Costa Rica: la creciente explotación sexual

martes, 8 de febrero de 2011

SAN JOSÉ, Costa Rica, 8 de febrero (apro).- Con minifalda de mezclilla azul, blusa blanca con sugestivo escote, figura delgada y rostro juvenil, “Adriana” recorre el casino-bar de un hotel en San José.

Sonriente, con maquillaje sencillo y chispeantes ojos negros, la trigueña desafía y cruza el auditorio de clientes —ancianos estadounidenses con fila de arrugas y tatuajes, barriga y calvicie pronunciadas—, y con suave caminado y contagiosa cadencia de cumbia y bolero parece la reina del ruidoso escenario.

Es mediodía de lunes y alrededor de 30 mujeres —en su mayoría extranjeras— atiborran uno de los tantos nidos de prostitución de latinoamericanas, europeas y asiáticas que hay en playas y ciudades de Costa Rica.

De pie, “Adriana”, de 20 años, escucha a un hombre canoso, gordo y con facha de marinero veterano. Le pregunta por su servicio. Ella, con inconfundible acento de colombiana de Bogotá, desliza: “100 dólares la hora… Usted paga el cuarto”.

Con un “después” por respuesta, prosigue y acepta el cerillo que le ofrece un mesero, enciende un cigarrillo, reacomoda su negra y fina cabellera sostenida por un botón dorado y vuelve a recorrer sus dominios a bordo de tacones altos. 

“Adriana” es una de cientos de mujeres y hombres jóvenes, además de niños y niñas, que según el gobierno costarricense son trasladados por mafias internacionales desde Cuba, República Dominicana, Rusia, China, Indonesia, Rumania, Nicaragua, Filipinas, Perú, Ecuador y otros países a Costa Rica —y después a otras naciones— para ser sometidos a explotación sexual y a diversas formas de trata de personas en trabajos forzados, como peones agrícolas, empleadas domésticas, obreros de la construcción, vigilantes o pescadores.

 

Focos de alerta

La ecuación es sencilla: el crimen organizado transnacional invierte pocos millones de dólares en la trata con fines de explotación sexual en Centroamérica, México, Estados Unidos y Canadá, y gana miles de millones de dólares, según la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD) para la zona, en un informe de 2009 sobre el problema.

En el mapa centroamericano de la trata, Costa Rica es un afamado paraíso sexual como origen, destino y tránsito de víctimas, mientras que Nicaragua es proveedor de seres humanos. Guatemala y Honduras son punto de encuentro de explotados por las redes mafiosas, que con Nicaragua y El Salvador abastecen a las víctimas. La red, de acuerdo con ONUDD, está enlazada estrechamente a traficantes de personas del sur de México.

Según el Ministerio de Seguridad Pública de Costa Rica, la cadena engancha a centenares de jóvenes centroamericanas para llevarlas a México, por avión o por tierra, e introducirlas a anillos de prostitución que operan especialmente en el sur de suelo mexicano, que también son puntos de destino, origen y tránsito. Desde sitios de contacto en Honduras, Guatemala y México, las mujeres son trasladadas a un tercer país, casi siempre Estados Unidos o Canadá.

Fuentes de la Policía de Migración de Costa Rica relataron que el montaje de las operaciones involucra a transportistas, hoteleros y empresas turísticas, y reduce la posibilidad de criminalizar a las mafias (trasnacionales, regionales y criollas) que usan a este país como paso de miles de inmigrantes ilegales en su viaje del sur de América a México, Estados Unidos, Canadá y Europa, e insertan a menores y adolescentes costarricenses en la trata interna.

El estatal Patronato de la Infancia ha señalado que el flujo migratorio genera trata interna en Costa Rica, con abusos y embarazos de adolescentes. Numerosas extranjeras son traídas a Costa Rica por tratantes que les prestan dinero para el viaje y les ofrecen salarios de 100 dólares al día, pero al final quedan endeudadas, prostituidas y en ilegalidad migratoria, por lo que buscan casarse con algún costarricense para legalizar su situación, aunque sin salirse del oficio de servidoras del sexo.

“El panorama es cada vez peor”, aseguró la costarricense Rocío Rodríguez, directora de Alianza por Tus Derechos, organización no gubernamental con sede en San José que indaga la trata en Centroamérica, corredor de un negocio estimulado por la industria del turismo sexual para usuarios o clientes que provienen en especial de América del Norte, por la cercanía geográfica y los bajos costos asociados.

