Haití: la catástrofe permanece

miércoles, 21 de julio de 2010

LONDRES, 21 de julio (apro).- Después de seis meses del devastador terremoto que azotó a Haití --el 12 de enero--, y que dejó, al menos, 200 mil muertos, y más de millón y medio de desplazados, la situación en ese país de las Antillas es cada vez más alarmante, con una catástrofe humanitaria que se ha instalado entre el millar de campos de refugiados, donde falta seguridad, alimentos, agua potable y servicios médicos.

Los cerca de mil 300 campamentos en Haití donde viven los desplazados por el terremoto –la mayoría compuestos por precarias tiendas de campaña hechas con plásticos y bolsas--, carecen de los servicios más básicos; y un olor a excremento se ha apoderado de muchos de ellos, donde el hacinamiento es permanente y las enfermedades se propagan con rapidez.

Recién llegado a Londres después de realizar su segunda visita a Haití desde que ocurrió el sismo, en enero pasado, el investigador de Amnistía Internacional (AI) para el Caribe, el uruguayo Gerardo Ducos, cuenta a Apro la situación dantesca que encontró allí.

“Volvimos ahora por tres semanas, a mediados de junio. En esta ocasión tuvimos la posibilidad de visitar más campamentos que la vez anterior. Lo que más me chocó y sorprendió fue ver que las condiciones en los campamentos y de los desplazados no han mejorado en los más mínimo. Incluso se han deteriorado. Peor aún: con la amenaza de tormentas tropicales habrá un riesgo más elevado de que la gente se vea desplazada nuevamente por otros problemas que agravarían la situación humanitaria”, dice el experto.

Ducos observó las condiciones de hacinamiento en los campamentos, principalmente las dificultades que tiene la gente para acceder a recursos básicos como alimentos, agua potable y servicios básicos de salud. “La situación es catastrófica”, afirma.

El observador de AI comenta que en muchos de los campamentos hay olor a excremento y a orina, “y el aire es como bien espeso”:

“Además el calor debajo de las carpas es insoportable. La gente lo dice: ‘Durante el día no podemos estar debajo de las carpas o plásticos porque hace mucho calor. Durante la noche es casi imposible dormir y cuando llueve no podemos dormir de ninguna manera porque las carpas y los plásticos ya no son impermeables y el agua corre por todos lados’.”

La precariedad de las carpas provoca también que la gente esté agotada por falta de espacio para descansar siquiera una noche:

“Visitamos el campamento de Campo de Marte que está frente al Palacio Presidencial, en el centro de Puerto Príncipe. Ahí, se estima, hay unas 15 mil personas, por lo menos. Está el campamento de Club de Golf, donde hay alrededor de unas 45 mil personas. Visitamos el campo de Trans Cestan, que está también en una zona bastante urbanizada, creo que fue la que más me impresionó en términos de hacinamiento y la falta de condiciones adecuadas para que la gente pueda vivir. No tengo exactamente el número de cuántas personas vivían allí, pero eran cerca de 10 mil”, continúa.

Siliana es una de las 45 mil personas desplazadas. Vive en el Campo del Club de Golf de Puerto Príncipe. Así narró su historia:

“Llegué el 13 de enero con mi madre, mi hija, mis tres hermanos y mi primo. Me dieron una cubierta de plástico, pero estas cosas no duran demasiado. Con las lluvias que han caído durante semanas, el agua acaba entrando... ¿Me entiendes? Tendremos que esperar a que pare de llover para volver a poner las camas y dormir. En este pequeño espacio duermen seis personas. Así es como vivimos y no es nada fácil.”

 

Indefensión  

Según Ducos, los campamentos de desplazados varían, ya que hay sitios que van de unas pocas familias, a otros que tienen decenas de miles de personas. Sin embargo, Amnistía notó problemas similares en muchos de los sitios e identificó uno de gran importancia: la seguridad a la hora de proteger a mujeres y niñas de violaciones de forajidos.

“En las semanas que estuvimos allí, entrevistamos a dos docenas de víctimas de violaciones, desde niñas de cinco años a mujeres de 53 años. Algunas han sido violadas dos veces desde el terremoto”, afirma el investigador.

“El problema principal que encontramos es que no existen medidas de protección adecuadas. La policía ha hecho muy poco por patrullar esos lugares. Sólo cuatro campamentos cuentan con presencia policíaca las 24 horas del día. Pero estamos hablando que en total son mil 300 campamentos. Y las mujeres, según lo que nos contaban ellas, no se sienten de ninguna manera seguras”, agrega.

