EU: regreso de Irak con sensación de derrota

viernes, 16 de diciembre de 2011
SAN DIEGO (apro).- El jueves 15 terminó oficialmente la operación Libertad iraquí, con la que Estados Unidos concluyó casi nueve años de hostilidades en ese país. En una ceremonia sobria y fuertemente resguardada, los oficiales arriaron la bandera que ondeaba en el fuerte la Casa de Cristal, una estructura de hormigón cercana al aeropuerto de Bagdad, considerado el último bastión estadunidense en esa ciudad, y dieron por concluida una de las guerras más costosas de la historia de EU. A diferencia de Vietnam --donde la salida de los estadunidenses, el 29 de abril de 1975, fue caótica por la presión de las fuerzas del Vietcong--, en Irak el retiro de las tropas ha sido ordenado y con meses de antelación. A pesar de las diferencias entre los dos conflictos, la sensación de derrota es la misma. Y es que, a final de cuentas, Washington, a pesar del gigantesco despliegue de tropas, armamento, equipo y dinero, no pudo convencer ni a los iraquíes ni a los ciudadanos estadunidenses ni a la opinión pública internacional de que la guerra era necesaria. El secretario de Defensa, Leon Panetta, viajó a Bagdad para estar presente en el evento con el que se celebró el fin de la guerra. Estuvo flanqueado por el embajador de Estados Unidos en Irak, James Jeffrey, y el general del Ejército Martin Dempsey, director de las fuerzas armadas conjuntas en ese país. Durante la ceremonia, Panetta rindió tributo a los más de 4 mil 500 soldados estadunidenses muertos en la guerra y aseguró que, a pesar de las vidas perdidas y de los enormes recursos utilizados, la guerra no había sido en vano. “Las vidas que se perdieron permitieron el nacimiento de un Irak libre, independiente y soberano”, dijo Panetta. Regreso sin gloria "Muchos de los oficiales y soldados, incluyendo algunos de los que participaron en la ceremonia del jueves, pelearon durante varios años, y hasta este momento no están seguros qué fue lo que obtuvieron", publicó el diario Los Angeles Times en una nota fechada el 15 de diciembre, donde reseño la ceremonia. “Y es que al final no hubo mención alguna a las armas de destrucción masiva ni a los nexos de Saddam Hussein con Al Qaeda, que fueron los motivos principales con los que se justificó la invasión en 2003", señaló el periódico angelino. Una vez que haya concluido el retiro definitivo de tropas, más de 170 mil soldados habrán abandonado el país. El último contingente, de aproximadamente 4 mil efectivos, deberá estar fuera del territorio iraquí a más tardar el 31 de diciembre. Los soldados que regresan a Estados Unidos no tendrán un futuro muy alentador. La guerra ha dejado de ser una de las prioridades de la opinión pública estadunidense, concentrada ahora en los problemas económicos. Además, muchos de los soldados no tendrán la posibilidad de encontrar empleo. Durante la visita a Washington de Nouri Al-Maliki, primer ministro iraquí, realizada la semana pasada, el presidente Barack Obama aseguró que con el retiro de las tropas se cumple una de las promesas de campaña hecha en el 2008, cuando aseguró que terminaría con "esa guerra absurda". Obama aseguró que los sacrificios de las tropas estadunidenses durante casi nueve años permitieron la construcción de un Irak libre y soberano. “Creo que la historia juzgará la decisión inicial de haber ido a Irak", agregó. El último apaga las luces La misión de David Moses, capitán del Ejército de Estados Unidos en Irak, es una de las más importantes de este momento. Está a cargo de supervisar el retiro de las tropas estadunidenses en su última parada en la base de Camp Adders, antes de seguir su viaje al sur y llegar a Kuwait, desde donde se embarcarán –junto con el equipamiento militar— hacia Estados Unidos. El retiro se está haciendo a marchas forzadas desde marzo de este año, cuando un promedio de mil camiones diarios pararon