Italia: la noche de Iván El Terrible

domingo, 31 de octubre de 2010

MILÁN, 31 de octubre (apro).-  La noche del miércoles 13, aficionados de Italia y Serbia se quedaron literalmente con las apuestas en la mesa. Las caras de frustración en el estadio de futbol “Luigi Ferraris” de la ciudad de Génova se repetían en bares de las ciudades de ambos países, donde no daban crédito a la decisión que en punto de las 21:21 horas el árbitro escocés Craig Thomson tomaba: suspender el partido que se estaba jugando para las eliminatorias de la Eurocopa 2012.

El juego, programado en un inicio a las 20:45 horas, comenzó a retrasarse por desmanes a las afueras del estadio. Las autoridades policiacas y futbolísticas dieron media hora de gracia, esperando que las cosas se calmaran. A las 21:15 comenzaba el encuentro con las alineaciones previstas, sólo había un cambio, el del portero serbio Vladimir Stojkovic, a petición de él mismo por las constantes amenazas de los ultranacionalistas de su país contra su persona.

Entonces, cuando apenas se habían cantado los himnos de las dos naciones y había sonado el silbato de inicio, un grupo de encapuchados ya hacía de las suyas desde las tribunas. Quemaban pancartas, escalaban las paredes que separan los lugares más cercanos y uno de ellos, con pasamontañas y navaja en mano, cortaba las redes de protección del estadio Ferraris.

Ahí estaba a la vista de todos, las cámaras de televisión no dejaban de tomarlo, ya se había identificado el de la voz cantante: vestido de negro con una calavera estampada en la playera, corpulento, dejando ver sus brazos llenos de tatuajes y asomando sólo los ojos azules por la máscara negra. Cuando no levantaba el dedo medio de ambas manos, con la mano derecha hacía el símbolo del nacionalismo serbio (alzando la mano derecha mostrando tres dedos, que aunque era el símbolo de los cétnicos, se hizo famoso durante la guerra en Bosnia).

El estadio completo lo veía. Parecía que no importaba más el juego, todos, hasta los jugadores, seguían con la vista al enmascarado. Detrás de él una gran bandera roja con el símbolo del águila cétnica, asomada desde las tribunas de la porra serbia, donde decenas de jóvenos festejaban los desmanes, hacía de escenografía. El del pasamontañas continuaba gritando y destruyendo, otros ultras lo seguían. Los petardos, que en un inicio iban dirigidos hacia la porra italiana, comenzaron a caer al campo… Los ultras seguían avanzando.

A los seis minutos de haber comenzado el partido, el silbato sonó y éste se dio por terminado. Los jugadores regresaron escoltados a los vestidores. Afuera la lucha seguía…

Pasaron algunos minutos para desalojar el Ferraris de Génova y controlar los desmanes dentro y fuera del estadio, donde ya había pequeños incendios y varios vidrios rotos. Mientras técnicos y jugadores lamentaban los hechos, la policía instrumentaba el operativo para detener a los revoltosos. Al día siguiente se daba el saldo del partido no jugado:

Italia-Serbia: 16 heridos, 800 petardos y 600 luces de bengala confiscados, y 35 ultras detenidos, entre los que se encontraba el hombre del pasamontañas, identificado por los tatuajes en los brazos: Ivan Bogdanov, que inmediatamente después los medios italianos bautizaron como Iván “el terrible”, un hombre que resultó un joven de 29 años, desocupado, con apenas la secundaria terminada, sin esposa y sin hijos, y que en Belgrado todavía vivía con sus padres.

Iván, que hasta el número de seguidores en Facebook le contaron los medios (más de mil 400), para la policía italiana también resultó con antecedentes penales en Serbia: pleitos, agresiones a oficinas públicas, comportamiento violento y posesión de droga: 11.6 gramos de mariguana para uso personal.

Sin embargo, el dato más importante en su ficha fue que Iván opera también como el lugarteniente del llamado comandante Marko Vuckovic, líder de los Ultra Boys de la Estrella Roja (grupo extremista y militante), calificado como un malviviente que en el 2000 participó en varias manifestaciones cuando cayó el entonces presidente Slobodan Milosevic.

