Haití: comicios en tiempos del cólera

martes, 7 de diciembre de 2010

En medio de una epidemia de cólera que afecta a 77 mil personas, Haití celebró unas elecciones presidenciales plagadas de irregularidades: relleno de urnas, compra de votos, “muertos votantes”... Doce de los 19 candidatos denunciaron fraude. Aseguraron que desde el gobierno se favoreció a Jude Celestin, el candidato del presidente René Préval. No obstante, las autoridades haitianas y la misión de la OEA y de la Caricom avalaron la jornada. Y de nuevo se desencadenó la violencia.

PUERTO PRÍNCIPE, 7 de diciembre (Proceso).- En la calle Bonne Foi una puerta se abre con el viento. Conduce a unas escaleras en ruinas. El techo de la casa recorta un cielo azul. En la entrada, Elionise Joseph cocina unas salchichas tan flacas como los cables que conducen la electricidad en Haití. 

Elionise es devota. Saca una credencial de un sobre con las orillas desgastadas en cuyo centro está impresa una cruz. Se la dio la Iglesia bautista y es su única identificación. Según la Organización de Estados Americanos (OEA) –encargada de los comicios del 28 de noviembre–, 40% de los haitianos no tiene ningún documento que acredite su identidad. Y con esa credencial ella no puede votar.

Elionise vive junto a un taller mecánico. Su casa no tiene drenaje ni electricidad. Tiene tres hijos: Isabel, Falien y Bertoh. Dos de ellos enfermaron de cólera. “Ellos nos trajeron la enfermedad”, dice señalando una camioneta de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

“No tengo esposo. Tuve que ir sola al hospital en la mañana. Los niños estuvieron toda la noche en el baño. Isabel (cuatro años) vomitaba y Bertoh (seis años) no podía dormir con el dolor de cabeza. No paraban de temblar”, recuerda.

La confianza de esta mujer en la política está tan desgastada como el color rosa de su blusa. “Yo no creo en los candidatos, si acaso en Mirlande Manigat (candidata conservadora) que tiene un buen corazón, pero Dios es el que decide finalmente”. 

En Puerto Príncipe se concentra 40% de los votos de Haití, según la Comisión Electoral Provincial (CEP). El Palacio de Gobierno, aún en ruinas, está maquillado con las sonrisas de los 19 candidatos presidenciales.

Sólo tres tienen posibilidades de pasar a la segunda vuelta, el próximo 16 de enero: Mirlande Manigat, viuda del expresidente Leslie Manigat y candidata del partido Reunión de Demócratas Nacionales Progresistas (RDN, por sus siglas en francés); Jude Celestin, candidato del partido oficialista Inite (unidad, en creole), y Michel Martelly, del partido opositor Respuesta Campesina.

 

Votar en Cité Soleil

 

En la calle de los Milagros hay una estatua de Cristóbal Colón sin el brazo que señala al horizonte. Un par de gallos picotean los adoquines. Los teléfonos públicos no tienen auricular ni teclas. Un hombre sumerge su ropa en la coladera, luego su mujer la talla sin prisa contemplando el burbujeo de las aguas negras. Calle de los Milagros, nombre de una vía sin ellos. 

En el camino que conduce a Cité Soleil hay un moribundo a la orilla de un montículo de recipientes de unicel del programa alimentario del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF, por sus siglas en inglés). Un hombre sin más playera que sus huesos lleva en su carreta una docena de postes doblados que se empalman como palitos chinos. Otro se refresca la cara en un charco burbujeante, casi gris.

De los campamentos instalados a lo largo de toda la ciudad salen manos que se tocan el estómago diciendo a los extraños: mange, mange (comida, comida). 

Es domingo 28 de noviembre, día de los comicios. En Cité Soleil, uno de los barrios más marginados de Puerto Príncipe, los votantes se arremolinan en torno a las mesas y se arrebatan las boletas electorales. Reclaman por no estar en las listas. Un par de ancianas sacan papeletas debajo de sus faldas deshilachadas. Sobre el piso tachan las siglas de Inite, el partido que apoya a Jude Celestin.

Los muros están convertidos en cuadernos de notas en creole: Aba Préval bandi (abajo Préval bandido), Viv retou Aristide (viva el regreso de Aristide), Préval fourtr (Préval a la mierda), Martelly prezident (Martelly presidente), C’est la guerre vs. Inite (Es la guerra contra el partido Inite). 

La mayoría no entiende qué hacen los observadores electorales. No entienden de exquisiteces diplomáticas o democráticas. Según la OEA, sólo hubo 3% de irregularidades. Sin embargo, esa cifra no incluye los muertos que votaron ni los miles que quisieron votar y no pudieron porque no estaban en las listas. 

