Alemania: Un regalo para los amigos de la energía nuclear

martes, 7 de septiembre de 2010

BERLÍN, 3 de septiembre (apro).- La canciller alemana, Angela Merkel, anunció que su país prolongará el uso de la energía atómica hasta 2032 o 2037.

La Ley de Energías Renovables, promulgada en 2000, fija el año 2022 como fecha límite para desconectar todos los reactores nucleares que operan en el país. El gobierno quiere estirar este plazo entre 10 y 15 años. Plantea usar la energía nuclear, que hoy aporta 11% del suministro energético, como "energía puente", hasta que las renovables cubran la brecha en la demanda.

El gobierno intentará sancionar la prórroga sin someterse a la aprobación del Senado, ya que allí se encuentra en minoría.

El anuncio ha despertado críticas inusitadamente duras. Tanto la oposición como un sinnúmero de organizaciones ambientalistas sostienen que Merkel se ha postrado frente al poderoso lobby energético, conformado por los cuatro grandes consorcios que dominan el mercado alemán: RWE, Vattenfall, Eon y EnBW.

“Angela Merkel está consiguiendo que la política alemana parezca definitivamente algo comprable”, dijo el pasado 27 de agosto el jefe de los socialdemócratas y exministro de Medio Ambiente, Sigmar Gabriel, al diario Hannoversche Allgemeine Zeitung.

“La canciller vende la seguridad de la población, al permitir que centrales nucleares viejas y destartaladas sigan funcionando, y recibe dinero por ello”, agregó Gabriel, quien elevó así el tono muy por encima del que suele usar la oposición frente a la canciller democristiana.

De concretarse el anuncio, los consorcios energéticos se alzarán con enormes ganancias. Aparte de los ingresos por el suministro, el Estado se compromete a premiarlos con un subsidio de 2 mil 300 millones de euros anuales. A eso hay que sumar las millonarias ganancias que les brindará, a partir de 2012, la comercialización de los bonos de emisión de gases de efecto invernadero que los consorcios han obtenido sin cargo por parte del Estado.

“Por motivos tanto de política climática como energética, la prórroga es una decisión equivocada”, dice a Apro el doctor Harry Lehmann, director de Planificación del Medio Ambiente y Estrategias de Sustentabilidad de la Oficina Federal de Medio Ambiente.

“La energía atómica tiene problemas y riesgos irresueltos, tales como el almacenamiento de los desechos radiactivos, la necesidad de dedicar presupuesto al re equipamiento de las centrales, el peligro ante ataques terroristas”, explica

Lehmann cree que el plan oficial de desarrollo y eficiencia de las energías renovables hasta 2020, hoy en vigencia, alcanza para cumplir con las metas de protección del medio ambiente y para garantizar el suministro. “Se podrían desconectar en 2022 los reactores sin problemas”, sostiene.

El gobierno no ha aclarado de qué forma se garantizará la seguridad de los viejos reactores durante el periodo de gracia. No ha fijado el aporte que los operadores de las centrales y los grandes consorcios deberán hacer para garantizar el traspaso gradual hacia las energías limpias. Tampoco se dice cómo se cumplirá con las metas internacionales de protección del medio ambiente ni qué se hará con la residuos radioactivos que se generen.

A partir de la década de 1950 y hasta 1993, se vertieron decenas de miles de toneladas de desechos nucleares en los mares. Alemania no dispone de ningún almacén geológico profundo para los desechos altamente radiactivos: el único en todo el mundo se encuentra en Estados Unidos. Tanto los ciudadanos como los gobiernos de los Estados federados se niegan a instalar este tipo de cementerio nuclear en su territorio.

 

Fortaleza

El tema podría causarle a Merkel un efecto indeseado. La coalición de conservadores y liberales en el gobierno tiene hoy 38% de intención de voto, mientras que socialdemócratas y verdes alcanzan 47% (ZDF, 27.8).

El debate sobre la prolongación del uso de energía atómica es muy peligroso para el gobierno. Diferentes encuestas de opinión consignan que la mayoría de la población alemana está en contra de la medida. La raíz de este rechazo data del movimiento antinuclear surgido a partir de 1973, cuando el gobierno de entonces, frente a la crisis del petróleo, optó por fomentar la energía atómica.

El tema vuelve a generar en Alemania un importante potencial de movilización. Sectores opuestos a la energía atómica, entre ellos partidos, sindicatos, organizaciones ambientalistas e iniciativas ciudadanas, han convocado a una manifestación de protesta en Berlín para el 18 de septiembre.  

Durante las semanas anteriores al anuncio gubernamental, mientras se debatía acaloradamente el tema, Merkel intentó transmitir a los ciudadanos una imagen de independencia, fortaleza y equilibrio. Se concedería la prórroga a los consorcios energéticos, pero a la vez se les haría contribuir con el desarrollo de las energías renovables, a través de un impuesto a los combustibles nucleares, que le aportarían al fisco 2 mil 300 millones de euros anuales.

Las empresas, por su parte, dejaban saber que el traspaso de las energías contaminantes hacia las renovables, tal como estaba previsto, conducía a precios impagables para los consumidores.

“Esto no tiene sentido”, sostiene el doctor Harry Lehmann, de la Oficina Federal de Medio Ambiente. “Se juega con los números, aceptando en todos los cálculos que el precio del petróleo hasta 2050 no superará los 130 dólares por barril. O se eligen condiciones muy favorables para analizar la prórroga del uso de las centrales atómicas. Si parto de tales supuestos, lógicamente me van a dar bien los números”, sostiene.

