Cassez y sus diálogos con Sarkozy

lunes, 8 de febrero de 2010

PARÍS, 8 de febrero (Proceso).- El presidente francés Nicolas Sarkozy habla por teléfono con su compatriota Florence Cassez –recluida en la prisión femenil de Tepepan por el delito de secuestro–; le promete que no la va a abandonar, le ofrece consejos y estalla ante el rechazo del presidente Felipe Calderón a la solicitud de enviarla a Francia en virtud del Tratado de Estrasburgo. Es la propia Cassez quien revela sus diálogos con el mandatario galo. Lo hace en un libro de su autoría: A la sombra de mi vida, presa del Estado mexicano, publicado el jueves 4 en París y en el que cuenta detalles de su caso, que amenaza con tensar aún más las relaciones entre Francia y México.

El título es duro: A l’ombre de ma vie, prisonnière de l’Etat Mexicain (“A la sombra de mi vida, presa del Estado mexicano”). El estilo es sobrio; el relato, impactante, y ardiente el deseo de Florence Cassez de convencer a los lectores de su inocencia.

Desde 2006 esa joven francesa, acusada por la justicia mexicana de haber secuestrado a Cristina Ríos Valladares y a su hijo Cristian, así como a Ezequiel Elizalde, y condenada por ello a 60 años de cárcel, ha sido tema de múltiples reportajes en los medios de Francia y México.

Fue su abogado francés, Frank Berton, quien la convenció de dar a conocer su propia versión de los hechos en un libro que empezó a circular en Francia el jueves 4.

“Al principio no le gustó la idea –explica su madre, Charlotte Cassez–. Volver a recordar todo lo que vivió desde su detención secreta el 8 de diciembre de 2005 hasta finales del año pasado para poder contarlo con rigor, le parecía una tarea irrealizable. Pero fuimos varios en estimularla. Finalmente se lanzó. Llenó múltiples cuadernos y Eric Dussart, periodista de La Voix du Nord, diario del norte de Francia, la ayudó a pulir su relato. También la apoyó otro periodista, Jacques Yves Tapon, reportero de Radio France y France Bleu Nord, quien fue el primero en cubrir su caso y escribió el prefacio.”

En los primeros capítulos de su libro de 230 páginas, Florence Cassez evoca su vida en Francia, su llegada a México, donde radicaba su hermano, sus primeros meses en el país y su encuentro con Israel Vallarta, quien encabezaba a una banda de secuestradores y se convertiría en su pareja.

También describe en forma detallada su detención la mañana del 8 de diciembre de 2005; las 24 horas que pasó presa en un vehículo estacionado en la sede de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO); la escenificación de su detención ante las cámaras de televisión –la mañana siguiente–, y sus primeros interrogatorios.

El resto de su testimonio es el relato cronológico de sus tres meses de arraigo; su estadía en la cárcel de Santa Martha Acatitla y luego en el reclusorio de Tepepan; las inacabables audiencias de su primer juicio, y la creciente mediatización y politización de su caso, que afecta cada vez más las relaciones entre Francia y México.

 

Ofensiva diplomática

 

El testimonio de Florence Cassez destaca la creciente participación del presidente francés Nicolas Sarkozy en su defensa. Su apoyo era conocido: Sarkozy siempre dio publicidad a las entrevistas que sostuvo con sus padres desde mayo de 2008 e hizo pública su determinación de lograr su transferencia a Francia durante su estadía relámpago en México, en marzo de 2009.

 Pero A la sombra de mi vida revela que, al paso del tiempo, el “caso Cassez” se fue convirtiendo en un asunto cada vez más personal para Nicolas Sarkozy: el mandatario considera el cambio de actitud de su homólogo Felipe Calderón y el endurecimiento de su posición como un conflicto político y diplomático, y sobre todo como una afrenta personal. Eso aparece claramente en las conversaciones telefónicas que sostuvieron Sarkozy y la reclusa de la cárcel de Tepepan.

