China: La gran muralla virtual

lunes, 15 de febrero de 2010
BEIJING.- 15 de febrero (Proceso).- Receloso, el Partido Comunista de China está sometiendo a la población del gigante asiático a medidas de control cada vez más violatorias de la vida privada. El objetivo: controlar el flujo de ideas y mensajes que se observa en redes sociales en internet y en teléfonos celulares. En el espacio real, un “Escudo Dorado” vigila a una quinta parte de la población por medio de millones de cámaras instaladas por todos lados y que son capaces de identificar a cualquiera. Una vez más la visionaria novela 1984, de George Orwell, se materializa en la China de hoy, un país que acapara los titulares de la prensa y la atención mundiales por su crecimiento económico (8.7% en 2009), pero que –además de enriquecerse– extiende cada vez más sus controles draconianos sobre la población. La última iniciativa al respecto consta de un dispositivo para monitorear los mil 500 millones de mensajes de texto que los chinos envían a diario desde sus celulares. El objetivo oficial: detener la proliferación de la “pornografía” y el contenido “sucio”, aunque detrás se esconde la voluntad de las autoridades de restringir los movimientos de cualquiera que atente contra el monopolio del poder. Esta decisión forma parte de una prolongada campaña contra los contenidos en internet que el gobierno chino considera perniciosos. La medida provocó ya el cierre de decenas de miles de sitios web y afectó, entre otros, a servicios de Google, así como el acceso desde China a páginas como YouTube y Facebook. A principios de este año, China Mobile –la mayor operadora de celulares del mundo, con 518 millones de usuarios– anunció que suspendería el servicio a los clientes que enviaran mensajes “no saludables”. Y también que “hará todo lo posible para proteger los derechos e intereses de los consumidores de acuerdo con las leyes y regulaciones”, según declaró el subdirector del servicio de atención al cliente, Li Kang, el 22 de enero, citado por la agencia de noticias china Xinhua. Sin embargo, entre los usuarios se encendieron todas las alarmas y, como es habitual en China, los foros y blogs se llenaron de comentarios y opiniones en contra de una decisión que, por principio de cuentas, viola el derecho a la intimidad. “Hoy se trata de los sms. Mañana, el correo ordinario será vigilado con el mismo pretexto. Pasado mañana nuestras llamadas serán monitoreadas. Hace 61 años, el británico George Orwell hizo una descripción de la sociedad supervigilada y la resumió en el eslogan: ‘El Gran Hermano te vigila’. ¿Será que China Mobile quiere ser el ‘Gran Hermano’?”, lanza Fang Yu, un bloguero. “Esto es sólo el inicio. Lo siguiente será filtrar todas las llamadas para excluir el ‘contenido pornográfico’, pronostica por su parte Han Jian Ling Luo en un foro del portal de noticias Ifeng (https://bbs.ifeng.com). Un sondeo efectuado la semana pasada por el portal Sohu.com, uno de los más visitados del país, señala que 87.58% de los 3 mil 162 usuarios que respondieron se declararon en contra de la medida, mientras que otro 84.26% aseguró que esto supone “perder la privacidad”. Férreo control La medida parece haber sido adoptada escrupulosamente en Shanghai, donde en mayo próximo se celebrará la Exposición Universal y cuyas autoridades quisieran, como ya sucedió con los Juegos Olímpicos de Beijing en 2008, erradicar cualquier brote de oposición o desorden. Hasta el 25 de enero, unas 70 mil cuentas habían sido suspendidas en Shanghai, según la edición de ese día del diario Apple Daily News, que se publica en Hong Kong. Ante el aumento de los controles en internet y el bloqueo de sitios como Twitter, los celulares se han convertido en una nueva forma de comunicación entre inconformes. Así ocurrió en la capital financiera del país cuando miles de personas salieron a las calles para protestar por la construcción de una nueva línea de tren de alta velocidad que, afirman, pone en riesgo la salud de los habitantes de varias zonas por las que pasa. Los expertos y analistas consideran que esta nueva iniciativa forma parte de una campaña general cuyo propósito es hacer saber a la población china que el Estado la vigila, con el objetivo de disuadir a los que se quejan. “No es un caso aislado. Se trata de una serie de acciones destinadas a reforzar el control en internet, en los celulares, en la información, sobre todo en la red. Sin embargo, se lleva a cabo en nombre de la lucha contra la pornografía, aunque creo que lo que más le preocupa al gobierno chino son los temas políticos”, declara a Proceso Zhang Ming, profesor de ciencia política de la Universidad del Pueblo en Beijing. El Partido Comunista, que hasta hoy ha sido capaz de abrir a China económicamente al mundo sin soltar las riendas del poder, se prepara en realidad para cuando la oposición –sea por medio de la masa, los disidentes o los intelectuales– la ponga de nuevo a prueba, como sucedió la primavera de 1989 en la Plaza de Tiananmen, o en marzo de 2008 en el Tíbet o el pasado verano en Xinjiang. “El mensaje que se envía es: ‘tus sms, tus comunicaciones, todo, está bajo mi vigilancia, y no voy a esconder lo que estoy haciendo: estoy vigilando”, dice Zhang Ming. Con cuatro llamadas al servicio de atención al cliente de China Mobile, Proceso confirmó que existe un sistema de control de los mensajes integrado por un programa automático revisado por agentes, aunque, como suele suceder en estos casos en China, no hay detalles sobre lo que es considerado “sucio”. Ello abre la puerta a la arbitrariedad. En