La salud de Kirchner, su peor enemigo

miércoles, 27 de octubre de 2010

MÉXICO, D.F., 27 de octubre (apro).- El pasado 24 de septiembre, la agencia Apro, difundió un reportaje en el que la corresponsal Josefina Licitra hizo un recuento de la agitada actividad política del expresidente Néstor Kichner en su intento por conquistar, por segunda ocasión, la presidencia de Argentina, así como los principales retos que tendría que enfrentar para conseguir su objetivo, entre ellos, su grave estado de salud. A continuación se reproduce íntegro el texto:

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A lo largo del último año, el exmandatario Néstor Kirchner tramó todo tipo de estrategias para llegar como candidato fuerte a las elecciones presidenciales de 2011. Estrechó lazos con la dirigencia sindical, tejió alianzas con los referentes provinciales, comandó actos convocados por la juventud kirchnerista y presidió el Partido Justicialista Nacional. Pero desoyó la voz del único actor que puede dejarlo afuera de la contienda electoral: su propio cuerpo.
Este descuido tiene consecuencias, y son cada vez más severas. El pasado sábado 11 de septiembre, Kirchner entró al quirófano por segunda vez en lo que va del año. Ya había sido internado en febrero de 2010 por un accidente cerebro vascular (ACV). Y en esta última oportunidad debió hospitalizarse por una intervención coronaria supuestamente programada: debían destaparle una arteria y colocarle un stent.
Sin embargo, hay dudas sobre el carácter “programado” de esta internación. A pesar de que la presidente Cristina Fernández se esforzó por disipar cualquier inquietud (“hay Néstor Kirchner para rato” dijo luego de la intervención), trascendió que lo ocurrido al expresidente habría sido un preinfarto. Además, algunos de sus allegados se animaron a admitir, off the record, que la carrera presidencial del kirchnerismo deberá enfrentar un factor que no estaba dentro de los planes: el estado de salud del candidato. Una fuente reservada se lo graficó al diario Perfil (de corte opositor) de un modo descarnado: "Ya no hace falta que lo vuelvan a operar. Un estornudo bastaría para que Néstor Kirchner pierda la opción de volver a la Casa Rosada."
Si el “estornudo” ocurriera sólo habría dos opciones: una candidata podría ser Cristina Fernández, quien apostaría a un segundo mandato, que le impediría volver a postularse en el 2015, y otra alternativa podría ser el actual gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, quien representa una versión muy edulcorada del kirchnerismo.
Scioli ha sabido mantenerse afuera de los planteos maniqueos del gobierno nacional en temas clave como el campo y el Grupo Clarín.  Por este motivo, todo hace pensar que la candidatura de Cristina Fernández sería la única opción segura para las ambiciones de continuidad que el Matrimonio K tiene para el 2011.
Por este tipo de ecuaciones –que incluyen sólo a tres actores, dos de ellos cónyuges entre sí-- se cree que los problemas de salud de Néstor Kirchner dejan al descubierto una debilidad no sólo orgánica, sino también partidaria. Sin Kirchner, queda claro, no hay kirchnerismo. De ahí que su círculo personal y político se empeñe en minimizar la gravedad de las enfermedades que lo aquejan y también insista en sobreactuar su recuperación. “Fue menos grave que sacarse una muela”, aseguró el canciller argentino Héctor Timerman, por dar un ejemplo.
Este encubrimiento trae riesgos. “Lo que sucede con la salud de Néstor Kirchner es realmente preocupante”, advierte a Apro el periodista y médico neurocirujano Nelson Castro. “Estamos frente a alguien altamente vulnerable: cuando era presidente tuvo una úlcera, hace unos meses tuvo problemas serios con la carótida y ahora sucede este episodio. Además, no está cuidándose como debiera porque, como suelen hacer las personas con poder, intenta mostrarse como un superhombre sin tener en cuenta su estado de salud.”
Castro es considerado uno de los tres periodistas más creíbles del país –según una encuesta del Foro de Periodismo Argentino (Fopea)-- y es autor de Enfermos de poder, un libro donde se analiza cómo el ejercicio brutal de la presidencia tuvo consecuencias clínicas severas en diez mandatarios argentinos que ejercieron su cargo en distintas épocas. Entre ellos está Néstor Kirchner.
“Para estas personas, el poder es una adicción de tal fuerza que supera a la natural actitud de preservación de la vida -explica Castro-. La actividad que tuvo Kirchner después de su última intervención está totalmente contraindicada en una persona con problemas cardíacos. Lo preocupante es que la consecuencia de esta negligencia puede pagarla la sociedad entera.”

