Alevosía bélica

jueves, 14 de enero de 2010

WASHINGTON, 14 de enero (Proceso).- La estrategia antiterrorista de Barack Obama en Afganistán y Pakistán, denominada Predator Drone y conocida también como “guerra virtual” porque es coordinada desde las oficinas de la CIA en Washington por jóvenes especializados en tecnología satelital y en videojuegos, ha matado ya a más de 600 civiles inocentes. Los ataques con misiles desde aviones no tripulados, que ya suman más de 50, comenzaron tres días después de que Obama llegó al poder, y pese a sus precarios y criminales resultados, la CIA –que reparte miles de dólares entre los pobladores para obtener información que la mayor parte de las veces es falsa– tiene identificadas a 367 personas como “objetivos de eliminación”.

La CIA recibió del presidente Barack Obama una orden con dos objetivos esenciales en sus operaciones encubiertas en Afganistán: comprar información de quien fuera necesario, a cualquier costo, y utilizar el equipo militar más sofisticado para ubicar y destruir las células de Al Qaeda y de los talibanes, sostienen expertos y documentos de inteligencia.

En Afganistán, y específicamente en la región fronteriza que comparte este país con Pakistán, los integrantes de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) realizan tareas y estrategias antiterroristas que han generado un torrente de críticas al gobierno de Obama, pues cometen asesinatos indiscriminados de civiles inocentes, con la agravante de que a este tipo de hechos los catalogan como “daños colaterales”.

Desde las oficinas centrales de la CIA en Langley, Virginia, uno de los suburbios de Washington, D.C., jóvenes especializados en tecnología satelital y en videojuegos coordinan el programa u operación Predator Drone, el cual consiste en lanzar misiles Hellfire que transportan y disparan los aviones de espionaje Predator –los cuales no llevan piloto y se manejan a control remoto desde el lugar de los hechos o desde Langley– para destruir los lugares donde se hallan terroristas. Tales blancos son identificados en Afganistán o en Pakistán por decenas de agentes de la CIA que reparten entre la población millones de dólares para comprar “información de inteligencia”.

Cuestionado sobre el tema, Michael E. O’Hanlon, experto en asuntos de seguridad nacional de Estados Unidos en la institución Brookings, dijo a Proceso que “es crucial el papel de la CIA en Afganistán y Pakistán”.

Exanalista presupuestal del Departamento de Defensa y exasesor legislativo en gastos militares, O’Hanlon puntualizó que “en este tipo de guerra, como en cualquier otro tipo de guerra, el elemento más importante es ubicar al enemigo y decidir los métodos que se deben usar” en su contra.

O’Hanlon, quien después de la ofensiva terrorista del 11 de septiembre de 2001 se convirtió en uno de los expertos más respetados por el gobierno estadunidense en materia de seguridad y estrategias militares en Irak, Afganistán y Corea del Norte, manifestó que en estas situaciones es de la mayor importancia la información de inteligencia.

Y, en efecto, de acuerdo con los pocos documentos sobre seguridad nacional e información de inteligencia que ha dado a conocer el gobierno de Obama, la CIA se ha convertido en la espina dorsal de la estrategia antiterrorista de la Casa Blanca en Afganistán.

Aun cuando Obama sustentó su campaña presidencial en una plataforma política multilateral, menos intervencionista y acoplada a las leyes internacionales –a diferencia de las prácticas de George W. Bush en su lucha para acabar con Al Qaeda y su líder Osama Bin Laden–, documentos de inteligencia revelan que el actual mandatario, desde que asumió el poder el 20 de enero de 2009, dio a la CIA un cheque en blanco para hacer lo que quisiera en Afganistán y Pakistán.

Por ejemplo, un documento que desclasificó el Pentágono y que fue publicado en octubre establece que el 23 de enero de 2009 la CIA efectuó los primeros dos ataques de la operación Predator Drone, contra presuntos objetivos terroristas en la frontera afgano-paquistaní, que costaron la vida a cuatro supuestos operadores de Al Qaeda y a 20 civiles inocentes.

Por considerarlo “tema de seguridad nacional”, la Casa Blanca se negó a proporcionar el monto del presupuesto que otorgó Obama a la CIA para financiar la operación Predator Drone, así como el número de agentes desplegados en Afganistán y Pakistán.

