EU y Canadá, fuera del nuevo organismo regional

martes, 23 de febrero de 2010

PLAYA DEL CARMEN, Q. Roo, 23 de febrero (apro).- Muy a pesar de sus históricas diferencias, los gobiernos de América Latina y el Caribe lograron finalmente aprobar la creación de un nuevo organismo regional –sin Estados Unidos y Canadá--, al que bautizaron como Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELC), con el que pretenden “un mejor posicionamiento en acontecimientos de relieve internacional”.
    Pudieron por fin darle nombre al nuevo organismo, luego de que los cancilleres de todos los países habían consumido largas horas de debate sin poder alcanzar acuerdos para ese propósito.
    Debieron ser los presidentes los que tomaran la decisión.
    Donde no pudieron ponerse de acuerdo ni los mandatarios fue en el otro punto que antes había entrampado a sus cancilleres, y que era la conformación del grupo de trabajo que le dará forma a la nueva organización.
Horas ocuparon los cancilleres pero nunca acertaron a definir si era un solo país (Chile o Venezuela), o los dos, quienes coordinaran los trabajos de ese grupo, que deberá elaborar, antes de la próxima cumbre, el 5 de julio en Caracas, Venezuela, el documento constitutivo de la nueva organización.
Los presidentes fueron más pragmáticos y no se crearon problemas: antes que la creación de un polémico y conflictivo grupo de trabajo, optaron por crear un “foro unificado”, en el que participen todos los países de América Latina y el Caribe, “que preserve al Grupo de Río y la CELC con sus respectivos métodos de trabajo, prácticas y procedimientos, a fin de asegurar el cumplimiento de sus mandatos, así como la capacidad de concertación política que le permitan pronunciarse o actuar ante acontecimientos internacionales”.
En lo que sí se pusieron de acuerdo fue en que las próximas cumbres de ambos organismos se realicen en Venezuela, en 2011, y en Chile, en 2012.
En la Declaración de Cancún que aprobaron los cancilleres el domingo pasado, había dos temas conflictivos: energía y bases militares extranjeras.
En el primer caso, los cancilleres no lograron el acuerdo porque algunos países, enfáticamente Bolivia, consideraban que se abría la puerta a las trasnacionales para apoderarse de recursos naturales y concentrar y manipular el uso de fuentes alternativas de energía, como los biocombustibles.
Los presidentes, en este caso, matizaron y definieron que la inversión extranjera en energías renovables y no renovables deberá estar acompañada de transferencia de tecnologías y el adiestramiento y capacitación técnica.
El otro punto de conflicto era el de las bases militares extranjeras. En el documento preliminar de la Declaración de Cancún, en su punto número 80, que había quedado encorchetado, se asentaba:
“Reafirmamos que la presencia de fuerzas militares extranjeras no puede, con sus medios y recursos vinculados a objetivos propios, amenazar la soberanía e integridad de cualquier nación y en consecuencia la paz y la seguridad de la región.”
    En el encuentro de cancilleres a Venezuela le pareció “tibia” esa redacción. El canciller Nicolás Maduro la emprendió contra Colombia, que –dijo-- tiene bases militares estadunidenses en su territorio, que son una amenaza para la región.
    Pidió el venezolano que la redacción de ese punto fuera contundente en señalar “que se declare a la región libre de bases militares extranjeras”.
Y propuso que la Declaración apunte claramente que “Ejércitos extraterritoriales nunca ocupen países nuestros”.
    El canciller venezolano, entre otros argumentos, dijo que está probadísimo que donde hay soldados estadunidenses, con el pretexto de combatir el narcotráfico y el crimen organizado, éstos nunca han disminuido.
Los presidentes, en el último día de la cumbre, se fueron por la fácil. Quitaron el párrafo polémico. Y el asunto de las bases militares desapareció de los documentos finales del encuentro presidencial.

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