Centroamérica, cada vez más caliente

jueves, 29 de julio de 2010

MÉXICO, D.F., 23 de julio (apro).- En América Central la temperatura podría aumentar un promedio de entre 2.2 y 2.7 grados centígrados al año 2100 a causa del cambio climático, con graves efectos sobre la agricultura –especialmente los granos--, la disponibilidad de agua y el turismo, según un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

           El reporte, de 77 páginas, señala que esos incrementos “podrían volver a Centroamérica muy caliente”, aunque con matices geográficas y de temperatura. No todas las naciones istmeñas serían afectadas de la misma forma.

           Entre los años de 2081 y 2100 los costos económicos del fenómeno equivaldrían a 5.8 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) regional, calcula el documento, que es una actualización del estudio “La economía del cambio climático en Centroamérica” elaborado por CEPAL en 2008.

           El documento señala que los primeros impactos del cambio climático en un escenario de emisiones de gases contaminantes e inacción global ante los efectos, son “significativos y crecientes”.

           Además, indica que los costos de las consecuencias serán más elevadas que en un escenario con un nuevo tratado ambiental internacional, que sería firmado en Cancún, Quintana Roo, durante la 16 Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP 16).

          A pesar de que Centroamérica genera menos de 0.5 por ciento de las emanaciones globales de gases de efecto invernadero, como el dióxido de carbono (CO2), está seriamente expuesta a las secuelas del cambio climático, como sequías intensas, tormentas devastadoras y subida del nivel del agua de los océanos.

           La CEPAL ya ha hecho informes sobre el cambio climático en la zona vecina con México, como el ya citado sobre la economía y el turismo.

            “Las naciones centroamericanas presentan un nivel de vulnerabilidad muy alto ante la variabilidad y los cambios actuales del clima. Tanto las poblaciones humanas como los diversos sistemas naturales se encuentran bajo distintos niveles de riesgo climático, exacerbados por la alta vulnerabilidad socioeconómica y ambiental”, señaló a Apro la salvadoreña Yvette Aguilar, exdelegada de su país ante la COP.

            En el área mesoamericana el termómetro subió en promedio anual cerca de un grado centígrado, con respecto del lapso 1961-1990, según el Panel Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático, galardonado en 2007 con el Premio Nobel de la Paz.

 

No es ciencia ficción

 

La mayoría de los reportes sobre el fenómeno en América Central delinea un futuro catastrófico.

           El primer análisis de la CEPAL advierte resultados sobre los terrenos agropecuarios, recursos hídricos, biodiversidad y sucesos climáticos, como huracanes y tormentas tropicales.

           La producción agropecuaria experimentaría una merma de cerca de 9%  en 2100, mientras que el segmento pecuario caería 13%.

          Un tono similar adopta el documento “Impactos relacionados con el clima en la seguridad nacional en México y Centroamérica”, elaborado en 2009 por el británico Instituto Real de Servicios Unidos (RUSI, por sus siglas en inglés) y ya distribuido en las naciones centroamericanas.

           Ese informe indica que, en el sector norte de la región (Belice, Guatemala y Honduras y una parte de Costa Rica), las estimaciones a corto plazo anticipan que la lluvia disminuirá hasta 5.5% en 2020.

           “Una mayor disminución de hasta 20 por ciento se espera antes del año 2100. Estos cambios en la precipitación pueden esperarse para la mayoría de los meses del año”, menciona el texto, elaborado en cooperación con la Fundación para el Ecodesarrollo y la Conservación de Guatemala, la Comisión Centroamericana de Ambiente y Desarrollo de El Salvador y el Centro Comunitario de Cambio Climático del Caribe de Belice.

         Además, se espera un promedio de reducción de la lluvia de 28%, con un rango de entre 18 y 35%, según la CEPAL, que proyecta una expansión en la demanda de agua de 12% para el año 2050 y 19% en 2100.

           Los cambios en los flujos lluviosos resultarían en variaciones en la superficie de tierra cultivable y apta para sembrar alimentos básicos sin irrigación, según el informe de RUSI, que estima contracciones de 10 a 40 por ciento en las cosechas de arroz, fríjol negro y maíz.