A casi un año de iniciada la presidencia de Obama, y de acuerdo con un recuento de la revista The New Yorker –la primera publicación estadunidense que informó de la operación Predator Drone–, desde el 23 de enero de 2009 la CIA ha lanzado más de 50 ataques con misiles Hellfire en Afganistán y Pakistán, que han dejado un saldo de más de 600 civiles inocentes muertos y centenares de heridos.

El mayor logro de la CIA en esta misión ha sido hasta ahora la eliminación de Baitullah Mehsud –un líder de los talibanes asociado con Bin Laden–, que ocurrió el 5 de agosto en Zanghara, región sur de Waziristán, Pakistán. Antes de liquidar a Mehsud, la CIA había lanzado por lo menos 16 ofensivas con misiles contra supuestos refugios de este presunto terrorista, que resultaron ser pitazos falsos pero costaron la vida a 207 civiles inocentes, reportó The New Yorker.

Y es que “la única manera de localizar a los líderes de Al Qaeda y de los talibanes es por medio de la información de inteligencia que se recolecta en el lugar de los hechos”, explicó O’Hanlon en la entrevista telefónica que concedió a este semanario.

Decenas de muertos en un funeral

Con un presupuesto ilimitado que algunas organizaciones defensoras de los derechos humanos calculan en varios cientos de millones de dólares, los agentes de la CIA compran en Afganistán información que, sin tener ninguna garantía de veracidad, se convierte en sentencia de muerte para muchos niños, mujeres y hombres.

No obstante, O’Hanlon enfatizó que “la CIA fue diseñada con el propósito de desarrollar y explotar fuentes de información humana (espionaje), lo que es altamente crucial e insustituible en política antiterrorista”.

En Estados Unidos sólo publicaciones como The New Yorker han dado cuenta en detalle de las acciones encubiertas de la CIA en Afganistán y Pakistán, aunque organizaciones no gubernamentales como el Centro para una Nueva Seguridad en Estados Unidos (CNAS, por sus siglas en inglés) publican con periodicidad documentos desclasificados y confidenciales sobre las labores de los agentes estadunidenses.

Uno de dichos informes refiere que en junio de 2009 un grupo de agentes de la CIA gastó más de 500 mil dólares en la compra de información que le proporcionaron por lo menos 35 habitantes de una pequeña ranchería en las afueras de la provincia de Makeen, cerca de Waziristán.

El documento, que publicó el CNAS y que después fue corroborado por agencias de noticias internacionales y por The News de Paquistán, indica que la CIA tenía como objetivo ubicar y aniquilar a seis operadores de Al Qaeda en esa zona.

Con la información recolectada a cambio de dólares, el 14 de junio de 2009 la CIA determinó arrojar misiles sobre una casa, a las afueras de Makeen, donde presuntamente se encontraban reunidos los seis operadores de Al Qaeda. Pero en ese lugar sólo murieron cinco personas inocentes.

Nueve días más tarde, el 23 de junio, tras repartir decenas de miles de dólares, los agentes de la CIA emprendieron un nuevo ataque contra una supuesta reunión de terroristas que resultó ser el funeral de las víctimas del 14 de junio. Perecieron entonces 68 personas inocentes, en su mayoría niños, mujeres y ancianos.

O’Hanlon dijo que en el gobierno de Obama nadie podría negar que la CIA está comprando abiertamente a la gente en Afganistán y Pakistán, y que, pese a los daños colaterales, “no existe ninguna razón” para que la Casa Blanca ordene un cambio de estrategia. “Algunas veces se tiene que utilizar dinero para conseguir la cooperación de la gente”, subrayó.

El especialista de Brookings reconoció que, mediante la repartición de dinero que hace la CIA, siempre se corre el riesgo de comprar información falsa o fraudulenta, pero aseguró que los agentes de la CIA sólo recurren a fuentes que consideran importantes. “No van por la calle repartiendo billetes de cien dólares a la gente”, señaló.

Impunidad garantizada

Por tratarse de un asunto de seguridad nacional, y sobre todo de labores de espionaje de la CIA en el extranjero que ningún ente del gobierno federal estadunidense reconoce de manera oficial, no existe ninguna ley que regule o pida cuentas del dispendio que hacen los agentes para la compra de información.

Por este hueco jurídico y legal, los agentes de la CIA no enfrentan ninguna pena judicial por el asesinato de civiles, ya que, además, “oficialmente el gobierno de Estados Unidos no reconoce su presencia fuera de las fronteras estadunidenses”, puntualizó O’Hanlon.

