Afganistán: El papel de China

jueves, 26 de agosto de 2010

MÉXICO, D.F., 26 de agosto (apro).- Mientras la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad en Afganistán (ISAF) sigue librando la batalla en contra de los Talibanes, China realizó la mayor inversión directa extranjera en la historia del país asiático por 3 mil 500 mil millones de dólares.

         La compañía estatal China Metallurgical Group ganó en meses recientes la licitación para la explotación de un importante yacimiento de cobre en la localidad de Aynak, en la provincia de Logar, ubicada en el sur de Afganistán.

         Lo anterior, según analistas estadounidenses, no sólo revela que el gobierno chino “considera que la situación (de la guerra) está en favor de la Coalición internacional”, sino que  Estados Unidos “no debería asustarse”, pues dicha intervención china “bien podría representar una confluencia de buenas intenciones por parte de los afganos, la fuerzas de la coalición, la República Popular y otros actores regionales”.

         En un documento titulado “El rol de China en la estabilización de Afganistán”, publicado el 8 de julio pasado por el Instituto de Estudios Estratégicos (SSI) del Colegio de Guerra de Estados Unidos, se analizan causas y potenciales consecuencias de la reciente decisión del gobierno de Pekín.

         Firmado por el coronel Greg Kleponis, de las Fuerzas Aéreas de EU (USAF), el análisis explica que la relación “ambivalente” de China con Afganistán ha sufrido recientemente un cambio. Y añade: “Para entender el diagnóstico (de China) acerca del futuro de Afganistán, es suficiente mirar en donde (los chinos) apuestan el dinero”, pues, asegura el autor, “China siempre invierte en el éxito”.

         El gobierno de Pekín, afirma el documento, “con un solo movimiento extendió sus manos sobre un recurso vital, realizando la mayor inversión en la historia de Afganistán”.

         Aunque China ya es el segundo exportador en Afganistán después de Pakistán, la nueva inversión representa el proyecto hasta ahora más relevante de Pekín en el vecino país en conflicto. En particular, el yacimiento de Aynak representaría el mayor depósito no explotado de cobre en el mundo, calculado en un valor cercano a los 88 mil millones de dólares.

         El acuerdo firmado entre el gobierno chino y el afgano se concretó en una inversión de 3 mil 500 millones de dólares por los próximos 30 años.

         Según e documento del SSI, dicho gasto corresponde al 20% de toda la ayuda extranjera otorgada al país desde 2001, y las ganancias estimadas por la explotación del yacimiento alcanzarían el 45% del presupuesto anual del gobierno de Kabul.

         El proyecto chino, promovido a través de la empresa paraestatal China Metallurgical Group (MCC), prevé la construcción de una planta de generación de energía eléctrica de 400 megawatts, que surtiría tanto la mina como la capital del país.

         Además, junto a la infraestructura para servir a la explotación del mineral, el contrato entre los dos gobiernos prevé la construcción de escuelas, carreteras e “incluso mezquitas”.

         De acuerdo con el análisis, los costos que implica construir “tantas infraestructuras en un ambiente con una nivel de seguridad tan volátil” son prohibitivos para muchas empresas privadas. Sin embargo, para China “el precio es tolerable, pues contribuye a los planes de Pekín, que busca desarrollar sus puentes hacia el occidente”.

         La inversión china produciría cerca de cinco mil puestos de trabajo directos, “90% de los cuales serán afganos”, y cerca de 20 mil trabajos indirectos.

         El autor del análisis, el coronel Kleponis, quien también entrena tropas de las Fuerzas de Seguridad Pública de Afganistán (APPF), afirma que “fundamentado en la estructura patriarcal afgana, estos puestos de trabajo se pueden multiplicar por 10”, es decir que “por cada trabajador va a haber unos diez familiares beneficiados”.

         Más adelante, el documento señala que tras los nuevos estudios geológicos en Afganistán, mismos que “revelaron importantes yacimientos minerales”, el acuerdo de Aynak es visto por los demás inversores extranjeros “como un papel de tornasol que ofrecerá pistas sobre cómo  Afganistán toma acuerdos con empresas extranjeras y también sobre  sus niveles de corrupción”.