          “El aumento de temperatura y la pérdida subsiguiente de humedad del suelo han generado disminución de la disponibilidad de agua, así como impactos negativos en la salud humana, productividad agrícola, seguridad alimentaria, cantidad de especies animales y vegetales, incidencia de enfermedades e incendios forestales”, resumió Aguilar, actual asesora del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales de El Salvador.

           En contraposición, en la vertiente sur de la zona –Nicaragua, una porción de Costa Rica y Panamá--, se espera una subida de hasta 10% en lluvias para siete de los 12 meses del año.

           En 2008 los gobernantes centroamericanos realizaron una cumbre sobre el cambio climático en la ciudad hondureña de San Pedro Sula. De ese encuentro emanó la Estrategia Regional Agroambiental y de Salud. El tema volvió a estar presente en el encuentro de gobernantes del 20 de julio en El Salvador.

            Complementariamente, está en marcha el Plan Ambiental de la Región Centroamericana 2010-2014 y se desarrolla el proceso de planteamiento y consulta de la Estrategia Regional de Cambio Climático, que concluiría en septiembre próximo.

          “Los países de la región podrían desde adoptar políticas nacionales encaminadas a reducir la vulnerabilidad climática, revisando, modificando o innovando las políticas nacionales, sectoriales y locales, a fin de no generar vulnerabilidades ambientales, sociales y económicas, o de reducir las ya existentes”, planteó Aguilar, quien calificó como “incipiente” el proceso seguido por las administraciones centroamericanas para incorporar el fenómeno al diseño de políticas públicas.

 

Tesoro que se extingue

 

El istmo guarda 7% de la biodiversidad mundial y la desaparición promedio de esa riqueza natural oscilaría entre 27 y 48 por ciento en 2080 a causa del cambio climático. Los países más golpeados serían Nicaragua, El Salvador y Honduras.

           Mesoamérica, que se extiende desde México hasta Panamá, perdió 10.35% de su área boscosa entre 1990 y 2005 por la deforestación y el cambio de uso de suelo, según el reporte de la CEPAL. Sólo en Guatemala se talan 70 mil hectáreas.

           En América Latina ese país centroamericano presenta la mayor proporción de suelo degradado respecto del total del territorio nacional (51.3%).

           En Honduras las emisiones de CO2 por la deforestación ascienden a 37 millones de toneladas, seguido por Nicaragua, 17 millones, y Guatemala, 13 millones.

           En el año 2030 esa estadística totalizaría 300 millones de toneladas, de las que Guatemala sería responsable de 98 millones y Honduras de 68 millones.

            “Los efectos adversos del cambo climático ya se observan de manera creciente en la región. En el futuro éstos serán más severos, masivos y abarcarán a todos los sectores de actividad económica, ecosistemas naturales y grupos poblacionales, con los peores efectos sobre las poblaciones humanas más pobres y vulnerables al clima”, previó Aguilar.

           Entre 1930 y 2008, en Centroamérica ocurrieron 248 sucesos ligados a los fenómenos climáticos, como inundaciones, tormentas, deslizamientos, aluviones y sequías.

          Ante la COP 16 en Cancún, la experta salvadoreña opinó que la región, México incluido, debe negociar para que los países más industrializados reduzcan sus emisiones contaminantes entre 40 y 45 por ciento en 2020 con respecto de sus niveles de 1990, y de entre 85 y 90 por ciento en 2050. De esa forma, la temperatura global no subiría más de dos grados centígrados en 2100.

           “La región no se debe enfocar en aspiraciones utilitarias de conformarse con el establecimiento de un fondo para la adaptación o para reducción de emisiones provenientes de la deforestación y degradación de los bosques, a cambio de permitir que los países desarrollados no asuman las metas de reducción de sus emisiones requeridas, y que continúen aumentando sus emisiones, mientras les pagan a los países en desarrollo para que destinen sus territorios a absorber carbono a cambio de la compra del carbono”, enfatizó.

          En Cancún los países centroamericanos presentarán un fondo regional para la prevención de desastres, mitigación  y reconstrucción, acordado en la cumbre de El Salvador.

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