Maratón
Néstor Kirchner no descansó tras su intervención coronaria. Veinticuatro horas después de la angioplastia –y tres horas antes del alta programada--, el exmandatario ya estaba confirmando públicamente su aparente buen estado de salud. “Estoy perfecto” dijo a la prensa a través de la ventanilla del auto que lo retiraba anticipadamente de la clínica. Pero se le veía demacrado.
    El segundo día tras su operación, Kirchner ya estaba en la quinta presidencial de Olivos recibiendo a un grupo de diputados kirchneristas y hablando por teléfono. Mientras tanto, Cristina Fernández enviaba mensajes por Twitter y en uno de ellos, sin darse cuenta, desmentía la versión oficial de que el expresidente había sido intervenido de un modo programado: “Lo estuve retando un poco. Hace demasiado esfuerzo físico”, escribió.
Al tercer día –el martes 14-- el matrimonio Kirchner ya estaba de pie en un acto multitudinario realizado por la juventud kirchnerista en el estadio Luna Park. Aun cuando Kirchner estaba sedado y no pudo ser el orador principal del acto, esa aparición intentaba transmitir tranquilidad dentro de las “filas K”.
El cuarto día, el expresidente estuvo más de cuatro horas en un almuerzo con los editores de diarios del interior del país --todo un logro para el matrimonio: entre los invitados había miembros de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), una asociación de mala relación con los K-- y luego se reunió con un intendente bonaerense. Días después fue a visitarlo Diego Maradona. Y, para el momento del cierre de esta edición, estaba previsto que Kirchner viajara con Cristina Fernández la cumbre de la ONU, en Nueva York.
Para su regreso de Estados Unidos, Kirchner tiene previsto un acto en Santa Cruz –su provincia natal-, una aparición en el Conurbano y una reunión del Partido Justicialista en la provincia de Mendoza.
    El entorno presidencial mantiene una actitud dual respecto de este tipo de maratones: por un lado, necesitan que Kirchner se muestre activo ante su electorado y también ante el Partido Justicialista. Por otro, les preocupa que este tipo de corridas deriven en problemas clínicos mayores. Sobre todo porque las afecciones coronarias ni siquiera son las únicas dolencias de salud que aquejan al expresidente.  
    El periodista santacruceño Daniel Gatti, autor del libro El amo del feudo –una biografía no autorizada del exmandatario-- echa algo de luz sobre la historia clínica de Kirchner, que siempre se mantuvo en reserva como si fuera secreto de Estado.
De acuerdo con el libro, la salud del expresidente viene dando vuelcos desde el año 1987, cuando se le detectó “colon irritable”. Ese mismo año, durante las elecciones a intendente en Río Gallegos –capital de la provincia de Santa Cruz, de la que es oriundo Kirchner-, Gatti asegura que el exmandatario, “quien siempre refleja en el cuerpo los miedos, durante las últimas y angustiosas horas, luego del cierre de los comicios sufrió varios desmayos”.
Casi una década más tarde (en 1996), cuando recién comenzaba su segundo mandato como gobernador de Santa Cruz, Kirchner habría tenido una úlcera sangrante que se “maquilló” diciendo que había sido una operación de hemorroides. Algo similar sucedió en el año 2004, cuando ya era presidente de la Nación. Pocos días después de una masiva marcha “contra la inseguridad” –que reunió a 150 mil personas en la Plaza de los Dos Congresos-- tuvo una gastroduodenitis erosiva hemorrágica que terminó con una internación secreta, y transfusiones de dos litros y medio de sangre, algo que jamás se admitió oficialmente. Cada vez que suspendió actividades oficiales por razones de salud, se aludía a "molestias" digestivas o comidas que le habían caído mal.
Meses después, luego de un escandaloso incendio en un boliche --que quedaría en la historia como “la tragedia de Cromañón”, donde murieron 184 jóvenes que iban a escuchar una banda de rock-- Kirchner tuvo una nueva internación en Santa Cruz.
En el año 2008, un día antes de que Julio Cobos –vicepresidente de Cristina Fernández-- definiera una disputa entre el gobierno y el campo votando a favor del segundo en el Senado, Kirchner sufrió otra descompensación y debió ser atendido en una clínica privada.
Por último, en el transcurso de este año ya van cuatro episodios, algunos relacionados con coyunturas políticas complejas. El pasado mes de febrero, Kirchner fue operado de la carótida derecha, tras un ACV que se desencadenó en plena crisis del gobierno con el Banco Central de la República Argentina (distintos jueces habían avalado al entonces titular del BCRA, Martín Redrado, para que no se usaran las reservas de la entidad para el pago de la deuda externa).
En agosto, lo internaron tres veces: la primera por un pico de presión y la segunda por un malestar intestinal relacionado con su colon irritable. Ambas fueron en secreto. El tercer episodio –el pasado 11 de septiembre-- ocurrió luego de que Kirchner mantuviera una fuerte pelea con el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, y después de que tuviera dos fuertes discusiones con Cristina Fernández (ella le reprochaba que el informe sobre Papel Prensa, realizado por el “ladero K” Guillermo Moreno, finalmente no incluyera pruebas que permitieran condenar por delitos de lesa humanidad a Héctor Magneto, CEO de Clarín).
Esta especie de “prontuario clínico” abre por lo menos dos preguntas que estos días circulan por los medios de comunicación y los circuitos políticos argentinos: ¿Cuán riesgosa podría ser para Kirchner su candidatura, teniendo en cuenta la energía que demandan las actividades proselitistas y la agresividad que tendrá la futura campaña electoral? ¿Cuán riesgoso es para un electorado acompañar con el voto a un candidato que podría dejar su cargo?
“La historia clínica de los candidatos debería ser pública, como en Estados Unidos, porque se trata de la salud de una persona cuyas acciones perjudican a la sociedad, advierte el periodista Nelson Castro.
“Yo siempre pongo un ejemplo exagerado para que se entienda: si tuviéramos un presidente alcohólico o adicto a las drogas, se trataría de un gobernante con una conducta fuertemente afectada y eso repercutiría en la sociedad. Por eso, la gente tiene derecho a conocer la salud de un político que aspire a gobernar o gobierne.”

