Viktor, el mercader de la muerte

martes, 31 de agosto de 2010

MEXICO, D.F., 31 de agosto (apro).- El supremo tribunal de justicia de Tailandia anunció el 20 de agosto que  el traficante de armas Viktor But será extraditado a Estados Unidos. Este fallo fue precedido tras dos años de una intensa batalla legal y diplomática entre Moscú y Washington.

El 6 de marzo de 2008 Viktor But se disponía a cerrar un contrato por venta de armas con miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). El paquete consistía en 800 misiles tierra-aire, 5 mil rifles de asalto AK-47, millones de balas, explosivos C-4, minas de tierra y aviones no tripulados.

En la suite del lujoso hotel Sofitel de Bangkok se cerró el trato. Viktor But le tendió la mano a los colombianos para despedirse y en ese momento lo esposaron. Sus huéspedes no eran miembros de las FARC, sino de la DEA. La trampa la tendieron la policía de Tailandia, la DEA y la Interpol.

             Los cargos más graves que enfrenta Viktor But son haber vendido armas a los bandos combatientes de las guerras más crueles y descarnadas de los últimos 20 años. But violó los embargos de armas internacionales, aceptó como pago diamantes obtenidos de trabajo esclavo y lavó dinero del crimen organizado.

Viktor But nació en 1967 en Dusambé, Tayikistán. Tenía por lo menos ocho pasaportes falsos con diversos lugares de nacimiento: Ucrania, Uzbekistán, Kazajstán, Tayikistán  y Libia.

But estudió lenguas en un instituto militar de Moscú. Gracias a su talento se convirtió en uno de los traductores oficial del ejército rojo. Habla inglés, francés, persa, español y portugués. Durante su carrera delictiva en Africa, aprendió zulú y suahili.

Aprendió también a pilotear aviones y durante su estancia en el Ejército Rojo sirvió en el área de transporte aéreo. Su primera misión fue en Angola con las fuerzas de paz en 1987 y después en Mozambique.

 

“Diamantes de sangre”

 

Con el desmoronamiento de la Unión Soviética, varios aviones viejos quedaron abandonados en las pistas ucranianas. Viktor los compró, los acondicionó y los transformó en taxis aéreos de carga.

Poco después, literalmente aprovechando el viaje, hizo contactos por todos los países africanos en guerra para surtirles armas de los poco vigilados arsenales soviéticos.

En una entrevista que concedió en 2003 al diario The New York Times, dijo que ingresó al “mundo de los negocios” en 1992 cuando tenía 25 años de edad al comprar tres aviones de carga Antonov por 120 mil dólares. Nunca dijo de dónde sacó el dinero para esa primera inversión.

Por las mismas fechas, la prensa internacional dio fe de una cadena de robos de armas en los arsenales soviéticos. Sólo las armas robadas en Ucrania estuvieron valuadas en 25 millones de dólares

Con el tiempo y buenos contactos, But se surtió de armas modernas en Bulgaria, Ucrania y Moldavia.

Viktor llevaba el artículo publicado por The New York Times a sus citas de negocios para impresionar a sus futuros clientes.

El fiscal estadunidense Michael García afirma que But suministró armas a los combatientes de todos los bandos en Ruanda, Sierra Leona, Liberia, Angola, la República Democrática del Congo y Sudán.

También trocó armas por diamantes con el entonces presidente de Liberia, James Taylor. Este último está en el banquillo en el Tribunal Internacional de La Haya acusado de cometer crímenes contra la humanidad y de haber esclavizado poblaciones enteras; éstas fueron obligadas a trabajar como esclavas en las  minas de diamantes. Con esas piedras preciosas, Taylor compró armas y trató de seducir a la modelo inglesa Naomi Campbell, quien hace dos semanas testificó en el tribunal.

 Durante su mandato (1991-2001), Charles Taylor apoyó a los rebeldes de la vecina Sierra Leona. La guerra en Liberia cobró por lo menos 120 mil vidas y dejó un millón de desplazados.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) estima que más de 30 mil personas murieron por los trabajos forzados en un ciclo de explotación y muerte que Taylor avaló y patrocinó. Los “diamantes de sangre” le llegaban en cajas, en bruto, y eran trasladados a Europa, en especial a Bélgica, donde eran pulidos, montados en joyas y revendidos por el mundo.

