La política en Filipinas, un asunto de familia

viernes, 11 de junio de 2010

MÉXICO, 11 de junio (apro).- El pasado 10 de mayo hubo elecciones generales en Filipinas, y el próximo 30 de junio la mandataria Gloria Macapagal Arroyo, hija de un expresidente, cederá su cargo a Benigno Aquino III, hijo de una expresidenta. No es una circunstancia excepcional, sino más bien un reflejo del peso que los lazos familiares tienen en la política filipina.

         Aunque la autoridad electoral filipina calculaba que hasta mediados de este mes daría a conocer el recuento oficial de los votos, ya se daba por hecho que Aquino, de 50 años y conocido como “Noynoy”, sería el próximo presidente, ya que llevaba una cómoda ventaja de 20 puntos porcentuales sobre su más cercano competidor, el también exmandatario Joseph Estrada.

         Además, la victoria de Aquino III estaba prácticamente cantada. Hijo de “Ninoy” y de “Cory”, Aquino no hizo más que recoger la estafeta que le pasaron sus padres.

Conocido por su indoblegable oposición al régimen dictatorial de Ferdinand Marcos, su padre, Beningno Aquino II, sufrió persecución y cárcel, y finalmente fue asesinado en el aeropuerto de Manila –a saber, por esbirros del propio Marcos– cuando regresaba de su último exilio en Estados Unidos, dispuesto a retomar la resistencia interna.

         Su madre, Corazón Cojuangco, una educada y discreta esposa que siempre apoyó las luchas de su marido, estuvo llamada por la coyuntura histórica a encabezar el movimiento popular que acabaría por sacar a Marcos y a su esposa Imelda del Palacio de Malacañang.

Elegida ella misma a la silla presidencial, cumplió un digno papel al convocar a una nueva Constitución, reorganizar los poderes legislativo y judicial, devolver los poderes provinciales y lograr una razonable estabilidad económica y social, pese a haber enfrentado seis asonadas castrenses.

         Retirada después a la vida privada, la “tía Cory”, como la llamaba cariñosamente la gente, nunca dejó de luchar porque se afianzara la democracia en Filipinas, y su muerte, en agosto del año pasado, levantó masivas expresiones de dolor. Fue precisamente ante esta renovada ola de simpatía popular que en el Partido Liberal (PL) se decidió la candidatura de Benigno Aquino III.

         “Noynoy” no es un advenedizo en la política. Con estudios de economía y leyes ha tenido una larga trayectoria en el Congreso de Representantes, y a la sazón ocupaba un asiento en el Senado. Sin embargo, en un inicio él no era el candidato del PL, posición que los históricos del partido habían asignado al también senador Manuel “Mar” Roxas. Éste, no obstante, comprendió las ventajas que el momento político deparaba a Aquino III y declinó la candidatura presidencial a su favor, lanzándose él como vicepresidente.

         “Mar” Roxas es otro ejemplo de cómo los lazos consanguíneos dominan en la política filipina. Actualmente de 53 años, el senador es nieto de Manuel Roxas y Acuña, el primer presidente (1946-48) de la etapa independiente posterior a la dominación estadunidense.

Acusado de colaboracionismo con los japoneses durante la II Guerra Mundial, se salvó de ir a la cárcel gracias a su rol de oficial de enlace con Estados Unidos, lo que le valió la defensa del general Douglas McArthur. Anticomunista convencido, fue él quien firmó la concesión de 23 bases militares estadounidenses, a cambio de fondos de compensación. Su breve periodo se caracterizó por la corrupción y la represión.

         El padre de “Mar”, Gerardo “Gerry” Roxas, continuó por el camino de la política como senador, lo mismo que su hermano “Dinggey”, quien se desempeñaba como diputado en el Congreso.

Fue precisamente la prematura muerte de este último en 1993 la que decidió a Manuel Roxas nieto a incursionar también en la vida pública. Se postuló para sustituir a su hermano y ganó. Luego fue secretario de Comercio e Industria en los gobiernos de Estrada y Arroyo, y en 2004 ganó un escaño como senador, con un índice histórico de votación.

         Al redactar esta nota, “Mar” Roxas peleaba todavía la vicepresidencia con Jejomar Binay, el alcalde del poderoso distrito financiero de Makati, en Manila, que hizo campaña junto con el expresidente Joseph Estrada (en Filipinas, presidente y vicepresidente pueden y suelen ser de partidos diferentes).

