Las "pruebas" de Uribe

miércoles, 4 de agosto de 2010

El ataque de un comando de las FARC a policías de Colombia en una localidad cercana a la frontera con Venezuela detonó una crisis, otra más, entre ambos países. Bogotá acusa a Caracas de dar refugio en su territorio a “alzados” colombianos y afirma tener evidencias de ello, en tanto que el gobierno de Hugo Chávez rechaza la acusación. Fuentes del Ministerio de Defensa de Colombia dieron a Proceso sus versiones en refuerzo de lo que el gobierno de Uribe considera “pruebas” sobre el particular. 

 

BOGOTÁ, 4 de agosto (Proceso).- Poco después de las nueve de la mañana del pasado 20 de junio, cuando acababa de regresar a su despacho en la Casa de Nariño luego de declarar abierta la segunda vuelta electoral para elegir a su sucesor, el presidente de Colombia, Álvaro Uribe Vélez, recibió una mala noticia. 

El ministro de Defensa, Gabriel Silva Luján, le informó que, poco después de la apertura de las urnas, un comando de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) atacó una patrulla de carabineros y asesinó a siete de ellos. El hecho, precisó el funcionario, ocurrió en la localidad petrolera de Tibú, en el departamento de Norte de Santander, a un kilómetro de la frontera con Venezuela. 

Los “alzados en armas” –le dijo Silva a Uribe– intentaron robar la papelería electoral, fueron repelidos por la fuerza pública y escaparon hacia la selva venezolana.

A lo largo de ese domingo, Uribe habló varias veces con los altos mandos militares y de la policía, quienes le reiteraron que es una vieja práctica de las FARC, del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y de bandas asociadas al paramilitarismo y al narcotráfico, actuar en territorio colombiano y refugiarse en Venezuela.

Los generales, encabezados por el comandante de las fuerzas militares, Freddy Padilla de León, le entregaron a Uribe un documento según el cual en 2010 esos grupos han ejecutado al menos 60 hostigamientos, crímenes y ataques a lo largo de los 2 mil 219 kilómetros de frontera común. 

“El presidente quedó muy alarmado con la información que le suministramos –le dijo al corresponsal de Proceso un general del comando del ejército– y nos dio la instrucción de intensificar las operaciones y ahondar en nuestras investigaciones sobre la presencia de esos delincuentes al otro lado de la frontera.”

Dos semanas después del ataque en Tibú, el servicio de inteligencia de la Armada localizó el campamento del Frente 35 de las FARC en la región selvática conocida como los Montes de María, entre los departamentos de Sucre y Bolívar, en el norte colombiano.

De acuerdo con la información recopilada por oficiales encubiertos, en el lugar había al menos 40 guerrilleros comandados por Jaime Manuel Lara (alias Jaime Canaguaro) quien, según las pesquisas, desde 2008 estaba en Venezuela al lado de Luciano Marín (Iván Márquez), uno de los integrantes del Secretariado de las FARC acusado por el gobierno colombiano de haber escapado hacia el país vecino en 2002 y desde donde organiza militarmente a una decena de frentes de las FARC que operan en el norte de Colombia. 

De acuerdo con los datos recopilados por la Armada, Iván Márquez le dio la orden a Canaguaro de trasladarse a los Montes de María para retomar los territorios que las fuerzas armadas le arrebataron a las FARC en septiembre de 2007, cuando los militares abatieron al jefe rebelde Gustavo Rueda (Martín Caballero), comandante de las fuerzas guerrilleras en esa región.

Tras confirmar la presencia de Canaguaro en el campamento, los militares desarrollaron una operación que acabó a las cuatro de la madrugada del pasado 6 de julio con el bombardeo y ocupación del campamento rebelde. Allí murieron Canaguaro y 12 guerrilleros más, y otros seis fueron detenidos. 

 

Información en computadoras

Canaguaro se dio a conocer en Colombia en 2009 cuando apareció en el documental La insurgencia del siglo XXI, en el que aseguraba que los integrantes de las FARC son campesinos humildes que siembran la tierra y estudian en bibliotecas móviles construidas en la selva. 

El propio Uribe dio a conocer el golpe contra las FARC y en una ceremonia le envió un mensaje a Iván Márquez: “Canaguaro fue mandado por Márquez. Sabemos dónde está ese bandido. Él nos mandó un mensajito. Ahí le mando yo este mensajito”. 

El ministro de Defensa, por su parte, no dudó en señalar que Canaguaro cayó en combate “cuando venía por órdenes de Iván Márquez a una retoma en los Montes de María y venía de Venezuela”.

Según dijeron al corresponsal de Proceso fuentes del Ministerio de Defensa, tras el ataque al campamento guerrillero fueron decomisadas dos computadoras de Canaguaro; sus archivos –según explicaron los expertos en sistemas– no dejaron dudas de la presencia militar y política de las FARC en Venezuela.

Las fuentes consultadas informaron que el cúmulo de evidencias recopiladas en el pasado y las nuevas, halladas en las computadoras del guerrillero abatido, llevaron al gobierno a arremeter contra Venezuela. La antesala corrió por cuenta del propio Uribe, quien el pasado 13 de julio soltó una frase, en una ceremonia, que pocos entendieron: “Estoy en desacuerdo con la diplomacia meliflua y babosa”.