Lo que para los organismos internacionales es una anomalía, en Haití es la vida cotidiana. Desrosiers Ernst, estudiante de agricultura, ha intentando sufragar en tres centros, pero no aparece su nombre. “Mis candidatos favoritos son Manigat y Martelly. Me gusta la democracia, creo en ella, pero así no puedo votar”, dice.

En el centro de votación de la escuela primaria de la UNICEF Fritz Pierre grupos afines a Martelly cerraron las entradas y las urnas quedaron vacías. “Estuvimos esperando el material (electoral) toda la mañana, pero nunca llegó”, cuenta Blas, uno de los encargados de instalar la casilla. 

Para Pierre Wadner, un periodista haitiano, las elecciones tienen irregularidades en toda su estructura. “Las camionetas encargadas de distribuir la papelería electoral eran conducidas por personas afines al Inite, el partido del presidente René Préval. Los integrantes del CEP también fueron designados por ese partido. La campaña de Celestin rebasó por mucho el tope de gastos”, dice a Proceso.

Sin embargo, el 29 de noviembre, un día después de las elecciones, Colin Granderson, jefe de la misión conjunta de la OEA y de la Comunidad del Caribe (Caricom, por su acrónimo en inglés), avaló la jornada electoral. “La misión conjunta no considera que estas irregularidades, a pesar de ser graves, invaliden las elecciones”, manifestó Granderson en una conferencia de prensa en Puerto Príncipe. 

Durante las elecciones 12 de los 19 candidatos señalaron graves anomalías: relleno de urnas, votos dobles, muertos votantes, intimidaciones y, sobre todo, la manipulación de los votos en blanco.

Oponerse al fraude tenía un objetivo preciso: evitar a toda costa que el candidato oficialista, Celestin, llegue al poder. Granderson condenó el llamado que hicieron los candidatos opositores para “anular” las elecciones debido a un “fraude masivo”.

“La decisión de los 12 candidatos de llamar a la cancelación de las elecciones unas horas después de su inicio fue precipitada, arriesgada y lamentable”, sostuvo.

Ese 29 de noviembre por la noche, los candidatos que habían denunciado el fraude se retractaron. No aportaron prueba alguna de sus señalamientos. Sin embargo, en la calles de Puerto Príncipe los haitianos se acercaban a las cámaras de las cadenas de televisión para gritar: “Préval es un muchacho malo”.

El día 30, el presidente del CEP, Gaillot Dorsainvil, dio por cerrados los comicios y se comprometió a analizar la “gran cantidad” de irregularidades reportadas. No mencionó ganadores y anunció que los resultados se darán a conocer el 20 de diciembre. La segunda vuelta será el próximo 16 de enero.

Sin embargo, una encuesta que manejan “confidencialmente” la ONU y las oficinas de prensa de los candidatos señala a Martelly –un popular cantante de ritmo haitiano kompa, apodado Sweet Mickey– como el vencedor, con 39% de los votos, por encima de Manigat, con 31%, y de Celestin, con 12%.

En entrevista con Proceso, la alcaldesa de Puerto Príncipe, Nadege Joachim, sentencia: “Se acercan muchos días malos para Haití”. 

–¿La salida de Préval resuelve la crisis en Haití?

–El problema principal no está en las elecciones, el partido que llegue al poder tiene que rehacer prácticamente un Estado para el pueblo haitiano. Tenemos un grave problema de independencia. Las elecciones son de los haitianos y muchas veces los organismos internacionales olvidan que somos un país independiente. Tenemos un grave problema de estabilidad política. Somos una democracia joven, pero se debe escuchar la voz de la mayoría. 

–¿A Haití le conviene tener un cantante en el poder? –se le pregunta.

–A Michel Martelly no lo entiendo. No entiendo su proyecto. Yo no imagino a un “artista” en la presidencia. Haití necesita un verdadero hombre político.

 

Dinero de Celestin 

 

El 28 de noviembre, el sol requemaba los periódicos de la semana anterior. “Ya nadie compra los diarios”, dice el vendedor. Las hojas ya están amarillas y las moscas parecen las únicas interesadas en las promesas de los candidatos que se plasman en las primeras planas. En Haití 42% de la población es analfabeta, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.

En la avenida Delmas miles de haitianos protestan contra Préval. “Pasaremos la barricada policial”, “Consejo Electoral: tengo hambre y no quiero jugar”, cantan en creole. Las manos de uno de ellos se aferran a la imagen del opositor Martelly como si fueran tenazas. La policía dispersa a los manifestantes con disparos y gas lacrimógeno. Tropiezan unos con otros… llueven piedras.

