Escándalos de corrupción en Tyson de México

sábado, 19 de febrero de 2011

MÉXICO, 19 de febrero (apro).- La supervisión del Programa Tipo Inspección Federal (TIF), a cargo del Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica), ha quedado en entredicho a causa de escándalos de corrupción, como el que involucra a la empresa Tyson de México, subsidiaria de la estadounidense Tyson Foods.
La subsidiaria mexicana sobornó con unos 100 mil 311 dólares, entre 2004 y 2006, a dos veterinarios adscritos a ese programa federal, encargados de supervisar dos plantas de Tyson, según la denuncia penal de la Comisión estadounidense de Comercio y Valores (SEC por sus siglas en inglés), presentada el pasado jueves 10 ante la Corte del Distrito de Columbia.
“Tyson de México pagó a los veterinarios para obtener o retener mercado, al influir en las decisiones de los expertos responsables de certificar los productos para exportación de la empresa” bajo el Programa TIF, según el expediente sin número, de 10 páginas de extensión, al que Proceso tuvo acceso.
La querella exhibe el esquema empleado por la compañía y los funcionarios. Los pagos anómalos fueron disfrazados por la filial como “salarios” para las esposas de los dos profesionales, aunque ellas no prestaron ningún servicio a la compañía, y respaldados por facturas entregadas por uno de los funcionarios. Tyson Foods Inc., basada en Springdale –en el estado de Arkansas–, autorizó a su subsidiaria nacional hacer esas entregas.
Durante el periodo citado, los dos veterinarios involucrados eran los especialistas en las plantas El Porvenir y La Citra, localizadas en la Comarca Lagunera. Como delegados del programa, sus sueldos corrían a cargo del gobierno. Sin embargo Tyson de México les pagó impropiamente miles de dólares.
Los desembolsos fueron efectuados principalmente para influir en las decisiones de los especialistas responsables de certificar los productos de exportación de la transnacional bajo el Programa TIF.
Algunas de esas erogaciones fueron mimetizadas por la filial como “salarios” para las esposas de los veterinarios, incluidas en las nóminas de la empresa, aunque no hayan prestado servicios a ésta. Otras transferencias fueron acreditadas con facturas entregadas por uno de los expertos bajo el concepto de “servicios”, no respaldados, y se señala que “se está haciendo una revisión, porque nadie de esa área sigue trabajando en Senasica”.
“Están revisando el tema con el departamento jurídico y el Órgano Interno de Control de la Secretaría de la Función Pública, quienes han estado asignados ahí, para que siga su propio proceso de investigación”, dijo a Apro Martín Guardián, coordinador de Comunicación Social de Sagarpa, de la cual depende Senasica.
“Es un tema relacionado con Tyson Foods, aunque la operación ocurrió en México. De esa época no queda nadie trabajando en la empresa. Aún no hemos tenido contacto con la Secretaría de la Función Pública”, señaló por su parte Francisco Montes, vocero de Tyson de México.
Y Tyson Foods argumenta que los sobornos ocurrieron antes de que tomara el control total de la empresa mexicana.
Sin embargo la página electrónica de la subsidiaria cuenta que en 1997 la compañía El Trasgo cambió su nombre por Tyson de México, y hacia 2001 Tyson Foods obtuvo todas las acciones de su predecesora.
Para exportar productos, las plantas procesadoras deben obtener una certificación del Programa TIF. Para ajustarse a los protocolos del programa, las instalaciones deben, teóricamente, emplear tecnología de punta y cumplir con altos estándares sanitarios. El TIF abarca el sacrificio de los animales, el manejo de los cadáveres, el empaque, la refrigeración y la preparación de los alimentos procesados para su envío al exterior.
Al menos 350 instalaciones de ganado vacuno, porcícola, aviar y ovino cuentan con el sello TIF en el país.
En México, la empresa se concentra en pollo, carne de res, cerdo y alimentos preparados. La procesadora está asentada en Gómez Palacio y opera las plantas de La Citra, El Porvenir y La Popular.

Maniobras al descubierto
En junio de 2004, un gerente de planta descubrió a las esposas de los veterinarios en la nómina e informó al contador de Tyson Foods.
El 2 de julio del mismo año, ejecutivos de Tyson Foods y Tyson Foods International se reunieron en Springdale para abordar algunos problemas de una auditoría en marcha sobre la filial mexicana.
En esa sesión, un contable informó de los pagos anómalos a los veterinarios. En un segundo encuentro, días después, otros altos ejecutivos de ambas firmas se enteraron de esos sucesos.
En otra reunión del 7 de julio de 2004 en Springdale, la jerarquía de Tyson Foods y Tyson International acordó que la subsidiaria mexicana cesara esos pagos. Asimismo, debatieron si podían continuar con pagos legales para los veterinarios y cómo hacerlo.
Días después, un ejecutivo de Tyson International se comunicó con otro alto ejecutivo de Tyson Foods para hablar sobre los pagos ilegales.
Hacia finales de julio, dos ejecutivos de Tyson International y otros se reunieron en México para discutir los desembolsos a los veterinarios. Los asistentes debatieron sobre cambiar el pago de nómina de las esposas por facturas de uno de los especialistas. Un ejecutivo de Tyson International aprobó ese mecanismo.
Sin embargo las esposas permanecieron en la lista de Tyson de México hasta agosto de ese año, cuando un ejecutivo de Tyson International ordenó a un gerente de Tyson de México sacarlas de la nómina.
Hacia agosto de 2004, el monto de las facturas por servicios entregadas por uno de los veterinarios aumentó notablemente, de mil 200 dólares mensuales a 2 mil 700. El gerente general de Tyson de México indicó que el incremento era la suma del salario de las esposas y el dinero que necesitarían para contratar un seguro médico.
Los pagos irregulares fueron registrados como gastos legítimos en los registros de Tyson de México e incluidos en los resultados financieros de los años 2004, 2005 y 2006.
“La subsidiaria continuó pagando para obtener o retener mercado, al influir en las decisiones de los veterinarios responsables de certificar los productos de exportación de Tyson de México bajo el Programa TIF”, enfatiza el documento legal de la SEC.
Durante el periodo 2004-2006, Tyson de México participó en el programa para hacer envíos a Japón y otros países. Además, algunos de los clientes locales de la compañía le pidieron que certificase sus productos tipo TIF.
En 2009 Tyson Foods reportó ventas por 26 mil 700 millones de dólares, de las cuales las internacionales ascendieron a 3 mil 400 millones –México representó 21%. De las ventas de pollo internacionales por mil 600 millones, el país aportó 26%; de las de carne por 1 mil 100 millones, 13%; de las de cerdo por 671 millones, 22%, y de las ventas de alimentos procesados internacionales por 65 millones, México contribuyó con 40%.
En virtud de los desembolsos, Tyson Foods consiguió ganancias netas superiores a los 880 mil dólares de ventas al exterior, desde sus instalaciones en el país en los años fiscales 2004, 2005 y 2006, de acuerdo a la SEC.
La transnacional enfrentó en EU tres cargos por violaciones a las leyes de Prácticas Corruptas en el Extranjero y de Comercio de Valores. Por esos delitos acordó con las autoridades estadounidenses el pago de 1.2 millones de dólares por las ganancias mal habidas y otros 4 millones de penalización.
“Tyson Foods falló en mantener libros y registros precisos y en aplicar controles efectivos, pues el fondo de los pagos fue escondido a través de salarios para empleados fantasmas”, acusó la SEC.