“En Costa Rica (a las autoridades de gobierno) les ha dado por decir que ya no hay explotación sexual porque ya no están las chiquitas (niñas) en la calle, pero es porque están alquilando apartamentos, fincas, lugares a donde se llevan a prostituir a las personas menores de edad”, agregó Rodríguez en entrevista con Apro.

“Y las mujeres que traen de otros países están bajo el sistema de oferta y demanda, lo que ha permitido que se haga cada vez más grande. En Internet ya no sólo anuncian ahora los clubes nocturnos, el valor agregado es que (anuncian que) tienen a mujeres de diferentes nacionalidades”, agregó.

“En Jacó (la prostitución) está fuera de control”, lamentó, al referirse a un populoso balneario del área central del litoral Pacífico de Costa Rica. Como uno de los principales destinos turísticos de este país, Jacó se convirtió en los últimos años en una meca de explotación sexual de Centroamérica y en foco de alerta roja por fenómenos de delincuencia organizada, como contrabando de drogas, armas y migrantes, “blanqueo” de dinero y otras modalidades de criminalidad.

Rodríguez acusó que el negocio de prostitución de mujeres de distinta nacionalidad se desarrolla públicamente en Costa Rica en hoteles, casinos, restaurantes, bares y demás sitios identificados por la policía hace muchos años.

“En Jacó, donde hay más extranjeras víctimas de explotación sexual y trata, la policía sabe exactamente lo que está pasando, pero los lugares siguen funcionando”, advirtió.

“No me atrevería a decir que hay complicidad oficial, porque no hemos tenido un solo caso. Pero algunas veces hay una especie de romance entre explotadores y algunas autoridades, porque permiten y la policía sabe donde está pasando”, alertó.

Las mafias, añadió, “son de magnitud internacional y cuentan con la complicidad de los costarricenses. No es que un colombiano vaya a traer a las colombianas para (instalar) un prostíbulo. Siempre hay un costarricense de por medio. No hay amo extranjero sin sirviente nacional”.

 

Víctimas y victimarios

Kathya Rodríguez, directora del Departamento de Migración y Extranjería del Ministerio de Gobernación de Costa Rica, explicó en una entrevista con Proceso que aunque se sabe con exactitud dónde operan los centros de explotación sexual comercial, algunos disfrazados de salas de masajes, otros clandestinos y muchos abiertos como prostíbulos, lo que es visible en esos lugares es la víctima (hombre o mujer) que ofrece sus servicios.

“No hay para nada ninguna complacencia. Se requiere de una labor de inteligencia policial para detectar a los victimarios”, aclaró, tras afirmar que “la trata de personas es una amenaza para muchísimas personas y es un aspecto (variante) del crimen organizado”.

En el negocio hay desplazamiento internacional de víctimas, pero también se registra la “trata interna”, apuntó.

Agentes migratorios costarricenses de una unidad especializada en trata de personas y tráfico ilícito de inmigrantes detectaron 50 casos “asociados al tema de trata en el último año”, precisó la directora del departamento de Migración y Extranjería.

“Hay un fuerte compromiso del Estado para trabajar contra esta amenaza y aunar esfuerzos en prevención, detección de posibles situaciones y víctimas, atención de las víctimas y procuración de justicia”, informó.

Seducidos por apetitosas ofertas que pintan un paraíso laboral, numerosos inmigrantes (hombres y mujeres) caen en la trampa en Costa Rica, y coinciden con clientes y negociantes del turismo sexual que buscan contratar a menores y adolescentes, a veces para inducirlos a la pornografía.

Investigaciones de la Fiscalía General de Costa Rica revelaron que, atrapados por las deudas, las víctimas sufren reclutamiento forzado, vía secuestro, rapto o engaño.

Una de las víctimas es “Yendri”, joven cubana de cabello rubio alborotado, rostro pálido e insinuante vestimenta, que con tan delgada figura, como “Adriana”, parece una reina fugaz y avanza con picardía por los iluminados senderos del casino-bar de San José para ofrecer compañía sexual por 100 dólares la hora.

“Yendri” también aparenta dominar el humeante panorama con su ritmo salsero al caminar y reta a una concurrencia ávida de compartir su reinado por pocos minutos.

 

cvb

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