Costa Rica: elecciones en el "paraiso"

viernes, 5 de febrero de 2010

SAN JOSÉ, 5 de febrero (apro).- Una mujer atractiva, la politóloga Laura Chinchilla, podría ser la primera mujer presidente de Costa Rica, una nación hasta ahora gobernada por una “dinastía de los conquistadores” que exhibía orgullosa su descendencia de los primeros españoles, que logró hacer de este territorio centroamericano uno de los “países más felices del mundo” pero que, de todas maneras, no pudo terminar de barrer la pobreza y la criminalidad.
     Los costarricenses concurrirán este domingo 7 a las urnas para elegir presidente. Sus principales contendientes: Chinchilla, del Partido Liberación Nacional (PLN, al que pertenece el actual presidente Oscar Arias), y el derechista Otto Guevara, del Movimiento Libertario, quien la semana pasada ocupaba el segundo lugar de las encuestas gracias a sus promesas de mano dura contra la delincuencia.
     Los últimos sondeos de opinión señalan que Chinchilla cosechará poco más de 40% de los votos, justo lo necesario para evitar una segunda vuelta. Pero Guevara no se rinde y en la noche del miércoles 3 hizo un último esfuerzo para recolectar dinero para una última estocada de publicidad de campaña. Los libertarios organizaron una cena en un exclusivo hotel en Heredia, durante la cual captaron unos 100 mil dólares. La velada, a la que no tuvo acceso la prensa, fue amenizada por un número musical de lujo, el cantante mexicano Christian Castro.
El hijo de Verónica llegó a Costa Rica de la mano del empresario libertario Don Stockwell, quien pudo subir al mexicano al escenario de la cena en favor de la candidatura de Guevara porque el Tribunal Supremo Electoral (TSE) no prohíbe la participación de cantantes extranjeros en la campaña electoral, siempre y cuando su actuación “no trascienda el ámbito exclusivamente artístico”.
Guevara ya había peleado, con menos posibilidades, los comicios presidenciales del 2006, cuando perdió frente a Arias. Aquel año, el mandatario saliente derrotó por pocos votos, unos 18 mil, a Otton Solís, del centroizquierdista Partido Acción Ciudadana (PAC), que esta vez aparece en tercer lugar, descolocado por el avance del Movimiento Libertario.
Detrás de ellos las encuestas ubican a Luis Fishman, del Partido Unidad Social Cristiana (PUSC).
     La campaña de Guevara no tiene muchos secretos, comenzando por su eslogan: “Hagamos el cambio”, respecto de los gobiernos alternados del PLN y el PUSC que acaparan el poder desde 1982, cuando concluyó la administración de la Coalición Unidad, la alianza de partidos contrarios a Liberación Nacional, de los hermanos Arias.
En su plataforma de gobierno, los llamados “libertarios” tampoco dejan dudas: entre propuestas en los terrenos de empleo, desarrollo humano, educación, medio ambiente y relaciones internacionales, el primer objetivo propuesto es “mano firme contra la delincuencia”.
Chinchilla, graduada de la universidad de Georgetown, en Washington, también se pintó el rostro para la guerra y buscó mostrarse ante el electorado como una dirigente capaz de usar un puño de hierro contra la criminalidad.
Combinando el foco contra la delincuencia y también contra la corrupción –otro grave problema del país-- el eslogan de la politóloga dice: “firme y honesta”.
     De hecho, Chinchilla fue ministra de Seguridad mientras acompañó, también como vicepresidenta, el actual gobierno de Arias.

