Mourinho rumbo al cielo; Ratzinger en el purgatorio

martes, 25 de mayo de 2010

ROMA, 25 de mayo (apro).- “Mou: Santo Subito”, se leía en una manta de al menos cuatro metros sostenida por unas 20 personas en el estadio de Siena, donde el Inter de Milán alcanzó el campeonato italiano ante la escuadra de Roma, el pasado domingo 16 de mayo.

El mensaje escrito por los aficionados desde las tribunas era para José Mourinho, el polémico entrenador portugués del Inter que espera lograr otro título este fin de semana cuando su equipo se enfrente al Bayern de Munich en la capital española, donde se celebrará la final de la Champions League.

Un ejemplo de cómo la muchedumbre bromea y sueña con el nacimiento de un santo encarnado en la figura de Mourinho, quien desde el 2 de junio del 2008 dirige el Inter de Milán y es la segunda vez que logra el campeonato nacional.

Y, aunque después de la copa europea él mismo ya anunció que dejará el Inter y dejará Italia, para los aficionados no cambia nada, él es “el mejor entrenador del mundo”, tal como fue calificado el 7 de mayo por la Asociación Internación de Prensa Deportiva, y merecería un título de santo.

Sin embargo, si de “santos” y dirigentes se habla, no todos corren la misma suerte.

Otro hombre, que teóricamente debería estar más cerca del cielo, vive su descenso de popularidad como nunca antes en los seis años que ha estado al frente del Vaticano: Joseph Ratzinger.

Según una encuesta publicada apenas el lunes 17 de mayo por el diario República, el Papa cuenta actualmente con sólo 46.6% de la confianza de los italianos.

Casi 30 puntos menos de los que tenía el papa Juan Pablo II durante sus últimos días. Para la Iglesia católica la confianza es de 47.2%.

Los números no dejan lugar a especulaciones: en el 2003, Juan Pablo II contaba con 77.2% de la confianza de los italianos. Para el 2007, Ratzinger contaba con 53.7%. En el 2008, 55.5%; en el 2009, 53.7% y para el 2010: 46.6%.

Y aunque en realidad Benedicto XVI nunca ha alcanzado los niveles de popularidad del papa Wojtyla, los últimos tres años han sido muy claros para ver cómo la confianza hacia su persona y hacia la Iglesia católica sigue un camino en descenso.

Las multitudes de fieles que han ido al encuentro del papa Ratzinger los últimos días no han sido suficientes para templar la crisis surgida a raíz de los numerosos escándalos de pedofilia en distintos países del mundo.

Sus encuentros, por ejemplo, en Malta (17 de abril) donde se entrevistó con algunas víctimas de sacerdotes pedófilos; y en Fátima (12 de mayo), donde se calcularon 5 millones de fieles en su visita y justo de frente a ellos habló sobre los males que ha hecho la Iglesia a la sociedad, al parecer no han sido suficientes para frenar su caída.

Todavía después, el domingo 16 de mayo, durante la misa dominical en el Vaticano, se volvió a ver la plaza de San Pedro llena, como desde hace mucho tiempo no se veía. Casi 200 mil personas reunidas escuchando de nuevo el mea culpa del Papa por el tema de la pedofilia.

“El verdadero enemigo de temer y de combatir es el pecado, el mal espiritual, que algunas veces por desgracia, contagia también a los miembros de la Iglesia”, expresó Ratzinger frente a la muchedumbre que se dejaba ver por la Vía de la Conciliación y a quienes agradecía su presencia, pues de acuerdo a miembros de la Gendarmería vaticana, últimamente llegaban promedio de 30 mil a 40 mil personas.

“Me siento agradecido por una presencia así de numerosa. Aquí vemos a gente de toda Italia... Gracias por su confianza”, decía él también sorprendido por la masiva asistencia.

Y no era para menos su sorpresa. Según explica el politólogo y sociólogo Ilvo Diamanti: “En lo que va de este año, la tendencia a la baja se ha visto acentuada por la larga cadena de escándalos. Los episodios de abusos sexuales contra menores de edad, donde se han visto involucrados integrantes del clero de todos los niveles, tiene mucho que ver, tomando en cuenta que también los países donde se han llevado a cabo son muchos, lo que ha hecho el escándalo aún mayor”.

Por esto es que no sorprende la caída de credibilidad en el último año: 3 puntos porcentuales menos para la Iglesia y 7 para el Papa.

Una caída además que dura ya un lustro, pues respecto a 2005 (cuando fue electo Ratzinger), la confianza en la Iglesia cayó 14 puntos, mientras en los dos últimos dos años, el consenso hacia este Papa se ha reducido 9 puntos porcentuales.

“Sin considerar el factor del papa Wojtyla, cuya confianza en el 2003 era mayor de 30 puntos, aunque Wojtyla constituía y constituye un caso difícilmente repetible por él y por lo que le tocó vivir y atravesar, como la caída del Muro en Berlín, el desplome del comunismo, el atentado que sufrió, pero también por su personalidad y su extraordinaria capacidad de comunicar durante sus numerosos viajes y a través de su propio sufrimiento”, señala Diamanti.

“Así –agrega--, la Iglesia y el mismo pontífice constituyen todavía una referencia importante para la sociedad italiana, donde su capacidad de atracción parece debilitada”.

La encuesta, realizada por la empresa Demos en colaboración con LaPolis y la Universidad de Urbino, subraya que 62% de los italianos considera inadecuada la respuesta de la Iglesia de frente a la pedofilia, pues según sus respuestas, ésta ha minimizado el problema.

Es importante este punto, afirma Diamanti, pues la respuesta es sostenida también por quienes se identificaron como católicos practicantes (44%).

El otro 22% consideró las acusaciones como instrumentadas y con la finalidad de desacreditar a la Iglesia.

--¿Cómo interpretar este descenso de popularidad de la Iglesia en medio de un fenómeno que desde hace mucho tiempo ha sido objeto de repetidas denuncias?

Damiani responde:

“La primera explicación tiene que ver con el tiempo, porque pasó mucho tiempo antes de tomar las previsiones necesarias de una manera decisiva y sin indulgencia. Pasó mucho tiempo y por eso precisamente el muro del silencio se abrió --quizá mucho más de lo que se esperaba--, porque las noticias comenzaron a irrumpir de manera conjunta con un efecto devastador que ni la misma condena del Papa ha podido aplacar, pues cada denuncia viene amplificada.

“Una segunda respuesta tiene que ver con la Iglesia misma, pues estos episodios de pedofilia la debilitan simplemente porque es más débil que en el pasado. Está dividida por tensiones y conflictos entre la jerarquía vaticana y la Conferencia Episcopal Italiana”.

Damiani señala que no en balde el mismo Ratzinger lo hizo notar durante su gira por Portugal, cuando en Fátima dijo: “Los sufrimientos de la Iglesia vienen justo de su interior (...) La más grande persecución de la Iglesia no viene de enemigos externos, sino que nace de los pecados de la Iglesia”.

Damiani dice que basta con mirar un poco cómo están los seminarios en Italia: vacíos, porque de un tiempo a la fecha ser sacerdote representa más un desprestigio que un estatus social.

“Esta es sin duda una señal evidente de la profunda crisis de legitimidad social que desde hace mucho ha golpeado la figura del sacerdote, no en balde hay tantos curas provenientes del llamado Tercer Mundo en nuestras parroquias y cada vez son más, por eso tiene razón el Papa cuando dice que la Iglesia, más que de la sociedad, se tiene que defender de ella misma”.

 

mav

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