La ong Globalwitness afirma en diversos informes dedicados a los países africanos en guerra que los diamantes en bruto eran vendidos con descuentos del 30% sobre su precio habitual y que traficantes de alto nivel como Viktor But y Charles Taylor trabajaron en complicidad con las empresas del sector, incluida De Beers, la firma belga que proporciona el 40% de la remesa mundial de diamantes tallados.

 

El proceso Kimberly

 

Una de las medidas que la ONU tomó para frenar la guerra y las brutalidades en los países africanos en guerra, fue establecer un sistema de certificación internacional para garantizar que los diamantes que circulan en el mercado legal no sean fruto del trabajo esclavo ni que financien la compra de armas.

         El 1 de diciembre de 2000 la Asamblea General de la ONU aprobó por unanimidad la medida, lo que dio nacimiento al Proceso Kimberly (A/RES/55/56).

La ONU también se dio la tarea de investigar para llevar ante los tribunales a los criminales de guerra, entre ellos los traficantes de armas. Es una labor titánica, pues la red de venta y transporte ilegal de armas se basa en  un enjambre de complicidades y de corrupción de empresas y políticos.

Fue  la ONU la que empezó a investigar cómo era que a  los países a los que les había impuesto un embargo de armas, tenían acceso en grandes cantidades a los más mortíferos arsenales bélicos.

Empezaron las pesquisas y muchas evidencias llevaron hacia Viktor But y sus empresas de taxis aéreos.

El pasado 21 de agosto el periódico suizo Neuer Zuercher Zeitung publicó que la flota de But es de por lo menos 50 aviones de carga. En algunos de ellos transportó a los cascos azules a Sudan en una misión de la ONU. También transportó hombres a Irak por encargo de Washington vía contratos subrogados.

Las andanzas criminales de Viktor But son tan impresionantes que llamaron la atención de la prensa, de las víctimas, de las policías locales, de investigadores universitarios y de la mismísima ONU.

Tal vez nunca antes un reporte de la ONU se había centrado tanto en un individuo como en el caso de  Viktor But en Angola Report del 21 de diciembre de 2000. En este documento, la ONU sigue el rearme de la Unión Nacional por la Independencia Total de Angola (UNITA) del que But sacó ganancias multimillonarias con el tráfico de armas. El Angola Report advierte también sobre los “diamantes de sangre”.

Llama mucho la atención la feroz oposición de Moscú a la extradición de Viktor But a Estados Unidos

Andrei Nesterenko, jefe de la diplomacia rusa, tachó de inadmisible la presión de Washington sobre But, según publicaron las agencias rusas Pravda y Novosti el 21 de agosto

¿Será que But no es un traficante cualquiera, sino un intermediario, un empleado  de los fabricantes de armas rusos?

 

En fuga permanente

 

En mayo de  2002, Londres pidió a Moscú que arrestara a But, pero las autoridades rusas simplemente ignoraron la petición. En 2005 la justicia belga lo buscó por el delito de lavado de 325 millones de dólares. Ese mismo año  Estados Unidos congeló sus cuentas bancarias en el país.

But se fue a vivir a los Emiratos Árabes y después a Sudáfrica. En  2003 regresó a Rusia, su refugio donde nadie lo extraditaría.

El otrora ministro de exteriores inglés Peter Hain le puso un apodo a Viktor But: El mercader de la muerte.

Los periodistas estadunidenses Doug Farah y Stephen Braun siguieron los pasos de But y escribieron un libro titulado El mercader de la muerte, dinero, aviones y el hombre que hizo la guerra. Esta investigación documental que sigue a But paso a paso no sólo en África sino en Irak, Afganistán y Colombia, sirvió como guión para la película Lord of War,  protagonizada  en 2005 por Nicolas Cage.

Entre lágrimas, la esposa de Viktor But, tras oír el veredicto del tribunal tailandés, se quejó con la prensa de la injusticia que se comente contra su marido.

La señora But dijo acongojada: “Los viajes de Viktor a Colombia sólo fueron para tomar lecciones de tango”

Nadie le dijo a la señora But que en Colombia no se baila tango, sino cumbia y ballenato.

 

Mr

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