Italia: Los "clandestinos" alzan la voz

miércoles, 24 de noviembre de 2010 · 01:00

Cansados de vivir en la peor de las explotaciones, sometidos a abusos, defraudados y con la zozobra constante de las revisiones que pueden expulsarlos del país, los trabajadores ilegales de Italia decidieron organizarse. Dos pequeños grupos encabezan protestas en Milán y Brescia, encaramados en una grúa, unos, y en una chimenea, otros. Son apenas una docena, pero llevan la voz de cientos de miles de personas que sólo quieren trabajar en paz.

MILÁN, Italia, 24 de noviembre (Proceso).- Son seis trabajadores inmigrantesilegales (dos egipcios, una marroquí, dos paquistanos y un indio) y desde el pasado 30 de octubre están encaramados en la punta de una grúa, a 35 metros de altura, en la ciudad de Brescia.

Decidieron escalar la estructura metálica en el centro de esa ciudad para exigir un permiso de estancia y trabajar legalmente en Italia. La falta de documentos los hace sufrir todo tipo de abusos y carencias. Si tienen suerte conseguirán un empleo mal pagado que apenas les permitiría sobrevivir.

Con una temperatura que no superaba ese día los 6 grados, los llamados “clandestinos” –pertrechados con cobijas y plásticos para improvisar un techo en las alturas– comenzaron su protesta contra la última regularización del gobierno italiano, del año pasado, que sólo da permisos de trabajo a los “colaboradores domésticos y familiares”, es decir, trabajadores del hogar y cuidadores de ancianos.

Seis días después Milán (capital de Lombardía, donde hay más presencia de inmigrantes) atestiguó una protesta similar: seis “clandestinos” de diferentes nacionalidades escalaron una vieja chimenea industrial.

De acuerdo con el Dossier Estadístico de Inmigración 2010 de la organización Cáritas/Migrantes –presentado el pasado 26 de octubre– en Italia hay 4 millones 919 mil inmigrantes regulares; la región con más presencia de extranjeros es Lombardía (con 1 millón 136 mil 300); y en Milán se concentra 41.5% del total de los de la región, seguida por Brescia con 16.3%. Se calcula que los inmigrantes irregulares en Italia podrían sumar un millón más.

El reporte también informa que los inmigrantes pagan impuestos por casi 11 mil millones de euros al año.

“A ver si desde arriba nos comienzan a ver, porque abajo no lo hacen o pretenden no vernos”, dijo el pasado martes 9 Jorge Carazas, del Comité de Inmigrantes desde Vía Imbonati, donde está la chimenea de la compañía Carlo Erba y donde los militantes de esa organización acampan en apoyo a los que están arriba.

Jorge, de origen argentino, se ve cansado. Dice que con el frío de estos días no se puede dormir en las tiendas de campaña, pues el cuerpo nunca logra calentarse. Afirma que han llegado a esta situación porque están cansados de tocar puertas, buscar audiencias y escuchar siempre lo mismo de las autoridades: “Tienen razón pero no se puede hacer nada”.

El problema no es de los 12 que decidieron escalar y dormir a la intemperie. Tampoco de la veintena que los acompaña abajo y también se congela. El problema tiene que ver con al menos 100 mil inmigrantes que pese a haber pagado miles de euros para tener un permiso de trabajo y residencia en Italia, quedaron fuera de la regularización de los trabajadores domésticos y cuidadores de ancianos.

Áreas como la agricultura y la construcción, por ejemplo, no se tomaron en cuenta, lo que ocasiona que los inmigrantes sigan haciendo los trabajos pero clandestinamente y muy mal pagados.

Otra característica de la regularización de 2009 es que se otorga sólo a quienes pueden demostrar que tienen un empleador, ya que éste es quien debe comenzar el procedimiento.

“¿No saben que la sede de la Expo Milán se está construyendo con los inmigrantes a quienes les pagan tres euros por hora?”, pregunta Edda Pando, peruana e integrante del Comité de Inmigrantes.

Explica que con la exclusión de los sectores productivos muchos ciudadanos italianos, y otros extranjeros regulares, comenzaron a defraudar a miles de inmigrantes prometiéndoles apoyo para su permiso de residencia a cambio de cuotas que iban de 4 mil a 10 mil euros.

El trato era que los primeros se fingían los patrones y comenzaban los trámites ante el gobierno (aunque todo lo tenían que pagar los inmigrantes); y los segundos se tenían que fingir cuidadores o trabajadores domésticos. Además, los interesados tuvieron que pagar un impuesto de 500 euros para tener derecho al permiso.

Pero una vez que pagaban, sus falsos patrones desaparecían.

“Por eso decimos que los inmigrantes han sido doblemente defraudados, pues después de pagar millones a los defraudadores tuvieron que desembolsar otra cantidad para el gobierno, sin obtener nada a cambio”, explica Pando.

Los cálculos del Comité de Inmigrantes son que el fraude podría llegar a los 600  millones de euros por la cantidad de implicados y el dinero que dio cada uno.