Paraíso… con delincuentes

Para muchos en el extranjero, Costa Rica es el paraíso natural que muestran los folletos turísticos, que presentan fotografías de lugares que, sin duda, están bendecidos por la naturaleza. Pero esa imagen es habitualmente desafiada por los vecinos centroamericanos de los costarricenses, entre los cuales no es raro escuchar historias de turistas en problemas, atracados por delincuentes “ticos”.
     Nicaragua corre con la perenne imagen revolucionaria de los sandinistas y la violencia “contra”, El Salvador es señalado como la Meca de los pandilleros y el reflejo internacional de Honduras terminó de embarrarse con el golpe de Estado contra el presidente Manuel Zelaya. Se entiende que los vecinos aprovechen cualquier oportunidad para decirles a turistas y reporteros los presuntos problemas de seguridad que sufren los costarricenses.
     Pero en estos tiempos de elecciones, la cuestión de la criminalidad saltó al centro del escenario político de Costa Rica. Y también antes: a mediados del 2008, la propia Chinchilla, en ese entonces todavía ministro de Seguridad, reconoció que el país sufre tasas de criminalidad de hasta 40%, y que “casi la mitad de los hogares” han sido golpeados en algún momento por un hecho violento, al menos en algunas zonas del país.
     “Los miembros de las pandillas provienen de los grupos más marginados de la sociedad, expuestos a conductas de riesgo y con menos acceso a servicios básicos”, describía entonces el diario Extra, de San José.
La semana pasada, un artículo en el periódico online Globedia aseguraba que la delincuencia “crece de manera alarmante en Costa Rica”, donde “hay más delincuentes que policías”.
Semejante denuncias contrastan de manera llamativa con la posición que Costa Rica mantiene en distintas graduaciones internacionales sobre calidad de vida. En base a estadísticas de protección del medio ambiente y de calidad de vida, la New Economics Foundation (NEF), un centro de estudios británico que se presenta como “independiente”, ubicó en julio último a Costa Rica en el primer lugar de su Happy Planet Index, es decir, el país “más verde y más feliz”.
     Se trata, dicen sus organizadores, de “una guía irrefutable de lo que fundamentalmente nos interesa: nuestro bienestar en términos de vidas prolongadas, felices y con propósito”.
     La idea de vivir en un territorio paradisíaco es aceptada por gran parte de los costarricenses. Muchos de los cuales, sin embargo, parecen estar de acuerdo con la necesidad de “cambio” que propone Guevara. “Ya hicimos un país precioso –dijo Silvia Ugarte, una enfermera de 36 años entrevistada por la agencia Reuters--, con muchas carreteras, con un premio Nobel (de la Paz, para Arias), con muchas cosas lindas que tenemos, pero no podemos salir a la calle”.
Ugarte aseguró que el domingo votará por Guevara.
     Según Juan Carlos Mendoza, uno de los principales candidatos a diputado por el PAC, “la criminalidad ha aumentado tanto en su frecuencia como en la violencia asociada a los hechos delictivos, mientras que, por otra parte, el crimen organizado y los cárteles mexicanos cada vez tienen más influencia en el país”.
     Además, continuó en entrevista con Apro, “la corrupción política es una constante y ha llegado a deslegitimar como un todo a la clase política y a generar un descontento generalizado frente al sistema”.
Mendoza señaló que la inseguridad es reiteradamente el problema más mencionado por las personas que cada vez están más propensas a aceptar un hombre “fuerte” o políticas de “mano dura”.
“Hay varios temas pendientes en Costa Rica en este momento”, indicó por su lado José Raúl Perales, del Wilson Center, de Washington, empezando por “el problema de la seguridad pública y el crimen”. Citando estadísticas recientes, Perales dijo a Apro que “más de 75% de la población lo identifica como su principal preocupación”.
El segundo tema, continuó, es el “plan escudo” de Arias, que “sirvió de paliativo para los efectos de la crisis pero significó una carga adicional al cuadro fiscal del país, que ya presentaba algunos problemas, entre ellos un incremento de la deuda”.
     Con optimismo electoral, Mendoza aseguró que, en los últimos días, “se ha visto como en el proceso electoral costarricense el Movimiento Libertario ha ido decreciendo en las encuestas, sobre todo después del mal desempeño de su candidato en los debates televisivos, y cómo el Partido Acción Ciudadana tiene una contundente presencia en el país mostrada en multitudinarias caravanas y encuentros ciudadanos con miles de personas que llegan por sus propios medios y a pesar de que no existen conciertos como en las concentraciones ‘shows’ del PLN”.
