Israel-Palestina: Negociaciones en el vacío

jueves, 2 de septiembre de 2010

TEL AVIV, 2 de septiembre (apro).- Cuando la secretaria de Estado Hillary Clinton invitó el 20 de agosto al primer ministro de Israel, Benyamin Netanyahu, y al presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmoud Abbas, a una nueva ronda de negociaciones para este 2 de septiembre en Washington, combinó el optimismo de su osado calendario (un acuerdo para el estatus final de la región en un año) con una advertencia: “Sin duda, nos encontraremos con más obstáculos”.

En realidad, desde las capitales del Medio Oriente y Washington, políticos y analistas consideraron que, más que nuevos obstáculos, los negociadores deberán lidiar con los ya conocidos, como el rechazo de los sectores de la derecha del arco político israelí a suspender la expansión de los asentamientos judíos en los territorios ocupados (para no hablar siquiera de su eventual desmantelamiento) y la fuerte división entre los palestinos radicales de Hamas, que controlan Gaza, y los más moderados de Al Fatah, con el poder en Cisjordania.

         Importantes mayorías en ambos bandos creen que un acuerdo que resulte en la creación de un estado palestino soberano que viva “en paz y seguridad” junto a su vecino israelí, tendría enormes resultados positivos, en especial para la vida cotidiana de los habitantes de las dos naciones. No siempre el apoyo a un acuerdo de paz responde a una motivación política, ideológica o ni siquiera idealista.

         En su oficina en el departamento de informática de una importante fábrica en un kibutz (una de las antiguas granjas colectivas israelíes que ahora funcionan más como verdaderas empresas industriales-agrícolas), Yoel dice a Apro que desde su ventana puede ver “las luces de las torres de energía” de la vecina ciudad de Ashkelon.

Agrega: “Sería excelente hacer la paz con los palestinos: podría estar en Ashkelon con mi automóvil en apenas 15 minutos”, en lugar de la media hora que necesita actualmente para evitar entrar en los territorios controlados por Hamas.

         Para los palestinos de Cisjordania, un acuerdo de paz puede significar una confirmación de los avances económicos y la estabilidad de esa zona, que creció al amparo de los pocos publicitados acuerdos de cooperación de seguridad con los israelíes.

         Pero tanto Yoel como los residentes de Ramallah o Hebrón deben enfrentarse a los sectores más radicales de sus propias sociedades. Entre los israelíes, aquellos que están cansados de las guerras y de que el país sea siempre blanco de duras críticas de parte de la comunidad internacional, el contrapeso son los grupos de inspiración religiosa fundamentalista que sigue invocando el derecho prácticamente divino a establecerse en el “Gran Israel”, lo que incluye los territorios bíblicos actualmente bajo administración palestina.

         Los empresarios, que invierten en hoteles y restaurantes en Cisjordania, esperando que lleguen pronto las oleadas de turistas que podrían hacer despegar la economía local, tienen enfrente a los también fundamentalistas de Hamas, que imponen las reglas religiosas en Gaza, mantienen la lucha armada y no reconocen el derecho de Israel a la existencia.

 

“Una nueva decepción”

 

Tanto en Cisjordania como en Israel las noticias relacionadas con la nueva ronda de negociaciones destacan en los noticieros de televisión y radio y en la prensa escrita. La semana pasada, por ejemplo, en el noticiero de las 20 horas del Canal 2, el más seguido por los israelíes, repasó el lado local del rompecabezas: ¿Quiere Netanyahu realmente llegar a un acuerdo con Abbas? Y, en ese caso, ¿podrá convencer a los miembros de su propio partido, el duro Likud, y a socios difíciles en el gobierno, como el religioso Shas y los rusos étnicos del ministro de Exteriores, Avigdor Lieberman?

         Silvan Shalom, del Likud y vicepremier israelí, habló a las cámaras del Canal 2 y recordó que, para su partido, la cuestión de los asentamientos no es negociable y la expansión de las colonias continuará una vez que concluya el actual congelamiento, el 26 de setiembre. Al rostro duro de Shalom siguió el de Eli Yishai, diputado en la Knesset, el parlamento unicameral israelí y líder de Shas, quien se expresó en términos parecidos respecto de los asentamientos.

