Mensajes desde el Cáucaso

viernes, 9 de abril de 2010

LONDRES.- 9 de abril (Proceso).- Moscú equivocó la estrategia en Chechenia: aplicó la fuerza militar y no le importó violar de manera sistemática los derechos humanos para extirpar “el cáncer del separatismo”. Al hacerlo, sin embargo, provocó que éste hiciera “metástasis” y se regara por la región del Cáucaso Norte. Informes de especialistas subrayan: los recientes ataques al metro de Moscú ponen en evidencia que la seguridad de la población rusa es tan frágil como lo es la estabilidad en las repúblicas de esa región.

Los atentados en el metro de Moscú volvieron a poner la atención pública sobre la región del Cáucaso Norte, escenario desde hace décadas de sangrientos conflictos entre movimientos independentistas y el ejército ruso.

Los Servicios de Seguridad de Rusia (FSB, por sus siglas en inglés) atribuyeron a grupos armados de esa zona los atentados del pasado 29 de marzo cometidos en las estaciones de Lubianka y de Park Kulturi, ambas de la línea roja Sokolniceskaia, que atraviesa en diagonal a Moscú, muy cerca del Kremlin y de la Plaza Roja. El saldo: 39 personas muertas y un centenar heridas.

Doku Umarov, jefe del grupo armado Emirato del Cáucaso del Norte, reivindicó el pasado 31 de marzo los dos atentados por medio de un video que se difundió a través de Kakvakcenter, sitio en internet considerado simpatizante de esa organización, la cual busca crear un Estado pancaucásico islámico separado de Rusia.

En el video, Umarov sostuvo que ordenó personalmente los ataques y advirtió que éstos continuarán en Rusia. Este mismo anuncio ya lo había hecho el 14 de febrero último, en el mismo sitio en internet, cuando prometió llevar la guerra “a las casas de los rusos”.

Desde que en 2004 Moscú declaró su victoria en la más reciente guerra contra los separatistas de Chechenia, los ataques armados a fuerzas rusas y los atentados terroristas se han multiplicado en las repúblicas de Daguestán e Ingushetia, donde, en medio de una pobreza galopante, grupos islámicos se mezclan con bandas criminales.

Los atentados “no han sorprendido a nadie. Por el contrario, dejan de manifiesto que Rusia ha potenciado sus problemas internos debido a que aplica tácticas militares cada vez más feroces y unilaterales para aplacar a la insurgencia chechena”, sostiene un informe publicado el pasado 30 de marzo en Londres por el influyente think-tank británico Chatham House.

Elaborado por James Sherr, jefe del programa para Rusia y Eurasia del organismo, el reporte recuerda que durante los últimos meses las fuerzas armadas rusas desmantelaron a la guerrilla separatista de Chechenia y mataron a sus principales líderes. 

Señala que los combatientes que sobrevivieron –alrededor de 500, según el organismo– huyeron de esa región y se refugiaron en las repúblicas vecinas, como Ingushetia, Daguestán y Kabardino-Balkaria. Desde ahí los guerrilleros se reorganizaron para lanzar ataques contra Moscú.

El informe asegura que estos insurgentes “ya no persiguen la independencia de Chechenia, sino constituir un emirato del Cáucaso bajo la conducción de Doku Umarov, quien en 2007 se proclamó emir y jefe de todos los grupos combatientes activos en la región. El gobierno de Moscú lo considera su enemigo número uno”.

El documento afirma que Moscú equivocó la estrategia, pues al intentar aplastar al movimiento separatista checheno por medio de la fuerza militar, éste se atomizó y alió con otros movimientos de repúblicas vecinas.

 “Rusia cuenta con un gran número de expertos que desde mediados de los noventa advirtieron que la ‘solución’ propuesta por Moscú para extirpar el ‘cáncer checheno” en realidad provocaría una metástasis” que contagiaría a la región.

Tuvieron razón: “la estrategia de Rusia en el norte del Cáucaso ha fallado estrepitosamente (…) Daguestán, Ingushetia y Kabardino-Balkaria se han transformado en lugares alienados, radicalizados y desolados, que se volvieron cada vez más ingobernables”.

Crímenes de guerra

Las dos guerras de Chechenia (1994-1996 y 1999-2004), así como los abusos a los derechos humanos cometidos por el ejército ruso para “normalizar” la situación en ese país, que es gobernado por el presidente pro ruso Ramzan Kadyrov, tuvieron un saldo de entre 50 mil y 75 mil muertos, de acuerdo con estimaciones de varias ONG internacionales.