 Una se dio durante el viaje de Sarkozy a México. Florence acababa de ser condenada, en segunda instancia, a 60 años de cárcel. El presidente de Francia hizo lo imposible para que aceptara su transferencia a su país. Eso implicaba no apelar su condena, hipótesis que rechazaba la joven francesa. En su libro cuenta cómo buscó convencerla, y evoca el diálogo:

–Florence, va a ser preciso que usted me tenga confianza. Tengo un plan en la cabeza, creo que ya usted está al tanto de eso. Para empezar, tendrá que aceptar la repatriación. 

–No estoy de acuerdo.

Me salió eso espontáneamente. Le explico que es demasiado difícil aceptar reconocer mi culpabilidad. Llevo tres años pensando en eso y no estoy dispuesta a capitular.

–Insisto, Florence. Le repito: es preciso que usted me tenga confianza (…)

–No sé qué pensar. Tengo ganas de no contestar ahora y de reflexionar en todo eso (...)

–Florence, es como si usted fuera parte de la familia. La voy a sacar de ahí.

Al final, Florence Cassez aceptó.

Asombrosa resulta otra conversación telefónica entre el presidente y su conciudadana encarcelada, realizada en julio del año pasado, pocos días después de que Felipe Calderón rehusara en definitiva el traslado de Florence Cassez a una prisión francesa:

–Habla Nicolas Sarkozy. ¿Como está usted, Florence? Estamos en mi oficina con Frank Berton, Thierry Lazar (diputado del norte de Francia) y sus padres. Conecto el altoparlante.

En el tono de su voz percibo su exasperación.

–Las cosas no andan como lo pensábamos, Florence. ¡Se burlan de nosotros!

 Aparentemente alguien en su oficina le aconseja ser prudente. Pero insiste:

–Yo, Nicolás Sarkozy, se lo digo, Florence, no la voy a abandonar.

Por supuesto, sus colaboradores saben que el teléfono está intervenido y por eso le sugieren que no se lance demasiado. Yo también sé que nos escuchan y casi tengo ganas de decirle lo mismo. Pero es obvio que no le importa en lo más mínimo.

–Ya sé que el teléfono está intervenido. ¡Que nos oigan, pues!

Y durante dos minutos habla de (Genaro) García Luna (secretario de Seguridad Pública). Dice que quiere demandarlo ante la justicia.

(…) Hago grandes esfuerzos para recordar cada una de sus palabras de la forma más precisa posible, para guardarlas en mi memoria y poder recordarlas cada mañana al despertarme.

Esta vez el presidente se lanzó en serio. Habló de Luis Cárdenas Palomino, el brazo derecho de García Luna. La prensa mexicana dice que tiene las manos manchadas con sangre. Hay frecuentes alusiones al hecho de que uno de sus amigos mató a sangre fría a un chofer de taxi porque no tenía dinero para pagarle y que el pobre hombre insistía en cobrar la dejada. Anabel Hernández (autora del libro Los cómplices del presidente) me lo contó. También me dijo: ‘Palomino siempre protegió a su amigo’. Nicolas Sarkozy, a propósito, me dice por teléfono:

–Sabemos lo que le hizo al chofer de taxi.

Ahora que vuelvo a pensar en eso me digo que el presidente francés estaba realmente enojado. A veces no sé qué pensar de eso. En esa misma conversación telefónica atacó directamente el Estado mexicano:

–Si me toca decir que México es un país que se pone al margen de la diplomacia, ¡pues lo diré! ¡Es inadmisible que no apliquen la Convención de Estrasburgo!

La frustración de Sarkozy es tan grande como los esfuerzos que desplegó para encontrar una solución con Felipe Calderón. Basándose en confidencias del mismo presidente, de su abogado francés y de sus padres, Florence Cassez describe toda la labor de acercamiento de Sarkozy con Calderón.

Incluso, en diciembre de 2008, el mandatario francés pidió a Ingrid Betancourt que abogara a favor de Florence Cassez en la plática que sostuvo con Felipe Calderón durante su estadía de dos días en México. Betancourt sólo aceptó esa misión después de haber consultado un expediente elaborado por Frank Berton. Sarkozy confiaba en el prestigio de la exrehén de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y, sobre todo, en su larga amistad con Calderón. Ambos se conocieron como estudiantes en la universidad. Pero no prosperó la iniciativa.

