Francia: Noriega, ayer condecorado; hoy, encarcelado

jueves, 6 de mayo de 2010

PARÍS, 6 de mayo (apro).- En los años ochenta, el exdictador panameño Manuel Antonio Noriega probablemente soñaba con pasar los últimos días de su vida en un lujoso departamento del centro de París.

Sin embargo, la mañana del pasado martes 27, Noriega arribó al aeropuerto Charles de Gaulle rodeado de policías que lo llevaron directamente al tribunal de la capital francesa.

La inesperada llegada sorprendió hasta a los abogados del general. Y es que la orden de extradición de Noriega a Francia fue firmada discretamente por la secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton, en cumplimiento de una petición que Francia hizo desde hace varios años.

Durante una audiencia pública, pocas horas después de su llegada al país galo, Noriega –también apodado “cara de piña” por su piel marcada por la viruela-- apareció en el banquillo de los acusados con un gorro gris y una muleta. Fue la primera vez que un dirigente extranjero era procesado en Francia.

Con los rasgos cansados y el cuerpo afectado por una hemiplejia, el hombre de 76 años de edad expresó su desacuerdo con el proceso. Pero el juez le cortó la palabra y le confirmó la condena de 10 años de prisión y una multa de 11.4 millones de euros por haber depositado en bancos franceses 2.3 millones de euros (37.16 millones de pesos) provenientes del narcotráfico.

La condena se remonta a 1999, cuando, después de una larga investigación, los magistrados franceses establecieron que Noriega alimentó cuentas bancarias francesas por un monto de 15 millones de francos (2.3 millones de euros) y que su esposa también realizó operaciones financieras ilícitas por un total de 3 millones de euros, entre 1982 y 1989.

Con este dinero, la familia Noriega compró tres lujosos departamentos en la capital francesa, que ya fueron embargados por las autoridades galas.

Pero Francia juzgó a “cara de piña” en ausencia, ya que en aquel tiempo purgaba una condena de 40 años en Estados Unidos por narcotráfico. La condena, que le fue aplicada en 1992 a raíz de la operación militar estadounidense para derrocarlo, fue finalmente reducida a 17 años por buena conducta.

Mientras se reabre el proceso judicial en Francia, Noriega quedará en prisión provisional. ya que “su puesta en libertad desembocaría seguramente en una fuga al extranjero”, declaró el pasado martes 27 el juez francés Jean-Michel Maton.

 

Indeseable  

 

Después de la audiencia en París, Noriega fue conducido a su celda de la cárcel de La Santé. Desde ese día, el exdictador duerme en la “zona VIP” de la cárcel parisina, donde han estado presos grandes figuras de la delincuencia financiera de Francia.

Los dos abogados franceses de Noriega anunciaron su intención de apelar el encarcelamiento de su cliente.

Consultados por Apro, los penalistas afirmaron que Francia viola el derecho internacional al encarcelar a Noriega. “En su cualidad de jefe de Estado, el general Noriega tiene una inmunidad penal y no puede ser juzgado en Francia sino en Panamá, según la Convención de Ginebra”, declaró Yves Leberquier, uno de los defensores franceses del panameño.

Y la defensa del exdictador esgrime varios argumentos. “El estatus de prisionero de guerra que tenía en Estados Unidos le permite regresar a su país una vez que cumpla su condena”, agregó Leberquier.

Por otra parte, “como prisionero de guerra, Noriega debería tener derecho a un sueldo, el acceso a sus bienes y a una asistencia personal”, insistió Olivier Metzner, el otro abogado de Noriega, en alusión a las condiciones de las que se beneficiaba su cliente en la cárcel de Florida.

Los penalistas a cargo de defender a Noriega en los tribunales galos exigen dos cosas: la liberación inmediata de su cliente y su traslado a su país de origen, Panamá, donde la justicia también lo reclama por el asesinato de opositores al régimen.

En caso de que regresara a su país de origen, el exdictador panameño podría purgar su pena en su casa.

Sin embargo, sus defensores han sugerido que existe un acuerdo para que se mantenga a Noriega lejos del continente americano.

Otro abogado del condenado, Luis Berrios, afirmó que “las autoridades panameñas, en combinación con las autoridades estadounidenses y las francesas, se pusieron de acuerdo para que el general Noriega terminara sus últimos días en Francia”.