La andanada a fondo contra Venezuela empezó la mañana del 15 de julio último, cuando el secretario de prensa de Uribe, César Mauricio Velásquez, se refirió al tema y leyó un comunicado en el que aseguró que “en las próximas horas el señor ministro de Defensa presentará la documentación respectiva”.

Hacia las cuatro de la tarde, Silva convocó a su despacho a los directores de los principales medios y les dejó ver un anticipo de las evidencias que no serían públicas y que, según él, probaban la presencia en Venezuela de importantes jefes de las FARC y del ELN, así como la existencia de campamentos fijos de esas dos organizaciones en ese país.

El funcionario mostró al menos tres videos en los que aparecen Iván Márquez, Rodrigo Granda (ideólogo del bloque Caribe de las FARC), Jesús Santrich y Pablito, uno de los comandantes del ELN.

Al referirse a los campamentos –que, según él, se nota que “llevan mucho tiempo en Venezuela”–, Silva exhibió varios mapas satelitales con la ubicación de la vereda Sotaima, a 23 kilómetros de la frontera con Colombia. Dos kilómetros más adelante, dijo, está el campamento de Granda y Santrich, con cerca de 45 hombres en armas. 

Para confirmar su denuncia, el ministro reveló las coordenadas del campamento de Márquez y presentó un video –según él grabado por un guerrillero desertor– en el que el jefe rebelde aparece con dos perros french poodle.

Poco después de la reunión con los medios, el ministro de Defensa ofreció una escueta conferencia en la que enfatizó la presencia de los comandantes rebeldes en Venezuela: “Confirmamos la presencia de Pablito, del ELN, quien se fugó de una cárcel colombiana el 26 de enero de 2010, en el sur del territorio venezolano. Tenemos información de que tiene un campamento con 25 personas que lo protegen allí y tenemos videos e información de inteligencia altamente delicada que lo confirman, provista por desmovilizados”.

Un documento de la inteligencia colombiana, conocido por Proceso, precisa las características de los campamentos en los que al parecer se refugian los comandantes guerrilleros en territorio venezolano. “Se trata de una infraestructura permanente, acondicionada logísticamente con una construcción de dos pisos en madera, acompañada de un kiosko en techo de paja, sobre una zona boscosa, a una altura aproximada de mil 200 metros sobre el nivel medio del mar, en la cual se ubican también cultivos de pan coger (de autoconsumo)”.

El informe reservado señala además que la información sobre los campamentos en Venezuela fue conocida por las autoridades colombianas a partir de mil 145 documentos hallados en las dos computadoras decomisadas durante la Operación Fénix, que en febrero de 2008 concluyó con la muerte, en territorio de Ecuador, de Luis Édgar Devia (Raúl Reyes), el número dos de las FARC.

 

La ira de Chávez

La denuncia colombiana produjo la inmediata reacción del mandatario venezolano Hugo Chávez, quien respondió el pasado 16 de julio con la cancelación de su asistencia a la toma de posesión de Juan Manuel Santos como presidente de Colombia, prevista para el próximo 7 de agosto, y la advertencia de que podría romper relaciones con Bogotá porque Uribe estaba dedicado a torpedear el restablecimiento de las relaciones bilaterales. 

Ese mismo día, desde Miami, donde se reunía con empresarios, el mandatario electo intentó bajarle temperatura al conflicto y dijo en tono conciliador que “los pueblos son los que sufren cuando los gobernantes pelean. ¿Por qué no restablecer el diálogo para ver cómo, por ejemplo, podemos resolver el problema que hoy está sobre la mesa, de la presencia de terroristas en territorio venezolano? Sin diálogo, ¿cómo resolver esos problemas?”

Tras la respuesta de Chávez, Colombia solicitó una reunión extraordinaria del consejo de cancilleres de la Organización de Estados Americanos (OEA) para exponer sus quejas. El organismo multilateral puso fecha: el jueves 22 de julio.

Así ocurrió y durante tres horas el embajador colombiano Luis Alfonso Hoyos presentó los mapas y videos y acusó duramente a Chávez de convivir con los “alzados en armas”. “Instamos al gobierno de Venezuela a cooperar contra el terrorismo que se refugia en ese territorio”, resumió el diplomático.

Poco después del mediodía de ese jueves 22 y cuando su embajador ante la OEA, Roy Chaderton, les daba poco valor a las “pruebas” presentadas por Hoyos, Chávez aprovechó la visita a Caracas del director técnico de la selección de futbol de Argentina, Diego Armando Maradona, para anunciar el rompimiento de las relaciones diplomáticas con Colombia. “No nos queda a nosotros por dignidad más que romper totalmente las relaciones diplomáticas con el hermano país; lo anuncio con una lágrima en el corazón”, dijo frente al exfutbolista, y agregó que el presidente colombiano “es un mafioso lleno de odio”.

Al cierre de esta edición (miércoles 28) el canciller colombiano, Jaime Bermúdez, anunció que Bogotá aportaría nuevas pruebas sobre la presencia guerrillera en Venezuela, al tiempo que reveló que las FARC y el ELN desmontaron los campamentos que aparecían en las fotografías y videos.

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