 

Críticas

 

El documento dedica un apartado para analizar las críticas que se generaron acerca de dicho proyecto en el seno de las fuerzas militares de Estados Unidos. Dicha inversión, explica el análisis, pone en ventaja a China, aunque la operación se realice bajo la “seguridad (relativa) garantizada por el ejército de Estados Unidos”.

         Lo anterior, advierte Kleponis, despertó críticas en el sentido de que China estaría “aprovechando” los esfuerzos de la Coalición internacional. “Dicho en otras palabras: la Coalición está esparciendo sangre y los chinos se hacen del dinero”.

         Aunque en parte lo anterior es cierto, admite el analista, “también es cierto que la seguridad (en Afganistán) está lejos aún de ser garantizada y China está tomando un gran riesgo”.

         Afirma: “La conclusión es inevitable: las tropas estadounidenses están ayudando en asegurar la inversión china”. Y añade: “De haber ganado (la licitación) una empresa de Estados Unidos, las críticas habrían caído sobre las reales intenciones de Washington en Afganistán”.

         El documento pregunta: “Si eso puede ser cierto ahora, ¿la estabilidad en el largo plazo, la creación de puestos de trabajo [...] no son nuestros objetivos en Afganistán?”.

         La verdadera duda que hay que resolver, según el análisis, es “cuánto de esa inversión estimulará realmente la economía de Afganistán”. Esta es la cuestión fundamental, afirma Kleponis.

         Y añade que “Estados Unidos no debería preocuparse porque China quiere establecer una buena relación política y económica con el gobierno de Kabul”. Lo anterior, porque “debemos recordar que China también es afectada por la inestabilidad” en el país asiático.

         En un contexto de este tipo, finaliza el análisis, el proyecto chino bien podría representar una confluencia de buenas intenciones por parte de los afganos, las fuerzas de la coalición, la República Popular y otros actores regionales”.

 

El modelo chino

 

El Coronel Greg Kleponis analiza el proyecto chino en Afganistán a la luz de la política de inversiones que Pekín realiza en el continente africano. Según el analista estadounidense, la presencia económica y política china en África es el modelo que se estaría aplicando en Afganistán.

         La extracción petrolera en Angola y en Sudán, la explotación minera en Zambia, la reforestación en Mozambique y la construcción de infraestructuras en la República Democrática del Congo, son ejemplos de “la capacidad de China de perseguir agresivamente oportunidades” alrededor del planeta.

|        Según el analista, además de “las evidentes ventajas comparativas tanto en lo económico como en lo financiero”, serían dos los ejes de dicha política de inversión directa en el mundo. “China tiene un discurso político y social en África” que le permite presentarse como a una “potencia no colonial”, pues en el pasado fue también víctima del colonialismo.

         En este contexto, el primer eje de influencia sería el de “jugar el papel de presentarse como un país en vía de desarrollo con éxito”. Por otro lado, añade el documento, “China propone un modelo de desarrollo alternativo que pone la estabilidad por encima de la democracia”.

         En efecto, abunda el analista, “los chinos tienen una política oficial de no intervención en los asuntos internos” de cada país.

         Si bien el primer aspecto es cierto, afirma Kleponis, “el segundo elemento es fuente de críticas en el Occidente, pues acusamos a China de estar haciendo caso omiso a los casos de violación de derechos humanos en los países en donde invierte”.

         Esta postura, admite el analista, “resulta atractiva para los países en vía de desarrollo que, al contrario, no aceptan los sermones de los países occidentales que condicionan todo tipo de ayuda a las reformas políticas y sociales”.

         “Es más –abunda--, el gobierno chino está abiertamente promoviendo el estilo económico chino”, mismo que consistiría en “un sistema de mercado estrictamente controlado por la prioridad de mantener un partido único, un gobierno totalitario”.

 

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