Desde el penal de Pontedecimo, la cárcel para mujeres a la que Iván y los otros fueron traslados, porque en aquella para hombres esa noche estaba llena, se defendió al día siguiente del partido no jugado: “No tengo nada contra Italia, pero sí con mi equipo, porque Serbia no debe entrar a la Unión Europea y no debe participar en la Eurocopa del 2012, nuestro objetivo era propio, que el partido no se jugara”.

El mismo discurso sostuvieron otros detenidos serbios: “Quisimos detener el partido porque queremos recuperar Kosovo”, dijo otro detenido que no quiso dar su nombre a la prensa. De ahí pasan a la historia cuando en 1389 se llevó a cabo la batalla de Kosovo contra el ejército otomano. Lo recuerdan como parte de su nacionalismo. Y atacan al portero, a quien atribuyen haber pertenecido a la Estrella Roja y haber jurado nunca jugar en el Partizan (un equipo de Belgrado) “ni por cien millones y en cambio lo hizo… Es un traidor, un villano”, dicen.

Serbia presentó oficialmente su solicitud de adhesión a la Unión Europea en diciembre pasado, y aunque sería hasta 2012 cuando esta nación reciba el título oficial de candidato para poder ser miembro hasta 2016, la atención se centraba más bien en el 25 de octubre pasado, cuando el caso serbio se trató en el consejo de la Unión Europea programado para ese día.

En dicha reunión, los ministros del exterior de toda la Unión Europea desbloquearon la petición de adhesión de Serbia, turnando a la Comisión Europea la solicitud, donde analizarán el caso condicionando a este país a colaborar con el Tribunal Internacional de la Haya, para que todos los criminales de guerra puedan ser capturados. Sólo así Serbia podría obtener su estatus de país candidato a entrar a la Unión Europea dentro de un año.

De ahí que los ultranacionalistas aprovechan cualquier encuentro, sea cultural, civil o deportivo, para manifestarse y causar destrozos, como ocurrió también el pasado domingo 10, apenas tres días antes del encuentro de futbol en Italia, cuando en la primera marcha por el “orgullo gay” también hubo un choque en pleno centro de Belgrado, donde se atacaron las embajadas de Austria y Francia, así como la sede del Partido Democrático al cual pertenece el presidente Boris Tadic.

De acuerdo con datos de la policía italiana, cotejados con aquellos de la policía serbia, Iván es utilizado por las mafias balcánicas para pequeños robos, narcomenudeo y algunas extorsiones. Incluso después de los hechos en Génova se abrió una investigación en contra de Iván “el terrible” y su grupo de hinchas, pues de acuerdo con algunas investigaciones, éstos hubieran sido pagados por algunos capos de la mafia serbia.

La semana del desencuentro futbolístico en Génova, algunos periódicos como ‘Vecernje Novosti’ y ‘Politika’ en Belgrado publicaron que los hinchas ultranacionalistas encabezados por Iván Bogdanov habrían recibido el pago de 200 mil euros por realizar los desmanes en Italia, pago proveniente de la mafia balcánica.

El periódico Belgrado Alo del 16 de octubre señaló también que “potentes hombres de negocios habrían pagado 15 mil euros a los aficionados ultranacionalistas para agredir al portero Vladimir Stojkovic”. De acuerdo con el cotidiano, 30 ultras obtuvieron 500 euros por persona para llevar a cabo dichas agresiones.

“En este caso existe una conjunción entre criminalidad, nacionalismo extremo y política que se está investigando”, dicen a Apro investigadores desde Milán, que siguen parte del caso, porque en esta ciudad precisamente, hoy se sabe, el grupo de ultranacionalistas llegó 15 días antes del encuentro.

Así, lo que empezó como un acto de violencia entre aficionados de futbol, hoy continúa siendo un problema diplomático entre las dos naciones involucradas, pues mientras Serbia culpó a los italianos de no haber cuidado completamente la seguridad y no medir verdaderamente los riesgos del encuentro, Italia sigue reuniendo pruebas en su propio territorio, quejándose de que Serbia no hubiera mandado la información completa, además de no haber cuidado correctamente su frontera.

