Los Nini de Venezuela

martes, 5 de octubre de 2010

MÉXICO, D.F., 5 de octubre (apro).- A diferencia de los nini de México, como se les ha dado en llamar a los jóvenes que ni estudian ni trabajan, en Venezuela se denomina así a los ciudadanos –y potenciales electores– que no apoyan expresamente ni a Hugo Chávez ni a la oposición antichavista, pero que probablemente jugaron un papel determinante en los resultados de las elecciones legislativas del pasado 26 de septiembre.

         Criticados por las partes contendientes por su “falta de compromiso”, pero al mismo tiempo cortejados por ambas para atraerlos a su bando, muchos analistas los consideran simplemente como integrantes de ese sector poblacional que siempre ha existido en Venezuela y, de hecho, en todo el mundo: apartidista, políticamente apático y proclive a la abstención, pero al que ahora, ante la polarización, se ha buscado ponerle un nombre.

         Bajo el título “¿Es usted un Ni-Ni?”, tres días antes de los comicios, en el periódico El Universal de Caracas, José Luis Méndez la Fuente consignaba que “en Venezuela nos encanta inventar estereotipos jocosos en medio de una situación políticamente importante”; entonces, “lo serio se vuelve risible y lo risible se analiza y estudia como si fuera un descubrimiento estadístico de última hora”. En realidad, recordaba el articulista, el término surgió en torno del referendum revocatorio de 2004, cuando la población entrevistada decía no identificarse ni con el “SÍ” ni con el “NO”.

         Pero de repente, “los Ni-Ni lo invadieron todo y se revelaron como la gran explicación a las dudas sobre los resultados electorales. Inclusive se propaló la idea de que en el fondo los Ni-Ni eran antichavistas que temían manifestar sus opiniones en público”. Sin embargo su trascendencia fue tal, dice Méndez la Fuente, “que varias encuestadoras recogieron luego el término como categoría político-electoral y empezaron a preguntar a la gente si se definía como Ni-Ni”.

         Aunque otras encuestadoras venezolanas como GIS XXI y DataAnálisis ya habían hecho también este ejercicio en meses previos a los comicios legislativos, fue un estudio realizado por la consultoría Hinterlaces y divulgado la víspera por varias agencias noticiosas internacionales, entre ellas Notimex, el que creó una percepción generalizada de que un segmento cada vez más mayoritario de la población de Venezuela no está ni con Hugo Chávez ni con la oposición antichavista.

         Según esta firma de estudios de opinión y mercadeo, que al calce de su nombre se ostenta como “Agencia Venezolana de Inteligencia”, alrededor de 50% de la población no simpatiza ni con unos ni con otros, pero tampoco encuentra un proyecto alternativo con el que identificarse. De hecho, hasta 74% de los interrogados habría expresado su deseo de que surjan nuevos líderes, con nuevas ideas, “pero que unifiquen, en vez de dividir”.

         Según el sociólogo Oscar Schemel, que encabeza Hinterlaces, hay un creciente malestar social y un proceso de desencanto, porque problemas como la inseguridad, la violencia, la inflación o el desempleo se agravan y no se ven soluciones, sino sólo la radicalización –por ambas partes– del discurso ideológico. Los Ni-Ni, dice Schemel, responden precisamente a esta polarización; quieren una propuesta nacional, viable, y no chavista o antichavista.

         “No quieren el chavismo, porque lo consideran clientelar y confrontativo, y además sus programas sociales han demostrado ser ineficaces, pese a los multimillonarios recursos petroleros que se han invertido en ellos”, aclara el sociólogo, “pero tampoco gustan de la actual oposición, porque su posición es básicamente de derecha y su único discurso el antichavismo, sin ofrecer un proyecto alternativo de desarrollo. Se trata sólo de un conjunto de partidos con intereses políticos y económicos propios, no nacionales”.

         Según el último sondeo de su firma, que coincide fundamentalmente con los de otras casas encuestadoras, 40%  de los interrogados se había declarado como Ni-Ni, 29% como chavista, 26% de oposición y 5% no respondió o dijo no saber. Ante estas cifras y dada la elevada afluencia de votantes el día de los comicios, cabe suponer que muchos Ni-Ni o indecisos acabaron por concurrir a las urnas y emitir su voto por la parte que les desagradaba menos. Cuántos y quiénes, es imposible de saber, pero a la luz de los resultados, se convirtieron en el fiel de la balanza.

         En un escenario de dicotomía, a la hora de votar la acción u omisión –ya fuera por abstención o por voto en blanco– de un conglomerado tan grande de renuentes o indecisos, inevitablemente jugarían a favor de uno u otro bando, por lo que el cortejo político hacia este sector fue abrumador, al grado de que por Internet empezó a correr la versión de “¿Cómo enamorar a un Ni-Ni?”.

