El Salvador, con nombre bíblico, pero el más violento

martes, 28 de diciembre de 2010

SAN SALVADOR, 28 de diciembre (apro).- El Salvador tiene nombre bíblico, tiene el nombre de Dios, El Salvador del Mundo. Sin embargo, es una de las naciones más peligrosas, violentas y criminales del globo terráqueo. Las estadísticas de muertes violentas son equiparables a las de Irak y Afganistán, dos naciones envueltas en guerras de ocupación y en conflictos bélicos internos.

En enero de 1992, hace 18 años, El Salvador dejaba atrás una guerra civil de 12 años de duración. Se trataba de una guerra revolucionaria antidictatorial; los enemigos estaban bien delimitados: los guerrilleros insurgentes y los soldados del régimen que defendían a la dictadura militar apoyada por las oligarquías y por Washington.

En la actualidad, los salvadoreños dicen que “no saben de dónde les caerán los tiros”. Por un lado, el crimen organizado, especialmente el ligado al narcotráfico; por otro, el pandillerismo, cuya evolución se ha convertido en un fenómeno social sin precedente.

El Instituto de Medicina Legal (IML) reportó en 2009 que El Salvador tiene una tasa de homicidios de 76.2 por cada 100 mil habitantes (2009), mientras que Irak que vive un conflicto armado y es considerado el país más violento del mundo, tiene una tasa de asesinatos de 89 por cada 100 cien (promedio entre 2003 y 2009).

El estudio “Mapa de la violencia: los jóvenes de América Latina”, publicado en 2008 por la Red de Información Tecnológica Latinoamérica (RITLA), detalla que este país centroamericano ocupa el primer lugar en homicidios de jóvenes a nivel latinoamericano.

El Salvador tiene una tasa de homicidios de jóvenes 92.3 por cada 100 mil, muy superior a Colombia (73.4), Venezuela (64.2), Guatemala (55.4) y Brasil (51.6).

El Salvador supera en homicidios a Colombia y a México, pese a que los colombianos viven un conflicto bélico interno, y pese a que los mexicanos están envueltos en una guerra contra las bandas del narcotráfico, mismas que también batallan entre sí.

 

Otras formas criminales

 

El Salvador no sólo es el más violento de Latinoamérica y está entre los países más violentos del mundo, sino que además lidera a nivel mundial la tasa de feminicidios o asesinatos de mujeres.

El informe “Estado de la Población Mundial 2010”, del Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA), indica que El Salvador posee una tasa de feminicidios de 129.46 por millón de mujeres, lo que le otorga primer lugar a nivel mundial en este delito.

En este país centroamericano, diariamente 11 personas son asesinadas. Datos de la Policía Nacional Civil (PNC) reflejan que desde el 1 de enero al 20 de diciembre pasado han sido asesinadas unas 4 mil 53 personas.

Jeannette Aguilar, directora del Instituto de Opinión Publica (IUDOP), de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA), aseguró que la violencia no sólo es grave por el número de muertes que ocurren cada día o el número de delitos que se registran día a día, sino por las manifestaciones que adopta esta violencia que afecta a la población.

Lo vemos claramente en los reconocimientos de medicina legal que evidencian que cada vez más los cadáveres tienen señales de tortura”, agregó Aguilar.

De acuerdo con expertos, la situación actual de violencia y criminalidad es el “efecto de la política fallidas de mano dura”. Los gobiernos de la derechista Alianza Republicana Nacionalista (Arena), que gobernó de 1989 a 2009, implementaron La Mano Dura y Súper Mano para perseguir y erradicar a las pandillas, porque presuntamente ellos eran los principales autores de violencia.

Según Aguilar, las políticas de “manos duras” sirvieron únicamente para elevar los niveles de impunidad e hicieron más compleja y profesional a las pandillas. “Porque antes de que entraran en vigencia dichos planes no eran este tipo de estructuras delincuenciales armadas y organizadas. Las pandillas se organizan y se institucionalizan en el marco de las políticas de seguridad”, añadió Aguilar.

Por su parte, el religioso católico Antonio Rodríguez, quien pertenece a un foro centroamericano contra la violencia juvenil, consideró que la violencia no es un problema de seguridad, sino que es un problema de derechos. “Mientras las políticas no estén enfocadas desde una generación de derechos y sigamos enfocando el problema de la violencia desde un enfoque de seguridad, pues seguiremos teniendo policías, cárceles y ley, que es la trinidad perversa de un enfoque de seguridad que nos tiene en el fracaso”, sentenció.

 

Las cifras de la violencia

 

De acuerdo con datos de la policía, hasta el 20 de diciembre se registran 4 mil 53 homicidios, es decir, cada día 11.4 personas son asesinadas. Suponiendo que los casos de homicidio se mantengan inalterables, al final de 2010 se estaría cerrando con 4 mil 178 asesinatos, es decir, con una tasa de homicidios de 73.3 por cada cien 000 habitantes, 2.9 puntos porcentuales menos que la tasa de 76.2 registrada en 2009.

Ello sería un logro, pero siempre la situación sería grave, ya que lo normal sería una tasa menor a 10 homicidios por cada 100 mil habitantes. Más aún, la Organización Mundial para la Salud (OMS) lo considera una virtual “epidemia”.

Si bien los homicidios al cerrar el año tienden a disminuir, si es que la cifra no sufre un repunte, la realidad es que también las estadísticas muestran que los asesinatos al estilo masacre se incrementaron.

De enero a septiembre de 2010 se ejecutaron 31 matanzas. Entre las 31 masacres registradas por el IML está la más fuerte sufrida en el país desde la firma de los Acuerdos de Paz (1992), que dejó un saldo de 17 personas muertas.

Aún la población salvadoreña recuerda con indignación el 20 de junio, cuando una unidad del trasporte colectivo de la ruta 47, que hace su recorrido de San Salvador a Mejicanos, fue incendiada por miembros de la pandilla 18. En el dantesco hecho murieron calcinas 17 personas.

Durante muchos años, Arena se benefició políticamente de la violencia, ya que la Mano Dura fue una estrategia electoral para asegurar el triunfo de dicho partido en 2004, y la Súper Mano Dura también fue una estrategia del expresidente Antonio Saca para garantizar el respaldo y apoyo ciudadano de su gobierno, dijo Aguilar.

Y para nadie es un secreto que diferentes sectores han lucrado con la violencia, principalmente las empresas de seguridad privada y ventas de armas.

En El Salvador están establecidas 209 agencias de seguridad privada, las cuales tienen a su servicio unos 23 mil 500 agentes. Esa cifra es mayor que los aproximadamente 18 mil elementos de la Policía Nacional Civil (PNC).

En la actualidad, se estima oficialmente que unas 500 mil armas, entre legales e ilegales, circulan en El Salvador, y también se sabe que 80% de los homicidios son cometidos con armas de fuego. Las autoridades conocen eso, pero poco han podido hacer para impulsar una prohibición en la portación de armas.

“Tenemos miles de leyes que ya no sirven para nada en este país, lo que necesitamos son reformas institucionales, es decir, hacer que las entidades funcionen”, finalizó Aguilar.

En tanto, el nuevo gobierno presidido por Mauricio Funes, el primer presidente de izquierda que arriba al poder en elecciones populares, está haciendo un gran esfuerzo pero, como advierte su ministro de Justicia y Seguridad, Manuel Melgar, “no es fácil, pues se requiere de depuración de las instituciones, de elevar la calidad y la infraestructuras; además, de hacer reformas legales que pongan en orden a todas las institucionalidad del Estado”.

 

mav

 

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