 

Irregulares y defraudados

 

Abajo de la grúa de Brescia como de la vieja chimenea de Milán se reúnen cientos de inmigrantes que, sin perder la esperanza de algún día ser regulares, buscan que alguien los escuche y ayude.

Todos tienen documentos que prueban lo que han pagado. Hablan del tiempo que han estado en Italia a salto de mata, evitando cualquier revisión que pueda acabar en una deportación.

Trabajan en lo que sea. Hay algunos que con la promesa de ser regularizados por algún patrón, le trabajan gratis. Comen mal y viven peor. Su salario, si lo hay, no alcanza más que para rentar un cuarto que los inmigrantes deben compartir hasta con 10 personas. 

Con las constantes revisiones no son pocos los que ya han sido descubiertos sin documentos y ya hay quienes muestran su “hoja de ida”, es decir, la orden para dejar el país. 

“Parece que no entienden que si estamos aquí es por necesidad, que trabajamos; pero como no somos regulares cualquiera nos explota. La gente aquí nos trata de mentirosos y clandestinos, y lo que nosotros queremos es trabajar en paz”, afirma Mahmoud Ahmed, carpintero egipcio quien a su llegada a Italia (hace tres años) fue timado por otro ciudadano egipcio que lo despojó de 6 mil euros.

Historias similares se repiten en Vía Imbonati una y otra vez. Los inmigrantes, en su mayoría hombres, muestran documentos, hablan de abogados que también los han engañado y de sus problemas por haber gastado sus ahorros en una falsa promesa.

Para Sergio Brigulio, experto en política migratoria consultado por Proceso, en casos como estos la autoridad no tiene mucho margen de acción, ya que el delito compete a ambas partes: si bien la última regularización fue selectiva y esto fue aprovechado por verdaderas redes de defraudadores, también los inmigrantes sin documentos quisieron defraudar al Estado fingiendo ser lo que no eran.

Considera que la única solución es hacer otra regularización tomando en cuenta que para cada una siempre habrá criterios de selección, pues las demandas son más que las ofertas. Pero el hecho es que desde Sicilia hasta Lombardía los trabajos en la construcción, el campo o los restaurantes los hacen los inmigrantes.

Consultada por este semanario, Marina Paola Nanni, investigadora de Cáritas, asegura que al regular sólo a trabajadores domésticos y cuidadores (en su mayoría mujeres), se dejó ver la falta de una política social del gobierno, que en los últimos meses ha recortado más presupuesto a estos rubros.

“Al 30 de septiembre de 2009 el gobierno aceptó cerca de 300 mil solicitudes de empleo, donde 61% era para el trabajo en casa y el restante, para el cuidado de ancianos; esto habla de la necesidad que hay en lo privado de los inmigrantes y de su importancia en lo público, pues está visto que el Estado solo no logra atender esas necesidades”, dijo Nanni.

 

Lucha contra el frío

 

Son casi las nueve de la noche del lunes 15 de noviembre y en Brescia el termómetro marca 4 grados. Desde las cuatro de la tarde no para de llover y los pronósticos dicen que la lluvia seguirá. El frío es insoportable. 

La protesta de los inmigrantes lleva 16 días y 17 noches en medio del frío, la niebla y la lluvia. Sólo cuatro quedan arriba. Dos días antes la enfermedad obligó a que los otros dos se retiraran.

Abajo los esperan 200 personas que no dejan de animarlos a gritos y con porras. Entre ellos están los abogados que los quieren defender de una posible expulsión o de cargos por daños a la grúa y a algunas patrullas; días antes lanzaron algunos objetos desde su parapeto cuando vieron que la policía intentaba desalojar a sus seguidores.

En la vieja chimenea de Milán la protesta sigue, aunque el frío cada día se hace más intenso. Ya sólo quedan tres inmigrantes; el viento y la lluvia enfermaron a los demás.

Las peticiones a las autoridades son las mismas: permiso de residencia para quienes hayan sido defraudados, alargar dicho permiso para quienes hayan perdido el trabajo –si uno queda desempleado debe salir del país– y otorgar el permiso de residencia para quienes denuncien a sus patrones por explotación laboral.

También piden el derecho al voto para quienes hayan vivido en Italia más de cinco años y el reconocimiento de la ciudadanía para quien nazca o crezca en este país, ya que actualmente sólo los hijos de italianos pueden ser ciudadanos.

A raíz de las protestas en Brescia y Milán la solidaridad comenzó a extenderse hacia ciudades como Bolonia, Roma, Génova, Bérgamo, Parma, Trieste y Florencia, donde el próximo 28 de noviembre habrá una asamblea nacional del Movimiento Antirracista.

Mientras, a pesar de la lluvia y el frío la milanesa Vía Imbonati se ha convertido en sede de encuentros entre varias culturas para sostener esta lucha. Colectivos de inmigrantes se han organizado para que no pase una sola noche sin un concierto, una plática o una obra de teatro en el lugar.

“Así demostramos que el frío sólo se debe al clima, y que los inmigrantes tenemos corazón para hacer muchas  cosas, pues, además, también ese es nuestro derecho”, nos dice Edda, orgullosa de que el movimiento adquiere fuerza.

 

 

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