Los manifestantes portan carteles que dicen “Martelly presidente”. Los contingentes arrastran imágenes de Celestin, las zarandean mientras las cortinas de gas lacrimógeno pasan por encima de los coloridos autobuses llamados tap-tap.

“Los candidatos gastaron dinero inútilmente, pues no hacen nada por nosotros. El país sigue en ruinas y sólo pegaron sus caras por todas las paredes”, dice Fenol, un taxista que ofrece sus servicios en una moto por 30 dólares al día. Vive en los intestinos de Beló, un barrio cercano a la zona residencial de Petion Ville. Un lugar donde en enero pasado el terremoto partió los edificios como cáscaras de nuez. 35 personas murieron bajo los escombros en la casa de su padre. “El Estado no hace nada por la gente”, grita su padre, Fedo Derise. 

Fenol no habla más que creole –mezcla de francés con lenguas africanas– porque, según él, cuesta muy caro ir a las escuelas. Vive en un cuarto de tres por tres metros con su familia: Cinemarckeven (11 años) y Marifrence (17 años). Su esposa completa el gasto vendiendo frituras.

Fenol maneja esquivando los autos, los charcos y las obras olvidadas de la reconstrucción. “Préval no quiere ver la luz para los haitianos, no nos da educación ni salud ni vivienda”, asegura. 

–¿Fuiste a votar?

–Celestin le dio dinero a mucha gente en Puerto Príncipe, pero yo voté por Martelly.

–¿Por qué?

–Mickey (Martelly) es un hombre de carácter. Tiene muchos negocios en el país y mucho dinero. Tengo mucha confianza en él. Simpatiza con la miseria y los pobres. Es como Aristide, pero él tiene más apoyo internacional. A Martelly no le gusta ver a la gente sufrir. Él nos da luz con sus canciones.

 

La muerte en crudo

 

La epidemia de cólera no amaina. El Ministerio de Sanidad haitiano informó que hasta el martes 30 los muertos por la enfermedad eran mil 751. Sólo un día antes murieron 30 personas. 

En total 77 mil 208 personas enfermaron. De ellas 34 mil 248 fueron hospitalizadas. La provincia de Artibonite, en el norte del país, donde se propagó la enfermedad, es la más afectada: 773 muertos. En Puerto Príncipe, la capital, donde 1 millón 400 mil habitantes quedaron sin techo por el sismo, los muertos suman 164.

Los enterradores no saben cuántos muertos hay en el cementerio de Puerto Príncipe. Decenas de cortejos fúnebres cruzan todos los días un río maloliente que pasa por debajo del puente de entrada del panteón. A los enterradores nadie los mira. Son empleados de la muerte. Uno de ellos, Iv Couper, tiene 46 años, pero aparenta 20 más. Tiene un talante agresivo y tenso, como la punta de su corbata guinda. Sus palabras están cargadas de un halo místico: “Moriremos, así es la vida hoy”, dice. 

Debil Joseph falleció a los 64 años. Su hijo Antoine golpea el vidrio de la carroza como si su padre lo escuchara. Entre dientes maldice su impotencia. Cuenta que murió de mareos, pero su hermano le arrebata la palabra para decir que, en realidad, su padre murió de cólera.

No hay maquillaje en el rostro de Debil y su corbata es de un negro impoluto. Sus hijos cierran la tapa del cajón y lo bajan de un Mercedes Benz destartalado. Lo llevan a tumbos pisando algunos huesos que se salieron de las tumbas durante el terremoto de enero. 

Entre los muertos la hermana de Antoine enciende un cigarrillo de mariguana. No llora. Lleva un vestido blanco percudido, casi gris. Sus zapatillas no tienen suelas y sus hijos persiguen a un gato que apareció de repente.

Antoine rompe las chapas del ataúd con un ladrillo. Dice que es para que el alma de su padre escape durante la tarde. Su hermano toma un puñado de tierra y la arroja encima del cajón.

En Puerto Príncipe morir no implica un trámite tortuoso. No hay licencias ni certificados ni documento alguno. Uno muere y deja sólo un rastro de vómito en la banqueta. Iv Couper dice que Debil tuvo mucha suerte. Todos los días le llegan muertos sin más ataúd que una bolsa negra. Para ellos no hay flores ni velorios. Es la muerte en crudo. 

Cuando los familiares se retiran, Iv Couper se detiene a observar el cielo manchado por las columnas de humo de los basureros. Los escarabajos le suben por los pantalones. Se sacude. Algunos se esconden en un cráneo que está fuera de la tierra y otros adhieren sus patas al cemento fresco.

Iv dibuja con una varilla la señal de la cruz sobre la mezcla. Se encarga de asegurarle a Debil su pensión en el paraíso. l

 

 

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