Cassez insiste sobre las entrevistas secretas que Jean Claude Marin, procurador general de París, uno de los magistrados más importantes de Francia, sostuvo con los asesores jurídicos del presidente Calderón pocos días antes de la llegada de Sarkozy a México y en vísperas de la segunda condena de Florence Cassez a 60 años de cárcel, a principios de marzo de 2009.

Reproduce la carta fechada el 27 de febrero de 2009, dirigida a Nicolas Sarkozy, en la que Felipe Calderón habla claramente de la aplicación de la Convención de Estrasburgo sobre traslado de presos. También relata los vanos intentos de Sarkozy para tocar el tema en su reunión privada con Calderón durante su estadía en México.

“Felipe Calderón se quedó helado cuando se abordó mi caso en la conversación, o más bien, cuando Nicolás Sarkozy buscó abordar el tema. El presidente mexicano estaba totalmente cerrado y firmemente decidido a no tocar el tema”, cuenta en su libro, y asegura que los servicios secretos franceses llevaron y siguen llevando sus propias investigaciones del caso en México. Aunque no da muchos detalles, precisa:

“Frank Berton me dice que ya obtuvieron informaciones extrañas sobre la juez Olga Sánchez Contreras, que me condenó en primera instancia. Descubrieron que tuvo problemas durante su carrera. Siguen investigando.”

Si bien Florence no lo precisa, los agentes secretos de Francia habrían investigado a Eduardo Margolis, el exsocio en México de su hermano Sébastien. Ella está convencida de que este sujeto juega un papel preponderante en su caso.

 

La venganza

 

En su libro Florence revela que, después de la escenificación de su detención ante las cámaras televisivas, el 9 de diciembre de 2005, ella e Israel Vallarta fueron llevados a la SIEDO para ser interrogados.

Asegura que ahí Vallarta sufrió agresiones físicas, en tanto que los policías que la interrogaron a ella la maltrataron, la hostigaron, la humillaron y la amenazaron con una pistola, pero no la torturaron físicamente. Le hicieron muchas preguntas sobre su relación con Eduardo Margolis. Y en dos oportunidades le gritaron, amenazantes: “Ahora sí, te va a chingar Margolis!”.

Florence relata que su hermano Sébastien y Eduardo Margolis crearon una compañía de importación de material para salones de belleza. Cuando Sébastien descubrió que su socio tenía otro tipo de negocios, decidió cortar con él. La ruptura fue violenta. Margolis se dedicaba al blindaje de vehículos, la protección de personajes importantes y negociaciones para liberar a personas secuestradas a cambio de rescate.

 Sébastien Cassez le aseguró a la reportera que Margolis había llegado al extremo de llamar por teléfono a su entonces esposa mexicana para amenazarla de muerte; le dijo que secuestraría a sus dos hijos. El caso acabó en los tribunales y duró varios años. A pesar de múltiples presiones, Cassez ganó el pleito legal, pero optó por regresar a vivir a Francia.

 Por sus negocios, Sébastien Cassez mantenía frecuente contacto con la comunidad judía de la Ciudad de México. Afirma que todos conocían a Eduardo Margolis y que lo describían como un exmiembro del Mossad, el servicio de inteligencia israelí. Le temían y le debían favores.

Según explican Florence Cassez en su libro y Sébastien en entrevista, Eduardo Margolis no perdía oportunidad para vanagloriarse de sus estrechos lazos con la Agencia Federal de Investigación (AFI).

Al analizar los reportes de entradas y salidas de la SIEDO, el abogado Frank Berton descubrió que Eduardo Margolis se encontraba en la dependencia el 9 de diciembre de 2005, el día de la escenificación de la detención de Florence Cassez.

Florence y Sébastien Cassez están convencidos de que Margolis se enteró de que la AFI buscaba a Israel Vallarta e influyó en el procesamiento de la joven francesa, “detenida casualmente”, para vengarse de Sébastien.