Unos de los abogados franceses del general, Olivier Metzner, hizo el mismo análisis, al señalar que la extradición permite alejar de Washington a un exagente de la CIA incómodo. “Todo esto es muy curioso. ¿Habrá un intercambio de favores entre París y Washington? Podemos hacernos la pregunta. Quizás la extradición le conviene a algunos expresidentes de Estados Unidos como George Bush (padre), que era director de la CIA cuando Noriega era agente”, dijo a Apro.

Y es que Noriega, antes de ser perseguido por la justicia, era un destacado aliado de las potencias occidentales. A partir de los años setenta fue agente secreto de los servicios de inteligencia de Estados Unidos (CIA) para favorecer las actividades militares de Washington en Nicaragua y El Salvador.

Pero al mismo tiempo que trabajaba para la CIA –a cambio de centenares de miles de dólares que habría invertido en Francia--, Noriega se volvió un narcotraficante al servicio de los potentes cárteles de droga colombianos, convirtiendo a Panamá en un centro de lavado de millones de dólares generados por el tráfico de cocaína.

 

Relaciones amistosas

 

En 1980, a raíz de la muerte brutal del presidente de Panamá, Omar Torrijos, Manuel Antonio Noriega se convirtió en uno de los hombres más temidos de su país. Fue director de los servicios secretos y en 1984 asumió el cargo de jefe de las fuerzas armadas. Era, de facto, el hombre del poder en su país.

Sus relaciones con Francia también eran cordiales. En 1987, dos años antes de que se proclamara presidente de Panamá, Manuel Antonio Noriega recibió el máximo premio honorífico del gobierno francés: la Legión de honor.

“Es anecdótico, pero es sintomático de las amistosas relaciones entre Panamá y Francia en aquella época”, recalcó el abogado Leberquier.

La Legión de honor galardona a franceses o extranjeros por “favores a la nación”. ¿Qué tipo de favores hizo Noriega a Francia en los años ochenta para que el ministro de Relaciones Exteriores galo de la época otorgara el premio a Noriega?

En varias ocasiones, Francia dio el premio a extranjeros para fortalecer sus relaciones diplomáticas, sin considerar la virtud moral del jefe de Estado. Fue así como Nicolae Ceauşescu, dictador rumano, recibió la Legión de honor en 1978.

En el caso de Noriega, el semanario político y satírico francés Le Canard enchaîné, recuerda que “Noriega siempre era tratado con mucha cortesía por los embajadores franceses en Panamá. (…) Noriega cerraba los ojos sobre el tránsito, por el canal de Panamá, de los convoyes nucleares hacia las islas francesas de Mururoa, en el Pacífico”.

Los magistrados franceses que investigaron a Noriega por lavado de dinero subrayaron precisamente la cercanía que “cara de piña” afirmaba tener con las autoridades francesas.

A raíz de una visita al panameño a su cárcel estadunidense para interrogarlo, los magistrados galos relataron que “(Noriega) tenía una fotografía donde se veía con el general Lacaze, entonces jefe de Estado Mayor francés. Noriega indicaba que viajaba a Francia para comprar material, aviones y armas”, revela el semanario L’Express en su página web. 

El tercer país que reclama a Noriega es Panamá, donde la justicia lo sentenció en ausencia a 60 años de prisión por asesinato, corrupción y asesinato.

Sin embargo, las autoridades del país centroamericano han mostrado un interés limitado en el retorno de Noriega.

Algunos días después de la llegada del exdictador a París, la cancillería panameña anunció su intención de solicitar su extradición de Francia. Pero hasta la fecha “ni el Órgano Judicial ni el Ministerio Público habían realizado trámite alguno para tal fin”, apunta La Prensa, un diario panameño.

Por su parte, el presidente Panameño Ricardo Martinelli subrayó que la decisión final del retorno del general Noriega le pertenecía a Francia.

Para la defensa de Noriega, la explicación es sencilla: nadie en Panamá –fuera de las familias de las víctimas de la dictadura-- quiere que Manuel Antonio Noriega enfrente la justicia de su país. Y es que el exdictador fue un actor inevitable de los 30 años de actividades económicas y políticas en su país.

A mediados de mayo, la justicia francesa debe decidir si pone en libertad o no a Noriega. En esta ocasión también podrá ocurrir un hecho importante: la reapertura del juicio, pero esta vez el exdictador estará presente para hablar.

Hasta ahora ha guardo el silencio sobre numerosos casos de narcotráfico, lavado de dinero, venta de armas y actividades de los servicios secretos extranjeros en Centroamérica.

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