         La saliente mandataria Gloria Macapagal Arroyo tiene antecedentes familiares similares. Su padre, Diosdado Macapagal, fue vicepresidente (1957-61) y presidente (1961-65) de la República. Abogado de profesión, al contrario del abuelo de “Mar” Roxas en la II Guerra Mundial, estuvo del lado de la resistencia contra los japoneses.

Fue diputado y representante ante la ONU. Miembro del PL, intentó realizar reformas y luchar contra la corrupción, pero fue constantemente bloqueado por los Nacionalistas. En 1965 perdió ante Marcos y 14 años después formó la denominada Unión Nacional en su contra.

         Su hija Gloria decidió estudiar economía, se casó con un poderoso empresario filipino (José Miguel Tuason Arroyo) y se dedicó a la docencia universitaria. Llamada por el gobierno de Corazón Aquino como jefa de la Junta de Exportaciones Manufactureras Textiles, su desempeño fue tan exitoso que la catapultó al escenario político.

En 1992 inició su carrera legislativa como senadora por el Partido Conservador, cargo para el que se reeligió en 1995.

         Postulada como vicepresidenta cuando ganó la presidencia Joseph Estrada, fue llamada por éste para ocupar también la cartera de Bienestar y Desarrollo.

Sin embargo, cuando estalló el escándalo de corrupción presidencial, Gloria renunció y se puso a la cabeza del movimiento contra Estrada, que acabó por sacarlo a él del poder y colocarla a ella –lo que le correspondía– en la presidencia.

En 2004 Macapagal Arroyo se postuló directamente a la presidencia, que ganó con relativa facilidad ante una endeble oposición, para alargar su mandato otros seis años, el más largo de la época posterior a Marcos.

         Aunque algunos quisieron equiparar el movimiento de Gloria que sacó a Estrada, con el de Cory que derribó a Marcos, la verdad es que en términos históricos y políticos había una enorme distancia entre ambos, y la propia Corazón Aquino fue en varias ocasiones muy crítica con su colega, porque a pesar de su discurso democrático, en sus nueve años de gobierno estuvieron presentes, como siempre, la corrupción, el clientelismo y la represión.

Además, Macapagal Arroyo no se ausentará de la política, ya que contendió por una curul en el Senado y ganó.

         Por otra parte, un sector de la sociedad filipina está dispuesto a convalidar ciertos vicios endémicos de la política local, que ve como naturales los lazos familiares en el poder o simplemente no se han roto muchos vínculos clientelares creados durante los sucesivos gobiernos, incluida la dictadura marquista, que quedó de manifiesto con los éxitos electorales de la familia en pleno del desaparecido Ferdinand Marcos, en su provincia natal de Ilocos Norte.

         Imelda, su viuda, que ya se presentó –y perdió– como candidata a la presidencia en 1992, obtuvo ahora, a sus 81 años, un escaño en el Congreso de los Diputados. No importaron su frivolidad, sus derroches o lo que algunos medios occidentales calificaron como “una rapacidad sin límites”, que cuando era primera dama de Filipinas la llevó a desviar cantidades millonarias de los fondos públicos, y ahora todavía pelea, después de que le fue confiscado ese dinero, para que la gente vuelva a colocarla en una posición política de poder.

         Peor aún, su hija Imee quedó como gobernadora de dicha provincia y su hijo Ferdinand, conocido como “Bongbong”, retuvo el asiento en el Senado que detenta desde 2007. Es más, el junior ya anunció sus pretensiones de presentarse como candidato presidencial en 2016, lo que quiere decir que vislumbra posibilidades.

         Y tal vez no esté equivocado, porque muchos filipinos parecen tener, además, una mala memoria. No de otra manera puede explicarse que Joseph Estrada, un antiguo actor, cuya simple popularidad lo llevó a la presidencia y tuvo una gestión desastrosa por inepto, corrupto e irresponsable, motivos que le valieron ser arrojado del cargo hace apenas nueve años, haya vuelto a postularse y obtenido 25.5% de los votos.

         “Noynoy” Aquino, con su sólido cuarentaitantos por ciento de respaldo, deberá demostrar ahora por su parte que no sólo ganó por ser el hijo de sus queridos y respetados padres, sino que tiene méritos propios y que, en todo caso, lo que procurará hacer es salvaguardar lo mejor de la tradición política familiar.

 

cvb

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