Finalmente los consorcios abandonaron su estrategia de trabajar en la sombra y pasaron a la ofensiva, a través de un desplegado que apareció en los medios masivos. Allí se instaba a los responsables de diseñar el plan energético alemán --es decir, a la canciller Merkel--, a actuar con “valentía” y “realismo”. Pedían prolongar el uso de las centrales atómicas y de carbón, y abstenerse de crear o aumentar impuestos del sector, para “no impedir futuras inversiones”.

La canciller también hizo pública su advertencia: el que la presionara obtendría de ella lo contrario a su objetivo. Finalmente, Merkel recapacitó "Técnicamente, son razonables 10 a 15 años (de prórroga)", dijo el 29 de agosto a las cámaras del canal estatal ARD, optando por palabras de tono aséptico y sentido insoslayable, tan caras a la tecnocracia.

El gobierno no volvió a hablar de un impuesto a los combustibles nucleares para destinarlo al desarrollo de energías renovables. Ahora insta a las empresas a realizar un aporte voluntario.

 

Peritaje

La prórroga decidida por el gobierno se fundamenta en un estudio, que servirá además de base conceptual para el plan oficial de suministro energético, que se presentará a finales de septiembre. El estudio fue encargado por el gobierno al Instituto de Economía Energética de la Universidad de Colonia, al instituto suizo Prognos AG y al centro de investigación EWI.

        La neutralidad del peritaje está en duda. El primero de los institutos recibe 8 millones de euros anuales de los consorcios energéticos Eon y RWE.

        Al peritaje también se le critican también vicios de metodología. “El marco de condiciones fue estipulado de modo que el resultado fuera favorable a la energía atómica”, dijo el 29 de agosto a Spiegel Online el experto de Greenpeace, Andree Böhling.

       El estudio calcula, por ejemplo, que la eficiencia en el consumo de energía será del 2.3 al 2.5% si se prolonga la vida útil de la energía nuclear, pero sólo del 1.7 al 1.9% si esto no ocurre.

“Cada central atómica da un millón de euros por día. Entonces aquí ya no se trata de objetividad, sino de encontrar un peritaje que confirme la posición que ellos tienen”, dice el doctor Lehmann. “He leído el peritaje. Muchos parámetros fueron elegidos de forma tal que el resultado que se obtiene sea el esperado, o sea, que lo más conveniente es una prórroga de 12 a 20 años. Si se tomaran en cuenta otros parámetros, el resultado sería diferente.”

 

Señal equivocada

Distribuidas en 30 países, hay 212 centrales nucleares con 438 reactores que hoy generan 373 mil megavatios. En Alemania existen 12 centrales atómicas y 17 reactores. Otros 19 reactores fueron desactivados hace años. Fueron construidos en los  años 60 y 70 y ya no respondían a los estándares modernos de seguridad. En realidad ninguno de los reactores en funcionamiento sería hoy permitido por la Ley de Energía Atómica de 1994.

           La transformación del sector energético hacia otro más amigable con el medio ambiente tiene su costo. Pero la inversión ahorra costos debidos a los daños contra el clima, el medioambiente y la salud que causan los combustibles fósiles y la energía atómica. Sustituyen, además, importación de combustibles.

        “Tenemos que continuar con el desarrollo a largo plazo de las energías renovables, adaptando la infraestructura, así hemos logrado, en los últimos diez años, elevar a casi 20% del suministro de energía en el sector de la corriente eléctrica”, sostiene el doctor Lehmann.

         La continuación de este proceso está en peligro. Muchas empresas del sector de las energías renovables han hecho grandes inversiones en el área de la electricidad, la energía térmica y el tráfico, contando con que la energía nuclear desaparecería en 2022. En caso de que el marco legal sea modificado, muchas de las inversiones realizadas se volverían no rentables.

         Diversos estudios demuestran que es posible suplantar completamente a la energía atómica hasta 2022, a partir de energías eólica, solar, geotérmica y de biomasa. Para esto es necesario que los inversores tengan el incentivo correcto por parte del sector político. La autorización a prologar el uso de la energía atómica va en sentido contrario. Es una invitación a no invertir en centrales eólicas y solares. La medida consolida la posición de los consorcios energéticos que lideran el mercado, aumentando constantemente los precios de generación, transporte y distribución. Y les daría impulso para desalentar o lentificar el desarrollo de las energías renovables.

         En junio último, el Parlamento sueco decidió levantar la prohibición de construir reactores atómicos que había decretado en 1980. Ahora le sigue esta prórroga del uso de energía atómica en Alemania. Los efectos de este tipo de medidas no pasan desapercibidos en países emergentes como México, que posee su única central nuclear, Laguna Verde, en Veracruz, con dos reactores que fueron puestos en funciones en 1989 y 1995.

         “Es una señal equivocada que un país industrializado como Alemania no se atreva a apostar por las energías renovables al cien por ciento”, entiende Lehmann. “En julio último, nosotros publicamos aquí, en la Oficina Federal de Medio Ambiente, un estudio en el que se demuestra que hasta 2050 el país podría generar toda su electricidad a partir de fuentes renovables.”

          Dicho estudio concluye que a través de diferentes estrategias, mayor cooperación internacional y autarquía local para fortalecer las empresas municipales, no habría problemas de suministro en ninguna estación del año.

           “Esto es técnicamente posible”, sostiene Lehmann: “Si ahora prolongamos la vida de las centrales nucleares, la señal que se envía hacia los países en desarrollo es equivocada, porque van a decir: ‘Si un país con alta tecnología como Alemania no lo hace, ¿por qué deberíamos hacerlo nosotros?’”

 

jpa

---FIN DE NOTA---

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