Piedad Córdoba: el oficio de mediar en el conflicto colombiano

jueves, 22 de abril de 2010

GINEBRA, 22 de abril (apro).- Acosada por múltiples procesos judiciales que le imputan una presunta colaboración con la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y supuestas traiciones a la patria --designándola incluso como una agente del presidente de Venezuela, Hugo Chávez--, Piedad Córdoba afirma que no va a “tirar la toalla” y que prefiere “morir de pie antes que arrodillarme”.

Es senadora del Partido Liberal, uno de los dos troncos fundadores de la política colombiana, opuesto al Partido Conservador.

Concede la entrevista a Apro en Ginebra, escala de una gira por Europa para lanzar su movimiento “Colombianos y colombianas por la paz”. Pretende sentarse a negociar, en pie de igualdad y en nombre de la sociedad civil, con las FARC y el gobierno.

Cuando faltan cien días para que termine el mandato de Álvaro Uribe como presidente Colombia, Piedad Córdoba aboga por solucionar de inmediato el canje humanitario de alrededor de 150 rehenes civiles y 22 militares en manos de las FARC, a cambio de unos 500 presos condenados por terrorismo, dispersos en la cárceles del país.

Para ella sería el primer paso en busca de un acuerdo político negociado que resuelva un enfrentamiento militar de 60 años y abra las puertas de una Asamblea Constituyente que pacifique uno de los estados más violentos de América Latina.

--¿Cuáles son los obstáculos para avanzar hacia un canje de secuestrados por las FARC, a cambio de guerrilleros presos en las cárceles del gobierno, y obtener que haya una negociación política que solucione el enfrentamiento bélico en Colombia?

--El obstáculo más grande es conseguir que se respeten los acuerdos que se puedan alcanzar. Hace falta reunir a un grupo de garantes aceptados por las dos partes, que vigilen el cumplimiento de lo que se vaya pactando. Ese es el trabajo que estamos llevando a cabo desde “Colombianos y colombianas por la paz”, en representación de la sociedad civil, que para mi es más relevante que candidatearme para ser presidenta.

--Pepe Múgica, el nuevo presidente de Uruguay ¿podría ser uno de esos garantes?

--Yo creo que Múgica jugaría un papel muy importante, primero que todo por su experiencia y trayectoria. Preservó un ideario doctrinario y con el paso del tiempo llegó, se mantuvo, creyó, resistió y fue capaz de defenderse. Pienso ir a visitarlo en los próximos días.

--Néstor Kirchner jugó un papel en diciembre de 2007 que desgraciadamente no funcionó...

--Y puede volver a jugarlo desde Unasur (Unión de Naciones Suramericanas). Lo veo muy bien. Pagó un costo muy alto por participar en ese proceso de 2007, cuando se fracasó en conseguir algunas liberaciones, pero tanto él como Múgica tienen una visión muy distinta de la guerra y de la esperanza de solucionarla.

“Los latinoamericanos no deben dejar sola a Colombia. La persistencia del conflicto puede dar lugar a situaciones de vulnerabilidad de la paz regional, de la tranquilidad y la gobernancia. Lo fundamental es resolver el problema interno que vive Colombia y así enfrentar mejor situaciones de desbalanceo regional y mundial en los momentos actuales”.

         --Su movimiento quiere intervenir como un tercer actor en las negociaciones de paz, planteando exigencias de la sociedad civil. ¿Cuáles serían sus reivindicaciones?

--Muchos de los avances en la Constitución de 1991 se han perdido. Pero no sólo los actores armados pueden hoy convocar a una constituyente. Nosotros tenemos argumentos para decir que no compartimos el modelo, el sistema ni el tipo de gobierno; que muchas decisiones legislativas han contribuido a concentrar más la riqueza y a generar situaciones de espantosa violencia. ¿Qué vamos a hacer con 7 millones de desplazados y con los 8 millones de hectáreas de tierra expoliadas por los paramilitares y socios empresarios? Tenemos que actualizar el estatuto de reforma agraria.

“Hay que entregar tierras a los campesinos y darles los medios para que se pongan a producir. Falta verdad y reparación. Están los muertos y no sabemos qué pasó (…)

“Urge debatir sobre los servicios públicos, los recursos naturales como el agua y medio ambiente y la minería. El sistema político del país está bloqueado, consolida cada vez más a minorías privilegiadas, excluyendo a mucha gente que quiere participar”.

--Usted viene de entrevistarse con responsables de la ONU en Ginebra y sale decepcionada. ¿El colombiano es un conflicto olvidado?

--Sí. Lo que están haciendo es dejarlo a un lado, que lo resuelvan como puedan, que se maten o no se maten, pero ya... Supuestamente ellos han invertido mucho. La comunidad internacional tomó la decisión de apartarse. El gobierno de Uribe ha hecho mucha diplomacia en contra nuestra. Los intereses de las multinacionales han logrado comprometer a la Unión Europea en que realmente la lucha es contra el terrorismo, que allá no hay una guerra sino un grupo de delincuentes combatiendo desde el campo.

“Desde la sociedad civil no hemos podido articular una estrategia paralela y hacerles entender a los europeos que si no se resuelve la guerra, ellos y sus intereses van a salir perjudicados con lo que estamos viviendo”.

--¿Podría Suiza volver a ofrecer sus buenos oficios de diplomacia neutral y mediar como lo hizo hasta poco después de la liberación de Ingrid Betancourt, en julio de 2008, cuando el presidente Uribe suspendió esa intermediación?

--Los suizos pueden volver a la mediación siempre y cuando tanto las FARC como Uribe lo acepten. Vengo de comentarles en Berna que había una disposición de las FARC a que participaran, pero falta el gobierno.

--Algunos estiman que la imagen de la Cruz Roja Internacional (CICR) --que trata de favorecer el intercambio de prisioneros y aporta ayuda humanitaria-- se está deteriorando en Colombia.

--He tenido una reunión muy importante con ellos aquí en Ginebra. Acordamos buscar maneras para levantar la confianza y la credibilidad de CICR, sobre todo en un país como el nuestro, donde no se reconoce que hay una guerra, un conflicto armado interno. Eso es muy difícil de lograr, pero la situación se ha agravado: hay 200 mil desapariciones, 5 millones de desplazados a causa de la violencia, 4 millones de refugiados y 7 millones de analfabetos.

“Está la gran cantidad de escuchas ilegales realizadas por los servicios secretos, que han salido a luz, de magistrados, defensores de derechos humanos y periodistas, las cuales fueron ordenadas por el presidente de la República. Los 5 mil casos de ‘falsos positivos’, esos asesinatos cometidos por las fuerzas de seguridad de jóvenes inocentes para cobrar recompensas militares, se han perpetrado durante la gestión de Juan Manuel Santos como ministro de Defensa, quien va a suceder a Uribe en las próximas elecciones.

“El vínculo entre los paramilitares y la fuerza pública está fehacientemente probado. Todo eso es consecuencia de la guerra, un conflicto interno que el gobierno no reconoce, porque si lo admite se aplica el derecho internacional humanitario, las Convenciones de Ginebra, que obligan a las partes en conflicto a observar reglas, el respeto a las poblaciones civiles, heridos y prisioneros”.

 

cvb

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