La venganza de las "viudas negras"

domingo, 11 de abril de 2010

LONDRES.   11 de abril (Proceso).- Unas horas después de los atentados en el metro de Moscú –perpetrados el 29 de marzo último–, Yuri Semin, fiscal de esa ciudad, aseguró que los ataques fueron obra de las Shahidka (”viudas negras”, en ruso).

“Partes de cuerpos hallados en el lugar nos permiten decir que eran mujeres”, explicó el fiscal a la agencia Novosti. 

Las “viudas negras” son musulmanas de la región del Cáucaso Norte que cometen atentados suicidas con explosivos adheridos a sus cuerpos. Son casi todas esposas, hijas o hermanas de rebeldes de Chechenia que murieron durante las dos guerras que devastaron a ese país desde la caída de la Unión Soviética.

La mayoría son jóvenes de entre 15 y 20 años, aunque también las hay de más de 30 años. El 75% de ellas perdió a algún familiar durante la guerra o durante el proceso de “normalización” impuesto por los rusos. El 60% fue testigo de la destrucción de sus hogares y muchas fueron víctimas de violaciones sexuales.

Kowa, una joven chechena cuyo marido fue asesinado por soldados rusos, declaró el 4 de septiembre de 2003 a la cadena británica de televisión BBC que lo único que quería era “venganza”. 

“Ahora tengo un sólo sueño, una sola misión: hacerme explotar en alguna parte de Rusia, idealmente en Moscú. Quiero matar a tantos rusos como sea posible”, dijo ante las cámaras de la televisora. 

La periodista Julia Juzik explica en su libro Las novias de Alá: asesinas suicidas dentro de Chechenia, que el comandante separatista checheno Shamil Basayev, fallecido en 2006, creó cinco años antes de su muerte la noción de las mujeres atacantes suicidas para sembrar miedo entre la población rusa y las autoridades de Moscú. Basayev utilizó por primera vez el término “viudas negras” en referencia al “veneno letal” que llevan dichas arañas.

El 23 de octubre de 2002 un grupo de separatistas chechenos asaltó el teatro Dubrovka, en pleno centro de la capital rusa, y durante tres días tomó como rehenes a sus ocupantes. De los 41 atacantes, 22 eran mujeres. La menor de ellas tenía apenas 16 años.

Desde entonces, casi la mitad de los atentados de la insurgencia de Cáucaso contra Rusia han sido realizados por “viudas negras”. 

Algunos ejemplos:

El 5 de julio de 2003, dos de ellas se inmolaron durante un concierto de rock al aire libre en Moscú y mataron a 15 personas. 

El 24 de agosto de 2004, otras dos hicieron explotar dos aviones con saldo de 90 muertos.

Semanas más tarde –3 de septiembre de ese año–, varias “viudas negras” participaron en la toma de rehenes de la escuela de Beslan, que terminó con 334 muertos, incluidos cientos de niños.

Grigori Svvedov, responsable del sitio en Internet sobre el Cáucaso www.caucasianknot.info, señala dos factores que han influido en el surgimiento de estas mujeres suicidas: una sociedad arruinada por la guerra y el fundamentalismo islámico que ha penetrado en la región durante los últimos años.

Svvedov considera que la vulnerabilidad y bajo estatus que adquiere una viuda en Chechenia la convierte en una presa fácil para su reclutamiento. 

Sin embargo, la periodista rusa Julia Juzik tiene otra opinión al respecto. En su citado libro Las Novias de Alá… –basado en entrevistas a familiares y allegados de mujeres suicidas que realizaron atentados– afirma que la mayoría de las “viudas negras” no eran fanáticas y que buena parte de ellas no compartían los ideales de los rebeldes separatistas. Esas afirmaciones, señala, provienen de la maquinaria propagandística de Rusia para pintar como “sumamente nefastos” a los separatistas chechenos. 

“La realidad es mucho más compleja y triste, y da cuenta de un problema con raíces más profundas que el terrorismo per se”, escribe Juzik en su libro.

Así, la periodista afirma que sólo una de cada 10 de esas mujeres estaba motivada a morir por ideales. Las otras nueve, por el contrario, fueron drogadas con sicotrópicos y manipuladas para llevar a cabo los atentados. Sostiene que muchas fueron vendidas por sus padres para ser utilizadas como atacantes suicidas, mientras que otras fueron secuestradas o engañadas.

Otras provienen de familias que pertenecen al wahabismo (rama del Islam de corte fundamentalista) y fueron presionadas por sus parientes para inmolarse en atentados. Muchas más fueron preparadas para el suicido después de que fueron violadas, lo que las dejó “inelegibles” para el matrimonio; otras estaban embarazadas en el momento en que cometieron atentados.

Juzik sostiene que, en general, estas mujeres no reciben entrenamiento alguno para cometer los ataques, ya que no necesitan ningún conocimiento específico sobre armas y explosivos. Y refiere que en la mayoría de los casos ni siquiera son ellas las que detonan los explosivos que cargan; eso lo hace otra persona por medio de control remoto.