Desde el momento en que llegó la nueva misión diplomática francesa a México, en 2008, el embajador Daniel Parfait y la cónsul general Vera Valenza consideran el caso como prioritario. Ambos trabajan en estrecha colaboración con Damien Loras, encargado de seguir la situación de Florence y uno de los más cercanos colaboradores de Sarkozy.

 A Cassez le resulta extraña la actuación de Jorge Armando Ochoa, el primer abogado contratado por su familia.

Dice Sébastien Cassez a la corresponsal:

“Fue difícil encontrar un buen abogado dispuesto a defender un caso tan mediatizado como el de Florence, que desató tanta violencia en la prensa y la opinión pública de México. Todos pedían sumas astronómicas. Creo que querían alrededor de 250 mil dólares. Finalmente nos presentaron a Jorge Armando Ochoa, que propuso que se le pagara un salario mensual de 10 mil euros, alrededor de 13 o 14 mil dólares.”

En su libro, Florence menciona sus frecuentes enfrentamientos con Ochoa y su incapacidad para entender sus actitudes. Reconoce que nunca supo realmente quién era.

Refiere que mientras seguía bajo arraigo, el abogado le dijo que tenía la prueba de que los rehenes no habían podido ser secuestrados en la cabaña del rancho Las Chinitas y que habían sido liberados antes del 8 de diciembre. Ochoa aseguraba tener un videocasete de vigilancia de Perisur, con fecha del 7 de diciembre, en el que aparecía Cristina Ríos Valladares haciendo compras en ese centro comercial.

“No entendí bien de qué se trataba. Si ese casete existía realmente era algo gigantesco, la prueba de que todo eso había sido inventado, montado, un elemento clave que comprobaba mi inocencia. (…) Ochoa dijo que no podía obtener tan fácilmente ese casete y que necesitaba 30 mil euros… que estaba en manos de otra persona… Al paso del tiempo dejó de hablar del casete.”

Sébastien Cassez confirmó a la reportera la historia del videocasete e indicó que Ochoa, quien había sido policía antes de desempeñarse como abogado, logró conseguir extractos de la cuenta bancaria de Cristina Ríos Valladares. Descubrió que había hecho compras en Perisur el 7 de diciembre y tuvo acceso al videocasete.

Su propuesta no inspiró confianza a la madre y al hermano de Florence. Ambos la rechazaron…

Tiempo después, Frank Berton y Agustín Acosta, el nuevo abogado de Florence Cassez en México, intentaron encontrar la pista del video. Ochoa insistió en que pagaran el precio, pero por anticipado. Berton quiso ver el video primero.

“Murió el asunto pero quedó la duda”, recalca Sébastien Cassez.

 Florence describe las múltiples audiencias de su primer juicio, que duró dos años. Le asombra que la juez nunca estuviera presente, que los testigos no respondieran a las convocatorias y que muchos padecieran una especie de amnesia.

Dice que los policías que la detuvieron junto con Israel Vallarta “no recuerdan bien los hechos; tampoco Eduardo Margolis logra acordarse de lo que hacía en la SIEDO el 9 de diciembre de 2005. Tanto los policías como Margolis se muestran desafiantes con el personal del Ministerio Público, que no se atreve a interrogarlos a fondo. Pablo Reinah, reportero de Televisa, nunca se presentó como testigo. Su camarógrafo vino, pero no dijo nada, amparado por el secreto profesional”.

Al igual que Alain Devalpo y Anne Vigna en su libro Penas mexicanas (Proceso 1727), Florence Cassez hace la lista de las declaraciones contradictorias de Cristina Ríos Valladares y de su hijo Cristian, y de Ezequiel Elizalde, los tres exrehenes que la acusan de haberlos secuestrado.

A la sombra de mi vida cuestiona el futuro de Florence Cassez: si Nicolas Sarkozy es realmente tan determinado como aparece en el libro, las relaciones diplomáticas y políticas entre Francia y México amenazan con tensarse cada vez más. La próxima etapa del enfrentamiento debería darse ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya y la Corte de Justicia de París.

Lacónica, Florence remata su relato con un diálogo de Woody Allen:

–¿Quisiera terminar con un mensaje de esperanza?

–No tengo. No sé si en cambio le convendrían dos mensajes de desesperanza.