         Hasta el mismo Hugo Chávez se sumó a esta categorización, al declarar que “vamos a convertir a los Ni-Ni en Sí-Sí”. La solución tiene que ir más allá de las izquierdas, dijo, aunque luego usó su tono militante: “tenemos que buscar a ese pueblo que aún no se identifica con la izquierda… todavía hay sectores que nos importan mucho, que siguen confundidos, temerosos, víctimas sobre todo de la campaña burguesa, aunque también de algunos errores nuestros”.

         Y es que, contra toda lógica, en su afán por captar a los Ni-Ni, tanto el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), que encabeza Chávez, como los partidos de oposición aglutinados en la Mesa de Unidad Democrática (MUD) siguieron descalificándose mutuamente y agitando los fantasmas del miedo –que supuestamente es de lo que este sector está cansado– en lugar de presentar cualquier tipo de agenda alternativa.

         Una de las pocas que hicieron un planteamiento diferente, apegado justamente a la posición de los Ni-Ni, fue la historiadora Margarita López Maya, candidata del partido Patria Para Todos (PPT), quien abogó por construir en Venezuela “una vía que no sea ni la del chavismo ni la de la oposición chavista tradicional. Queremos abrir otra opción para los ciudadanos de a pie, para las organizaciones sindicales y sociales, para intelectuales, artistas y académicos… en fin, para todos los desencantados”.

         El PPT es un partido de izquierda que se deslindó del chavismo, y cuyo medio millón de votos está siendo disputado por las partes contendientes. Según Chávez, por ser de izquierda, estos votos no pueden ser contabilizados para la oposición, pero la MUD considera que al no pertenecer al chavismo, si deben incluirse en el espectro opositor. La decisión determinará al final la correlación de fuerzas en la Asamblea Nacional.

         Pero de cualquier modo esta correlación ya cambió, al volver la oposición al Poder Legislativo, del que estuvo ausente al no participar en las elecciones de 2005. Lo que no ha cambiado es la postura de las fuerzas políticas ahí representadas, lo que hace temer a los sectores independientes, entre ellos, por supuesto, los Ni-Ni, que sólo se traslade a la Asamblea la confrontación política que se vive cotidianamente en el país.

         Sin duda, al perder la mayoría absoluta el PSUV y volver a la palestra los partidos de oposición, se reabre el juego político; inclusive el porcentaje general del voto antichavista permite entrever la posibilidad de que Chávez pudiera no ganar la elección presidencial de 2012. Pero la gran interrogante es qué vendría después, porque ni siquiera se puede hablar de volver al pasado.

         Hay que recordar que el triunfo y la permanencia en el poder de Hugo Chávez han sido posibles por la implosión del sistema político en Venezuela. El pacto de las élites firmado en 1958 para dar estabilidad al país, y que se convirtió en un bipartidismo entre la socialdemocracia y la democracia cristiana, se derrumbó a fines del siglo XX bajo el peso de la corrupción, el amiguismo, la lucha interna de los grupos de interés y, ante todo, la ineficiencia gubernamental y el abandono social de la mayoría de los venezolanos. El “Caracazo” de 1989 y el golpe de Estado del propio Chávez en 1992 fueron síntomas de ello.

         Pero desde entonces, fuera del chavismo, no ha surgido ninguna corriente alternativa que haya logrado convertirse en una opción de gobierno. Los dos grandes partidos tradicionales, Acción Democrática y Copei, juegan ahora un papel marginal y, a su alrededor, han surgido una infinidad de organizaciones, movimientos y partidos. En su último registro, el Consejo Nacional Electoral contabilizó 105 de estos organismos, nueve con la categoría de “grandes”, y el resto medianos y chicos, varios regionales y muchos sin participación electoral.

         En este marco, ahora que el chavismo también da muestras de empezar a desgastarse, la gran asignatura de los venezolanos es reconstruir su sistema político nacional, si realmente quieren tener una alternativa democrática viable. La primera prueba será que la MUD, conformada por varios partidos, se mantenga unida para llevar a cabo sus tareas legislativas y que logre llegar así a las elecciones presidenciales de 2012. Pero, sobre todo, que construya una plataforma política nacional, que vaya más allá del antichavismo y de sus intereses particulares.

         Justamente es en este espacio donde entran los Ni-Ni. Ante la necesidad de buscar una alternativa que no sea “ni lo de antes ni lo de ahora”, en noviembre del año pasado Agustín Blanco Muñoz y Mery Sananes, del programa Opinión y Noticias, coordinaron un debate sobre los Ni-Ni: “¿Existen? ¿Cuál debe ser su papel? ¿Deben ser activos o pasivos? ¿Pueden conformar una nueva corriente política en el país, sin caer en las prácticas tradicionales?”

         Hasta ahora no hay ninguna respuesta concluyente. Sólo el tiempo y los hechos concretos podrán decir si esta mayoría silenciosa logra convertirse en una nueva voz para Venezuela, o si sólo se trata de un invento “jocoso” de coyuntura, como diría José Luis Méndez la Fuente, el articulista de El Universal de Caracas.

 

jpa

---FIN DE NOTA---

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