La misma noche de la violencia desatada en Génova, el presidente serbio Boris Tadic llamó por teléfono al Primer Ministro Silvio Berlusconi, con quien se disculpó de los hechos. Berlusconi dijo aquella noche que Italia no tenía ninguna responsabilidad de lo ocurrido.

Los golpes bajos vinieron del segundo nivel, pues mientras Roberto Maroni, ministro del Interior en Italia, señalaba que “el fax de la autoridad serbia llegó un día antes del encuentro sólo con información de rutina”, su homólogo en Belgrado, Ivic Dacic, decía: “La policía italiana podía hacerlo mejor. No debería de haber permitido a los hinchas entrar al estadio con esas cosas (petardos y bengalas). En Belgrado eso no hubiera sucedido”.

Los reclamos fueron más allá, pues Maroni, quien defendió el hecho de haber evitado una tragedia como la de Heysel en 1985, el estadio de Bruselas donde murieron 39 personas durante el encuentro entre la Juventus y Liverpool, criticó a su vez a las autoridades de la UEFA, que no ha exigido a todos los países que adopten la medida que en Italia es vigente desde hace algunos meses para los aficionados del futbol, es decir, las credenciales a los seguidores de los equipos que sirve para saber quién integra las diferentes porras.

De hecho, fue después de los encuentros violentos dentro y fuera del estadio “Luigi Ferraris” de Génova que el gobierno de Serbia envió al italiano una investigación para descubrir quién financia los movimientos de extremistas como “Obraz”, “Movimiento popular 1389”, “Srpski dveri”, “Ultras Boys” y otros, pues se estima que en Serbia pertenecen a ellos más de 3 mil jóvenes, los cuales son considerados también como “ejércitos privados al servicio de la criminalidad”.

La policía italiana hoy tiene la seguridad de que los hinchas serbios preparaban una revuelta en Italia, específicamente en Génova, el día del partido entre las selecciones de Italia y Serbia, la noche del 13 de octubre, que apenas 6 minutos después de haber comenzado, se tuvo que suspender por las agresiones a los jugadores y las escenas de violencia dentro y fuera del estadio.

De acuerdo con las investigaciones, los también llamados “hijos de la guerra” viajaron con 15 días de anticipación a Italia, donde en la ciudad de Milán tuvieron sus primeros encuentros con grupos ultranacionalistas italianos, después se fueron a Génova para el partido.

Paolo Berizzi, periodista e investigador de los grupos ultranacionalistas en Europa, sostiene que en ambos países, Italia y Serbia, se trató con ligereza esta situación que pudo haber tenido peores resultados.

“Aproximadamente un grupo de 120 ultras de Serbia reservó desde mediados de septiembre un hostal en la ciudad de Milán, donde se reunieron con otros grupos ultras italianos (Hellas de Verona y Vicenza), pero no nada más eso, los carabineros recibieron un día antes del partido una llamada del responsable del hostal, porque estos jóvenes, ya ebrios, comenzaron a hacer destrozos. Cuando los carabineros llegaron, los serbios ya iban de camino a Génova”, señala Berizzi a Apro.

Luca Zanoni, experto en Europa del Este, explica a esta reportera que existe evidentemente una sombra en los esfuerzos de Serbia por parte de algunos grupos que buscan claramente que este país no se integre a la Unión Europea con un falso patriotismo lleno de rabia y de violencia.

“Serbia no podrá salir de sus crisis sola, necesita de la comunidad internacional. De ahí que la Unión Europea deba ayudar a la Serbia progresista, la que quiere las reformas democráticas, y ayudarla también a hacer las cuentas con los grupos de ultraderecha que aprovechan la vitrina internacional para mandar mensajes políticos al gobierno de Belgrado”.

Las investigaciones siguen abiertas para saber la responsabilidad de cada gobierno. Los ultras detenidos siguen en la cárcel de Pontedecimo y desde ahí dicen que quieren ser juzgados en Italia, porque confían más en las autoridades italianas que en aquellas de su país. Del partido entre Serbia e Italia, todavía no se decide si se volverá a jugar.

La moneda sigue en el aire.

 

cvb

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