A favor y en contra
La debilidad física de Néstor Kirchner podría desencadenar dos tipos de respuesta electoral. Por un lado, los votantes podrían quitarle el apoyo a una figura menguante. Pero, por otro, hay analistas que aseguran que la imagen pública de Kirchner podría verse fortalecida si el expresidente sabe capitalizar su debilidad. Esto es: si deja de negar sus problemas de salud y, aunque sea para cuidar su sistema coronario, deja de confrontar permanentemente con quienes no opinan como él.
Analía del Franco, directora de la consultora Analogías, cree que la fragilidad de un candidato puede dar una sensación de “cercanía” entre la gente y el político. Ya sucedió el pasado mes de febrero, cuando Kirchner levantó su imagen entre 10 y 12 puntos luego de sufrir el ACV. “Pese a ser muy conflictivo, Kirchner aparece como alguien capaz de hacerse mala sangre y sufrir como cualquiera”, explica a Apro.
“Es cierto que esa proximidad que se genera con el electorado viene acompañada de miedo: si le ocurriera algo sería un gran riesgo para el país. Pero no hay que tomarlo con dramatismo. No estamos hablando de una enfermedad terminal. Los problemas de Néstor Kirchner son propios de la gente activa”, agrega.
    Sergio Berensztein, director de la consultora Poliarquía, no está de acuerdo con la idea de que la salud del expresidente sea un factor “humanizante”. “Para que esto suceda, Kirchner debería mostrarse débil y bajar el ritmo de trabajo. Pero él hace todo lo contrario”, subraya ante Apro.
“Su actitud al salir de la clínica sugiere que va a seguir por el camino de la negación”, destaca.
    Para Berensztein el principal factor electoral para ganar los comicios de 2011 no es la salud presidencial, sino la gestión de gobierno. El kirchnerismo, dice, tiene problemas políticos importantes: una clase media rural en contra, una última derrota electoral (en los comicios legislativos), serias dificultades para controlar la inflación, fallas graves en la seguridad ciudadana y problemas estructurales como el de la salud y la educación públicas. “Frente a eso, su problema coronario es un tema marginal” advierte Berensztein.
Quedan varios meses para saber si es cierto.

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