en esa base, indicó un reporte de la radio La Voz de América del 7 de diciembre. “Actualmente el número de camiones se ha reducido a 500 diarios”, informó. Camp Adder, la cual por un tiempo fue la mayor de las bases en el sur de Irak con un promedio de 12 mil soldados y mil 200 empleados civiles, será la última en cerrar. El capitán Moses será de los últimos en irse y en apagar, literalmente, las luces. El 80% del equipamiento militar ya está fuera de Irak, el resto se quedará. Pero no por simple generosidad. El equipamiento de Camp Adders, valuado en 220 millones de dólares, será donado a Irak como parte de la ayuda de Estados Unidos a ese país. Sin embargo, ese equipo --principalmente vehículos, generadores eléctricos y viviendas móviles-- en realidad es tan pesado que resulta incosteable transportarlo de regreso a Estados Unidos. “En total nos hemos ahorrado más de 700 millones de dólares al donar el equipo”, dijo el general Jeffrey S. Buchanan, vocero de las fuerzas armadas de Estados Unidos en Irak, durante una conferencia de prensa celebrada en Bagdad el 11 de diciembre. La embajada de Estados Unidos en Bagdad será la nueva cara de Estados Unidos en ese país. A partir del 31 de diciembre, tendrá unos 2 mil empleados asignados, la mayoría de ellos civiles. Este personal será el encargado de representar a Estados Unidos después de la etapa militar, y aunque no ejercerá funciones castrenses, tendrá a su disposición personal militar para entrenamiento de las fuerzas armadas y de la policía de Irak. Además, la Agencia Antinarcóticos (DEA, por sus siglas en inglés) también tendrá presencia en la embajada. Ahí mismo, en esas instalaciones, estará la Oficina de Seguridad y Cooperación con Irak (OSC-I por sus siglas en inglés). Esta oficina, a cargo del teniente general Robert Casien, será la encargada de coordinar y supervisar la venta de equipo militar a Irak. Su objetivo: "modernizar' el ejercito iraquí antes del 31 de diciembre de 2014. Por lo pronto, la oficina ya ha arrojado sus primeros resultados: Irak aprobó la compra de 18 aviones F-16 tipo Falcon, también conocidos como Viper, y se espera que haga un nuevo pedido de 18 F-16 antes del 2015. Los costos de la guerra El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados calculó en 2010 que un total de 4.5 millones de personas fueron desplazadas por la guerra. De ellos, 1.7 millones se encuentran principalmente en Siria y Jordania. Un informe de la ONU indica que hasta septiembre de 2011 casi 50% de los iraquíes vivían en pobreza contra 17% en 2000. Un análisis de la Mailman School of Public Health de la Universidad de Columbia, realizado en marzo de este año, llegó a la conclusión de que murieron en condiciones violentas entre 400 mil y 650 mil civiles en Irak, sin contar las muertes no violentas derivadas de la guerra, como las acaecidas por el deterioro del sistema de salud. Un reporte de Amnistía Internacional con fecha de septiembre de 2010, indica que al menos 10 mil iraquíes se encuentran detenidos en Irak, la mayoría de ellos sin cargos formales en su contra. Un artículo del diario The New York Times de agosto de 2010 reportaba que al menos 20% de los veteranos de guerra de Irak y Afganistán (alrededor de 300 mil) mostraban síntomas de padecer el síndrome de estrés postraumático (o PTSD), caracterizado por depresión, violencia, suicidios y desadaptación social. El reporte más reciente sobre el costo de la guerra dado a conocer el 20 de julio de 2011 por la Universidad de Brown, considera que la guerra de Irak tuvo un costo de por lo menos 757 mil millones de dólares, sin tomar en cuenta los costos en Estados Unidos, como los derivados del pago de intereses por el financiamiento de la guerra y los casi un millón de millones de dólares por el pago de beneficios y atención médica a los veteranos de ahora al 2050.

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