Argentina: La salud de Kirchner, su peor enemigo

martes, 28 de septiembre de 2010

BUENOS AIRES, 28 de septiembre (apro).- A lo largo del último año, el exmandatario Néstor Kirchner tramó todo tipo de estrategias para llegar como candidato fuerte a las elecciones presidenciales de 2011. Estrechó lazos con la dirigencia sindical, tejió alianzas con los referentes provinciales, comandó actos convocados por la juventud kirchnerista y presidió el Partido Justicialista Nacional. Pero desoyó la voz del único actor que puede dejarlo afuera de la contienda electoral: su propio cuerpo.

Este descuido tiene consecuencias, y son cada vez más severas. El pasado sábado 11 de septiembre, Kirchner entró al quirófano por segunda vez en lo que va del año. Ya había sido internado en febrero de 2010 por un accidente cerebro vascular (ACV). Y en esta última oportunidad debió hospitalizarse por una intervención coronaria supuestamente programada: debían destaparle una arteria y colocarle un stent.

Sin embargo, hay dudas sobre el carácter “programado” de esta internación. A pesar de que la presidente Cristina Fernández se esforzó por disipar cualquier inquietud (“hay Néstor Kirchner para rato” dijo luego de la intervención), trascendió que lo ocurrido al expresidente habría sido un preinfarto. Además, algunos de sus allegados se animaron a admitir, off the record, que la carrera presidencial del kirchnerismo deberá enfrentar un factor que no estaba dentro de los planes: el estado de salud del candidato. Una fuente reservada se lo graficó al diario Perfil (de corte opositor) de un modo descarnado: "Ya no hace falta que lo vuelvan a operar. Un estornudo bastaría para que Néstor Kirchner pierda la opción de volver a la Casa Rosada."

Si el “estornudo” ocurriera sólo habría dos opciones: una candidata podría ser Cristina Fernández, quien apostaría a un segundo mandato, que le impediría volver a postularse en el 2015, y otra alternativa podría ser el actual gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, quien representa una versión muy edulcorada del kirchnerismo.

Scioli ha sabido mantenerse afuera de los planteos maniqueos del gobierno nacional en temas clave como el campo y el Grupo Clarín.  Por este motivo, todo hace pensar que la candidatura de Cristina Fernández sería la única opción segura para las ambiciones de continuidad que el Matrimonio K tiene para el 2011.

Por este tipo de ecuaciones –que incluyen sólo a tres actores, dos de ellos cónyuges entre sí-- se cree que los problemas de salud de Néstor Kirchner dejan al descubierto una debilidad no sólo orgánica, sino también partidaria. Sin Kirchner, queda claro, no hay kirchnerismo. De ahí que su círculo personal y político se empeñe en minimizar la gravedad de las enfermedades que lo aquejan y también insista en sobreactuar su recuperación. “Fue menos grave que sacarse una muela”, aseguró el canciller argentino Héctor Timerman, por dar un ejemplo.

Este encubrimiento trae riesgos. “Lo que sucede con la salud de Néstor Kirchner es realmente preocupante”, advierte a Apro el periodista y médico neurocirujano Nelson Castro. “Estamos frente a alguien altamente vulnerable: cuando era presidente tuvo una úlcera, hace unos meses tuvo problemas serios con la carótida y ahora sucede este episodio. Además, no está cuidándose como debiera porque, como suelen hacer las personas con poder, intenta mostrarse como un superhombre sin tener en cuenta su estado de salud.”

Castro es considerado uno de los tres periodistas más creíbles del país –según una encuesta del Foro de Periodismo Argentino (Fopea)-- y es autor de Enfermos de poder, un libro donde se analiza cómo el ejercicio brutal de la presidencia tuvo consecuencias clínicas severas en diez mandatarios argentinos que ejercieron su cargo en distintas épocas. Entre ellos está Néstor Kirchner.

“Para estas personas, el poder es una adicción de tal fuerza que supera a la natural actitud de preservación de la vida -explica Castro-. La actividad que tuvo Kirchner después de su última intervención está totalmente contraindicada en una persona con problemas cardíacos. Lo preocupante es que la consecuencia de esta negligencia puede pagarla la sociedad entera.”