      Mendoza afirma que Costa Rica “se ha debatido al menos por dos décadas entre dos modelos de desarrollo encontrados, uno que le apuesta a la ideología neoliberal, centrado en aperturas comerciales y la transformación de servicios públicos en mercados de servicios, y otro que parte de un Estado social de derecho que participa en la economía en ciertas áreas que son estratégicas para generar oportunidades y parte de la solidaridad como principio fundamental”.
     Tratando de buscar explicaciones detrás de esa contradicción entre la imagen de “happy country” y el crecimiento de la marginalidad, Mendoza dijo a Apro que “la tensión entre ambos modelos es permanente y no se ha resuelto en Costa Rica”.
     Según Mendoza, “la mítica estabilidad costarricense es bastante frágil”, ya que la institucionalidad “ha sido resquebrajada por el irrespeto a la separación de poderes y la concentración de poder económico, político y mediático de los Arias”, el presidente Oscar y su hermano, Rodrigo.
     Los costarricenses no dejan de reírse cuando alguien cuenta un viejo chiste que dice que “el presidente de Costa Rica tiene un hermano... que se llama Oscar”.
     En este país centroamericano “existe un creciente descontento con esa forma” casi familiar, de clan, de gobernar “y de manejar la institucionalidad democrática”, añadió Mendoza.
     Un libro de lectura obligatoria entre aquellos interesados en el desarrollo político y económico de América Central, Coffee and power, de Jeffery Paige, afirma que la “dinastía de los conquistadores” –un concepto acuñado por el académico Samuel Z. Stone-- sigue “dominando la política en Costa Rica”.
     “Aunque no todos los descendientes de la primera nobleza colonial son ellos mismos productores de café –escribió Paige--, la dinastía de los conquistadores ha tenido un impactante agarre sobre la presidencia en Costa Rica”, donde cada elección de primer mandatario desde 1948 incluyó entre sus candidatos a por lo menos un descendiente del conquistador Cristóbal de Alfaro. El propio Oscar Arias lleva en sus venas sangre de Alfaro, recuerda Paige.
     Esta genealogía de sangre azul y de café aparece incluso detrás de las diferencias que muchos costarricenses de la elite o de las clases medias con posibilidades de ascenso social marcan con sus vecinos centroamericanos. Algunos de estos costarricenses en el extranjero, consultados por Apro, incluso se permitieron recordar que, en su opinión, Costa Rica disfruta de una elite ilustrada cafetalera que aprendió rápidamente que una sociedad democrática y con acceso a la buena educación sería buena para sus negocios.
Otros países, como Honduras, por ejemplo, seguirán sufriendo siempre el síndrome de “país bananero”, bromearon.
     En todo caso, más allá de las referencias a los rancios antepasados y a los problemas de seguridad, “lo que está claro es que existe un creciente sentimiento de necesidad de ‘cambio’ en el aire de Costa Rica”, aun cuando la favorita sea Chinchilla, una representante del establishment, afirmó Michael Lisman, del InterAmerican Dialogue, de Washington.
Según el analista, se puede incluso hablar de “un efecto (Barack) Obama latente”, en referencia al mensaje de change que llevó al senador por Illinois hasta la Casa Blanca.
     Un “cambio”, al menos de partidos políticos en el poder, que ya ocurrió “en los vecinos Panamá, El Salvador y Honduras en menos de un año”, dijo Lisman a Apro.
     Perales, por su parte, matizó esta apreciación afirmando que las diferencias y los puntos de coincidencia entre los candidatos “no involucran un re-pensar del modelo económico costarricense ni tampoco de las instituciones democráticas del país”.
Según Perales, “independientemente de la posición de cada candidato, el importante papel del Congreso en la política ‘tica’ –más todavía en esta ocasión en que se espera un mayor fraccionamiento del Poder Legislativo-- servirá para limitar cualquier intención de cambio político brusco”.
     Lisman destacó que, “si bien no fue inmune a la crisis financiera que sacudió a países como Honduras, y hasta Panamá, existe la sensación general de que Costa Rica protegió mejor de los shocks económicos y de empleo que se sufrieron en todos lados”.
En efecto, añadió, los mecanismos estatales y de relaciones públicas alrededor del turismo parecen haber mantenido a salvo la reputación internacional del país, “que sigue siendo sólida a pesar de la recaída económica y de la creciente criminalidad”.
     “Lo que la mayoría de las personas que van a la playa y los ecoturistas siguen sabiendo sobre Costa Rica –completó Lisman-- es que no tiene Ejército, tienen una democracia estable y un nivel de desarrollo e infraestructura por encima de sus vecinos”.

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