 A partir de entrevistas a mujeres y niñas, Ducos dice que éstas viven dentro de carpas y plásticos que no las protegen de nada. La mayoría de los ataques y violaciones ocurren durante la noche. Los cometen grupos de jóvenes armados o individuos solos. “Con una navaja o una gillette cortan las carpas o los plásticos, y entran a robar y a violar a las niñas que allí encuentran”, indica.

El investigador de AI recuerda un caso: una mujer que fue violada de noche en una letrina portátil en el Campo de Marte.

“Estamos hablando de un lugar céntrico de Puerto Príncipe que está enfrente de la comisaría principal de la ciudad y a unos pasos del Palacio Presidencial. Esta mujer fue violada en una letrina donde tuvo que ir durante la noche. Y aparentemente, como no hay luz, no vio que dentro había un hombre y cuando entró el hombre le tapó la boca, otro hombre que estaba vigilando fuera trancó la puerta y la violó allí”, narra.

Debido a la falta de seguridad en las letrinas precarias de los campamentos, muchas mujeres deciden no ir a hacer sus necesidades allí porque tienen miedo; y utilizan bolsas de plástico dentro de las carpas, lo cual aumenta el peligro de propagación de enfermedades.

“El problema de la seguridad necesita una acción concertada de muchos actores. Se ha puesto mucho énfasis en la prevención a través de radio, pero no tiene un impacto positivo. De todas las mujeres violadas que entrevistamos ninguna fue a reportarlo a la policía, y no es porque las comisarías estén a una distancia enorme, es porque no tienen ninguna confianza en la Policía de Haití”, sostiene Ducos.

La desconfianza está basada principalmente en el tipo de respuesta que los agentes del orden dan a las denunciantes, y en la falta de espacio para declarar en las comisarías. “El no reportar las violaciones complica las cosas, porque luego las autoridades no saben qué es lo que está sucediendo. O sea que las políticas que se implementan para luchar contra las violaciones a las mujeres son ineficientes, porque no se les escucha”, sostiene.

Ducos afirma, además, que en su última visita en junio fue evidente la ausencia de ONG en la distribución de alimentos, útiles, carpas y enceres de plástico.

“Ahora no vimos nada de esto. Por un lado se cortó la distribución alimenticia por orden del gobierno haitiano. Hay ejemplos que la ayuda llegó a Haití, ahora si ha habido corrupción o no, es para mí muy difícil decir. No quiero entrar en esa polémica porque no lo sé. Llegó ayuda, ahora las necesidades son tan grandes, estamos hablando de un millón y medio de personas que necesitan de todo. La necesidad es tan grande que en algunos lugares es casi imperceptible la ayuda que se ha brindado”, sostiene el investigador de AI.

Agrega que los servicios que están disponibles para los desplazados, como clínicas móviles, tienen poco impacto. “Esa es la percepción de los haitianos. Por un lado dicen que el gobierno haitiano no ha hecho nada, no les ha informado sobre nada; y por el otro, ellos se percatan que las organizaciones internacionales ya no están tan presentes en el terreno como antes. Se siente en la distribución de comida que se cortó completamente”, afirma el investigador.

 

Desaliento

De acuerdo con el experto de Amnistía, en Haití ya se ha establecido una catástrofe humanitaria, empeorada por la violencia de grupos armados.

“Creo que la catástrofe humanitaria ya está ahí, está creándose, se esta desarrollando frente a nuestros ojos. Evidentemente no se ha ayudado de manera homogénea, pero existen barrios de Puerto Príncipe donde la situación es insostenible”, apunta.

Ducos sostiene que “no hay signos” de que se haya superado la fase de ayuda de emergencia y el inicio de la de reconstrucción. “Las casas que tienen que ser demolidas para limpiar el lugar porque son una fuente de riesgo, todavía siguen sin demolerse. Los edificios públicos, lo mismo. La imagen más emblemática, que es el Palacio Presidencial, sigue todavía semi derruido. No hay una visión a largo plazo de tomar la situación por las riendas y llevar a cabo actividades que, al menos, den la imagen de que algo se está haciendo, lo que puede dar aliento a la población haitiana”, continúa el observador, para quien la mayoría de los haitianos se sienten totalmente desalentados y perdidos: ya no esperan nada de su gobierno.