 

Maratón

Néstor Kirchner no descansó tras su intervención coronaria. Veinticuatro horas después de la angioplastia –y tres horas antes del alta programada--, el exmandatario ya estaba confirmando públicamente su aparente buen estado de salud. “Estoy perfecto” dijo a la prensa a través de la ventanilla del auto que lo retiraba anticipadamente de la clínica. Pero se le veía demacrado.

         El segundo día tras su operación, Kirchner ya estaba en la quinta presidencial de Olivos recibiendo a un grupo de diputados kirchneristas y hablando por teléfono. Mientras tanto, Cristina Fernández enviaba mensajes por Twitter y en uno de ellos, sin darse cuenta, desmentía la versión oficial de que el expresidente había sido intervenido de un modo programado: “Lo estuve retando un poco. Hace demasiado esfuerzo físico”, escribió.

Al tercer día –el martes 14-- el matrimonio Kirchner ya estaba de pie en un acto multitudinario realizado por la juventud kirchnerista en el estadio Luna Park. Aun cuando Kirchner estaba sedado y no pudo ser el orador principal del acto, esa aparición intentaba transmitir tranquilidad dentro de las “filas K”.

El cuarto día, el expresidente estuvo más de cuatro horas en un almuerzo con los editores de diarios del interior del país --todo un logro para el matrimonio: entre los invitados había miembros de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), una asociación de mala relación con los K-- y luego se reunió con un intendente bonaerense. Días después fue a visitarlo Diego Maradona. Y, para el momento del cierre de esta edición, estaba previsto que Kirchner viajara con Cristina Fernández la cumbre de la ONU, en Nueva York.

Para su regreso de Estados Unidos, Kirchner tiene previsto un acto en Santa Cruz –su provincia natal-, una aparición en el Conurbano y una reunión del Partido Justicialista en la provincia de Mendoza.

         El entorno presidencial mantiene una actitud dual respecto de este tipo de maratones: por un lado, necesitan que Kirchner se muestre activo ante su electorado y también ante el Partido Justicialista. Por otro, les preocupa que este tipo de corridas deriven en problemas clínicos mayores. Sobre todo porque las afecciones coronarias ni siquiera son las únicas dolencias de salud que aquejan al expresidente.  

         El periodista santacruceño Daniel Gatti, autor del libro El amo del feudo –una biografía no autorizada del exmandatario-- echa algo de luz sobre la historia clínica de Kirchner, que siempre se mantuvo en reserva como si fuera secreto de Estado.

De acuerdo con el libro, la salud del expresidente viene dando vuelcos desde el año 1987, cuando se le detectó “colon irritable”. Ese mismo año, durante las elecciones a intendente en Río Gallegos –capital de la provincia de Santa Cruz, de la que es oriundo Kirchner-, Gatti asegura que el exmandatario, “quien siempre refleja en el cuerpo los miedos, durante las últimas y angustiosas horas, luego del cierre de los comicios sufrió varios desmayos”.

Casi una década más tarde (en 1996), cuando recién comenzaba su segundo mandato como gobernador de Santa Cruz, Kirchner habría tenido una úlcera sangrante que se “maquilló” diciendo que había sido una operación de hemorroides. Algo similar sucedió en el año 2004, cuando ya era presidente de la Nación. Pocos días después de una masiva marcha “contra la inseguridad” –que reunió a 150 mil personas en la Plaza de los Dos Congresos-- tuvo una gastroduodenitis erosiva hemorrágica que terminó con una internación secreta, y transfusiones de dos litros y medio de sangre, algo que jamás se admitió oficialmente. Cada vez que suspendió actividades oficiales por razones de salud, se aludía a "molestias" digestivas o comidas que le habían caído mal.

Meses después, luego de un escandaloso incendio en un boliche --que quedaría en la historia como “la tragedia de Cromañón”, donde murieron 184 jóvenes que iban a escuchar una banda de rock-- Kirchner tuvo una nueva internación en Santa Cruz.

En el año 2008, un día antes de que Julio Cobos –vicepresidente de Cristina Fernández-- definiera una disputa entre el gobierno y el campo votando a favor del segundo en el Senado, Kirchner sufrió otra descompensación y debió ser atendido en una clínica privada.

Por último, en el transcurso de este año ya van cuatro episodios, algunos relacionados con coyunturas políticas complejas. El pasado mes de febrero, Kirchner fue operado de la carótida derecha, tras un ACV que se desencadenó en plena crisis del gobierno con el Banco Central de