El petróleo y el costo de la guerra en Libia

lunes, 14 de marzo de 2011

BENGASI, 14 de marzo (apro).-  Los rebeldes libios parecen estarse dando cuenta de que las fuerzas gadafistas los superan en armamento, pero eso no les impide moderarse en su alegre gasto de municiones y combustible.

La explicación a lo primero es que no les ha costado hacerse de armas y balas, pues las tomaron en los saqueos de arsenales militares. Lo segundo tiene que ver con un importante factor que hace que la guerra civil en Libia resulte más barata en comparación con conflictos similares en otros países: el litro de gasolina cuesta 15 piastras, equivalentes a nueve centavos de dólar.

Hasta hace diez días valía 20 piastras, y eso ya lo hacía más barato que en Venezuela e Irán, países cuyos gobiernos subsidian fuertemente su consumo energético. Lo bajó como una de varias medidas destinadas a ganarse al pueblo en tiempos difíciles.

La riqueza petrolera de este país, que produce 1,600 millones de barriles diarios, puede convertirse, sin embargo, en una tragedia ambiental gigantesca que acabe con la vida de varios miles de personas, según el ingeniero petrolero libio Fajad Jeri.

En la lucha del ejército gadafista por abrirse paso hacia los dominios rebeldes del oriente del país, y en la de las fuerzas revolucionarias que tratan de avanzar hacia la capital, en el occidente, los combates que se han desarrollado desde el 28 de febrero han tenido como escenario la banda entre los puertos petroleros de Ras Lanuf, Brega y Sidra; las partes enemigas se han estado empujando alternativamente, ganando y perdiendo el control de las ciudades homónimas.

Además de constituir un corredor estratégico, esta zona tiene un inmenso valor económico y logístico porque aquí se embarcan 715,000 barriles diarios hacia puertos europeos (y con 220,000 barriles que salen de al Harigah, más al oriente, el dominio de la región daría a los rebeldes control sobre tres cuartas partes de las exportaciones nacionales).

El conflicto ya ha impactado en las ventas de petróleo, que han caído entre un 60 y 90%, según distintas estimaciones y, por tanto, en el precio de los hidrocarburos. Esto preocupa a las naciones importadoras, que temen que afecte las perspectivas de recuperación de sus economías. Su peor temor, no obstante, es que lo que ahora parece una interrupción temporal se convierta en una de largo plazo si las instalaciones relacionadas con la industria libia de hidrocarburos sufren daños permanentes.

En principio, se esperaría que ambos lados tuvieran interés por mantenerlas intactas, en la medida en que, tras la guerra, la reconstrucción del país tendrá que ser financiada casi exclusivamente con los ingresos por estas exportaciones. Para su esfuerzo militar, tanto gadafistas como rebeldes necesitan asegurarse un aprovisionamiento constante de combustible. Y las ciudades del centro y el oriente del país dependen de la producción de energía eléctrica de Brega.

Desde principios de marzo, sin embargo, la oposición había mostrado su temor de que Gadafi ordenara la destrucción de las refinerías, los tanques de almacenamiento, las plantas de gas, los oleoductos y gasoductos, y los puertos petroleros, a fin de secar las fuentes de combustible accesibles para los rebeldes e impedir que puedan financiarse con ventas al extranjero. Además, según Fajad Jeri, un supervisor de la empresa Brega Oil Co que habló el 3 de marzo con Proceso, “Gadafi está totalmente loco y es un suicida que quiere que el país perezca con él; va a destruirnos acabando con la industria petrolera”.

Los temores de Jeri se empezaron a cumplir el miércoles 9 y el viernes 11, cuando varios tanques de almacenamiento y un oleoducto fueron bombardeados desde aviones y barcos de guerra anclados en la bahía de Sidra.

“Escuché el sonido del avión que pasaba y comencé a buscar la nube de humo gris que sale cuando caen las bombas”, contó Ahmed el Jaber, un residente de la pequeña población de Sidra. “Fue impresionante lo que vi, una inmensa bola de fuego que se elevaba al cielo, y una columna de humo intensamente negro. En poco tiempo ya eran tres las que podía ver, y tal vez había más”.

Contactado vía telefónica, Jeri dijo que había abandonado su puesto en la planta de Brega porque soldados de Gadafi habían secuestrado a cinco compañeros suyos, en represalia porque su compañía había reconocido, como la autoridad legítima del país, al Consejo Nacional Interino de Transición, el órgano de gobierno que se han dado los revolucionarios.

Después de que la mayoría de los empleados  --de origen extranjero-- se marchara tras el inicio del conflicto, estas seis personas que se habían quedado eran el equipo mínimo necesario para mantener una planta de exportación, que ahora está vacía.

El secuestro se produjo en el marco de la ofensiva gadafista que empezó el miércoles, la más organizada y poderosa hasta la fecha, como respuesta al empuje de los revolucionarios que durante una semana habían logrado arrebatar Brega y Ras Lanus, y empujar al enemigo hasta la población de Bin Jawad, la última antes de su plaza fuerte de Sirte.

El contrataque de las tropas de Gadafi contó con aviación, helicópteros, tanques, artillería pesada y barcos de guerra, y en un principio pareció que estaba arrasando con los revolucionarios, que estaban mal armados con rifles de asalto y artillería ligera: perdieron Ben Jawad y Ras Lanus, y además se reportaban bombardeos en Brega.

Por la tarde del viernes, sin embargo, al momento de redactar esta nota, la cadena de noticias en lengua árabe Al Jazeera realizó una transmisión en directo desde Ras Lanas para informar que los rebeldes estaban recuperando la ciudad y empujando a las fuerzas enemigas.

Esto prolonga el conflicto y el riesgo de provocar mayores daños a la industria petrolera, que además de perjuicios a la economía puede tener un impacto inmensamente más grave.

Los rebeldes del Consejo Nacional están al tanto de ello. Cuestionado por Proceso sobre las medidas que van a tomar los revolucionarios en caso de destrucción del corredor petrolero, y de que Bengasi se quede sin electricidad y las milicias sin combustible, su vicepresidente, Abdel Hafiz Ghoga, dijo que eso no le preocupaba, porque tendrían manera de resolverlo: “El asunto que verdaderamente nos debe hacer pensar a todos es el golpe que esto significaría en términos humanos y ambientales”.

El dirigente revolucionario no quiso entrar en detalles, pero en el contexto estaba una advertencia que Fajad Jeri había hecho antes a varios medios de comunicación, incluido este semanario: “Una cadena de explosiones que afecte a un gran complejo, como el de Ras Lanus, generaría nubes tóxicas que acabarían con los seres vivos en 10 o 15 kilómetros a la redonda, incluidas las miles de personas que habitan allí”.

El costo de la guerra civil en Libia, entonces, habrá dejado de ser relativamente barato. Para su pueblo, Gadafi habrá bajado el precio de la gasolina como el valor de la vida.

 

 

LG

 

--FIN DE NOTA—

 

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