Al término de la segunda guerra de Chechenia, “los medios de comunicación sólo muestran la reconstrucción de edificios, pero no muestran a todas las madres que lloran en busca de sus hijos muertos o desaparecidos”, declaró a la organización Amnistía Internacional (AI) una mujer chechena cuyo hijo fue víctima de una desaparición forzada.

De acuerdo con un informe de AI sobre ese país, difundido en mayo de 2007, tropas rusas y fuerzas paramilitares ligadas al gobierno de Kadyrov detienen de manera arbitraria a chechenos, sean o no rebeldes, a quienes sistemáticamente torturan, asesinan o desaparecen.

El informe agrega: “Aunque muchas personas han sobrevivido a las guerras, sus vidas han quedado devastadas por violaciones a los derechos humanos cometidas en su contra, como torturas, abusos sexuales, detenciones arbitrarias y saqueos de sus hogares”. 

Más: “Prevalece la impunidad ante los abusos contra los derechos humanos. Las autoridades han fallado en prácticamente todos los casos a la hora de investigar y juzgar estas violaciones, incluyendo los casos de crímenes de guerra que han ocurrido durante los conflictos”. 

Según AI, los señores de la guerra chechenos también cometen graves crímenes, entre ellos las decapitaciones contra prisioneros y civiles rusos e incluso contra civiles chechenos. 

Debido a esta situación de violencia –señala el informe–, miles de chechenos abandonaron sus hogares y se refugiaron en repúblicas vecinas, como Daguestán o Ingushetia, ésta última la más pequeña y pobre de las 93 repúblicas de la Federación Rusa.

A su vez, el informe de Chatham House señala que el uso desproporcionado de fuerza por parte de Rusia contra los separatistas del Cáucaso Norte, así como la falta de modernización de las estructuras del poder en las repúblicas de la región, han alentado los atentados en territorio ruso. 

Explica que los ataques del 29 de marzo suscitan al menos dos preguntas: 

La primera: “¿Es una coincidencia el hecho de que el ataque a la estación del metro adyacente a la otrora notoria sede de los servicios de seguridad rusos (KGB) ocurriera luego de los atentados de noviembre de 2009 al tren Nevsky Express, que es ampliamente utilizado por miembros de la élite política y de negocios de Moscú?”.

Y especula: tal vez “los autores intelectuales de los atentados del 29 de marzo tratan de demostrar que el Estado ruso no sólo carece de capacidad para defender a sus ciudadanos, sino a sí mismo”.

La segunda: “¿Los ataques aumentarán en vista de las elecciones presidenciales rusas de 2012?”.

Según el Chatham House, es “excesivo” concluir que la correlación de fuerzas en el Cáucaso Norte opera ahora a favor de los “fanáticos”, quienes hasta la fecha constituyen sólo una pequeña minoría.

“Aunque algunos militantes (rebeldes) tienen objetivos que, al menos en principio, buscan un cambio a través de las negociaciones, los atacantes suicidas y aquellos que los comandan no están interesados en cambiar las políticas de sus oponentes. Sólo están interesados en la destrucción”, agrega el informe. 

Recomienda: “Antes de intensificar su estrategia antiterrorista, las autoridades de Rusia deben reconsiderarla. Y esto sólo ocurrirá cuando expertos independientes y respetadas figuras chechenas se integren al proceso” de modernización de las instituciones del país. 

“Al mismo tiempo, el llamado poder ‘vertical’ de Rusia debe dar paso a una estructura horizontal y consensuada; y las instituciones representativas deben reconstruirse en las comunidades azotadas por la insurrección y la guerra. 

“Pero –añade– nada de ello está ocurriendo.”

En un reporte publicado el pasado 30 de marzo, Jonathan Eyal, director del Departamento de Estudios Internacionales de Seguridad, perteneciente al Royal United Services Institute (RUSI), agrega otro elemento de análisis: 

Los ataques al metro de Moscú ocurren en un momento en que el primer ministro Vladimir Putin “tensa cada vez más su relación con el presidente Dmitri Medvedev”. Además, “la recuperación de la economía del país, por la cual Putin tiene responsabilidad personal, sigue frágil”. 

Incluso, señala, “el supuesto mayor logro de Putin –garantizar la seguridad de los ciudadanos rusos– quedó ahora expuesto como una farsa. Los militantes que atacaron el metro de Moscú sabían lo que estaban haciendo: recordar a los rusos que ninguno de los problemas pendientes del país han sido resueltos”.

Comentarios