Y es que bajo las leyes de Estados Unidos sólo el personal militar del Departamento de Defensa está autorizado para utilizar equipos como los misiles Hellfire y los aviones Predator. Pero el gobierno de Obama ha evitado que ello ocurra porque el Pentágono sí sería susceptible de investigaciones, denuncias y sanciones si perpetrara operativos criminales como los de la CIA.

La justificación “extraoficial” del gobierno de Obama de las acciones antiterroristas de la CIA en Afganistán y Pakistán, difundida en diversos medios mediante declaraciones de funcionarios cuya identidad no se reveló, es que son más efectivos los ataques de la CIA que las operaciones militares contra Al Qaeda y los talibanes.

“Hay ventajas comparativas que actúan a favor de la CIA”, sostuvo O’Hanlon al ser cuestionado sobre la efectividad del Pentágono y los agentes de la CIA en dichas operaciones antiterroristas. “La CIA con mayor frecuencia puede desarrollar y aprovechar fuentes humanas de información de inteligencia por el hecho de que es su especialidad, pero el Pentágono, aunque está atrasado en esto, también está mejorando su efectividad en la materia”, agregó el experto.

El general Michael Flynn, subdirector de Operaciones de Inteligencia de las Fuerzas de Asistencia para la Seguridad en Afganistán, publicó recientemente en el sitio de internet del CNAS un escrito donde sostiene que “los objetivos letales (de las operaciones con misiles) no son suficientes para ayudar a Estados Unidos y sus aliados a ganar la guerra en Afganistán”.

Bajo las leyes que regulan el desempeño militar del Pentágono en el extranjero, “no se puede lanzar ningún ataque contra una persona o personas hasta que ésta o éstas sean identificadas por dos fuentes humanas altamente efectivas y, a su vez, esta información sea corroborada con evidencia adicional y sustancial”. Esta es una norma contenida en el Manual de operaciones militares en el extranjero del Departamento de Defensa.

Mas como la CIA no está obligada ni sujeta a medidas similares, el resultado ha sido la muerte de cientos de civiles inocentes en Pakistán y Afganistán.

“El soldado o el civil (agente de la CIA) que se encuentra en el lugar de los hechos es regularmente la persona mejor informada sobre el ambiente que hay allí y las características del enemigo”, destacó el general Flynn.

Los objetivos de eliminación

Después de que el presidente Barack Hu-
ssein Obama autorizó a la CIA realizar los más de 50 ataques con misiles Hellfire en Afganistán y Pakistán, en esta guerra virtual –como también se conoce a la operación Predator Drone– la CIA ha identificado a 367 personas como “objetivos de eliminación”.

Aunque esta cifra fue dada a conocer en agosto pasado dentro de un informe del Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara de Senadores, la identidad de dichas personas se mantiene en secreto por ser materia de seguridad nacional. De ellas, alrededor de 50 afganos son catalogados como narcotraficantes que apoyan financieramente a los talibanes. El resto son presuntos súbditos de Bin Laden y operadores de Al Qaeda.

Hasta la fecha, entre todos los “objetivos de eliminación” sólo se destaca el nombre de Mehsud, mientras que la CIA presume extraoficialmente como un logro de su cacería indiscriminada la muerte de Saad Bin Laden, uno de los 15 hijos del fundador y líder de Al Qaeda.

Los reportes noticiosos del asesinato del hijo de Bin Laden sostienen que Saad, quien nació en 1979, abandonó Irán a finales de 2008 para reubicarse cerca de Waziristán, en donde cayó víctima de los misiles en julio de 2009.

Pese a las críticas por los asesinatos de civiles inocentes y los pocos resultados efectivos de la operación, O’Hanlon adelantó que el gobierno de Obama no dará marcha atrás en la participación de la CIA en la guerra contra el terrorismo.

“Estas son el tipo de operaciones que permiten a Estados Unidos usar un poder más selectivo. Con la depuración de la información de inteligencia que se obtiene, se podrá mejorar la identificación de objetivos genuinos y reducir el riesgo de afectar o dañar a civiles inocentes”, concluyó O’Hanlon.

Este reportaje se publicó originalmente en la edición 1732 de la revista Proceso que empezó a circular el 9 de enero.