“Esperaban mucho de la comunidad internacional y vieron que ya no están tan presentes. Evidentemente la desilusión va aumentando”, acota.

Ducos dice que en sus dos visitas a Haití habló de estos problemas con las autoridades de ese país. “En la anterior visita logramos hablar con el presidente, el primer ministro y, en dos ocasiones, con el director general de la Policía. Sus respuestas a nuestras preocupaciones fueron que necesitan más recursos para poder llevar a cabo el trabajo de reconstrucción del país.”

Las autoridades se quejaron que sólo cuentan con 10% del dinero prometido en marzo durante la conferencia de donantes de Nueva York. “En términos de recursos las promesas están, pero el dinero no se ha transferido a las cuentas del gobierno para que se implementen esos programas”, afirma Ducos.

También se queja de la falta de voluntad política para poner en práctica medidas de ayuda. “No se da información sobre las personas desplazadas, no se consulta a la población sobre ninguna medida y mucha gente con la que hablamos tienen ideas sobre cómo mejorar la situación en los campamentos. Por ejemplo: dónde poner las letrinas o luces para alumbrarlas y con ello ofrecer a las mujeres mayor seguridad durante las noches (…) Esto es parte de un concepto: que las personas que van a ser beneficiadas de un programa deben ser informadas y consultadas, para que tengan la posibilidad de expresar sus opiniones e ideas”, afirma.

 

La incertidumbre

La visita de Ducos a Haití coincidió con la publicación de otro informe sobre la situación humanitaria en ese país, elaborado por el grupo Médicos Sin Fronteras (MSF).

El documento, de 36 páginas y titulado Haití: seis meses después, las víctimas siguen viviendo en condiciones de extrema precariedad, indica que medio año después del terremoto la situación en el país antillano “es catastrófica”.

Destaca que el sismo destruyó 60% de las estructuras de salud y 10% del personal médico falleció o dejó el país.

MSF indica, además, que la intervención médica brindada por el grupo ha evolucionado durante los últimos seis meses, desde un modelo de respuesta de emergencia a un abanico más amplio de actividades médicas y de asistencia de primera necesidad.

“Los haitianos fueron los primeros en responder a esta catástrofe, y hemos respaldado su esfuerzo con una intervención masiva. Hoy la atención médica que reciben los haitianos ha mejorado y, ciertamente, es más accesible que antes del terremoto;  esto supone que la población más desfavorecida recibe la adecuada asistencia sanitaria”, explica el coordinador general de MSF, Stefano Zannini, quien ya se encontraba en Puerto Príncipe cuando se produjo el sismo.

Sin embargo, Zanini dice que la situación para muchos haitianos es todavía de extrema precariedad. Señala que la frustración crece entre quienes sufren con la lenta reconstrucción. “Hay una sorprendente brecha entre el entusiasmo y las promesas de ayuda a las víctimas del terremoto de las primeras semanas y la cruda realidad en el terreno después de seis meses”, subraya Zannini.

El reporte del organismo informa que hasta el pasado 31 de mayo, MSF trató a más de 173 mil pacientes y practicó unas 11 mil intervenciones quirúrgicas. Los pacientes tratados por heridas de bala fueron 264, por traumatismos y heridos producto de violencia, 2 mil 147; y lesionados por hechos no violentos, 44 mil 717.  Además, 81 mil personas recibieron asistencia psicológica para ayudarles a superar el trauma.

Asimismo, MSF distribuyó casi 27 mil tiendas de campaña y más de 35 mil kits de productos para la higiene y utensilios domésticos.

En su informe, MSF indica que existe mucha incertidumbre acerca de la velocidad de la reconstrucción y el grado en el que otras organizaciones seguirán implicadas en la asistencia. “Existe también preocupación acerca de la exposición física constante de tantas personas en Puerto Príncipe y acerca de la violencia política y criminal, que siempre corre el riesgo de agravarse debido a la frustración y la desesperación por la lentitud en la mejora de las condiciones de vida”, subraya.

Según Unni Karunakara, presidente internacional de MSF, la atención sanitaria “ya era muy frágil en Haití antes del 12 de enero”, con gran número de víctimas de violencia armada y abusos sexuales.

“El terremoto destruyó gran parte de los servicios médicos disponibles, y pasarán muchos años antes de que el país se recupere”, concluyó.

 

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---FIN DE NOTA---

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