          A ellos se sumó el propio Lieberman, el temible canciller nacido en 1958 en la todavía Unión Soviética y cabeza del partido Israel Beiteinu, que agrupa a los inmigrantes llegados desde Rusia y otros países excomunistas.

          “No veo ninguna razón por la cual la construcción (de nuevas viviendas en los asentamientos) no deba reanudarse después del 26 de setiembre”, dijo el ministro de Exteriores al diario israelí Haaretz, en declaraciones que fueron recogidas de manera destacada por Wafa, la agencia oficial de noticias palestina.

Según los comentaristas televisivos israelíes, Netanyahu “no le dará ningún premio a los palestinos antes de sentarse a la mesa de negociaciones” en Washington, en referencia a la cuestión de los asentamientos judíos.

Cualquier concesión por parte del premier, explicaron, llegará solamente si los palestinos muestran una “verdadera voluntad” de reconocer a Israel y acercarse a la paz, uno de los argumentos principales del gobierno de centroderecha que gobierna en Jerusalén. De todas maneras, indicaron los analistas, si Netanyahu realmente quiere entenderse con los palestinos, podría hacerlo incluso sin tener que preocuparse demasiado por el frente interno, ya que su Likud terminaría por alinearse con su voluntad y el Shas haría lo que hace siempre: “acomodarse a las circunstancias” para mantener su cuota de poder.

         Si bien la sombra de la fuerza de los soldados, los aviones y los tanques israelíes –ahora concentrados en golpear en Gaza-- parece ser casi una cosa del pasado para los acomodados líderes de Cisjordania, desde Ramallah es fácil percibir la desconfianza hacia los israelíes.

          La agencia Wafa destacó la visita de Tony Blair, exprimer ministro de Inglaterra y enviado del “cuarteto” (el grupo formado por Estados Unidos, Rusia, la Unión Europea y la ONU) para impulsar las negociaciones de paz, pero al mismo tiempo recordó numerosos casos de violencia por parte del ejército israelí que terminaron en la muerte de jóvenes palestinos.

También la cuestión de la flotilla de activistas que fue atacada por las fuerzas militares israelíes, y que terminó en la muerte de nueve de ellos, se mantiene en un lugar destacado en la agenda de los noticieros palestinos.

Los comentarios de la prensa y de los “ciudadanos comunes” no hacen sino reflejar una aparente realidad en la región: “Ninguno de los dos lados está en estos momentos en condiciones de producir un acuerdo de paz sostenible”, explica a Apro el profesor Richard Falk, de la universidad estadunidense de Princeton.

            Según el experto, del lado israelí “existe un liderazgo maximalista que no está preparado para darle a los palestinos un Estado viable, ya que sigue reclamando todo Jerusalén, la mayor parte de los territorios donde se levantan los asentamientos y niegan todos los derechos de los refugiados” que escaparon de Israel antes y durante la guerra de independencia de 1948.

         Por el otro lado, continúa Falk, “en el lado palestino, Gaza no es representado por su liderazgo electo y la ANP no puede hablar por los palestinos como pueblo, como un todo”.

Falk estima que en estas circunstancias “no hay ninguna razón para mantener conversaciones excepto por las relaciones públicas y la política doméstica de Estados Unidos”.

         En ese sentido, Falk indica que el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, “no está llevando adelante una política demasiado diferente a la de sus predecesores”, el republicano George W. Bush y el también demócrata Bill Clinton.

Precisa que el actual inquilino de la Casa Blanca “sigue inclinado por Israel, el lado más fuerte” en este conflicto. Considera que Estados Unidos “tiene la capacidad para inducir a ambas partes a aceptar un compromiso razonable, pero le falta la voluntad política para presionar a los israelíes”.

         Sostiene que “el público estadunidense está listo para que Washington favorezca un acercamiento más balanceado” en el conflicto palestino-israelí. Sin embargo, subraya que Obama “no muestra indicios de estar buscando el apoyo popular en su país” para impulsar un acuerdo de paz en Medio Oriente y por ello la ronda de negociaciones del 2 de septiembre “está prácticamente destinada a generar una nueva decepción”.

 

Mr

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