos del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología de Cuba (CIGB), cubiertos con gruesos abrigos.
Todos al unísono rechazaban que Cuba fuera un país que promovía el terrorismo y lanzaban consignas en contra de Estados Unidos.
Cuba y Estados Unidos son hoy una vez más los principales protagonistas de un nuevo capítulo de la llamada guerra fría. Se acusan mutuamente, como hace 20 años, de promover el terrorismo internacional y de  infiltrar espías a sus territorios.

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