un país donde la cúpula mantiene el control del poder de manera piramidal, la ley es sólo un texto de base que se interpreta en función de los intereses de Beijing. “El gobierno es así: siempre hace pública la cuestión, pero nunca explica lo que significa. Por ejemplo, nos dicen que no puedes ser ‘antirrevolucionario’, pero nunca sabrás lo que significa ser exactamente ‘antirrevolucionario’. En esta ocasión nos dicen: ‘no puedes enviar mensajes pornográficos’, pero no te dan una definición al respecto. Aunque quiera obedecer la regulación, el gobierno no te dice lo que puedes o no puedes hacer”, critica en su blog Han Han, uno de los escritores jóvenes más célebres del país asiático. Un ejemplo de ello es Li Shao Zhang. Su servicio de mensajería de texto fue suspendido en noviembre, después de que envió 100 mensajes al mismo tiempo. Él asegura que los envíos no contenían alusiones sexuales; se trataba simplemente, afirma, de mensajes de felicitación con motivo del Día de Acción de Gracias. “Llamé al servicio de atención al cliente y me dijeron que uno de sus departamentos había decidido suspender el servicio por el contenido, aunque no fueron capaces de precisar qué tipo de contenido era”, explica a Proceso. Tras varias llamadas y quejas formales, este profesor de derecho civil residente en Shanghai no logró saber quién tomó la decisión de suspender el servicio e “infringir su libertad de comunicación”. Li, quien llevó el caso ante la justicia china, señala que “la Constitución establece que todo ciudadano chino tiene derecho a la libertad de comunicación”. Millones de ojos El control de la mensajería móvil no es una medida aislada; se enmarca en la iniciativa, emprendida por el gobierno desde hace décadas, de construir una “Gran Muralla” de vigilancia y control. La vigilancia virtual abarca desde el monitoreo de cientos de miles de páginas en internet –tarea a cargo de un ejército de 30 mil ciberpolicías– hasta las actividades de personas a las que se les denomina aquí como “camisas rojas” o “comunistas de cinco centavos” y cuya misión consiste en modificar corrientes de opinión. Se trata de alrededor de 280 mil personas que pudieron haber sido reclutadas para intervenir en chats, foros y el resto de espacios públicos en los que se presupone que se gesta el germen de la futura disidencia china. “Los crecientes ejércitos chinos de comentaristas en la web son instigados, entrenados y financiados por organizaciones del Partido Comunista de China y tienen una misión: salvaguardar los intereses del PCCh”, explica David Bandurski, analista del China Media Project en la Universidad de Hong Kong, en un artículo publicado en la revista Far East Economic Review de julio de 2008. Fuentes consultadas por este semanario señalan que estos modeladores de la opinión pública china son simples estudiantes que cobran medio yuan (unos siete centavos de dólar) por cada comentario suyo que contribuya a dirigir la corriente dominante en los foros de debate para reconducirla a posiciones favorables al poder. Bandurski apunta que esta práctica, similar al polémico astrosurfing en el mundo del marketing, tiene el “objetivo de neutralizar la opinión pública indeseable con visiones pro-partido”. En el espacio real, la paranoia del régimen –dispuesto a inyectar tantos recursos como sea necesario– se refleja en el plan conocido como “Escudo Dorado”: la vigilancia de una quinta parte de la población a través de millones de cámaras instaladas en fronteras, calles, tiendas, residencias y edificios, y que son capaces de detectar automáticamente la identidad de las personas y los movimientos de los sujetos que entran en su campo de visión. El “Escudo Dorado” se inició en septiembre de 2003. Desde entonces millones de cámaras han sido instaladas en 660 de las 676 mayores ciudades de china, según el diario South China Morning Post. La punta de lanza de esta iniciativa será la ciudad de Shenzhen, la población china con mayor ingreso per cápita del país, donde está prevista la instalación de 2 millones de cámaras de vigilancia; es decir, un promedio de 115 cámaras por kilómetro cuadrado para esta urbe, que ejemplifica mejor que ninguna lo que muchos llaman el “milagro económico chino”. Aquí, a pocos minutos de Hong Kong, se encuentra el corazón productivo de la fábrica del mundo. Sin embargo, las decisiones del gobierno no se han traducido en una completa sumisión de la población china a la política de control instaurada por Beijing. El año pasado, en uno de los desafíos más recientes de los internautas y de la sociedad civil al régimen, se consiguió suspender temporalmente la instalación por decreto de un programa informático censor en computadoras nuevas. Con la presión añadida por los reclamos de Estados Unidos y la Unión Europea, el denominado “Dique Verde” fue pospuesto por Beijing. El programa, desarrollado por la compañía Jinhui Computer System Engineering, se conecta desde la computadora del usuario a una base de datos gubernamental donde figuran los sitios de internet prohibidos, y bloquea automáticamente los contenidos no permitidos, al tiempo que posibilita al Ejecutivo acceder a la información de cada uno de los 384 millones de internautas –la mayor comunidad mundial– que viven en el gigante asiático. De la capacidad de la población china para obligar al gobierno a dar marcha atrás en casos como éste dependerá el camino que tome China en el futuro próximo. Reportaje publicado en la edición 1737 de la revista Proceso actualmente en circulación.

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