Historia del asesinato de un periodista y del enjuiciamiento a 12 represores argentinos

sábado, 9 de enero de 2010

BUENOS AIRES, 9 de enero (Proceso).- Por el delito de “secuestro y posterior desaparición forzada” del periodista y escritor Rodolfo Walsh, así como por “la sustracción de todos sus bienes y parte de su obra literaria”, la justicia argentina enjuicia a 12 represores de la Escuela de Mecánica de la Armada (Esma), entre los que destacan Jorge Acosta, Alfredo Astiz y Ricardo Miguel Cavallo. Las investigaciones judiciales y los testimonios de amigos, familiares y exprisioneros permiten reconstruir con detalle la emboscada y el asesinato del periodista argentino, cuyo cuerpo –casi 33 años después– aún no aparece, pero cuya obra no sucumbió a la censura ni a las balas.

Como último legado el periodista argentino Rodolfo Walsh dejó el texto titulado Carta de un escritor a la Junta Militar. Lo escribió el 24 de marzo de 1977, un día antes de su desaparición. Fue su último acto de libertad.

Walsh envió dicha carta a las redacciones de diarios argentinos y a corresponsales extranjeros. En ella explicó que “la censura de prensa, la persecución a intelectuales, el allanamiento de mi casa en el Tigre, el asesinato de amigos queridos y la pérdida de una hija que murió combatiéndolos (a los miembros de la Junta Militar), son algunos de los hechos que me obligan a esta forma de expresión clandestina después de haber opinado libremente como escritor y periodista durante casi treinta años”.

Acusó a los militares de implantar “el terror más profundo que ha conocido la sociedad argentina”. Y apuntó “la cifra desnuda de ese terror”: 15 mil desaparecidos, 10 mil presos, 4 mil muertos, decenas de miles de desterrados.

Increpó a los militares que “mediante sucesivas concesiones al supuesto de que el fin de exterminar a la guerrilla justifica todos los medios que usan, han llegado ustedes a la tortura absoluta, intemporal, metafísica en la medida que el fin original de obtener información se extravía en las mentes perturbadas que la administran para ceder al impulso de machacar la sustancia humana hasta quebrarla y hacerle perder la dignidad que perdió el verdugo, que ustedes mismos han perdido”.

Sostuvo que “estos hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado, no son sin embargo los que mayores sufrimientos han traído al pueblo argentino ni las peores violaciones de los derechos humanos en que ustedes incurren. En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada”.

Walsh firmó la carta con su nombre y número de cédula –C.I. 2845022–, lo cual fue contrario a las medidas de seguridad del grupo subversivo Montoneros, al que pertenecía.

Para esas fechas –fines de 1976– era claro el choque de ideas entre el periodista y la organización guerrillera, pero Walsh sabía de la enorme importancia del carácter testimonial de su carta, dice en entrevista con Proceso Daniel Link, editor de los textos de Walsh recuperados de la Escuela de Mecánica de la Armada (Esma) –centro de detención y tortura instalado por el régimen militar– y recopilados por Ediciones de la Flor.

Su carta fue un desplante que osciló entre el heroísmo y el suicidio. La escribió “sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles”, concluye la misiva.

Los asesinos de Walsh tienen nombre y apellido. Por su desaparición el juez federal Segio Torres procesó a Jorge Acosta, Alfredo Astiz, Ricardo Miguel Cavallo, Pablo García Velazco, Jorge Radice, Juan Carlos Rolón, Antonio Pernías, Julio César Coronel, Antonio Febres, Ernesto Weber, Orlando Generoso y Carlos Fotea, todos integrantes del Grupo de Tareas (GT) 3.3.2. de la Esma.

Este es un extracto del reportaje que se publica en la edición 1732 de la revista Proceso que ya se encuentra en circulación.